“No tenía brillo ni belleza para que nos fijáramos en él, y su apariencia no era como para cautivarnos. [3] Despreciado por los hombres y marginado, hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento, semejante a aquellos a los que se les vuelve la cara, no contaba para nada y no hemos hecho caso de él. [4] Sin embargo, eran nuestras dolencias las que él llevaba, eran nuestros dolores los que le pesaban. Nosotros lo creíamos azotado por Dios, castigado y humillado, [5] y eran nuestras faltas por las que era destruido nuestros pecados, por los que era aplastado. El soportó el castigo que nos trae la paz y por sus llagas hemos sido sanados.  Isaías 53. 2-5
 

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XXX - Feb. 2009

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La medicina en Cuba: ¿por todos y para el bien de todos?

Dora Amador

En la sala de emergencia del Hospital Calixto García en La Habana las sábanas se cambian cuando se puede, aunque estén embarradas de sangre o de vómito. No todos los días hay sábanas limpias. Tampoco hay agua. Los familiares del paciente tienen que llevar un cubo de su casa para recogerla cuando llegue y poder lavar al enfermo.

Cuesta trabajo conseguir sueros y, a excepción de la penicilina, no hay muchos antibióticos ni medicamentos vitales.

En este lugar siempre atestado de gente que llora, grita, se queja, abundan las infecciones, y los pacientes --gente quemada, herida, con arritmias, con infartos-- se complican o se mueren a veces sólo por la carencia de higiene, equipo y medicinas, afirma el doctor Rubén Pineda, que fue jefe del cuerpo de guardia (sala de emergencia) del Calixto García hasta diciembre de 1989.

La frase "Cuba es una potencia médica", convertida por años casi en eslogan por la propaganda del gobierno, no se oye ya en ninguna parte, excepto cuando los cubanos la dicen en son de burla.

En 1989, en el país había 34,752 médicos, según el Informe Anual del Ministerio de Salud Pública de Cuba, o sea, un médico por cada 302 habitantes. Desde mediados de la década del 80, se instauró lo que se conoce como "el médico de la familia", que debe atender a los residentes de una zona especifica, usualmente de dos o tres cuadras. Por la mañana, este médico atiende a personas en su consulta, ubicada en los bajos de su casa, y por la tarde "hace terreno", es decir, visita a sus enfermos ya sea en sus casas o en los hospitales si están ingresados.

Sin embargo, la mayoría de los médicos cubanos recién llegados a Miami dicen que aunque terminan su carrera muy bien preparados y hay muchos doctores buenos, la asistencia que se la da al pueblo cubano es desastrosa.

"Tu no puedes hacer nada sólo con el material humano, necesitas equipos, medicamentos que eleven la calidad del servicio, porque con la conciencia sola no se logra nada...", explica María Caridad Aguirre, que era jefa del departamento de medicina del policlínico Tomás Romay en La Habana Vieja.

Aguirre, que llegó a Miami hace cinco meses con su esposo, el ex preso político Alfredo Mustelier, hablará sobre el tema de la medicina en Cuba en el XI Congreso Internacional del Colegio Médico Cubano Libre que se está celebrando esta semana en el Hotel Omni.

Otros médicos que llegaron hace poco de la isla concuerdan con ella en que la enorme escasez de medicamentos, instrumentos y equipo médico se ha incrementado a niveles críticos desde hace aproximadamente un año, cuando Cuba dejo de recibir importaciones de los antiguos países socialistas, sobre todo de Alemania Oriental, la Unión Soviética, Bulgaria y Hungría.

Sin embargo, la situación del Calixto García, uno de los hospitales a los que más personas asisten en Cuba, no se da en otros hospitales.

Los "mayimbes" --Fidel Castro y su círculo íntimo, los ministros y agentes de la Seguridad del Estado con sus familias, o alguien con muy buenos contactos-- se tratan en el CIMEQ, Centro de Investigaciones Médicas Clínico Quirúrgico.

Ultramoderno, con todo tipo de medicinas y equipos altamente sofisticados, el CIMEQ está a la altura de cualquier gran hospital de un país capitalista, con la diferencia de que está sumamente vigilado por guardias las 24 horas del día. Allí el "pueblo" no puede ingresar.

"Ahí va la gente de las grandes esferas. Es una maravilla. Respiradores volumétricos, televisores en colores para los pacientes, camas para los acompañantes... no falta nada, ninguna medicina, ahí hay de todo", comenta con una sonrisa Pineda, quien se fue de Cuba en enero del 90 en una pequeña embarcación junto a 14 personas, en su mayoría pacientes suyos.

Pineda, clínico especializado en medicina interna, recuerda con ironía cuando tenía que atender a los enfermos en la urgencia de la sala de emergencia del Calixto García.

"A veces no tenía algodón, no tenía alcohol ni desinfectante", dice Pineda. "Le hacía un abordaje venoso profundo a un paciente y a la hora de darle un punto no tenía seda para la sutura, tenía que ponerlo ahí con esparadrapo, y eso cuando lo había... Eso es común, muy normal en Cuba".

El hecho de que allí el tubo del respirador artificial se tuviera que esterilizar en lugar de desecharlo, es la causa de que se trasmitan bacterias e infecciones, dice Pineda. "Siempre se usaba el mismo tubo para entubar a los pacientes. Los de laringe estrecha sangraban, porque el tubo era demasiado ancho, otras veces era demasiado corto".

En el cuerpo de guardia del Calixto García, donde trabajó por años, Pineda vivió apuros que no olvida. "Llegaba alguien con un infarto o era diabético y yo le ponía lo que tenía, pero no era lo mejor, porque no tenía casi nada que ponerle. Tenía a veces que buscar agua oxigenada con dextrosa para hacer un suero. Se complican o se mueren muchos pacientes, y en las salas de quemados también, por accidentes, por infecciones. Muchos aquí no morirían".

Como en las fabricas, los centros de trabajo, las escuelas y demás sectores de la economía y la sociedad cubana, en los hospitales y en los policlínicos, "se inflan globos". O sea, se dan cifras falsas para cumplir con los dictámenes del gobierno. Por ejemplo, al estar los jefes de sala obligados a "rotar las camas", muchas veces a las personas se les da de alta antes de tiempo, sin terminar el tratamiento, y cuando van a comprar la medicina, no existe en la farmacia, lo que hace que tengan que volver a ingresar.

"El servicio que se le presta al pueblo desgraciadamente no es bueno", explica la doctora Aguirre. "Ahora, con esta escasez que se ha incrementado a partir de junio del año pasado, no se consiguen muchas medicinas que son muy importantes para controlar una arritmia, una cardiopatía isquémica, no encuentras muchas tabletas...".

Algo que se destaca entre los médicos cubanos recién llegados de la isla es el profundo amor que parecen sentir por su profesión, que se mezcla, al querer expresar su situación, con un sentido de enorme frustración por lo que han vivido.

En Cuba, la medicina es gratuita: las consultas, la hospitalización, las cirugías, los tratamientos y análisis son absolutamente gratis para el pueblo. Este es uno de los mayores pilares propagandísticos del gobierno. Y los médicos recién llegados coinciden en que éste es uno de los logros de la revolución que debe permanecer una vez haya sido democratizado el país.

"Esto podría ser una corriente de choque entre los médicos cubanos de aquí y los médicos de allá, y más con la población, que ya está habituada a recibir los servicios médicos gratuitos", apunta Aguirre.

Sin embargo, no todos opinan que esos servicios de salud son tan gratuitos como se aparenta. "En Cuba no hay nada gratis", dice Ricardo Presas, ortopédico que llegó en una balsa a Miami hace dos meses. "Pagas la medicina en base a salarios miserables, en base a una malísima distribución de los bienes que produce la población y en base a la ausencia de muchas otras cosas, entre ellas la libertad, que no lo puedes valorar con nada".

El salario de un médico en Cuba es entre $300 y $450 mensuales, altos si se considera que el salario promedio es de $100 a $150, aunque ninguno puede tener consulta privada y debe trabajar donde se le ordene.

Aparte de los "médicos de familia", existen los policlínicos, que son centros de tratamiento y diagnóstico ubicados en todos los sectores del país. Cada uno cuenta con varios médicos especialistas, enfermeras y otros empleados. Las personas que necesiten asistencia médica que no sea de emergencia, deben ir al policlínico de su área.

"El pueblo se queja mucho en los policlínicos, está muy disgustado con la asistencia médica", comenta el doctor Alejandro Enrique Casuso, quien hasta hace dos meses fue médico del policlínico 19 de Abril, del Nuevo Vedado, en La Habana. Casuso vino de visita a Miami en abril de este año y ya pidió asilo político.

El estrés en que vive la población --por las colas para buscar los alimentos, la escasez de bienes de consumo, la situación política-- es tal, que los médicos se han convertido en  una especie de siquiatras, afirman Casuso y Aguirre.

El índice de intentos de suicidio hizo que a mediados de 1989 el gobierno tuviera que crear un plan de emergencia por áreas de salud para tratar de controlarlo, según Aguirre y Casuso. De acuerdo con ambos, el suicidio esta entre las tres primeras causas de muerte en la población.

El doctor Juan Abdala fue jefe de hospitalización de la Unidad de Tanques y Transportes de las Fuerzas Armadas en La Habana por tres años. Las enfermedades más comunes que vio en su lugar de trabajo fueron: intento de suicidio, neurosis y simulación de enfermedad, para obtener la baja, (el gobierno consideraba a los "simuladores" sicópatas, por crear una reacción negativa en contra de la sociedad).

Abdala se asiló en Managua, Nicaragua, en septiembre del año pasado y llegó a Miami en enero. El ultimo año en Cuba trabajó en el Hospital Hermanos Ameijeiras, uno de los más grandes y modernos construidos por la revolución. "Es un 'hospital pantalla', localizado en un lugar que se divisa desde toda La Habana, con 24 pisos, limpieza formidable... Y parece que no hay ningún problema. Es a donde llevan a los turistas para que vean los logros revolucionarios', pero todo allá es un gran globo", comenta Abdala.

Al igual que el exclusivo Hospital Cira García, donde sólo se puede pagar con dólares y es para atender a diplomáticos extranjeros y a turistas, el Ameijeiras es un hospital elitista, pero para cubanos, no tiene sala de emergencia y un piso completo es "área dólar".

Este hospital cuenta con equipos e instrumentos médicos superiores al resto de los hospitales donde ingresa la población cubana,  mayormente equipados éstos, según los médicos que los conocen, con equipos rudimentarios en comparación con los hospitales de Estados Unidos.

Sin embargo, la situación de la medicina en el país es tan crítica, que hasta en el Ameijeiras se siente la escasez, dice Abdala. No hay anestesia, ni reactivos para hacer glicemia, urea o citrina (para saber el azúcar en la sangre de los diabéticos). Los guantes hay que lavarlos 10 ó 15 veces, no se pueden tirar, porque no hay. Escasea mucho la ropa y el instrumental de cirujano y los ropones para enfermos. Las placas, que eran importadas en su mayoría de la antigua Republica Democrática Alemana dejaron de llegar hace más de un año.

Pero en ningún lugar las cosas están peores que en las farmacias, explican los médicos: No hay nitroglicerina, para los cardiacos, ni medicamentos para el tratamiento de la presión arterial, la epilepsia, el asma y otras enfermedades. Las aspirinas están muy racionadas y no se consigue algodón ni gasa.

"Yo tenía pacientes con angina de pecho, cardiopatía, hipertensión, les daba el nombre del fármaco y ellos se lo mandaban a pedir a los familiares en Estados Unidos. Si no sería horrible", dice Pineda.

Dada la falta de higiene por la demora en la recogida de la basura, la escasez de agua, y las fosas y alcantarillas rotas, ha aumentado el número de ratas, cucarachas y mosquitos en la población. Los gérmenes intrahospitalarios son muy frecuentes.

"El promedio de infecciones en los hospitales es altísimo. Ahora mismo, en el Hospital Fajardo de La Habana hay salones cerrados por infección, algunas salas de operación están contaminadas", afirma Casuso.

Juan Abdala estaba terminando su especialización en cardiología cuando decidió participar en una "misión internacionalista" en Managua. Dice que "es la única forma de conseguir un carro... No te lo regalan, pero tienes el derecho a comprarlo. Y es la única forma también de conseguir trabajo en un buen hospital".

Para poder ejercer en un buen hospital en Cuba, el médico tiene que demostrar su afiliación incondicional al partido. De lo contrario, son sacados de los hospitales y enviados trabajar a policlínicos, comentan Casuso y Aguirre, a quienes les sucedió esto.

"Yo no soportaba más vivir con dos caras, la que sentía y la que demostraba", explica Abdala.

Hay médicos en prisión, como los doctores Julián Arana y Julio Bientz, que fueron encarcelados en el Combinado del Este en octubre del 90, acusados de conspirar contra el estado.

Otros son marginados, enviados a trabajar en fábricas y empleos que resultan humillantes, como es el caso de Antonio Fernández Esquivel, que por expresar ideas diferentes a las del director del Instituto de Neurología y Neurocirugía de La Habana, donde estaba haciendo su residencia, fue transferido al Hospital Calixto García.

Allí, un día de 1983, Fernández Esquivel comentó entre compañeros de trabajo que el libro Mein Kampf, de Adolfo Hitler, tenía similitudes con La historia me absolverá, de Fidel Castro. Al joven se le dio la baja definitiva de la especialización y no ha vuelto a trabajar como médico. Entre otros empleos, tuvo que desempeñarse como barrendero. Fernández Esquivel reside aún en La Habana.

Los médicos que llegan de Cuba muestran una gran admiración por la cantidad de recursos y adelantos médicos que han encontrado en Miami. Muchos afirman que, en comparación, los equipos y la técnica médica de Cuba tiene muchos años de atraso.

Sin embargo, muchos están asombrados con la práctica médica en este país. "El paciente aquí es un cliente", señala Presas.

"Allá se manda a hacer lo que el paciente necesita, no se le receta o se opera a una persona por sacarle dinero", explica Aguirre. "Aquí llamas por teléfono a un médico y te dicen: 'Oficina del doctor tal...', no te dicen 'consulta'. Te dicen oficina, que es como un negocio".

"Me aterra la medicina americana", expresa Abdala. "Yo no sé si socializada, pero sí quiero para Cuba una medicina más humana que la que veo aquí".

Junio 23, 1991

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