“No tenía brillo ni belleza para que nos fijáramos en él, y su apariencia no era como para cautivarnos. [3] Despreciado por los hombres y marginado, hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento, semejante a aquellos a los que se les vuelve la cara, no contaba para nada y no hemos hecho caso de él. [4] Sin embargo, eran nuestras dolencias las que él llevaba, eran nuestros dolores los que le pesaban. Nosotros lo creíamos azotado por Dios, castigado y humillado, [5] y eran nuestras faltas por las que era destruido nuestros pecados, por los que era aplastado. El soportó el castigo que nos trae la paz y por sus llagas hemos sido sanados.  Isaías 53. 2-5
 

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XXX - Feb. 2009

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De voz en voz

Dora Amador

Viven en el monstruo y le conocen las entrañas. No tienen fusiles ni granadas, no promueven la violencia. Su única arma es la denuncia; su propósito: que se instaure un estado de derecho en el país sin derramamiento de sangre.

Los activistas de derechos humanos en Cuba denuncian ante el mundo las golpizas, asesinatos, encarcelamientos, maltratos a presos y toda injusticia que el gobierno cubano comete contra sus propios ciudadanos en la isla. El propósito, dicen, es acosar, emplazar, desenmascarar a Fidel Castro, y que sea condenado ante la opinión publica nacional e internacional.

Dentro de la isla, le escriben al propio Castro y a entidades gubernamentales pidiéndole un plebiscito, que se libere a los presos políticos, que se escuche a los cubanos que no están con el gobierno, que se respeten los 30 artículos de la Carta Universal de los Derechos Humanos.

Esta labor resulta incomprensible para algunos exiliados en Miami. La ven como inefectiva, cuando no ingenua. No entienden cómo puede sobrevivir en Cuba un movimiento de oposición al régimen. De ahí que a veces perciban a estos activistas como "agentes" castristas.

"Al exilio esto (el trabajo de los activistas) lo coge de sorpresa. No lo comprende", dijo Héctor Aguilera, delegado en el exterior de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional --que dirige Elizardo Sánchez Santacruz. "Pero el problema es que hay que ser muy valiente para dentro de Cuba decir que el gobierno cubano ha metido preso a fulano de tal por haber hecho esto y lo otro...".

Según Ariel Hidalgo, director del Buró de Información del Movimiento Cubano de Derechos Humanos en Miami, la causa de los derechos humanos en Cuba ha crecido como nunca antes y han tenido un considerable éxito en el último año. Los micrófonos de Radio Martí y la Voz del Cid, que trasmiten a la isla y que Hidalgo compara con los machetes mambises del siglo pasado, han desempeñado y desempeñan un papel vital en esta fuerza.

"Se ha creado una conciencia de derecho en la población", dijo Hidalgo. "Ahora el pueblo conoce que existen personas y agrupaciones que realizan actividades de denuncia a las violaciones de derechos humanos y busca entonces a esa gente".

Las denuncias que reciben, los activistas las entregan --mecanografiadas, manuscritas, o grabadas en casetes—a embajadas, agencias de prensa extranjeras, y a personas que viajan al extranjero.

El objetivo principalísimo es hacerlas llegar a Miami. Aquí los activistas del exilio, se las envían a la prensa y a las instituciones internacionales que velan por los derechos humanos, como Americas Watch y Amnistía Internacional, así como a los medios de prensa basados en Estados Unidos y en el extranjero.

"Una de las prioridades de Radio Martí es la cobertura de las violaciones de los derechos humanos", dijo Rolando Bonachea, director de la estación. Según él, el 90 por ciento de las denuncias, si están confirmadas, son trasmitidas de inmediato a Cuba en noticieros y programas especiales dedicados a los derechos humanos.

"Si no verificamos la información con Gustavo Arcos Bergnes (secretario general del Comité Cubano pro Derechos Humanos) no la damos a la publicidad, porque podemos caer en el juego", dijo Teté Machado, secretaria de prensa del buró.

Los activistas tienen cuidado de no caer en la trampa de denunciar una violación falsa que pudiera desacreditarlos.

"Si viene de una organización que ya tiene cierto crédito, entonces no necesita tanta verificación", aclaro Hidalgo. "Pero muchas veces nos han llegado informes de los que no estamos seguros, entonces se lo comunicamos a Gustavo. El inmediatamente manda a activistas a ese lugar, los verifican y entonces ya sí nos ofrece seguridad", explico Hidalgo.

El trabajo del buró, que lleva funcionando dos años, es constante, afirmó Machado. "Antes de los actos de repudio en la casa de Sebastián Arcos, el año pasado, se podía hablar con más facilidad". Los actos de repudio fueron ataques realizados por turbas a las casas de Sebastián Arcos Bergnes, vicepresidente del Comité, y de su hermano Gustavo el 5 y el 8 de marzo. En ambas ocasiones, activistas de diferentes organizaciones se hallaban reunidos para organizar una estrategia de lucha unida. Activistas y otras fuentes expertas en asuntos de Cuba afirman que se trata de acciones organizadas por el gobierno.

"Ahora es mucho más difícil", explicó Machado. "Te cortan la comunicación a los pocos segundos. (Los activistas) nos van leyendo la denuncia, se corta, cuando volvemos a comunicarnos, nos leen el resto, porque saben que nos van a cortar de nuevo. Son horas y horas tratando de lograr la llamada. Sabemos que hay veintipico de teléfonos bloqueados. Pero tenemos fuentes secretas".

Al darse la llamada, Machado enseguida comienza a grabar la conversación. Después Hidalgo la transcribe, y el documento de denuncia es enviado por fax a un gran número de organizaciones de derechos humanos internacionales, a la prensa, etc.

Varias organizaciones políticas del exilio --el Cid, el 30 de Noviembre y Libertad y Vida-- cooperan económicamente con el buró, que debe pagar todas las llamadas telefónicas provenientes de Cuba.

Además de enviar la información a Radio Martí, Hidalgo y Machado tienen un programa de radio semanal por La Voz del Cid. Muchas veces utilizan la propia voz de Gustavo Arcos o de otros miembros del movimiento, grabada en un casete.

"Es un efecto de bumerán", comentó Hidalgo. "Esas grabaciones se ponen cinco o siete veces a la semana, con las voces de los que están allá dentro, no la de nosotros en el exilio. Nosotros hacemos comentarios sobre la denuncia, pero las voces son de ellos".

La amplía difusión que ambas estaciones dan a estas denuncias ha sido esencial en el crecimiento del movimiento de derechos humanos dentro de Cuba.

"Nosotros concebimos nuestro trabajo como uno de apoyo", dijo Ramón Cernuda, representante en el exterior de la Coordinadora de Organizaciones de Derechos Humanos en Cuba (CODEHU). "Lo nuestro es una mera representación de personas y organizaciones que realizan las cosas dentro del país".

La CODEHU es otra de las fuentes de mayor divulgación de violaciones de derechos en Cuba. Según Cernuda, además de entregárselas a organismos internacionales y a la prensa, ellos las hacen llegar también "al Carter Center, que nos ha ayudado mucho; a la oficina del senador Ted Kennedy; al Robert Kennedy Memorial y otras organizaciones en Europa".

La CODEHU aglutina a la Comisión de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, que dirige Sánchez Santacruz, el Partido Pro Derechos Humanos de Cuba, dirigido por Samuel Martínez Lara, y el Comité Martiano por los Derechos del Hombre, dirigido por Húber Jerez Marino. Los tres se encuentran presos desde agosto de 1989 por haber denunciado ante la prensa internacional como injusto el fusilamiento de Arnaldo Ochoa y otros tres oficiales cubanos en julio de ese año.

"Hay muchas personas que quieren formar parte del comité, pero es muy peligroso", explicó Angel Espasande, vicepresidente del Comité Cubano Pro Derechos Humanos, que llegó a Miami el 22 de diciembre. "El comité trata de que ningún activista sea detenido, para poder tener personal en la calle que trabaje".

Espasande, actor de 69 años, fue uno de los iniciadores de la televisión cubana. Fue él quien inauguro el Canal 6 en su primer programa transmitido el 18 de diciembre de 1950. Según él, haberse unido al movimiento de derechos humanos "fue el acto más hermoso que he podido hacer en mi vida". Según Espasande, quien dejo en Cuba a su esposa y un hijo, el gobierno trata ahora de sacar del país a los activistas. "Es la forma de destruirnos, sacarnos poco a poco".

Uno de los grandes triunfos del movimiento ha sido que la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Ginebra acusara al gobierno cubano de violar los derechos humanos en marzo de 1990. El 95 por ciento de las denuncias que se han estado presentando allí por cuatro años consecutivos han sido suministradas por los activistas dentro de Cuba, afirmaron Hidalgo y Cernuda. El ex embajador de Estados Unidos ante la Comisión de Derechos Humanos de NU en Ginebra, Armando Valladares, desempeñó un papel muy importante en esta condena. Valladares no respondió varias llamadas de El Nuevo Herald.

"La primera estrategia del gobierno para evitar (la condena) fue presentar una imagen de que en Cuba no se violaban los derechos humanos", comentó Cernuda. "Por consiguiente, había que manejar el movimiento con mucho tacto".

Esta vigilancia internacional sobre Cuba hizo posible el fortalecimiento interno del movimiento, que se sentía también amparado por la política de apertura de la URSS a partir de 1986. Sin embargo, desde 1989, cuando Castro se declaró completamente en contra de la perestroika --coincidiendo con el fusilamiento de Ochoa-- el gobierno cambió a una política represiva en contra de los activistas.

"La estrategia de ellos es minarnos desde dentro, para destruirnos", afirmó Ricardo Bofill, presidente del Comité Cubano Pro Derechos Humanos. "Pero con gran satisfacción te digo, no lo han logrado. El movimiento de derechos humanos no se divide, se multiplica, porque hay diversas interpretaciones de la realidad y esa es la pluralidad que defendemos. Somos uno".

El 25 de diciembre de 1990, los principales grupos de derechos humanos en Cuba pidieron a la Asamblea Nacional del Poder Popular una amnistía general de todos los presos políticos. El comunicado está firmado en La Habana por representantes de las principales organizaciones de derechos humanos dentro del país.

Dando muestra de una intención de unión similar, Hidalgo, Machado, Bofill, Cernuda, Aguilera y otros activistas de diferentes organizaciones del movimiento en el exterior se reunieron para expresar su apoyo al llamamiento del comité y a la unidad de todo el movimiento.

Enero 20, 1991

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