“No tenía brillo ni belleza para que nos fijáramos en él, y su apariencia no era como para cautivarnos. [3] Despreciado por los hombres y marginado, hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento, semejante a aquellos a los que se les vuelve la cara, no contaba para nada y no hemos hecho caso de él. [4] Sin embargo, eran nuestras dolencias las que él llevaba, eran nuestros dolores los que le pesaban. Nosotros lo creíamos azotado por Dios, castigado y humillado, [5] y eran nuestras faltas por las que era destruido nuestros pecados, por los que era aplastado. El soportó el castigo que nos trae la paz y por sus llagas hemos sido sanados.  Isaías 53. 2-5
 

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XXX - Feb. 2009

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Señores presidentes

Dora Amador

Hace unos días, una cumbre similar a la que se inicia hoy en Salvador de Bahía se llevo a cabo en Tokio. La imagen de los siete mandatarios de los países demócratas más desarrollados del mundo --Francia, Estados Unidos, Japón, Alemania, Italia, Canadá, Gran Bretaña y Bruselas, a quienes se les unió como invitada la liberada Rusia-- recorrió el planeta. Miles de millones de personas pudieron ver en sus televisores y en las primeras planas de los periódicos a estos jefes de estado reunidos para buscar, a pesar de los inmensos obstáculos, formas de incentivar el mercado mundial a través de la reducción de tarifas y estimular el crecimiento económico de sus respectivos países: la creación de nuevos trabajos y la reestructuración de su mundo a las necesidades y oportunidades de la posguerra fría yacía en el centro de las discusiones. Que impensable se nos hace imaginar la figura uniformada de Adolfo Hitler o de Joseph Stalin sonriendo y firmando tratados entre ellos. Y sin embargo, señores presidentes de la III Cumbre Iberoamericana, ahí,

Es el mismo que el año pasado, vestido con el mismo uniforme, sonriendo con el mismo cinismo, infinito como su miseria, firmo junto a ustedes en Madrid todos los acuerdos de aquella II Cumbre Iberoamericana, entre ellos, el de crear "una sociedad libre, abierta y pluralista con pleno ejercicio de libertades individuales, sin perseguidos ni excluidos".

¿Será necesario, señores presidentes, que les describa el abismo en el que Fidel Castro ha precipitado aún más a la isla de Cuba en estos 12 meses que han transcurrido entre aquélla y esta cumbre? ¿Las enfermedades y la hambruna que sufre la población? ¿Los miles de cubanos que han muerto ahogados o ametrallados intentando huir en balsas de aquel infierno que Fidel Castro llama país? ¿Las cárceles hacinadas? Las condiciones en las prisiones cubanas han llegado a un estado de deterioro y deshumanización tales, que en nada se distinguen de los campos de concentración nazis o de los gulags estalinistas: sólo tendrían ustedes que escuchar los testimonios recientes de lo que allí se vive: propagación de enfermedades, inanición, falta absoluta de atención médica y de medicinas, golpeaduras, tortura. Las imágenes fílmicas de los cuerpos famélicos de los judíos en Alemania son éstas, señores presidentes, son éstas. Sólo haría falta la cámara.

Ninguna validez tienen para el dictador de Cuba los documentos que firma o los acuerdos a que llega cuando se halla entre ustedes: tan pronto pone su bota sobre tierra cubana se enseñorea a sus anchas y se dedica a realizar con meticuloso cuidado el propósito en la vida, su razón de ser: arruinar a Cuba, destruir a los cubanos. Un odio como el que habita en el interior de este hombre, señores presidentes, es difícil calcular. Pero su obra lo muestra: sólo hay que mirar a Cuba y a los cubanos. Como la reciente Masacre de Cojímar demostró, estamos abocados ya hacia lo que parece ser una guerra civil.

Varios grupos de exiliados se hallan ahí, en Salvador de Bahía, intentando hacerse oír por ustedes, como la Fundación por los Derechos Humanos en Cuba, la Fundación Nacional Cubano Americana, la Plataforma Democrática Cubana, y otras. A sus manos llegaran cartas y documentos de organizaciones opositoras dentro de la isla firmadas por activistas de derechos humanos que piden su mediación para la democratización de la nación. El ministro de Asuntos Exteriores de España, Javier Solana, les hará entrega de un documento donde se les pide apoyo y solidaridad en la búsqueda de una reconciliación nacional y la recuperación de la libertad para Cuba. El mensaje le fue entregado a Solana en Madrid por Elizardo Sánchez Santacruz, presidente de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional. Esto, señores presidentes, es el clamor de todo un pueblo.

Aunque carezco casi de esperanzas en cuanto a lo que puedan lograr Carlos Menem o Felipe González en sus reuniones privadas con Fidel Castro pidiéndole la democratización de Cuba, dada la intransigencia y el despotismo compulsivo del dictador cubano, no descarto la posibilidad de un milagro. Porque en esta hora fatal, sólo un milagro puede salvar a Cuba. A él me aferro, y por eso les pido: señores presidente, hagan algo.

Julio 15, 1993

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