“No tenía brillo ni belleza para que nos fijáramos en él, y su apariencia no era como para cautivarnos. [3] Despreciado por los hombres y marginado, hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento, semejante a aquellos a los que se les vuelve la cara, no contaba para nada y no hemos hecho caso de él. [4] Sin embargo, eran nuestras dolencias las que él llevaba, eran nuestros dolores los que le pesaban. Nosotros lo creíamos azotado por Dios, castigado y humillado, [5] y eran nuestras faltas por las que era destruido nuestros pecados, por los que era aplastado. El soportó el castigo que nos trae la paz y por sus llagas hemos sido sanados.  Isaías 53. 2-5
 

Revista digital Palabra
XXX - Feb. 2009

Canal de la Santa Sede
en YouTube


La fuente de tus noticias: H2onews
El mejor servicio de información católica.

Cuba

Diáspora

Tierra Santa

Espiritualidad

Ética cristiana

Ecumenismo y
diálogo interreligioso

Enlaces

 

 

En busca de Dulce María

Dora Amador

"No cambio mi soledad por un poco de amor. Por mucho amor, sí. Pero es que el mucho amor también es soledad. . . ¡Qué lo digan los olivos de Getsemani!"

Poema XCVI

“¿Qué? ?Es que acaso las mujeres no valemos también?", se quejó Regla Sañudo y Rebollo cuando el general Enrique Loynaz del Castillo mandó a guardar las botellas de champán al saber que lo que había tenido su mujer, María Mercedes Muñoz Sañudo, era una hembra y no un varón, como quería el mambí. La partera y Regla Sañudo estaban encerradas en el cuarto junto a la madre y la recién nacida. Al otro lado de la puerta, el representante al Congreso de la también recién nacida República de Cuba --era el histórico año 1902-- cambió de idea cuando oyó a su suegra. "!Abran las botellas de champán!", contraordenó y aunque algo decepcionados, el general y sus amigos procedieron a brindar por el nacimiento de Dulce María Loynaz.

Han pasado 90 años. Muchas veces se contaría esta anécdota en la familia de orgullosa estirpe mambisa, sobre todo cuando se vio que la niña descolló y se hizo una gran escritora, admirada en toda la nación. Dulce María fue la primera de cuatro hijos que tuvo de su primer matrimonio Enrique Loynaz del Castillo, además de general de la Guerra de Independencia del 95, autor del Himno Invasor, y a su vez hijo de Enrique Loynaz y Arteaga, veterano de la Guerra de los Diez Años del 68. Loynaz del Castillo se casó dos veces más, la tercera y última con su sobrina, Carmen Loynaz, de quien tuvo tres hijos, entre ellos Máximo Antonio Loynaz, a quien conocí hace tres días.

Máximo Antonio --su padre le puso así por Máximo Gómez y Antonio Maceo-- no pretendió en ningún momento esconder la emoción de poder hablar de su hermana y de su padre cuando me abrió la puerta y me mandó a pasar. Más de una vez vi llanto en sus ojos a medida que rememoraba viejas y queridas historias familiares. Fue él quien me conto la anécdota del champán y muchas otras. "Su bondad", me contestó cuando le pregunté qué caracterizaba más, en su opinión, a su hermana. "Su bondad tan grande". Máximo Antonio, bondadosamente, me había ofrecido prestarme cuando lo llamé por teléfono esa tarde, el único libro que tenía de su hermana: Obra lírica, que contiene tres libros de poemas: Versos, Juegos de agua y Poemas sin nombre, publicado en 1995 por la editorial Aguilar en Madrid.

Cuando supe la semana pasada que Dulce María Loynaz había ganado el Premio Cervantes me llené de alegría y de orgullo, pero también de cierta vergüenza. Yo no conocía su obra. Ser exiliada, esa desgracia, lo priva a uno de muchas cosas valiosas, vitales. Mucho afán, mucho amor, mucho rigor se requieren para no dejar atrás el bagaje cultural, además de la tierra y la familia. Pero lo curioso del caso de la obra de Dulce María, para mi sorpresa, es que resulta también prácticamente desconocida por los cubanos de mi generación --y más jóvenes-- que permanecieron en Cuba. Esto en gran medida se debe, sin duda, al ostracismo de más de 30 años que el gobierno comunista le ha impuesto a la autora. En cuanto al exilio, "¿Quién lee poesía en Miami?", me pregunta Armando Álvarez Bravo, poeta y crítico, conocedor y gran admirador de la escritora. "Desgraciadamente, la poesía para este exilio no tiene la importancia que tuvo para el exilio del siglo XIX", se lamenta Álvarez Bravo, autor de El prisma de la razón.

El nombre de Dulce María Loynaz me llegaba siempre como algo lejano, legendario. Fue a través de la película Havana, de Jana Bokova, que pude conocer un poco a esta mujer maravillosa, de 90 años, silenciada, marginada, que hoy nos llena de orgullo a todos. "Una de las cumbres de la prosa hispanoamericana es su novela Jardín", dice la escritora Concha Alzola. "Demuestra que el mérito nunca pasa inadvertido", añade la autora de Las conversaciones y los días. "Esa aparente delicadeza, esa aparente exquisitez de su obra esconde una fuerza que no todo el mundo puede captar. Dulce María entrega a la historia una gran obra literaria que se ha mantenido en los límites marginales. Pero se ha hecho justicia", señala Gladys Zaldívar, cuyo último libro de poesía Viene el asedio , abre con un cita de Dulce María: "Soy como vuelo de piedra". Ana Rosa Núñez cuenta que fue en casa de Dulce María Loynaz donde leyó su primer libro de versos, Un día en el verso 59. "Considero que es una de las más grandes poetisas de Hispanoamérica. Dulce María supo muy bien mantenerse en su propio mundo poético, el mundo de Dulce María Loynaz. Es única".

En el prólogo a Obra lírica , Federico Saínz de Robles escribe: "Su obra merece estar colocada a la par de las obras de Gabriela Mistral, María Eugenia Vaz Ferreira, Juana de Ibarbourou, Alfonsina Storni, Delmira Agustini. Es decir, pertenece al grupo de las más ilustres voces poéticas femeninas de América". Esa obra incluye las ya mencionadas Jardín y Obra lírica , también Poesías Escogidas (1985), La novia de Lázaro , Un verano en Tenerife y Enrique Loynaz del Castillo , la biografía de su padre.

Descubrir la poesía de Dulce María ha sido importante, como lo fue mi encuentro con los versos de otra grande, también condenada y marginada por los comunistas, la rusa Anna Ajmatova. Aunque hasta el momento la Obra lírica es lo único que conozco de su poesía, es suficiente para considerarla verdaderamente admirable. Destaco del libro La mujer de humo, Peces, La oración del alba, Premonición, Poemas IV, XXVI, XXXIV, Rebeldía y también Geografía: "¿Qué es una isla? Una isla es una ausencia de agua rodeada de agua: Una ausencia de amor rodeada de amor . . ." . Felicidades, Dulce María Loynaz.

Noviembre 12, 1992

Webmaster: Alexandria Library Incorporated

 

Portada

 

 

Artículos publicados en La Voz Católica
 


Artículos publicados en Palabra Cubana