“No tenía brillo ni belleza para que nos fijáramos en él, y su apariencia no era como para cautivarnos. [3] Despreciado por los hombres y marginado, hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento, semejante a aquellos a los que se les vuelve la cara, no contaba para nada y no hemos hecho caso de él. [4] Sin embargo, eran nuestras dolencias las que él llevaba, eran nuestros dolores los que le pesaban. Nosotros lo creíamos azotado por Dios, castigado y humillado, [5] y eran nuestras faltas por las que era destruido nuestros pecados, por los que era aplastado. El soportó el castigo que nos trae la paz y por sus llagas hemos sido sanados.  Isaías 53. 2-5
 

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XXX - Feb. 2009

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Carlos Moore: los negros cubanos en EE.UU

Dora Amador

En 1963 un cubano negro de 21 años se asiló en la Embajada de Guinea en La Habana.

"De aquí yo no salgo. Salgo muerto. Me suicido", exclamó ante diplomáticos africanos que, alarmados ante aquel acto inaudito, le insistían en que abandonara la sede.

Carlos Moore se negó rotundamente. Trató de hacerles ver a embajadores de otros países africanos que empezaron a llegar allí, entre ellos los de Egipto y Ghana, que lo que imperaba en Cuba bajo la revolución era un racismo atroz.

El gobierno cubano reaccionó acusando a Moore de criminal. Los embajadores africanos reclamaron pruebas, pero no se presentó ninguna. Después de dos meses de discusiones, Cuba permitió finalmente que Moore abandonara el país. Acompañado por el embajador de Guinea hasta el barco, partió rumbo a Egipto. De allí siguió camino a Francia, donde se asiló.

Moore estudio un doctorado en etnología (estudio de las razas y los pueblos) de la Universidad de Paris-7. Cuando terminó se fue a Nigeria y luego a Senegal. Después de seis años en África, regresó a París en 1980, donde alcanzó el doctorado de estado, el máximo diploma académico que se puede obtener en una disciplina en Francia.

Ha dedicado su amplia labor investigativa a los países africanos, el Caribe y Cuba. Es autor de Castro, the Blacks and Africa (1989), un estudio amplísimo sobre el racismo en Cuba y la política de Castro en África; Cuban Race Politics (1988), donde analiza las relaciones interraciales en la Cuba socialista, y This Bitch of a Life, biografía del músico Fela Anikulapo-Kuti, de Nigeria. Actualmente está escribiendo Growing Up with the Revolution, que espera publicar el año que viene.

En mayo presentó un informe detallado sobre la represión política y la discriminación económica y racial de los negros en Cuba ante el Congressional Black Caucus en Washington. En octubre vino a Miami, invitado por el African Heritage Foundation, una organización que planea crear aquí un centro para el estudio de la convivencia entre las distintas comunidades étnicas y raciales.

¿Cómo surge esta necesidad tan marcada en usted de estudio e investigación y de buscar la raíz del racismo?

Yo nací en el Central Lugareño, en Camaguey. Mi padre era jamaicano y había ido para Cuba desde jovencito. Trabajó en distintos centrales cortando caña hasta que se quedó fijo en el Lugareño como engrasador del ingenio.

Mi papá no tenía una cultura formal, pero si una gran cultura informal. Ėl me inculcó el amor a los estudios. Además, mi casa la visitaba gente de todas partes y se celebraban reuniones con personas de Santa Lucía, Martinica, Guadalupe, Haití. Todos esos cortadores de caña venían a discutir con mi papa. Yo crecí en ese ambiente.

¿Sintió el racismo de niño en Cuba?

El central en el que yo vivía era de 2,000 personas. Y el parque era segregado, los negros no podían ir. Yo veía allí a los mismos muchachos que estudiaban conmigo en la escuela pública, y yo no podía ir. El cine también. Yo tenía que sentarme en un lugar que le llamaban el gallinero. Allí arriba iban los negros, abajo no podían ir sino blancos. Hicieron un club de basketball y los muchachos negros no pudimos entrar en él.

Recuerdo que lloré mucho, lloré mucho cuando quise ser Boy Scout. Y los negros no podían ser Boy Scouts allá. Y preguntaba a mi padre: ¿por qué, por qué?

¿Creyó que la revolución iba a eliminar la discriminación, que habría por fin igualdad racial en Cuba?

Sí, creí que era la solución al racismo. Estaba medularmente convencido de que el marxismo era la solución.

En 1958 nos habíamos ido del país huyendo de la represión del gobierno de Fulgencio Batista. Los guardias rurales por poco matan a mi hermano, y mi hermana era del Movimiento 26 de julio. Mi papá tuvo miedo y nos sacó a todos.

En 1960, cuando Fidel visitó las Naciones Unidas y se hospedó en el Hotel Teresa, yo lo conocí. Me habían puesto de intérprete entre él y el dueño del hotel.

Fidel me preguntó la edad y el nombre, y me dijo que hacía falta que gente joven, como yo, regresaran a Cuba. Yo tenía 17 años entonces. Aquello fue en septiembre del 60 y a los seis meses me fui para Cuba.

¿Usted era marxista?

Cuando regreso, ya estaba vinculado con la corriente marxista. No fue la revolución la que me integro al marxismo, ya yo tenía una formacíón desde Nueva York en esa ideología. Allá había ido a reuniones donde se hablaba sobre Marx, Trotsky, habíamos leído a (Isaac) Deutscher. Todo esto me inculcó una cultura política.

Pero al poco tiempo de llegar vi algo muy diferente. Y voy a quejarme a (Juan) Almeida de la situación que veo en Santa Clara. Y Almeida me dice que allí no hay problemas de blancos y negros y que estar hablando de eso de racismo me puede llevar al paredón.

“¿Que es lo que tu quieres, un trabajo?", me dijo y llamó a Giraldo Masola, que hoy funge como viceministro de Relaciones Exteriores, uno de los grandes oportunistas del régimen. Y le dijo, "Bueno, dale un trabajo a este muchacho".

Cuando llegué a La Habana, Masola me hizo detener en su propia oficina. "Así que te fuiste a quejar al comandante...", me dijo.

Yo tenía 19 anos y reaccione con furia.

Me metieron preso.

¿Pero bajo que cargos?

Bajo ningún cargo. Ninguno. Sólo porque me había ido a quejar. Estuve varias semanas preso, pero entonces algunos empezaron a decir "ese muchacho no es contrarrevolucionario, es un repatriado..." Julio Medina, del 26 de Julio, intervino con la gente de la Seguridad del Estado. Dijo, suéltenlo. Entonces me dijeron: "como te pongas a hablar de racismo no vuelves a salir de la cárcel".

¿Qué hizo en Cuba después de esa experiencia?

Estaba trabajando en el Departamento Internacional del Ministerio de Comunicaciones, como traductor. En el 62 me transfirieron de repente para el Ministerio de Relaciones Exteriores. Ahí me pusieron en el Departamento de Asia y Oceanía, también como traductor y analista de documentos.

Ya para esta etapa yo estaba discutiendo con mucha gente, con mis compañeros y algunos africanos la situación cubana. Y todos coincidíamos en que había tremendo racismo en Cuba.

Un día les dije a mis compañeros, "bueno, si aquí esta pasando esto, ¿por qué no firmamos una petición y vamos a ver a Fidel Castro con esto?"

Entonces cerca de 200 y pico de personas, mujeres y hombres negros, firmamos el documento.

Me fijaron un día una entrevista y yo fui a la oficina de Fidel. Fuimos tres o cuatro personas.

¿Y Fidel qué les dijo?

No apareció. Envió a Celia Sanchez. Celia cogió el documento y dijo "yo se lo doy a Fidel". Regresamos a la casa y tres horas después llego la policía y nos cogieron presos. Quisieron que yo firmara un documento donde decía que la CIA estaba detrás de eso. Nos separaron a todos, hasta hoy no sé a dónde fue a parar el resto.

¿Y cómo logró meterse en una embajada si estaba preso?

No, es que a mí me mandaron para un campo de trabajo en Camaguey, y allí estuve durante meses cortando caña. Yo no sabía que aquellos campos existían; estábamos cansados, los camiones nos recogían a las cuatro de la mañana...

Un día resbalé y me di un machetazo en la pierna, que casi me llegó al hueso, por poco pierdo la pierna. Tenía principio de gangrena... Me llevaron para La Habana para curarme. Fidel no quería que esto saliera a la luz pública. Imagínate, 200 personas negras, entre las que se encontraban escritores, trabajadores, gente de todo tipo que decían que en Cuba había racismo.

Así fue que, de preso, sin que nada ni nadie supiera por qué, ni nadie me preguntara nada, pase de repente a trabajar otra vez en el Ministerio de Relaciones Exteriores.

Pero ya yo estaba decidido a irme de Cuba. Y entonces un día cogí un taxi en La Habana y entré en la Embajada de Guinea. Los guardias, que se encontraban afuera con ametralladoras, me confundieron con un guineano.

¿Había muchos negros en las cárceles en que estuvo?

Si, vi tantos negros presos... (y yo no sabía eso tampoco). Casi todos los que estábamos en los cañaverales éramos negros. Mujeres y hombres negros, cortando caña...

Desde que usted logró salir del país ha estado tratando incesantemente de desenmascarar la política racista del gobierno cubano en frentes internacionales, sobre todo en África. Ha de haber sido difícil, dada la influencia que Cuba llegó a ejercer en algunos países africanos.

Sí, he trabajado siempre para demostrar que en Cuba hay racismo. Después de pasar lo que pasé en Cuba, dije, ¿pero por qué es esto? ¿Por qué el racismo? A mí me ha agobiado siempre la cuestión del racismo. La intransigencia. ¿De dónde viene eso?

Estuve en África durante seis años, después de terminar los estudios en Francia. Estuve en Nigeria, y luego viví en Senegal. En Nigeria trabajé con el Festival Mundial de las Artes Negras. Una tremenda organización. Y los cubanos dijeron, "si ese señor sigue allí, nosotros no participamos". Y me echaron. Me dieron una pila de pesos y me dijeron que me fuera. Y por todas partes donde yo he ido, Cuba ha hecho lo mismo. Ha pedido que me echen. En la Universidad de Senegal lo mismo.

Ha de haber sido una lucha muy solitaria...

Sí, muy solitaria. Contra mí no estaba solamente el "prestigio de la revolución cubana", sino que tenía a los cubanos exiliados blancos que decían que eso era mentira, que en Cuba no había racismo. Y yo me digo, pero, ¿en que país vivía esa gente que está en Miami?

Son cosas que yo no comprendo, y que me espantan cuando las oigo. Porque eso quiere decir que esa gente, después de 30 años no conocía a Cuba antes, así que ¿cómo van a conocer la Cuba de ahora? Eso a mi me espanta mucho, me da mucho miedo.

Yo tenía dos enemigos. Tuve que combatir en dos flancos. A los blancos de Cuba y a los blancos del exilio.

Usted dice que en 1983, después de viajar por Africa y terminar sus estudios en Francia sintió la necesidad de vivir cerca de Cuba. Cuando no pudo radicarse en Jamaica, debido a la influencia que tenía Cuba en aquel entonces en el gobierno socialista de Michael Manley, optó por Guadalupe. ¿Por qué no vino para Miami?

Nunca me interesó Miami. La cercanía de Miami a Cuba es geográfica, no sicológica. Miami está muy lejos de Cuba étnicamente, políticamente, temporalmente. La gente de Miami vive en la Cuba de los años 50, yo no vivo en esa Cuba. La Cuba de Miami es mítica. Yo necesito estar en contacto permanente con la Cuba de hoy.

En su libro usted cita una serie de estudios y ofrece considerables datos acerca de la población negra de Cuba antes y después de la revolución...

En 1953, durante el último censo, se arrojó una cifra muy inferior a la realidad de la población, algo así como un 30 por ciento. Y eso no es cierto, desde luego.

Los estudiosos han considerado que la población negra en el 53 estaba entre 35 y 45 por ciento. O sea, que cuando Castro llega al poder se puede estimar que esa cifra era negra.

¿Negra y mulata?

Negra. Yo no digo negra y mulata. Yo incluso no utilizo el termino negro, yo digo afrocubano. Porque ahí comprende a todos aquellos que visualmente son de origen africano. Yo utilizo el código por el cual aquéllos que son visualmente de origen africano, y no quiero caer en la cuestión de negro y más negro, no, los que visualmente son de origen africano. Según los cálculos actuales, entre 53 por ciento y 63 por ciento de la población de Cuba en 1989 es de origen africano.

¿Y en la dirigencia política comunista como están representados los negros?

En las instituciones de poder cubanas los afrocubanos solo ocupan el 9.8 por ciento.

Según sus investigaciones en el exilio, ¿cuántos cubanos negros hay?

En Estados Unidos hay unos 200,000 negros cubanos. Incluyendo, por supuesto, Nueva York, Nueva Jersey... Desde luego, no todos nacieron en Cuba, muchos son cubano-americanos, hijos de exiliados. Una tercera parte de los llegados por el Mariel (por donde arribaron unas 125,000 personas) son afrocubanos.

Y en Miami, ¿a cuanto asciende esa cifra?

En el sur de la Florida hay unos 50,000, incluyendo Tampa, donde hay una organización de afrocubanos.

¿Por qué no se ve esa cantidad?

El negro cubano de Miami es invisible. Se hace invisible para no atraer la atención. Aquí hay racismo por parte del cubano blanco, es el mismo racismo que había en Cuba. El afrocubano aquí vive una vida doble, porque teme que los blancos cubanos tomen represalias en contra de ellos. Los cubanos blancos se creen superiores a todos, y entonces cuando tú dices algo te dicen que tú tienes un complejo.

¿Cómo compararía el racismo de Cuba y el racismo de Estados Unidos?

No es el mismo racismo. El racismo de Estados Unidos es un racismo de falta de convivencia. El de Cuba es un racismo de convivencia. Lo cual quiere decir que el de Cuba es más terrible, más difícil cuando se lucha por erradicarlo.

Lo que yo llamo en mis estudios racismo de convivencia es aquél en el cual el elemento despreciado y el elemento que desprecia viven juntos. Y el elemento despreciado acepta los criterios de desprecio del otro.

El racismo de no convivencia es más fácil combatirlo, porque hay leyes que dicen esto y lo otro, y tú puedes lanzar un movimiento contra ese tipo de cosa alegando que hay que eliminar esas leyes, y cuando se eliminan, la gente comienza a ver todos esos absurdos.

¿Cuál es su posición ante las declaraciones de Nelson Mandela en su reciente visita a este país?

Creo que hay dos responsables en esta situación. Desde luego responsabilizo a la comunidad blanca cubana.

Primero que nada, Mandela tiene derecho a decir lo que quiera. Y hay que respetar ese derecho, sin tener que estar de acuerdo con su ideología. Yo no tengo la ideología del African National Congress. El ANC y yo diferimos radicalmente en lo que concierne a los problemas políticos mundiales.

Y ahí es donde yo culpo al otro sector, que es el sector afrocubano de aquí. El deber de los afrocubanos de Miami era ir a ver al señor Mandela y decirle: "señor Mandela, usted es un líder, no solamente de África del Sur, sino de los negros del mundo entero. Pero señor Mandela, nosotros queremos presentarle a usted un problema. En Cuba, el 86 por ciento de los reclusos son negros.

Ya que Fidel Castro es amigo suyo, queremos que usted haga una gestión para que se libere a estos reclusos negros de las cárceles cubanas. Queremos que sean liberados y que se les permita salir de Cuba como a usted se le ha permitido salir de la cárcel en África del Sur". Esa era la responsabilidad de los afrocubanos de Miami.

¿A que cree usted entonces que se debió que ningún cubano de la raza negra hablara con Mandela?

Le tienen miedo a los blancos cubanos. Yo hablé con algunos. Me dijeron que no pudieron hacer nada, porque los blancos cubanos iban a pensar inmediatamente que eran comunistas.

Y es que aquí hay dos agendas que esencialmente no se comprenden. El cubano blanco tiene una agenda que es anticomunista, el afroamericano tiene una agenda esencialmente antirracista.

Yo entro en cualquier comunidad, porque no me ven como un elemento enemigo. Sin embargo, los blancos cubanos me ven como elemento enemigo. ¿Por qué? Porque mi agenda es antirracista. Y ellos consideran que el antirracismo es comunismo. Tienen una confusión muy grande que hay que esclarecer.

¿Cree usted que esa es la labor que realiza con su obra?

Es por eso que saqué el libro y estoy terminando el otro. Independientemente, sin ayuda de nadie. Para atenerme a la verdad social e histórica. Porque yo creo que si vamos a comenzar una sociedad nueva, vamos a no comenzarla con mentiras.

Noviembre 11, 1990

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