“No tenía brillo ni belleza para que nos fijáramos en él, y su apariencia no era como para cautivarnos. [3] Despreciado por los hombres y marginado, hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento, semejante a aquellos a los que se les vuelve la cara, no contaba para nada y no hemos hecho caso de él. [4] Sin embargo, eran nuestras dolencias las que él llevaba, eran nuestros dolores los que le pesaban. Nosotros lo creíamos azotado por Dios, castigado y humillado, [5] y eran nuestras faltas por las que era destruido nuestros pecados, por los que era aplastado. El soportó el castigo que nos trae la paz y por sus llagas hemos sido sanados.  Isaías 53. 2-5
 

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XXX - Feb. 2009

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Fervor en vez de fusil

Dora Amador

La balsa se mantenía a flote a pesar del aguacero y las olas. Los relámpagos rasgaban el cielo de aquella noche memorable para los tres cubanos que, empapados de agua y tiritando de frio y de miedo, se vieron perdidos en medio de un mar implacable.

De pronto, uno de ellos, desesperado, metió la mano en el bolsillo y sacó una pequeña imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre que su madre le había dado antes de salir. "Yo hasta ese momento no le había pedido nada a ella, pero algo me dio por mirarla así... y pedirle que no pasara otra noche más en el mar", dice Víctor Miguel Rodríguez.

El joven asegura --con una expresión de asombro al recordar lo sucedido-- que al poco rato de rogarle a la Caridad dejó de relampaguear y la tormenta cesó. Ese mismo día, al atardecer, un barco los recogió y los trajo a Estados Unidos.

El muchacho de 19 años, que no sabe persignarse, desconoce de dónde le brotó aquella fe tan poderosa que le dio la certeza de que se salvaría.

Sin saberlo, Víctor Miguel había perpetuado una vez más el rito ancestral más importante impreso en la conciencia colectiva religiosa de los cubanos: el culto a la Caridad del Cobre.

Practicar ese culto, como cualquier otra actividad religiosa, ha sido extremadamente difícil desde hace 30 años.

A partir de 1961, en que el gobierno de Fidel Castro expulsó del país a cientos de sacerdotes, clausuró los conventos, seminarios y colegios religiosos y suprimió toda publicación eclesiástica, ser religioso en Cuba ha sido sinónimo de contrarrevolucionario.

"Tienes que tener los santos escondidos", dice Eulalia Velázquez, tía de Víctor Miguel.

"Yo no, porque yo tenía mi Caridad en el cuarto junto a un vaso de agua y una foto de mi mamá que está muerta", continua Velázquez, de 34 años, que llegó de Cuba con su esposo, Nelson Dueñas, hace dos años.

"Yo sé que fue la Caridad la que me trajo de Cuba", dice con convicción Dueñas.

La devoción latente por la Caridad del Cobre parece que no ha podido ser extirpada del pueblo cubano a pesar de 30 años de educación atea.

Aunque la Iglesia de Cuba sufrió una gran disminución en el número de fieles durante la década del 70 y parte del 80, un nuevo fervor ha brotado en la población, sobre todo entre gente joven, afirman personas recién llegadas de la isla.

Uno de los lugares donde se hizo palpable esto fue en el Santuario del Cobre, donde está colocada la imagen original de la Virgen de la Caridad, en la región oriental del país.

"Ha ocurrido un fenómeno curiosísimo. A partir del año 85 hay un crecimiento que es casi una explosión de peregrinaje al Cobre", dice el padre José Juan Quijano, ex párroco de la Iglesia del Santísimo Salvador de Bayamo, y actual pastor asistente de la Iglesia Inmaculada Concepción en Hialeah.

El sacerdote Quijano, quien salió de Cuba hace cuatro años, dice que miles de soldados han depositado en el Santuario insignias militares, uniformes, puñados de tierra y pedazos de árboles que trajeron de Angola y Etiopía, como señal de agradecimiento a la Virgen por haberles permitido llegar con vida a Cuba, después de participar en las guerras del continente africano.

Hoy, afirma Quijano, ascienden a más de 80,000 personas las que peregrinan mensualmente al Cobre. "Esa juventud que no ha recibido educación religiosa alguna y que busca un sentido a la vida lo está encontrando en la religión".

Aunque el número de sacerdotes no ha aumentado --la cifra se mantiene en unos 220 en todo el país desde hace 25 años-- y su labor pastoral esta muy limitada, de acuerdo con fuentes eclesiásticas cubanas, solamente en La Habana, en lo que va de año, hay 36,000 bautizos más que en 1990.

"Y la mayor parte no son bautizos de niños, son adultos", explica el sacerdote Francisco Santana, párroco de la iglesia de la Divina Providencia en Miami y quien trasmite hacia Cuba dos programas religiosos a la semana, uno a través de Radio Martí y otro por la Voz del Cid. "Hay un renacimiento religioso muy grande".

Este renacimiento nunca fue tan perturbador para el gobierno comunista como en los años 1989 y 1990. Los obispos cubanos habían formulado una invitación al Papa Juan Pablo II para que fuera a Cuba; el Vaticano había dado la respuesta afirmativa y sólo quedaba fijar la fecha.

Como es costumbre cada vez que el Papa va a visitar un país, en Cuba la Iglesia inició un proceso de preparación espiritual de los fieles para su llegada.

Éste comenzó en el verano del 89, y consistía en llevar una imagen de la Caridad del Cobre en un recorrido por todas las parroquias de Provincia Habana y Ciudad Habana. La imagen debía permanecer unos días en cada iglesia; cuando se trasladaba, el obispo o el párroco acompañaba la imagen para predicar en la parroquia.

"Al principio la misma Iglesia se sorprendió", explica el padre Santana. El fenómeno no previsto fue ver el renacimiento de enormes procesiones religiosas, prohibidas por el gobierno desde hacía tres décadas.

La imagen de la Virgen, que se llevaba en un camioncito, había que bajarla ante los gritos espontáneos de la multitud, que quería cargarla.

"La gente comenzó a aglomerarse en las carreteras, muchos kilómetros antes del pueblo donde iba a llegar la Virgen; bloqueaban los caminos y comenzaban a gritar '¡Qué la bajen! ¡Qué la bajen!' Entonces bajaban la imagen y, con banderas cubanas, comenzaban a cantar el Himno Nacional", dice Santana.

"Yo fui a la procesión de la parroquia del Cerro. Había millones de gentes, no cabía nadie" señala Elizabeth Perez, de 17 años, que llegó a Miami hace un mes. "Estaba (la Virgen) bellísima y todo el mundo gritando '¡Qué viva la Caridad!' Le tiraban flores. Increíble".

"Estas procesiones rompieron los cánones. La Virgen siempre se llevaba sobre los hombros", explica el padre Quijano. "El hecho de que la llevaran con los brazos en alto revela el grado de embriaguez, de emoción y espontaneidad del pueblo. (Llevar la Virgen en andas) se había convertido en un acto de libertad de expresión".

El Nuevo Herald pudo obtener la copia de un video de estas procesiones filmado por el Departamento de Información de la archidiócesis de La Habana. Miles de personas con antorchas, velas y banderas cubanas, se ven aglomeradas en las calles de La Salud, Alquízar, Güira de Melena, Bejucal, Rincón, Madruga, Bairoa, Pedro Pi, y otros pueblos, gritando "¡Qué venga el Papa!", "¡Viva la Iglesia!" y cantando una canción a la Virgen de la Caridad, entre cuyos versos, a pesar de los gritos de exaltación de la población, se puede escuchar:

Virgen mambisa, que seamos hermanos. Lloran tus hijos... Libertad para tu pueblo... Siembra amorosa la unión.

El periodista Víctor Serpa salió de Cuba hace tres meses. Serpa, de 50 años, dice que una de las cosas que más le sorprende es la cantidad de jóvenes que llenan las iglesias en Cuba. Él opina que hay más fervor religioso hoy que antes de la revolución. También cree que la Caridad es un símbolo de reafirmación nacional, de rebeldía ante la represión religiosa.

"La Caridad se identifica con la bandera", dice Serpa. "Yo estuve en la iglesia del Carmen cuando estaba la imagen allí, y aquello era una multitud extraordinaria. Cuando se iba a retirar de esa parroquia para otra, por la calle Infanta, el párroco Teodoro Becerril tuvo que pedir calma. Había muchos policías en la acera de enfrente, entre ellos tres mayores. El pueblo tomó la calle por completo. Los policías tuvieron que retroceder".

Ante este creciente vuelco de la población en las calles, el gobierno decidió actuar sin más perdida de tiempo. Amenazando con culpar a la Iglesia de los posibles choques callejeros y derramamientos de sangre, que dijo podrían empezar a suscitarse, el 9 de mayo de 1990 el gobierno prohibió las procesiones; también que la imagen de la Virgen fuera trasladada a otra parroquia.

"Inmediatamente que empezó la expresión popular de fervor religioso, vemos que el gobierno enfrió las relaciones (con el Vaticano) y que cerró la puerta para que el Papa fuera", explica el padre Agustín Román, Obispo Auxiliar de Miami y pastor de la Ermita de la Caridad en Miami.

"Si el Papa va a Cuba y da una misa en la Catedral o cualquier lugar al aire libre, no se sabe lo que va a pasar allí", dice Serpa.

El miércoles llegó a Ciudad Habana una delegación de cinco obispos en representación de la Iglesia española. Todos --incluyendo un cardenal-- participarán hoy en las celebraciones de la Virgen de la Caridad, visitando las siete diócesis de la isla. Su prédica será una de reconciliación.

Asimismo, aunque por la prohibición vigente no salgan a la calle hoy en procesiones, el pueblo cubano podrá escuchar --a las 8:30 a.m. y a las 5:30 p.m. por Radio Martí-- a Oswaldo Payá Sardiñas, dirigente del Movimiento Cristiano Liberación, haciendo un llamado al pueblo para que no teman expresar su fe el 8 de septiembre: "No te odio, pero no te temo", dice en una parte dirigida a los militantes.

Payá, quien ha sufrido actos de repudio y persecución por agentes de la Seguridad del Estado en los últimos meses, le envió la semana pasada al padre Santana el comunicado “Virgen mambisa, ¡que seamos hermanos!”, grabado desde Cuba para que se trasmitiera hoy.

Septiembre 8, 1991

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