“No tenía brillo ni belleza para que nos fijáramos en él, y su apariencia no era como para cautivarnos. [3] Despreciado por los hombres y marginado, hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento, semejante a aquellos a los que se les vuelve la cara, no contaba para nada y no hemos hecho caso de él. [4] Sin embargo, eran nuestras dolencias las que él llevaba, eran nuestros dolores los que le pesaban. Nosotros lo creíamos azotado por Dios, castigado y humillado, [5] y eran nuestras faltas por las que era destruido nuestros pecados, por los que era aplastado. El soportó el castigo que nos trae la paz y por sus llagas hemos sido sanados.  Isaías 53. 2-5
 

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XXX - Feb. 2009

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La piedad del exilio

Dora Amador

No, no es la medicina ni la educación. El mayor logro de la revolución es el exilio. Y no me refiero al exilio adinerado y empresarial, sin duda admirable, que hoy se vislumbra como una esperanza que ayude a sacar a Cuba de la ruina económica. Me refiero a lo mejor del exilio, a los hombres y mujeres en quienes los principios de la democracia norteamericana se arraigaron y hoy forman parte irreductible, no negociable, de su escala de valores. Es el exilio que regresará a Cuba para construir una ética llevándose consigo lo mejor de esta nación: su democracia, su incesante fragua por la defensa de los derechos civiles, su respeto por el individuo, por la tolerancia y libertad de expresión.

El otro logro de la revolución es la conciencia de derechos humanos, de resistencia pacífica y responsabilidad civil que se ha ido creando en la isla entre los miembros de la oposición, que han combatido al gobierno por medio de la denuncia y la propagación de esa conciencia.

Yo cifro mi única esperanza de una Cuba mejor, que nos salve a nosotros de nosotros mismos, en estos cubanos del exilio y de la isla.

Como Blanche Dubois, el patético personaje de Tennesse Williams en Un tranvía llamado deseo, el pueblo cubano depende de la bondad de los extraños. Sabe que con la del exilio no puede contar: aquí bondad es sinónimo de "blandenguería". Aquí se valora y aplaude la intransigencia. La "dignidad" del exilio debe estar por encima de todo vergonzoso impulso de enviar medicina o comida para la isla.

Japón, Perú, México, España, la UNICEF y otras agencias de Naciones Unidas han enviado comida y medicinas de emergencia a Cuba.

Yo me pregunto qué efectos tendría en la población cubana --y en la opinión pública norteamericana e internacional-- si de pronto zarparan de Miami decenas de barcos llenos de medicinas, alimentos y ropa de los cubanos del exilio para los cubanos de la isla. Por encima de la política, la caridad, la solidaridad, el apoyo a los desgraciados de allá. ¿Qué pasaría? Por otro lado, hay cosas de nuestros estrategas políticos de la intransigencia que me resultan del todo incomprensibles. "No es un secreto para nadie que hemos estado reuniéndonos con funcionarios de alto nivel en el gobierno de Cuba", dijo Jorge Mas Canosa el martes en la sede de la Fundación Nacional Cubano Americana, cuando dio a conocer un informe que, según la FNCA, recibió del Consejo de Ministros de Cuba. ¿No se le llama a esto diálogo? ¿No está dialogando entonces Jorge Mas Canosa con "funcionarios de la cúpula del poder en Cuba", como él mismo los llama? El informe anuncia el próximo colapso de la economía cubana, previsto para julio. Conste, no critico el diálogo de Mas con los funcionarios cubanos, en caso de que sea cierto, y aguardo, como él, el colapso. Pero ojalá sea el colapso de la cúpula, no del pueblo. Porque sospecho que la cúpula siempre tendrá abundante comida y medicinas. Haití, por ejemplo.

Cuando supe que en la XXIV Asamblea del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) se condenó el embargo de Estados Unidos contra Cuba y Haití, llamé a monseñor Agustín Román para que me expresara su opinión. El padre Román me dijo no tener opinión al respecto, porque no ha recibido el documento y tendría que leerlo primero. "El principal causante del hambre en Cuba no es el embargo, es el gobierno de Fidel Castro", me repitió muchas veces el padre Román.

La posición contra el embargo tomada por los cinco cardenales y 60 obispos de América Latina y Alemania reunidos en Caracas durante cuatro días, quedo redactada en un documento que será revisado este mes cuando se vuelvan a reunir en Venezuela para añadir resoluciones. "Los obispos hacen un llamado para que se termine la situación del embargo sostenido contra Cuba y Haití, porque en esos bloqueos quienes sufren no son los gobernantes sino el pueblo", dijo el obispo auxiliar de Caracas, Mario Moronto. Asimismo, el CELAM envió un comunicado a la Organización de Estados Americanos y al Departamento de Estado norteamericano donde expresa que "la Iglesia no puede hacerse solidaria de acciones que atentan contra la dignidad de los pueblos".

Y yo pregunto como se puede ser cristiano, o decirse cristiano, y no padecer una escisión de la conciencia procurando la miseria de un pueblo como estrategia de lucha. Cuba sufre la peor hambruna de su historia, cada día hay más enfermedades e infecciones. La gente se está muriendo, literalmente, por falta de medicamentos. Los cuentos en las salas de emergencia de los hospitales son de horror. ¿Cómo pueden los católicos anteponer la política a la caridad cristiana? ¿Cómo se puede pedir piedad --me viene a la mente esa parte esencial de la liturgia de la misa en la que los fieles piden tres veces piedad al unísono en voz alta-- y en aras de una política no tenerla con su pueblo?

Yo no estoy a favor de levantar el embargo sin condiciones. Pero sí de que se utilice como arma de negociación, tal y como lo plantea Eloy Gutiérrez Menoyo. Como dice Irving Louis Horowitz en su ensayo “American Foreign Policy Toward Castro's Cuba: Paradox, Procrastination and Paralysis”. (The conscience of Worms and the Cowardice of Lions. Cuban Politics and Culture in an American Context), libro que recomiendo, es hora de acabar con la política de la parálisis que tan bien le ha servido al gobierno cubano. Pero además, es cuestión de piedad.

Abril 1, 1993

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