“No tenía brillo ni belleza para que nos fijáramos en él, y su apariencia no era como para cautivarnos. [3] Despreciado por los hombres y marginado, hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento, semejante a aquellos a los que se les vuelve la cara, no contaba para nada y no hemos hecho caso de él. [4] Sin embargo, eran nuestras dolencias las que él llevaba, eran nuestros dolores los que le pesaban. Nosotros lo creíamos azotado por Dios, castigado y humillado, [5] y eran nuestras faltas por las que era destruido nuestros pecados, por los que era aplastado. El soportó el castigo que nos trae la paz y por sus llagas hemos sido sanados.  Isaías 53. 2-5
 

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XXX - Feb. 2009

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Fe a la intemperie

Dora Amador

Vivir la fe a la intemperie y en un medio hostil, como hacían los primeros cristianos. Sin encierros, sin monasterios ni conventos. Crear espacios humanizadores dentro de una sociedad deshumanizante y desoladora. Impulsar la cultura y el estudio en diálogo incesante con la fe, y así llevar a cabo su misión evangelizadora, educativa, humanizante desde sus distintas profesiones. Esa es la labor de los miembros de la Institución Teresiana, la asociación internacional de laicos que este fin de semana celebra en Miami, seis ciudades más de Estados Unidos y otros 28 países, la beatificación, el domingo 10 de octubre, de Pedro Poveda, fundador de la Institución y de Victoria Díez, maestra laica teresiana que, como Poveda, fue fusilada por los comunistas al inicio de la Guerra Civil española.

Muchos años pasaron antes de que el Vaticano decidiera darle reconocimiento a estos dos mártires cuya vida es hoy inspiración para miles de católicos que viven su vida como vocación, comprometidos con su fe y "la buena idea" de formar, potenciar y organizar a los laicos en el campo de la educación y la cultura para, a través de ellos, mantener los valores cristianos de la sociedad. Desde la familia, la amistad, la profesión y el trabajo se comprometen a vivir la comunión y el apoyo mutuo. Compartiendo bienes y talentos y buscando colaborar en participación y corresponsabilidad para mantener la vida, la misión y el crecimiento de la Institución Teresiana. "Para mí fue la chispa, me dije, aquí está la cosa", comenta con una sonrisa Patricia Stockton, directora del Apostolado Universitario, recordando cuando descubrió a los 17 años en su ciudad natal de Trujillo, Perú, la existencia de la asociación. Stockton, radicada en Miami, y trabajó por 12 años con los campesinos migratorios de la Florida, siguiendo lo que, dice, fue su llamado: ayudar a los pobres. Fue después, en 1989, que pasó al cargo que ocupa ahora para atender las necesidades espirituales y religiosas de estudiantes en 13 recintos universitarios de la Florida.

"La raíz de toda mi vida está en la convicción que Poveda repite: una encarnación bien entendida, el misterio de Jesús que se hace humano y eleva la realidad humana", explica Stockton. "La relación con los campesinos fue para mí una fuente de riqueza enorme. Conocí a César Chávez, los sindicatos, los grupos religiosos de otras denominaciones. Y pude aprender que la mayor pobreza no es la falta de riqueza, sino de educación". Le pregunto quién es para ella Teresa de Jesús, la mística poeta a quien Pedro Poveda escoge como guía y modelo de la institución que funda. "No soy de santos", me dice. "Pero sí de Teresa de Jesús, una mujer con los pies en la tierra. 'Que nadie me hable de espiritualidad si no ha tenido conocimiento propio', decía ella. Ahora yo siento la necesidad de desarrollar más profundamente mi espiritualidad. Necesito más tiempo para retiros, para estudios y crecer más en mi relación con Dios".

Sin duda creo que esta teresiana laica ha tenido un nuevo llamado y lo ha sabido reconocer. Quien se haya acercado a la grandiosa obra de Teresa de Jesús, comprende que para llegar a una espiritualidad como la de ella tiene primero que conocerse a sí mismo y muy a fondo, penetrar esas moradas del Castillo Interior llenas de delicias, pero también de quebrantos, y cuyas puertas no son otras que la oración, una oración entendida como relación amistosa con Dios. "Oración es hablar de amistad con quien sabemos nos ama", decía Santa Teresa.

Era la España de 1936, aquélla que profetizó Machado: Españolito que vienes/al mundo, te guarde Dios/Una de las dos Españas/ha de helarte el corazón. Las dos Españas: una levantaba febril el puño izquierdo, la otra, no menos febril, estiraba el brazo derecho. Una gran parte de españoles escucha la propaganda del Komintern, otra sigue como ciega el avance del fascismo de Mussolini y del nazismo de Hitler. En el centro, el pueblo y la Iglesia Católica, a veces no tan al centro, en uno de sus momentos más obtusos, cuando regía la encíclica del Papa Pio X, Pascendi gregis, en la que condenaba las corrientes modernistas y frenaba la apertura cultural y científica. La Iglesia entonces tiene como enemigos no sólo a comunistas, también a la más alta intelectualidad española. El anticatolicismo militante se propaga en la II Republica, que quiere a España atea. En menos de cuatro meses en 1936, 161 iglesias son incendiadas, se barre con todos los colegios religiosos, se cierran monasterios, conventos, se insulta, margina, veja a los católicos. Es en este marco caótico que los milicianos deciden fusilar a un cura y a una laica pobres y sencillos, que se dedican sólo a la enseñanza, la fe cristiana y los postulados de la Institución Teresiana. Poveda y Díez son mártires de la intransigencia y el fanatismo de la derecha y de la izquierda, y también de cierta cúpula católica acomodada, que busca no pocas veces alianzas con la riqueza y el poder. A Pedro Poveda algunos obispos lo miraban con recelo: pasó demasiado tiempo educando a gitanos pobres de las cuevas de Guadix, cerca de Granada. Además, andaba en una búsqueda no muy entendible, que incomodaba a algunos por eso de querer la propagación de la fe fuera de las sacristías.

La trascendencia de Pedro Poveda radica en que se adelantó 50 años a los postulados del Concilio Vaticano II al concederle liderazgo evangélico a los laicos y fundar, en 1911, la Institución Teresiana. "La obra que pretendemos realizar ha de ser idéntica a la que imaginaron los primeros cristianos, y los medios, los que (ellos) pusieron en práctica, aunque nos tengan por locos", dijo Poveda en 1920. Fue fusilado en Madrid el 28 de julio de 1936. A Victoria Díez, la maestra teresiana del pueblecito de Hornachuelos, en Córdoba, la mataron unos días después, el 11 de agosto de ese mismo año. "Levanta el puño y di: ¡Viva la Republica! ¡Viva el Comunismo!", le dijeron los milicianos. Victoria lo levantó y gritó: "!Viva Cristo!" Y en el amanecer de la serranía cordobesa se oyó la descarga de fusiles. Cuando su cuerpo cayó, se vio que el puño encerraba una imagen de María. Como los primeros cristianos, estos teresianos fueron mártires, y conflictivos.

Octubre 7, 1993

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