“No tenía brillo ni belleza para que nos fijáramos en él, y su apariencia no era como para cautivarnos. [3] Despreciado por los hombres y marginado, hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento, semejante a aquellos a los que se les vuelve la cara, no contaba para nada y no hemos hecho caso de él. [4] Sin embargo, eran nuestras dolencias las que él llevaba, eran nuestros dolores los que le pesaban. Nosotros lo creíamos azotado por Dios, castigado y humillado, [5] y eran nuestras faltas por las que era destruido nuestros pecados, por los que era aplastado. El soportó el castigo que nos trae la paz y por sus llagas hemos sido sanados.  Isaías 53. 2-5
 

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XXX - Feb. 2009

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Vivan los estudiantes

Dora Amador

Cuando nuestro gobernador anunció que había recortado los fondos estatales para las escuelas y las universidades, y los estudiantes protestaron, me vino a la mente Dante.

"¡Oh, vosotros, los que entráis, abandonad toda esperanza!" leyó aterrado el poeta en el umbral de las puertas del Infierno en la Divina Comedia . Recordé el antiguo verso quizá por la fuerza del acto simbólico que llevó a cabo una multitud de alumnos en la Universidad Internacional de la Florida la semana pasada: incendiar letreros que decían "Educación, Oportunidad, Crecimiento, Futuro, Empleos y Graduación".

Cuando cosas como ésta suceden, el espíritu se cae al suelo. No queda más remedio que pensar que, de verdad, no hay nada que hacer. Pero mirándolo bien, la ira que condujo a los estudiantes a aquel acto de protesta indica que todavía hay esperanza. Y los estudiantes de Miami no están solos.

El desprecio y la indiferencia que por la educación sienten los gobernantes y congresistas de este país parecen ser nacionales. Por fortuna, las manifestaciones de protesta --el único poder de los sin poder-- también se están propagando entre la población.

Un estudio llevado a cabo por el Consejo Americano de Educación y el Instituto de Investigaciones de Educación Superior de la Universidad de California en Los Angeles, indica que las manifestaciones estudiantiles han tenido un aumento sin precedentes en el país en los últimos cinco años. Incluso se han registrado más actos de protesta, asegura el estudio, que en la histórica década del 60. Dos de los motivos de las manifestaciones son el aumento en los costos de la educación y la protección del medio ambiente. En otra parte del informe se afirma que el 44 por ciento de los estudiantes universitarios dijo que para ellos era una meta "muy importante" influir de algún modo en los valores de la sociedad. Un aplauso para los estudiantes. Hay esperanza.

Que conste, que las soluciones al desastre en la educación tampoco las proponen las instituciones educativas.

En un artículo publicado por The New York Times el 6 de octubre titulado “Un alivio en el costo de la enseñanza para la clase media”, el autor, Frederick Starr, presidente del Oberlin College, en Ohio, sugiere que, dado el ascendente costo en la enseñanza superior, las universidades debían explorar la posibilidad de ofrecer bachilleratos de tres años en lugar de cuatro.

Si por clase media se entiende a las personas que reciben un salario anual de $20,000 a $50,000, y el costo de una carrera de cuatro años --no pensar siquiera en estudios de posgrado conducentes a maestría o doctorado--, asciende a $80,000 o hasta $100,000, es muy poco probable que los 34 millones de personas que aproximadamente componen la clase media puedan aspirar a darles una carrera universitaria a sus hijos dentro de poco.

Cierto, las universidades y colleges públicos van quedando, como los privados, abiertos sólo para los miembros de la clase rica y hay que pensar en soluciones rápidas. ¿Pero es acaso una de ellas acortar el tiempo de estudios requeridos para obtener un titulo? ¿Y la meta educativa en sí? ¿Y el crecimiento intelectual de los estudiantes? Pobres de nosotros si ahora el afán de servicio rápido tipo McDonald's invade las universidades. ¿Podría llamarse educación de servicio rápido? Esta crisis tiene una raíz muy profunda. Casi el 30 por ciento de los estudiantes de escuela superior abandona los estudios antes de graduarse.

Es curioso que este fenómeno se dé en Estados Unidos. En Suiza, todos los estudios universitarios, hasta obtener el doctorado, son gratis. En la Universidad de la Sorbona, en Francia, se paga una mínima cuota, no más de $800 anuales por toda la carrera, cantidad risible en comparación con lo que se paga aquí. En Madrid, las universidades Complutense y Autónoma, igual: los alumnos españoles pagan menos de $700 anuales. Además, en esos países, las universidades públicas, de acceso a la población, gozan de un alto prestigio por la calidad de sus profesores y su curriculum .

Nuestro gobierno ha alejado más la ya difícil posibilidad de estudios superiores de la inmensa mayoría de los floridanos.

Entre los recortes anunciados la semana pasada se cuentan: menos cursos en las universidades; el congelamiento de matrículas --lo cual hará que queden fuera unos 10,000 estudiantes--; la posible eliminación de sesiones de verano y millones de dólares menos para las universidades públicas. En cuanto a las escuelas elementales y superiores, despidos de maestros, aumento en el numero de alumnos en las aulas, ya de por sí superpobladas, y $31.4 millones menos.

La comisionada de Educación, Betty Castor, hizo un llamado a maestros y estudiantes para oponerse a los recortes. Yo también lo hago.

Y es que hay que confiar en que algo se logrará con oponerse, con protestar. Es la única esperanza que nos queda.

Octubre 28, 1991.

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Artículos de
Dora Amador publicados en

El Nuevo Herald,
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