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Amor a
Cristo, amor a Cuba
Dora Amador
Ya sé que a partir de este fin de semana, siempre que me
sienta desfallecer, recordaré la entrada de monseñor
Eduardo Boza Masvidal en la Casa Manresa el jueves
pasado. Cansada después del trabajo, caminando a solas
por el patio de la casa de retiros jesuita, bajo una
noche esplendorosa, me preguntaba que hacía yo allí. En
eso vi aparecer la figura temblorosa y frágil de Boza.
Un ancianito que apenas se podía sostener en pie sacaba
fuerzas no se de dónde para integrarse a lo que sería
una intensa y agotadora jornada de trabajo por su amor a
Cristo, por su amor a Cuba.
No hubo en mi más lugar a la vacilación en todas las
horas que a partir de aquel momento pasamos juntos
debatiendo sobre el exilio y una vida de auténtico
seguimiento cristiano. Fue hermoso y fructífero, mucho
más de lo que pude prever, este encuentro de reflexión a
que nos habían convocado los obispos cubanos Boza
Masvidal y Agustín Román.
Nueve mesas de trabajo, incontables papeles, una
computadora, dos guitarras, claves, una capilla para la
celebración diaria de la eucaristía, ese fue el entorno
en el que, del 1ro. al 4 de agosto, se desarrolló esta
asamblea de las Comunidades de Reflexión Eclesial Cubana
en la Diáspora, CRECED. Sobre cada mesa, varios
ejemplares del magnífico Documento Final de CRECED nos
servían de guía y referencia. El primer tema a tratar: ¿Qué
acontecimientos han tocado la vida de los católicos
cubanos del exilio y de la isla desde 1992, cuando se
fundó CRECED en San Agustin?
El documento pastoral “El amor todo lo espera”; el
nombramiento de un cardenal; la salida de los balseros y
su detención en Guantánamo; los refugiados de Krome; la
llegada de los balseros a Miami y otras ciudades; la
repatriación de cubanos recogidos en el mar; el
hundimiento del remolcador 13 de Marzo; el asesinato de
los cuatro pilotos de Hermanos al Rescate; la
publicación del libro La Voz de la Iglesia en Cuba;
fundación y acoso de Cambio Cubano; rechazo del exilio a
la Iglesia Católica en Cuba; renacimiento de la Iglesia
Católica en Cuba; acercamiento y diálogo creciente entre
la Iglesia Católica del exilio y de Cuba; las
declaraciones del padre José Conrado Rodríguez; la
celebración en La Habana de ECO, el II Encuentro
Nacional Eclesial Cubano.
El padre Mario Vizcaíno, director del Instituto Pastoral
del Sureste (SEPI), explicó qué es CRECED; dónde esta,
hacia donde va, o quiere ir. El presbítero cubano
recordó los objetivos básicos: reflexionar sobre nuestra
realidad a la luz de la fe para reconocer lo que Dios
quiere de nosotros como pueblo en diáspora; reflexión
teológica que busca rescatar y profundizar en nuestra
memoria histórica y en la identidad cubana y católica
como servicio a la nación y a la Iglesia.
Utilizando como modelo la planificación pastoral
participativa del CELAM (Conferencia Episcopal
Latinoamericana) para dar orden y prioridad al
conglomerado de ideas, preguntas y problemas que se iban
planteando por todos, Ondina García Menocal, quien
ofreció una muy buena charla sobre la Iglesia en Cuba, y
el padre Vizcaíno condujeron los talleres de trabajo con
admirable lucidez metódica. A cada mesa le tocaba un
tema en el que se meditaba, sobre el que se discutía y
después se compartía con todos. Así, mesa por mesa,
suscitando dudas, polémicas, coincidencias, conclusiones
y planes concretos de trabajo.
Algunos de los temas que le tocaron a mi mesa: acción
social y justicia; discriminación de la mujer en la
Iglesia; doctrina social de la Iglesia, por qué es
imperativo estudiarla y darla a conocer. Polarizados por
la experiencia traumática del comunismo, los exiliados
se han insensibilizado a reformas sociales necesarias y
a la lucha por la justicia en muchas partes del mundo y
tildan de comunismo cualquier esfuerzo en esta dirección.
Es un reto para la pastoral lograr un cambio de
mentalidad y una colaboración positiva en esta lucha por
un orden mundial de justicia y solidaridad para todos,
especialmente para los más débiles de la sociedad y para
los pueblos más empobrecidos y explotados (#333 del
Documento Final de CRECED).
Por qué --y a esto nos instó a todos monseñor Román-- es
necesario para nosotros definir las palabras diálogo y
reconciliación, por qué la carga explosiva de las
palabras. Se acordó crear un comité que profundice y
promueva el diálogo y la reconciliación entre cubanos.
En medio de la discusión, Laura García, laica
comprometida con la ayuda a los más necesitados,
especialmente balseros y haitianos --"Son proféticos:
denuncian la injusticia", me dijo--, nos entregó copia
de una encíclica donde se analiza el sentido
cristocéntrico del diálogo, es la metodología de Dios y
la Iglesia con hombres y mujeres.
Uno de los grandes logros de CRECED ha sido la
congregación de jóvenes en la Ermita de la Caridad. Allí,
muy cerca del ya famoso muro donde los cubanos se
sientan a meditar y mirar el mar que apunta a Cuba
detrás de la ermita, donde también se encuentran los
bustos de José Martí y Félix Varela, se reúnen todos los
domingos por la noche, después de las 8, un creciente
número de muchachas y muchachos que van a dialogar y
compartir entre ellos y con monseñor Román en un
espíritu renovante, esperanzador para la nación cubana.
¿Cómo integrar nuestra realidad a la llamada que hace
Juan Pablo II en su carta apostólica Hacia el Tercer
Milenio? Creando pequeñas comunidades cristianas,
explica García Menocal, para hacer posible la
evangelización y la conversión. Ese es el gran proyecto
para el II Encuentro Internacional de CRECED, que tendrá
lugar en agosto del 97 en San Agustín.
Parafraseando el tema del sínodo latinoamericano a
celebrarse próximamente: cómo seguir al Jesús vivo
camino de la conversión, la comunión y la solidaridad
entre todos los cubanos.
Agosto 8, 1996 |