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¿Qué
es el acoso sexual?
Dora Amador
"Celebraba la apariencia de las mujeres y besaba sus
manos cuando las saludaba, lo cual es costumbre en
Europa Oriental. Todo esto era, por supuesto, en el
Estados Unidos anterior a Anita Hill". El lamento de
Jiri Valenta, jefe del Instituto de Estudios Europeos y
Soviéticos de la Universidad de Miami, acusado de acoso
sexual por su colega, la profesora de Estudios
Internacionales en la misma universidad, Vendulka
Kubalkova, en un artículo publicado esta semana en el
Herald, es comprensible. Cierto, Estados Unidos no es el
mismo, ni lo será jamás, después del precedente
histórico que sentó Anita Hill. Las audiencias de
confirmación del juez Clarence Thomas para un cargo en
el Tribunal Supremo escandalizaron a la nación, pero
sobre todo, sacudieron la conciencia femenina. Como era
de esperar, a Anita Hill la humillaron y la calumniaron;
a Thomas, un abogado mediocre nominado por razones
estrictamente políticas, no por talento, se le concedió
el puesto. Hoy eso no importa, porque Anita Hill ha sido
reivindicada por millones de mujeres que han vivido en
carne propia el acoso sexual y tuvieron que permanecer
calladas por temor a perder sus empleos. También ha sido
reivindicada por muchos hombres de conciencia que saben
perfectamente de que se trató el circo romano llevado a
cabo en el Senado; algunos de estos hombres y mujeres
han escrito ya páginas brillantes sobre este vergonzoso,
pero iluminador episodio en la historia norteamericana.
Recomiendo muy especialmente Race-ing, Justice,
En-gendering Power. Essays on Anita Hill,
Clarence Thomas and the Construction of Social Reality,
editado y con una introducción de Tony Morrison.
Ahora bien, ¿significa esto que hombres tan "caballerosos"
como Jiri Valenta no deban o puedan celebrar la
apariencia de las mujeres, o besarles la mano cuando las
saludan? En lo absoluto. ¿A qué mujer no le gusta
escuchar un elogio sobre su apariencia? ¿A qué mujer no
le gusta gustar? No hay nada malo en eso, ni en el beso
en la mano, ni en la invitación a salir, ni en la mirada,
ni siquiera en la invitación de ir directo a la cama,
siempre y cuando a la mujer le agrade y consienta. El
coqueteo es delicioso, quien lo duda, no es inmoral, no
es ilegal. Pero una cosa es coquetear, flirtear,
galantear y otra muy distinta es acosar. El lamento de
Jiri Valenta significa esto: que en Estados Unidos,
después de Anita Hill, la mayoría de las mujeres saben
como defenderse en sus centros de trabajo si su jefe, o
un colega, tiene hacia ella un comportamiento de
naturaleza sexual que las hace sentir mal.
Antes de entrar de lleno en la canallada que puede tomar
la forma de acoso sexual en el mundo profesional, he
aquí algunos conceptos que pueden ayudar:
El sexismo es una actitud: sucede cuando una persona de
un sexo se cree superior a una persona del otro sexo.
La discriminación sexual es un comportamiento: ocurre
cuando la decisión en un empleo está basada en el sexo
del empleado, o cuando a un empleado se le trata
diferente por su sexo.
El acoso sexual es un comportamiento: se define como un
comportamiento de naturaleza sexual que se rechaza, que
hace sentir mal a la persona acosada.
El Titulo VII de la Ley de Derechos Civiles de 1964, tal
y como fue enmendada en 1972 dice lo siguiente: "El
acoso sexual es una violación de la ley federal. El
Titulo VII prohíbe específicamente la discriminación en
el trabajo basado en la religión, el color, el origen
nacional, la raza y el sexo". La Comisión de Oportunidad
en Igualdad de Empleos define el acoso sexual como "proposiciones
sexuales mal recibidas, pedidos de favores sexuales y
otro tipo de conducta verbal o física de naturaleza
sexual". Estos comportamientos constituyen acoso sexual
cuando: 1. Para conservar el empleo tiene que someterse
a la exigencia del acosador. 2. Someterse o no a esas
exigencias implican decisiones en el empleo que afectan
a la persona acosada. 3. Esa conducta tiene el propósito
de afectar o interferir irracionalmente con la calidad
del trabajo de la persona, o de crear un ambiente de
trabajo hostil, intimidatorio u ofensivo.
Aunque el acoso sexual está prohibido por el gobierno de
EU desde años, no fue hasta las revelaciones de Hill en
1991 que un gran número de empresas hicieron patente su
prohibición. Lo cual incluye no sólo el acoso abierto y
la invitación sexual que se rechaza reiteradamente, sino
cualquier lenguaje, insinuación o atmósfera que podría
ser interpretada por hombres y mujeres de esa empresa
como una falta de respeto. En el Estados Unidos
post-Anita Hill, cuando la inmensa mayoría de las
mujeres saben que pueden aspirar y desempeñarse como
excelentes profesionales, el elogio siempre sólo a su
apariencia puede ser una ofensa. Suele suceder que un
arquitecto, un ingeniero o un profesor universitario
habla con colegas masculinos sobre tal o cual proyecto,
pero a una colega arquitecta, ingeniera, profesora
universitaria, le celebran el peinado o el vestido,
rebajándola en su dignidad profesional, o tienden a
ignorar lo que piensa. ¿Y que pasa si él siente celo
profesional? En lugar del elogio a la apariencia, el
colega puede optar por hacer insinuaciones, chistes,
comentarios para "afectar o interferir con la calidad
del trabajo de la persona acosada, o de crear un
ambiente de trabajo hostil, intimidatorio u ofensivo."
Entre los hombres la competencia y el celo profesional
se da sin hacer casi nunca referencia a lo sexual, pero
si es con una mujer, el sexo prima: nada mas accesible
para humillar e intimidar, incluyendo por supuesto, los
clásicos: "ha de tener la menstruación", "es que está en
la menopausia". El objetivo final de todo esto es uno:
ejercer poder sobre la mujer profesional para "mantenerla
en su lugar".
El lamento de Jiri Valenta es comprensible. La profesora
Vendulka Kubalkova y millones de otras mujeres en este
país han aprendido muy bien cuál es su lugar.
Septiembre 30, 1993 |