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Fervor
en vez de fusil
Dora Amador
La balsa se mantenía a flote a pesar del aguacero y las
olas. Los relámpagos rasgaban el cielo de aquella noche
memorable para los tres cubanos que, empapados de agua y
tiritando de frio y de miedo, se vieron perdidos en
medio de un mar implacable.
De pronto, uno de ellos, desesperado, metió la mano en
el bolsillo y sacó una pequeña imagen de la Virgen de la
Caridad del Cobre que su madre le había dado antes de
salir. "Yo hasta ese momento no le había pedido nada a
ella, pero algo me dio por mirarla así... y pedirle que
no pasara otra noche más en el mar", dice Víctor Miguel
Rodríguez.
El joven asegura --con una expresión de asombro al
recordar lo sucedido-- que al poco rato de rogarle a la
Caridad dejó de relampaguear y la tormenta cesó. Ese
mismo día, al atardecer, un barco los recogió y los
trajo a Estados Unidos.
El muchacho de 19 años, que no sabe persignarse,
desconoce de dónde le brotó aquella fe tan poderosa que
le dio la certeza de que se salvaría.
Sin saberlo, Víctor Miguel había perpetuado una vez más
el rito ancestral más importante impreso en la
conciencia colectiva religiosa de los cubanos: el culto
a la Caridad del Cobre.
Practicar ese culto, como cualquier otra actividad
religiosa, ha sido extremadamente difícil desde hace 30
años.
A partir de 1961, en que el gobierno de Fidel Castro
expulsó del país a cientos de sacerdotes, clausuró los
conventos, seminarios y colegios religiosos y suprimió
toda publicación eclesiástica, ser religioso en Cuba ha
sido sinónimo de contrarrevolucionario.
"Tienes que tener los santos escondidos", dice Eulalia
Velázquez, tía de Víctor Miguel.
"Yo no, porque yo tenía mi Caridad en el cuarto junto a
un vaso de agua y una foto de mi mamá que está muerta",
continua Velázquez, de 34 años, que llegó de Cuba con su
esposo, Nelson Dueñas, hace dos años.
"Yo sé que fue la Caridad la que me trajo de Cuba", dice
con convicción Dueñas.
La devoción latente por la Caridad del Cobre parece que
no ha podido ser extirpada del pueblo cubano a pesar de
30 años de educación atea.
Aunque la Iglesia de Cuba sufrió una gran disminución en
el número de fieles durante la década del 70 y parte del
80, un nuevo fervor ha brotado en la población, sobre
todo entre gente joven, afirman personas recién llegadas
de la isla.
Uno de los lugares donde se hizo palpable esto fue en el
Santuario del Cobre, donde está colocada la imagen
original de la Virgen de la Caridad, en la región
oriental del país.
"Ha ocurrido un fenómeno curiosísimo. A partir del año
85 hay un crecimiento que es casi una explosión de
peregrinaje al Cobre", dice el padre José Juan Quijano,
ex párroco de la Iglesia del Santísimo Salvador de
Bayamo, y actual pastor asistente de la Iglesia
Inmaculada Concepción en Hialeah.
El sacerdote Quijano, quien salió de Cuba hace cuatro
años, dice que miles de soldados han depositado en el
Santuario insignias militares, uniformes, puñados de
tierra y pedazos de árboles que trajeron de Angola y
Etiopía, como señal de agradecimiento a la Virgen por
haberles permitido llegar con vida a Cuba, después de
participar en las guerras del continente africano.
Hoy, afirma Quijano, ascienden a más de 80,000 personas
las que peregrinan mensualmente al Cobre. "Esa juventud
que no ha recibido educación religiosa alguna y que
busca un sentido a la vida lo está encontrando en la
religión".
Aunque el número de sacerdotes no ha aumentado --la
cifra se mantiene en unos 220 en todo el país desde hace
25 años-- y su labor pastoral esta muy limitada, de
acuerdo con fuentes eclesiásticas cubanas, solamente en
La Habana, en lo que va de año, hay 36,000 bautizos más
que en 1990.
"Y la mayor parte no son bautizos de niños, son adultos",
explica el sacerdote Francisco Santana, párroco de la
iglesia de la Divina Providencia en Miami y quien
trasmite hacia Cuba dos programas religiosos a la semana,
uno a través de Radio Martí y otro por la Voz del Cid.
"Hay un renacimiento religioso muy grande".
Este renacimiento nunca fue tan perturbador para el
gobierno comunista como en los años 1989 y 1990. Los
obispos cubanos habían formulado una invitación al Papa
Juan Pablo II para que fuera a Cuba; el Vaticano había
dado la respuesta afirmativa y sólo quedaba fijar la
fecha.
Como es costumbre cada vez que el Papa va a visitar un
país, en Cuba la Iglesia inició un proceso de
preparación espiritual de los fieles para su llegada.
Éste comenzó en el verano del 89, y consistía en llevar
una imagen de la Caridad del Cobre en un recorrido por
todas las parroquias de Provincia Habana y Ciudad Habana.
La imagen debía permanecer unos días en cada iglesia;
cuando se trasladaba, el obispo o el párroco acompañaba
la imagen para predicar en la parroquia.
"Al principio la misma Iglesia se sorprendió", explica
el padre Santana. El fenómeno no previsto fue ver el
renacimiento de enormes procesiones religiosas,
prohibidas por el gobierno desde hacía tres décadas.
La imagen de la Virgen, que se llevaba en un camioncito,
había que bajarla ante los gritos espontáneos de la
multitud, que quería cargarla.
"La gente comenzó a aglomerarse en las carreteras,
muchos kilómetros antes del pueblo donde iba a llegar la
Virgen; bloqueaban los caminos y comenzaban a gritar '¡Qué
la bajen! ¡Qué la bajen!' Entonces bajaban la imagen y,
con banderas cubanas, comenzaban a cantar el Himno
Nacional", dice Santana.
"Yo fui a la procesión de la parroquia del Cerro. Había
millones de gentes, no cabía nadie" señala Elizabeth
Perez, de 17 años, que llegó a Miami hace un mes. "Estaba
(la Virgen) bellísima y todo el mundo gritando '¡Qué
viva la Caridad!' Le tiraban flores. Increíble".
"Estas procesiones rompieron los cánones. La Virgen
siempre se llevaba sobre los hombros", explica el padre
Quijano. "El hecho de que la llevaran con los brazos en
alto revela el grado de embriaguez, de emoción y
espontaneidad del pueblo. (Llevar la Virgen en andas) se
había convertido en un acto de libertad de expresión".
El Nuevo Herald
pudo obtener la copia de un video de estas procesiones
filmado por el Departamento de Información de la
archidiócesis de La Habana. Miles de personas con
antorchas, velas y banderas cubanas, se ven aglomeradas
en las calles de La Salud, Alquízar, Güira de Melena,
Bejucal, Rincón, Madruga, Bairoa, Pedro Pi, y otros
pueblos, gritando "¡Qué venga el Papa!", "¡Viva la
Iglesia!" y cantando una canción a la Virgen de la
Caridad, entre cuyos versos, a pesar de los gritos de
exaltación de la población, se puede escuchar:
Virgen mambisa, que seamos hermanos. Lloran tus hijos...
Libertad para tu pueblo... Siembra amorosa la unión.
El periodista Víctor Serpa salió de Cuba hace tres meses.
Serpa, de 50 años, dice que una de las cosas que más le
sorprende es la cantidad de jóvenes que llenan las
iglesias en Cuba. Él opina que hay más fervor religioso
hoy que antes de la revolución. También cree que la
Caridad es un símbolo de reafirmación nacional, de
rebeldía ante la represión religiosa.
"La Caridad se identifica con la bandera", dice Serpa. "Yo
estuve en la iglesia del Carmen cuando estaba la imagen
allí, y aquello era una multitud extraordinaria. Cuando
se iba a retirar de esa parroquia para otra, por la
calle Infanta, el párroco Teodoro Becerril tuvo que
pedir calma. Había muchos policías en la acera de
enfrente, entre ellos tres mayores. El pueblo tomó la
calle por completo. Los policías tuvieron que retroceder".
Ante este creciente vuelco de la población en las calles,
el gobierno decidió actuar sin más perdida de tiempo.
Amenazando con culpar a la Iglesia de los posibles
choques callejeros y derramamientos de sangre, que dijo
podrían empezar a suscitarse, el 9 de mayo de 1990 el
gobierno prohibió las procesiones; también que la imagen
de la Virgen fuera trasladada a otra parroquia.
"Inmediatamente que empezó la expresión popular de
fervor religioso, vemos que el gobierno enfrió las
relaciones (con el Vaticano) y que cerró la puerta para
que el Papa fuera", explica el padre Agustín Román,
Obispo Auxiliar de Miami y pastor de la Ermita de la
Caridad en Miami.
"Si el Papa va a Cuba y da una misa en la Catedral o
cualquier lugar al aire libre, no se sabe lo que va a
pasar allí", dice Serpa.
El miércoles llegó a Ciudad Habana una delegación de
cinco obispos en representación de la Iglesia española.
Todos --incluyendo un cardenal-- participarán hoy en las
celebraciones de la Virgen de la Caridad, visitando las
siete diócesis de la isla. Su prédica será una de
reconciliación.
Asimismo, aunque por la prohibición vigente no salgan a
la calle hoy en procesiones, el pueblo cubano podrá
escuchar --a las 8:30 a.m. y a las 5:30 p.m. por Radio
Martí-- a Oswaldo Payá Sardiñas, dirigente del
Movimiento Cristiano Liberación, haciendo un llamado al
pueblo para que no teman expresar su fe el 8 de
septiembre: "No te odio, pero no te temo", dice en una
parte dirigida a los militantes.
Payá, quien ha sufrido actos de repudio y persecución
por agentes de la Seguridad del Estado en los últimos
meses, le envió la semana pasada al padre Santana el
comunicado “Virgen mambisa, ¡que seamos hermanos!”,
grabado desde Cuba para que se trasmitiera hoy.
Septiembre 8, 1991 |