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La
medicina en Cuba: ¿por todos y para el bien de todos?
Dora Amador
En la sala de emergencia del Hospital Calixto García en
La Habana las sábanas se cambian cuando se puede, aunque
estén embarradas de sangre o de vómito. No todos los
días hay sábanas limpias. Tampoco hay agua. Los
familiares del paciente tienen que llevar un cubo de su
casa para recogerla cuando llegue y poder lavar al
enfermo.
Cuesta trabajo conseguir sueros y, a excepción de la
penicilina, no hay muchos antibióticos ni medicamentos
vitales.
En este lugar siempre atestado de gente que llora, grita,
se queja, abundan las infecciones, y los pacientes --gente
quemada, herida, con arritmias, con infartos-- se
complican o se mueren a veces sólo por la carencia de
higiene, equipo y medicinas, afirma el doctor Rubén
Pineda, que fue jefe del cuerpo de guardia (sala de
emergencia) del Calixto García hasta diciembre de 1989.
La frase "Cuba es una potencia médica", convertida por
años casi en eslogan por la propaganda del gobierno, no
se oye ya en ninguna parte, excepto cuando los cubanos
la dicen en son de burla.
En 1989, en el país había 34,752 médicos, según el
Informe Anual del Ministerio de Salud Pública de Cuba, o
sea, un médico por cada 302 habitantes. Desde mediados
de la década del 80, se instauró lo que se conoce como
"el médico de la familia", que debe atender a los
residentes de una zona especifica, usualmente de dos o
tres cuadras. Por la mañana, este médico atiende a
personas en su consulta, ubicada en los bajos de su
casa, y por la tarde "hace terreno", es decir, visita a
sus enfermos ya sea en sus casas o en los hospitales si
están ingresados.
Sin embargo, la mayoría de los médicos cubanos recién
llegados a Miami dicen que aunque terminan su carrera
muy bien preparados y hay muchos doctores buenos, la
asistencia que se la da al pueblo cubano es desastrosa.
"Tu no puedes hacer nada sólo con el material humano,
necesitas equipos, medicamentos que eleven la calidad
del servicio, porque con la conciencia sola no se logra
nada...", explica María Caridad Aguirre, que era jefa
del departamento de medicina del policlínico Tomás Romay
en La Habana Vieja.
Aguirre, que llegó a Miami hace cinco meses con su
esposo, el ex preso político Alfredo Mustelier, hablará
sobre el tema de la medicina en Cuba en el XI Congreso
Internacional del Colegio Médico Cubano Libre que se
está celebrando esta semana en el Hotel Omni.
Otros médicos que llegaron hace poco de la isla
concuerdan con ella en que la enorme escasez de
medicamentos, instrumentos y equipo médico se ha
incrementado a niveles críticos desde hace
aproximadamente un año, cuando Cuba dejo de recibir
importaciones de los antiguos países socialistas, sobre
todo de Alemania Oriental, la Unión Soviética, Bulgaria
y Hungría.
Sin embargo, la situación del Calixto García, uno de los
hospitales a los que más personas asisten en Cuba, no se
da en otros hospitales.
Los "mayimbes" --Fidel Castro y su círculo íntimo, los
ministros y agentes de la Seguridad del Estado con sus
familias, o alguien con muy buenos contactos-- se tratan
en el CIMEQ, Centro de Investigaciones Médicas Clínico
Quirúrgico.
Ultramoderno, con todo tipo de medicinas y equipos
altamente sofisticados, el CIMEQ está a la altura de
cualquier gran hospital de un país capitalista, con la
diferencia de que está sumamente vigilado por guardias
las 24 horas del día. Allí el "pueblo" no puede ingresar.
"Ahí va la gente de las grandes esferas. Es una
maravilla. Respiradores volumétricos, televisores en
colores para los pacientes, camas para los acompañantes...
no falta nada, ninguna medicina, ahí hay de todo",
comenta con una sonrisa Pineda, quien se fue de Cuba en
enero del 90 en una pequeña embarcación junto a 14
personas, en su mayoría pacientes suyos.
Pineda, clínico especializado en medicina interna,
recuerda con ironía cuando tenía que atender a los
enfermos en la urgencia de la sala de emergencia del
Calixto García.
"A veces no tenía algodón, no tenía alcohol ni
desinfectante", dice Pineda. "Le hacía un abordaje
venoso profundo a un paciente y a la hora de darle un
punto no tenía seda para la sutura, tenía que ponerlo
ahí con esparadrapo, y eso cuando lo había... Eso es
común, muy normal en Cuba".
El hecho de que allí el tubo del respirador artificial
se tuviera que esterilizar en lugar de desecharlo, es la
causa de que se trasmitan bacterias e infecciones, dice
Pineda. "Siempre se usaba el mismo tubo para entubar a
los pacientes. Los de laringe estrecha sangraban, porque
el tubo era demasiado ancho, otras veces era demasiado
corto".
En el cuerpo de guardia del Calixto García, donde
trabajó por años, Pineda vivió apuros que no olvida. "Llegaba
alguien con un infarto o era diabético y yo le ponía lo
que tenía, pero no era lo mejor, porque no tenía casi
nada que ponerle. Tenía a veces que buscar agua
oxigenada con dextrosa para hacer un suero. Se complican
o se mueren muchos pacientes, y en las salas de quemados
también, por accidentes, por infecciones. Muchos aquí no
morirían".
Como en las fabricas, los centros de trabajo, las
escuelas y demás sectores de la economía y la sociedad
cubana, en los hospitales y en los policlínicos, "se
inflan globos". O sea, se dan cifras falsas para cumplir
con los dictámenes del gobierno. Por ejemplo, al estar
los jefes de sala obligados a "rotar las camas", muchas
veces a las personas se les da de alta antes de tiempo,
sin terminar el tratamiento, y cuando van a comprar la
medicina, no existe en la farmacia, lo que hace que
tengan que volver a ingresar.
"El servicio que se le presta al pueblo desgraciadamente
no es bueno", explica la doctora Aguirre. "Ahora, con
esta escasez que se ha incrementado a partir de junio
del año pasado, no se consiguen muchas medicinas que son
muy importantes para controlar una arritmia, una
cardiopatía isquémica, no encuentras muchas tabletas...".
Algo que se destaca entre los médicos cubanos recién
llegados de la isla es el profundo amor que parecen
sentir por su profesión, que se mezcla, al querer
expresar su situación, con un sentido de enorme
frustración por lo que han vivido.
En Cuba, la medicina es gratuita: las consultas, la
hospitalización, las cirugías, los tratamientos y
análisis son absolutamente gratis para el pueblo. Este
es uno de los mayores pilares propagandísticos del
gobierno. Y los médicos recién llegados coinciden en que
éste es uno de los logros de la revolución que debe
permanecer una vez haya sido democratizado el país.
"Esto podría ser una corriente de choque entre los
médicos cubanos de aquí y los médicos de allá, y más con
la población, que ya está habituada a recibir los
servicios médicos gratuitos", apunta Aguirre.
Sin embargo, no todos opinan que esos servicios de salud
son tan gratuitos como se aparenta. "En Cuba no hay nada
gratis", dice Ricardo Presas, ortopédico que llegó en
una balsa a Miami hace dos meses. "Pagas la medicina en
base a salarios miserables, en base a una malísima
distribución de los bienes que produce la población y en
base a la ausencia de muchas otras cosas, entre ellas la
libertad, que no lo puedes valorar con nada".
El salario de un médico en Cuba es entre $300 y $450
mensuales, altos si se considera que el salario promedio
es de $100 a $150, aunque ninguno puede tener consulta
privada y debe trabajar donde se le ordene.
Aparte de los "médicos de familia", existen los
policlínicos, que son centros de tratamiento y
diagnóstico ubicados en todos los sectores del país.
Cada uno cuenta con varios médicos especialistas,
enfermeras y otros empleados. Las personas que necesiten
asistencia médica que no sea de emergencia, deben ir al
policlínico de su área.
"El pueblo se queja mucho en los policlínicos, está muy
disgustado con la asistencia médica", comenta el doctor
Alejandro Enrique Casuso, quien hasta hace dos meses fue
médico del policlínico 19 de Abril, del Nuevo Vedado, en
La Habana. Casuso vino de visita a Miami en abril de
este año y ya pidió asilo político.
El estrés en que vive la población --por las colas para
buscar los alimentos, la escasez de bienes de consumo,
la situación política-- es tal, que los médicos se han
convertido en una especie de siquiatras, afirman Casuso
y Aguirre.
El índice de intentos de suicidio hizo que a mediados de
1989 el gobierno tuviera que crear un plan de emergencia
por áreas de salud para tratar de controlarlo, según
Aguirre y Casuso. De acuerdo con ambos, el suicidio esta
entre las tres primeras causas de muerte en la población.
El doctor Juan Abdala fue jefe de hospitalización de la
Unidad de Tanques y Transportes de las Fuerzas Armadas
en La Habana por tres años. Las enfermedades más comunes
que vio en su lugar de trabajo fueron: intento de
suicidio, neurosis y simulación de enfermedad, para
obtener la baja, (el gobierno consideraba a los "simuladores"
sicópatas, por crear una reacción negativa en contra de
la sociedad).
Abdala se asiló en Managua, Nicaragua, en septiembre del
año pasado y llegó a Miami en enero. El ultimo año en
Cuba trabajó en el Hospital Hermanos Ameijeiras, uno de
los más grandes y modernos construidos por la revolución.
"Es un 'hospital pantalla', localizado en un lugar que
se divisa desde toda La Habana, con 24 pisos, limpieza
formidable... Y parece que no hay ningún problema. Es a
donde llevan a los turistas para que vean los logros
revolucionarios', pero todo allá es un gran globo",
comenta Abdala.
Al igual que el exclusivo Hospital Cira García, donde
sólo se puede pagar con dólares y es para atender a
diplomáticos extranjeros y a turistas, el Ameijeiras es
un hospital elitista, pero para cubanos, no tiene sala
de emergencia y un piso completo es "área dólar".
Este hospital cuenta con equipos e instrumentos médicos
superiores al resto de los hospitales donde ingresa la
población cubana, mayormente equipados éstos, según los
médicos que los conocen, con equipos rudimentarios en
comparación con los hospitales de Estados Unidos.
Sin embargo, la situación de la medicina en el país es
tan crítica, que hasta en el Ameijeiras se siente la
escasez, dice Abdala. No hay anestesia, ni reactivos
para hacer glicemia, urea o citrina (para saber el
azúcar en la sangre de los diabéticos). Los guantes hay
que lavarlos 10 ó 15 veces, no se pueden tirar, porque
no hay. Escasea mucho la ropa y el instrumental de
cirujano y los ropones para enfermos. Las placas, que
eran importadas en su mayoría de la antigua Republica
Democrática Alemana dejaron de llegar hace más de un año.
Pero en ningún lugar las cosas están peores que en las
farmacias, explican los médicos: No hay nitroglicerina,
para los cardiacos, ni medicamentos para el tratamiento
de la presión arterial, la epilepsia, el asma y otras
enfermedades. Las aspirinas están muy racionadas y no se
consigue algodón ni gasa.
"Yo tenía pacientes con angina de pecho, cardiopatía,
hipertensión, les daba el nombre del fármaco y ellos se
lo mandaban a pedir a los familiares en Estados Unidos.
Si no sería horrible", dice Pineda.
Dada la falta de higiene por la demora en la recogida de
la basura, la escasez de agua, y las fosas y
alcantarillas rotas, ha aumentado el número de ratas,
cucarachas y mosquitos en la población. Los gérmenes
intrahospitalarios son muy frecuentes.
"El promedio de infecciones en los hospitales es
altísimo. Ahora mismo, en el Hospital Fajardo de La
Habana hay salones cerrados por infección, algunas salas
de operación están contaminadas", afirma Casuso.
Juan Abdala estaba terminando su especialización en
cardiología cuando decidió participar en una "misión
internacionalista" en Managua. Dice que "es la única
forma de conseguir un carro... No te lo regalan, pero
tienes el derecho a comprarlo. Y es la única forma
también de conseguir trabajo en un buen hospital".
Para poder ejercer en un buen hospital en Cuba, el
médico tiene que demostrar su afiliación incondicional
al partido. De lo contrario, son sacados de los
hospitales y enviados trabajar a policlínicos, comentan
Casuso y Aguirre, a quienes les sucedió esto.
"Yo no soportaba más vivir con dos caras, la que sentía
y la que demostraba", explica Abdala.
Hay médicos en prisión, como los doctores Julián Arana y
Julio Bientz, que fueron encarcelados en el Combinado
del Este en octubre del 90, acusados de conspirar contra
el estado.
Otros son marginados, enviados a trabajar en fábricas y
empleos que resultan humillantes, como es el caso de
Antonio Fernández Esquivel, que por expresar ideas
diferentes a las del director del Instituto de
Neurología y Neurocirugía de La Habana, donde estaba
haciendo su residencia, fue transferido al Hospital
Calixto García.
Allí, un día de 1983, Fernández Esquivel comentó entre
compañeros de trabajo que el libro Mein Kampf, de
Adolfo Hitler, tenía similitudes con La historia me
absolverá, de Fidel Castro. Al joven se le dio la
baja definitiva de la especialización y no ha vuelto a
trabajar como médico. Entre otros empleos, tuvo que
desempeñarse como barrendero. Fernández Esquivel reside
aún en La Habana.
Los médicos que llegan de Cuba muestran una gran
admiración por la cantidad de recursos y adelantos
médicos que han encontrado en Miami. Muchos afirman que,
en comparación, los equipos y la técnica médica de Cuba
tiene muchos años de atraso.
Sin embargo, muchos están asombrados con la práctica
médica en este país. "El paciente aquí es un cliente",
señala Presas.
"Allá se manda a hacer lo que el paciente necesita, no
se le receta o se opera a una persona por sacarle dinero",
explica Aguirre. "Aquí llamas por teléfono a un médico y
te dicen: 'Oficina del doctor tal...', no te dicen 'consulta'.
Te dicen oficina, que es como un negocio".
"Me aterra la medicina americana", expresa Abdala. "Yo
no sé si socializada, pero sí quiero para Cuba una
medicina más humana que la que veo aquí".
Junio 23, 1991 |