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De voz
en voz
Dora Amador
Viven en el monstruo y le conocen las entrañas. No
tienen fusiles ni granadas, no promueven la violencia.
Su única arma es la denuncia; su propósito: que se
instaure un estado de derecho en el país sin
derramamiento de sangre.
Los activistas de derechos humanos en Cuba denuncian
ante el mundo las golpizas, asesinatos, encarcelamientos,
maltratos a presos y toda injusticia que el gobierno
cubano comete contra sus propios ciudadanos en la isla.
El propósito, dicen, es acosar, emplazar, desenmascarar
a Fidel Castro, y que sea condenado ante la opinión
publica nacional e internacional.
Dentro de la isla, le escriben al propio Castro y a
entidades gubernamentales pidiéndole un plebiscito, que
se libere a los presos políticos, que se escuche a los
cubanos que no están con el gobierno, que se respeten
los 30 artículos de la Carta Universal de los Derechos
Humanos.
Esta labor resulta incomprensible para algunos exiliados
en Miami. La ven como inefectiva, cuando no ingenua. No
entienden cómo puede sobrevivir en Cuba un movimiento de
oposición al régimen. De ahí que a veces perciban a
estos activistas como "agentes" castristas.
"Al exilio esto (el trabajo de los activistas) lo coge
de sorpresa. No lo comprende", dijo Héctor Aguilera,
delegado en el exterior de la Comisión Cubana de
Derechos Humanos y Reconciliación Nacional --que dirige
Elizardo Sánchez Santacruz. "Pero el problema es que hay
que ser muy valiente para dentro de Cuba decir que el
gobierno cubano ha metido preso a fulano de tal por
haber hecho esto y lo otro...".
Según Ariel Hidalgo, director del Buró de Información
del Movimiento Cubano de Derechos Humanos en Miami, la
causa de los derechos humanos en Cuba ha crecido como
nunca antes y han tenido un considerable éxito en el
último año. Los micrófonos de Radio Martí y la Voz del
Cid, que trasmiten a la isla y que Hidalgo compara con
los machetes mambises del siglo pasado, han desempeñado
y desempeñan un papel vital en esta fuerza.
"Se ha creado una conciencia de derecho en la población",
dijo Hidalgo. "Ahora el pueblo conoce que existen
personas y agrupaciones que realizan actividades de
denuncia a las violaciones de derechos humanos y busca
entonces a esa gente".
Las denuncias que reciben, los activistas las entregan
--mecanografiadas, manuscritas, o grabadas en casetes—a
embajadas, agencias de prensa extranjeras, y a personas
que viajan al extranjero.
El objetivo principalísimo es hacerlas llegar a Miami.
Aquí los activistas del exilio, se las envían a la
prensa y a las instituciones internacionales que velan
por los derechos humanos, como Americas Watch y Amnistía
Internacional, así como a los medios de prensa basados
en Estados Unidos y en el extranjero.
"Una de las prioridades de Radio Martí es la cobertura
de las violaciones de los derechos humanos", dijo
Rolando Bonachea, director de la estación. Según él, el
90 por ciento de las denuncias, si están confirmadas,
son trasmitidas de inmediato a Cuba en noticieros y
programas especiales dedicados a los derechos humanos.
"Si no verificamos la información con Gustavo Arcos
Bergnes (secretario general del Comité Cubano pro
Derechos Humanos) no la damos a la publicidad, porque
podemos caer en el juego", dijo Teté Machado, secretaria
de prensa del buró.
Los activistas tienen cuidado de no caer en la trampa de
denunciar una violación falsa que pudiera
desacreditarlos.
"Si viene de una organización que ya tiene cierto
crédito, entonces no necesita tanta verificación",
aclaro Hidalgo. "Pero muchas veces nos han llegado
informes de los que no estamos seguros, entonces se lo
comunicamos a Gustavo. El inmediatamente manda a
activistas a ese lugar, los verifican y entonces ya sí
nos ofrece seguridad", explico Hidalgo.
El trabajo del buró, que lleva funcionando dos años, es
constante, afirmó Machado. "Antes de los actos de
repudio en la casa de Sebastián Arcos, el año pasado, se
podía hablar con más facilidad". Los actos de repudio
fueron ataques realizados por turbas a las casas de
Sebastián Arcos Bergnes, vicepresidente del Comité, y de
su hermano Gustavo el 5 y el 8 de marzo. En ambas
ocasiones, activistas de diferentes organizaciones se
hallaban reunidos para organizar una estrategia de lucha
unida. Activistas y otras fuentes expertas en asuntos de
Cuba afirman que se trata de acciones organizadas por el
gobierno.
"Ahora es mucho más difícil", explicó Machado. "Te
cortan la comunicación a los pocos segundos. (Los
activistas) nos van leyendo la denuncia, se corta,
cuando volvemos a comunicarnos, nos leen el resto,
porque saben que nos van a cortar de nuevo. Son horas y
horas tratando de lograr la llamada. Sabemos que hay
veintipico de teléfonos bloqueados. Pero tenemos fuentes
secretas".
Al darse la llamada, Machado enseguida comienza a grabar
la conversación. Después Hidalgo la transcribe, y el
documento de denuncia es enviado por fax a un gran
número de organizaciones de derechos humanos
internacionales, a la prensa, etc.
Varias organizaciones políticas del exilio --el Cid, el
30 de Noviembre y Libertad y Vida-- cooperan
económicamente con el buró, que debe pagar todas las
llamadas telefónicas provenientes de Cuba.
Además de enviar la información a Radio Martí, Hidalgo y
Machado tienen un programa de radio semanal por La Voz
del Cid. Muchas veces utilizan la propia voz de Gustavo
Arcos o de otros miembros del movimiento, grabada en un
casete.
"Es un efecto de bumerán", comentó Hidalgo. "Esas
grabaciones se ponen cinco o siete veces a la semana,
con las voces de los que están allá dentro, no la de
nosotros en el exilio. Nosotros hacemos comentarios
sobre la denuncia, pero las voces son de ellos".
La amplía difusión que ambas estaciones dan a estas
denuncias ha sido esencial en el crecimiento del
movimiento de derechos humanos dentro de Cuba.
"Nosotros concebimos nuestro trabajo como uno de apoyo",
dijo Ramón Cernuda, representante en el exterior de la
Coordinadora de Organizaciones de Derechos Humanos en
Cuba (CODEHU). "Lo nuestro es una mera representación de
personas y organizaciones que realizan las cosas dentro
del país".
La CODEHU es otra de las fuentes de mayor divulgación de
violaciones de derechos en Cuba. Según Cernuda, además
de entregárselas a organismos internacionales y a la
prensa, ellos las hacen llegar también "al Carter
Center, que nos ha ayudado mucho; a la oficina del
senador Ted Kennedy; al Robert Kennedy Memorial y otras
organizaciones en Europa".
La CODEHU aglutina a la Comisión de Derechos Humanos y
Reconciliación Nacional, que dirige Sánchez Santacruz,
el Partido Pro Derechos Humanos de Cuba, dirigido por
Samuel Martínez Lara, y el Comité Martiano por los
Derechos del Hombre, dirigido por Húber Jerez Marino.
Los tres se encuentran presos desde agosto de 1989 por
haber denunciado ante la prensa internacional como
injusto el fusilamiento de Arnaldo Ochoa y otros tres
oficiales cubanos en julio de ese año.
"Hay muchas personas que quieren formar parte del comité,
pero es muy peligroso", explicó Angel Espasande,
vicepresidente del Comité Cubano Pro Derechos Humanos,
que llegó a Miami el 22 de diciembre. "El comité trata
de que ningún activista sea detenido, para poder tener
personal en la calle que trabaje".
Espasande, actor de 69 años, fue uno de los iniciadores
de la televisión cubana. Fue él quien inauguro el Canal
6 en su primer programa transmitido el 18 de diciembre
de 1950. Según él, haberse unido al movimiento de
derechos humanos "fue el acto más hermoso que he podido
hacer en mi vida". Según Espasande, quien dejo en Cuba a
su esposa y un hijo, el gobierno trata ahora de sacar
del país a los activistas. "Es la forma de destruirnos,
sacarnos poco a poco".
Uno de los grandes triunfos del movimiento ha sido que
la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas
en Ginebra acusara al gobierno cubano de violar los
derechos humanos en marzo de 1990. El 95 por ciento de
las denuncias que se han estado presentando allí por
cuatro años consecutivos han sido suministradas por los
activistas dentro de Cuba, afirmaron Hidalgo y Cernuda.
El ex embajador de Estados Unidos ante la Comisión de
Derechos Humanos de NU en Ginebra, Armando Valladares,
desempeñó un papel muy importante en esta condena.
Valladares no respondió varias llamadas de El Nuevo
Herald.
"La primera estrategia del gobierno para evitar (la
condena) fue presentar una imagen de que en Cuba no se
violaban los derechos humanos", comentó Cernuda. "Por
consiguiente, había que manejar el movimiento con mucho
tacto".
Esta vigilancia internacional sobre Cuba hizo posible el
fortalecimiento interno del movimiento, que se sentía
también amparado por la política de apertura de la URSS
a partir de 1986. Sin embargo, desde 1989, cuando Castro
se declaró completamente en contra de la perestroika --coincidiendo
con el fusilamiento de Ochoa-- el gobierno cambió a una
política represiva en contra de los activistas.
"La estrategia de ellos es minarnos desde dentro, para
destruirnos", afirmó Ricardo Bofill, presidente del
Comité Cubano Pro Derechos Humanos. "Pero con gran
satisfacción te digo, no lo han logrado. El movimiento
de derechos humanos no se divide, se multiplica, porque
hay diversas interpretaciones de la realidad y esa es la
pluralidad que defendemos. Somos uno".
El 25 de diciembre de 1990, los principales grupos de
derechos humanos en Cuba pidieron a la Asamblea Nacional
del Poder Popular una amnistía general de todos los
presos políticos. El comunicado está firmado en La
Habana por representantes de las principales
organizaciones de derechos humanos dentro del país.
Dando muestra de una intención de unión similar,
Hidalgo, Machado, Bofill, Cernuda, Aguilera y otros
activistas de diferentes organizaciones del movimiento
en el exterior se reunieron para expresar su apoyo al
llamamiento del comité y a la unidad de todo el
movimiento.
Enero 20, 1991 |