“No tenía brillo ni belleza para que nos fijáramos en él, y su apariencia no era como para cautivarnos. [3] Despreciado por los hombres y marginado, hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento, semejante a aquellos a los que se les vuelve la cara, no contaba para nada y no hemos hecho caso de él. [4] Sin embargo, eran nuestras dolencias las que él llevaba, eran nuestros dolores los que le pesaban. Nosotros lo creíamos azotado por Dios, castigado y humillado, [5] y eran nuestras faltas por las que era destruido nuestros pecados, por los que era aplastado. El soportó el castigo que nos trae la paz y por sus llagas hemos sido sanados.  Isaías 53. 2-5
 

Revista digital Palabra
XXX - Feb. 2009

Canal de la Santa Sede
en YouTube


La fuente de tus noticias: H2onews
El mejor servicio de información católica.

Cuba

Diáspora

Tierra Santa

Espiritualidad

Ética cristiana

Ecumenismo y
diálogo interreligioso

Enlaces

 

 

Una mujer esencial

Dora Amador

Quiero divulgarlo, quiero hacerme eco de una mujer grande a la que quiero como hermana. Triste y lúgubre es el acontecer de algunas vidas que deberían ser luz y canto. Pero lo son, lo serán, aunque la inmediatez y la mezquindad de su medio las condene a la oscuridad y el silencio.

Mañana 25 de marzo hace 10 meses que María Elena Cruz Varela salió de la cárcel. Ha sido un tiempo duro, imborrable para la poeta valiente y valiosa que pasó 18 meses en presidio político. Si algún día se escribe la historia espiritual de Cuba, que --ya lo dije alguna vez-- espero alguien algún día escriba, ella deberá figurar como uno de los espíritus más excepcionales que ha dado esa miserable isla.

Quien haya leído Mi declaración de principios (Carta a Fidel Castro) y sepa apreciar su grandeza, sabe a lo que me refiero. Es un documento de una entereza moral e intelectual pocas veces igualado en un país dominado por el absolutismo totalitario y la bajeza. Por considerarlo histórico e ignorado, sobre todo por los cubanos de adentro y de afuera, es que reproduzco aquí algunos fragmentos.

El 15 de noviembre de 1990, una mujer frágil y desolada, que se dedicaba a hacer versos en el silencio de su pequeño apartamento en La Habana, decidió cambiar el rumbo de su vida para que cambiara el rumbo de su país: decidió ser libre para conjugar la libertad de su patria. Y así, tomó una hoja de papel en blanco y una pluma y, sin saberlo quizá, realizó lo que Nadine Gordimer, la escritora sudafricana premio Nobel de literatura 1991, calificó como "el gesto esencial", ese acto de responsabilidad civil imprescindible que todo escritor de conciencia debe realizar en algún instante de su vida. En su hora decisiva, María Elena Cruz Varela, poeta premiada por la Revolución, hizo esta carta:

"Señor Presidente del Consejo de Estado:

"Como ser individual, racional y acostumbrado al pensamiento, me niego rotundamente, con la palabra, única arma de que dispongo, a formar parte de un 'sistema cerrado de imposibilidades', subordinado a un ideologismo primitivo minado de antítesis, donde se maneja el sustantivo muerte con más frecuencia que su antónimo vida, y lo mismo con guerra y paz, odio y amor.

"No comprendo esa terminología consignera. Me niego, en un mundo de alternativas donde tengo derecho a mi criterio, a unirme al coro, plagado de esa doble moral (esa epidemia terrible) que proclama: 'donde sea, como sea y para lo que sea… '¿Qué significa eso? No lo sé. Escapa al razonamiento.

"Es inadmisible que una nación, a no ser en un alarmante estado de deterioro, coree de modo irracional su propio exterminio.

"Se me ocurren otras variantes más lícitas, más humanitarias, que la del rebaño hundiéndose en el mar al compás de las notas del flautista. ¿De qué sirve esa incondicionalidad si no indica más que una masa amorfa, enajenada, capaz de negar la esencia misma de sus orígenes? ¿Es eso lo único que se le puede ofrecer a este pueblo?

"No estoy de acuerdo, señor Presidente. No estoy de acuerdo con el desorden establecido en mi país. No puedo estarlo con frases tan desafortunadas como : 'Fidel es nuestro papá; Fidel es el papá de todos los cubanos; estar con Fidel es estar con la Patria".

"Se impone la reflexión, la búsqueda de soluciones humanistas. Treinta y un años en estado de emergencia, psicosis de guerra, batalla por la sobrevivencia, es demasiado tiempo. Estamos agotados, estresados por la carencia de perspectivas inmediatas.

"¿Adónde vamos? No lo sé. Creo que no lo sabe nadie. Pero sé que se puede, se debe, evitar la catástrofe. No se pueden exigir mayores sacrificios sin dar nada a cambio. No se puede permitir que nuestro pueblo, ese concepto manejado con un paternalismo rayano en la humillación, continúe diciendo sí de una manera mecánica, si no se le han ofrecido otras prerrogativas.

"Por la responsabilidad adquirida de escribir libros que están leídos y juzgados por otros, por mi condición de intelectual, me siento responsable del papel que me corresponde en mi momento histórico. Mi posición es: NO, NO ESTOY DE ACUERDO. Basta de experimentar con la vida de millones de seres humanos.

"Esta, es mi declaración de principios".

Recuerdo perfectamente cuando a la redacción empezaron a llegar los cables de prensa y las llamadas de los activistas de derechos humanos informando sobre el acto de repudio que una turba le había hecho a María Elena Cruz Varela: "tumbaron la puerta abajo", "destrozaron su apartamento", "la arrastraron por las escaleras del edificio", "le metieron los poemas en la boca y se los hicieron tragar, a golpes", "la patearon", "como la humillaron e insultaron…". Fue un día de noviembre de 1991. "Una epopeya sangrienta… terrible", le dijo María Elena la semana pasada a un periodista del periódico español ABC que la entrevistó en La Habana.

Han pasado 31 meses desde aquel día. En ese tiempo, María Elena Cruz Varela fue sometida a tortura física (cuatro meses bajo una intensa luz, día y noche, con ocho lámparas a menos de un metro de la cabeza constantemente encendidas, lo que le provocó una hernia en los diafragmas y una disfunción progresiva de la vista), y psicológica (estuvo encerrada todo el tiempo con presas comunes, muchas de ellas asesinas), se enfermó (padece de neuropatía periférica, una enfermedad irreversible que deja secuelas), y ha descubierto una Cuba distinta.

"Si hay que definir la situación actual, podemos decir que es un réquiem… Para percibir esto hay que estar aquí adentro. Por eso demando mi necesidad como cubana de permanecer en mi país, y la posibilidad de quedarme sin hacer concesiones, aunque tampoco buscando la manera de caer en la cárcel".

El gobierno cubano ha intentado inútilmente que María Elena Cruz Varela abandone el país, como lo han hecho tantos otros disidentes. Hace falta mucha valentía, mucha integridad, mucho espíritu y mucho amor a Cuba para decir no. María Elena, enferma y sola, se quedó.

Marzo 24, 1994

Webmaster: Alexandria Library Incorporated

 

Portada

 

 

Artículos publicados en La Voz Católica
 


Artículos publicados en Palabra Cubana