“No tenía brillo ni belleza para que nos fijáramos en él, y su apariencia no era como para cautivarnos. [3] Despreciado por los hombres y marginado, hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento, semejante a aquellos a los que se les vuelve la cara, no contaba para nada y no hemos hecho caso de él. [4] Sin embargo, eran nuestras dolencias las que él llevaba, eran nuestros dolores los que le pesaban. Nosotros lo creíamos azotado por Dios, castigado y humillado, [5] y eran nuestras faltas por las que era destruido nuestros pecados, por los que era aplastado. El soportó el castigo que nos trae la paz y por sus llagas hemos sido sanados.  Isaías 53. 2-5
 

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XXX - Feb. 2009

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¿Qué es el acoso sexual?

Dora Amador

"Celebraba la apariencia de las mujeres y besaba sus manos cuando las saludaba, lo cual es costumbre en Europa Oriental. Todo esto era, por supuesto, en el Estados Unidos anterior a Anita Hill". El lamento de Jiri Valenta, jefe del Instituto de Estudios Europeos y Soviéticos de la Universidad de Miami, acusado de acoso sexual por su colega, la profesora de Estudios Internacionales en la misma universidad, Vendulka Kubalkova, en un artículo publicado esta semana en el Herald, es comprensible. Cierto, Estados Unidos no es el mismo, ni lo será jamás, después del precedente histórico que sentó Anita Hill. Las audiencias de confirmación del juez Clarence Thomas para un cargo en el Tribunal Supremo escandalizaron a la nación, pero sobre todo, sacudieron la conciencia femenina. Como era de esperar, a Anita Hill la humillaron y la calumniaron; a Thomas, un abogado mediocre nominado por razones estrictamente políticas, no por talento, se le concedió el puesto. Hoy eso no importa, porque Anita Hill ha sido reivindicada por millones de mujeres que han vivido en carne propia el acoso sexual y tuvieron que permanecer calladas por temor a perder sus empleos. También ha sido reivindicada por muchos hombres de conciencia que saben perfectamente de que se trató el circo romano llevado a cabo en el Senado; algunos de estos hombres y mujeres han escrito ya páginas brillantes sobre este vergonzoso, pero iluminador episodio en la historia norteamericana. Recomiendo muy especialmente Race-ing, Justice, En-gendering Power. Essays on Anita Hill, Clarence Thomas and the Construction of Social Reality, editado y con una introducción de Tony Morrison.

Ahora bien, ¿significa esto que hombres tan "caballerosos" como Jiri Valenta no deban o puedan celebrar la apariencia de las mujeres, o besarles la mano cuando las saludan? En lo absoluto. ¿A qué mujer no le gusta escuchar un elogio sobre su apariencia? ¿A qué mujer no le gusta gustar? No hay nada malo en eso, ni en el beso en la mano, ni en la invitación a salir, ni en la mirada, ni siquiera en la invitación de ir directo a la cama, siempre y cuando a la mujer le agrade y consienta. El coqueteo es delicioso, quien lo duda, no es inmoral, no es ilegal. Pero una cosa es coquetear, flirtear, galantear y otra muy distinta es acosar. El lamento de Jiri Valenta significa esto: que en Estados Unidos, después de Anita Hill, la mayoría de las mujeres saben como defenderse en sus centros de trabajo si su jefe, o un colega, tiene hacia ella un comportamiento de naturaleza sexual que las hace sentir mal.

Antes de entrar de lleno en la canallada que puede tomar la forma de acoso sexual en el mundo profesional, he aquí algunos conceptos que pueden ayudar:

El sexismo es una actitud: sucede cuando una persona de un sexo se cree superior a una persona del otro sexo.

La discriminación sexual es un comportamiento: ocurre cuando la decisión en un empleo está basada en el sexo del empleado, o cuando a un empleado se le trata diferente por su sexo.

El acoso sexual es un comportamiento: se define como un comportamiento de naturaleza sexual que se rechaza, que hace sentir mal a la persona acosada.

El Titulo VII de la Ley de Derechos Civiles de 1964, tal y como fue enmendada en 1972 dice lo siguiente: "El acoso sexual es una violación de la ley federal. El Titulo VII prohíbe específicamente la discriminación en el trabajo basado en la religión, el color, el origen nacional, la raza y el sexo". La Comisión de Oportunidad en Igualdad de Empleos define el acoso sexual como "proposiciones sexuales mal recibidas, pedidos de favores sexuales y otro tipo de conducta verbal o física de naturaleza sexual". Estos comportamientos constituyen acoso sexual cuando: 1. Para conservar el empleo tiene que someterse a la exigencia del acosador. 2. Someterse o no a esas exigencias implican decisiones en el empleo que afectan a la persona acosada. 3. Esa conducta tiene el propósito de afectar o interferir irracionalmente con la calidad del trabajo de la persona, o de crear un ambiente de trabajo hostil, intimidatorio u ofensivo.

Aunque el acoso sexual está prohibido por el gobierno de EU desde años, no fue hasta las revelaciones de Hill en 1991 que un gran número de empresas hicieron patente su prohibición. Lo cual incluye no sólo el acoso abierto y la invitación sexual que se rechaza reiteradamente, sino cualquier lenguaje, insinuación o atmósfera que podría ser interpretada por hombres y mujeres de esa empresa como una falta de respeto. En el Estados Unidos post-Anita Hill, cuando la inmensa mayoría de las mujeres saben que pueden aspirar y desempeñarse como excelentes profesionales, el elogio siempre sólo a su apariencia puede ser una ofensa. Suele suceder que un arquitecto, un ingeniero o un profesor universitario habla con colegas masculinos sobre tal o cual proyecto, pero a una colega arquitecta, ingeniera, profesora universitaria, le celebran el peinado o el vestido, rebajándola en su dignidad profesional, o tienden a ignorar lo que piensa. ¿Y que pasa si él siente celo profesional? En lugar del elogio a la apariencia, el colega puede optar por hacer insinuaciones, chistes, comentarios para "afectar o interferir con la calidad del trabajo de la persona acosada, o de crear un ambiente de trabajo hostil, intimidatorio u ofensivo." Entre los hombres la competencia y el celo profesional se da sin hacer casi nunca referencia a lo sexual, pero si es con una mujer, el sexo prima: nada mas accesible para humillar e intimidar, incluyendo por supuesto, los clásicos: "ha de tener la menstruación", "es que está en la menopausia". El objetivo final de todo esto es uno: ejercer poder sobre la mujer profesional para "mantenerla en su lugar".

El lamento de Jiri Valenta es comprensible. La profesora Vendulka Kubalkova y millones de otras mujeres en este país han aprendido muy bien cuál es su lugar.

Septiembre 30, 1993

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