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Fe a
la intemperie
Dora Amador
Vivir la fe a la intemperie y en un medio hostil, como
hacían los primeros cristianos. Sin encierros, sin
monasterios ni conventos. Crear espacios humanizadores
dentro de una sociedad deshumanizante y desoladora.
Impulsar la cultura y el estudio en diálogo incesante
con la fe, y así llevar a cabo su misión evangelizadora,
educativa, humanizante desde sus distintas profesiones.
Esa es la labor de los miembros de la Institución
Teresiana, la asociación internacional de laicos que
este fin de semana celebra en Miami, seis ciudades más
de Estados Unidos y otros 28 países, la beatificación,
el domingo 10 de octubre, de Pedro Poveda, fundador de
la Institución y de Victoria Díez, maestra laica
teresiana que, como Poveda, fue fusilada por los
comunistas al inicio de la Guerra Civil española.
Muchos años pasaron antes de que el Vaticano decidiera
darle reconocimiento a estos dos mártires cuya vida es
hoy inspiración para miles de católicos que viven su
vida como vocación, comprometidos con su fe y "la buena
idea" de formar, potenciar y organizar a los laicos en
el campo de la educación y la cultura para, a través de
ellos, mantener los valores cristianos de la sociedad.
Desde la familia, la amistad, la profesión y el trabajo
se comprometen a vivir la comunión y el apoyo mutuo.
Compartiendo bienes y talentos y buscando colaborar en
participación y corresponsabilidad para mantener la vida,
la misión y el crecimiento de la Institución Teresiana.
"Para mí fue la chispa, me dije, aquí está la cosa",
comenta con una sonrisa Patricia Stockton, directora del
Apostolado Universitario, recordando cuando descubrió a
los 17 años en su ciudad natal de Trujillo, Perú, la
existencia de la asociación. Stockton, radicada en
Miami, y trabajó por 12 años con los campesinos
migratorios de la Florida, siguiendo lo que, dice, fue
su llamado: ayudar a los pobres. Fue después, en 1989,
que pasó al cargo que ocupa ahora para atender las
necesidades espirituales y religiosas de estudiantes en
13 recintos universitarios de la Florida.
"La raíz de toda mi vida está en la convicción que
Poveda repite: una encarnación bien entendida, el
misterio de Jesús que se hace humano y eleva la realidad
humana", explica Stockton. "La relación con los
campesinos fue para mí una fuente de riqueza enorme.
Conocí a César Chávez, los sindicatos, los grupos
religiosos de otras denominaciones. Y pude aprender que
la mayor pobreza no es la falta de riqueza, sino de
educación". Le pregunto quién es para ella Teresa de
Jesús, la mística poeta a quien Pedro Poveda escoge como
guía y modelo de la institución que funda. "No soy de
santos", me dice. "Pero sí de Teresa de Jesús, una mujer
con los pies en la tierra. 'Que nadie me hable de
espiritualidad si no ha tenido conocimiento propio',
decía ella. Ahora yo siento la necesidad de desarrollar
más profundamente mi espiritualidad. Necesito más tiempo
para retiros, para estudios y crecer más en mi relación
con Dios".
Sin duda creo que esta teresiana laica ha tenido un
nuevo llamado y lo ha sabido reconocer. Quien se haya
acercado a la grandiosa obra de Teresa de Jesús,
comprende que para llegar a una espiritualidad como la
de ella tiene primero que conocerse a sí mismo y muy a
fondo, penetrar esas moradas del Castillo Interior
llenas de delicias, pero también de quebrantos, y cuyas
puertas no son otras que la oración, una oración
entendida como relación amistosa con Dios. "Oración es
hablar de amistad con quien sabemos nos ama", decía
Santa Teresa.
Era la España de 1936, aquélla que profetizó Machado:
Españolito que vienes/al mundo, te guarde Dios/Una de
las dos Españas/ha de helarte el corazón. Las dos
Españas: una levantaba febril el puño izquierdo, la otra,
no menos febril, estiraba el brazo derecho. Una gran
parte de españoles escucha la propaganda del Komintern,
otra sigue como ciega el avance del fascismo de
Mussolini y del nazismo de Hitler. En el centro, el
pueblo y la Iglesia Católica, a veces no tan al centro,
en uno de sus momentos más obtusos, cuando regía la
encíclica del Papa Pio X, Pascendi gregis, en la
que condenaba las corrientes modernistas y frenaba la
apertura cultural y científica. La Iglesia entonces
tiene como enemigos no sólo a comunistas, también a la
más alta intelectualidad española. El anticatolicismo
militante se propaga en la II Republica, que quiere a
España atea. En menos de cuatro meses en 1936, 161
iglesias son incendiadas, se barre con todos los
colegios religiosos, se cierran monasterios, conventos,
se insulta, margina, veja a los católicos. Es en este
marco caótico que los milicianos deciden fusilar a un
cura y a una laica pobres y sencillos, que se dedican
sólo a la enseñanza, la fe cristiana y los postulados de
la Institución Teresiana. Poveda y Díez son mártires de
la intransigencia y el fanatismo de la derecha y de la
izquierda, y también de cierta cúpula católica acomodada,
que busca no pocas veces alianzas con la riqueza y el
poder. A Pedro Poveda algunos obispos lo miraban con
recelo: pasó demasiado tiempo educando a gitanos pobres
de las cuevas de Guadix, cerca de Granada. Además,
andaba en una búsqueda no muy entendible, que incomodaba
a algunos por eso de querer la propagación de la fe
fuera de las sacristías.
La trascendencia de Pedro Poveda radica en que se
adelantó 50 años a los postulados del Concilio Vaticano
II al concederle liderazgo evangélico a los laicos y
fundar, en 1911, la Institución Teresiana. "La obra que
pretendemos realizar ha de ser idéntica a la que
imaginaron los primeros cristianos, y los medios, los
que (ellos) pusieron en práctica, aunque nos tengan por
locos", dijo Poveda en 1920. Fue fusilado en Madrid el
28 de julio de 1936. A Victoria Díez, la maestra
teresiana del pueblecito de Hornachuelos, en Córdoba, la
mataron unos días después, el 11 de agosto de ese mismo
año. "Levanta el puño y di: ¡Viva la Republica! ¡Viva el
Comunismo!", le dijeron los milicianos. Victoria lo
levantó y gritó: "!Viva Cristo!" Y en el amanecer de la
serranía cordobesa se oyó la descarga de fusiles. Cuando
su cuerpo cayó, se vio que el puño encerraba una imagen
de María. Como los primeros cristianos, estos teresianos
fueron mártires, y conflictivos.
Octubre 7, 1993 |