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Carlos
Moore: los negros cubanos en EE.UU
Dora Amador
En 1963 un cubano negro de 21 años se asiló en la
Embajada de Guinea en La Habana.
"De aquí yo no salgo. Salgo muerto. Me suicido", exclamó
ante diplomáticos africanos que, alarmados ante aquel
acto inaudito, le insistían en que abandonara la sede.
Carlos Moore se negó rotundamente. Trató de hacerles ver
a embajadores de otros países africanos que empezaron a
llegar allí, entre ellos los de Egipto y Ghana, que lo
que imperaba en Cuba bajo la revolución era un racismo
atroz.
El gobierno cubano reaccionó acusando a Moore de
criminal. Los embajadores africanos reclamaron pruebas,
pero no se presentó ninguna. Después de dos meses de
discusiones, Cuba permitió finalmente que Moore
abandonara el país. Acompañado por el embajador de
Guinea hasta el barco, partió rumbo a Egipto. De allí
siguió camino a Francia, donde se asiló.
Moore estudio un doctorado en etnología (estudio de las
razas y los pueblos) de la Universidad de Paris-7.
Cuando terminó se fue a Nigeria y luego a Senegal.
Después de seis años en África, regresó a París en 1980,
donde alcanzó el doctorado de estado, el máximo diploma
académico que se puede obtener en una disciplina en
Francia.
Ha dedicado su amplia labor investigativa a los países
africanos, el Caribe y Cuba. Es autor de Castro, the
Blacks and Africa (1989), un estudio amplísimo sobre
el racismo en Cuba y la política de Castro en África;
Cuban Race Politics (1988), donde analiza las
relaciones interraciales en la Cuba socialista, y
This Bitch of a Life, biografía del músico
Fela Anikulapo-Kuti, de Nigeria. Actualmente está
escribiendo Growing Up with the Revolution, que
espera publicar el año que viene.
En mayo presentó un informe detallado sobre la represión
política y la discriminación económica y racial de los
negros en Cuba ante el Congressional Black Caucus en
Washington. En octubre vino a Miami, invitado por el
African Heritage Foundation, una organización que planea
crear aquí un centro para el estudio de la convivencia
entre las distintas comunidades étnicas y raciales.
¿Cómo surge esta necesidad tan marcada en usted de
estudio e investigación y de buscar la raíz del racismo?
Yo nací en el Central Lugareño, en Camaguey. Mi padre
era jamaicano y había ido para Cuba desde jovencito.
Trabajó en distintos centrales cortando caña hasta que
se quedó fijo en el Lugareño como engrasador del ingenio.
Mi papá no tenía una cultura formal, pero si una gran
cultura informal. Ėl me inculcó el amor a los estudios.
Además, mi casa la visitaba gente de todas partes y se
celebraban reuniones con personas de Santa Lucía,
Martinica, Guadalupe, Haití. Todos esos cortadores de
caña venían a discutir con mi papa. Yo crecí en ese
ambiente.
¿Sintió el racismo de niño en Cuba?
El central en el que yo vivía era de 2,000 personas. Y
el parque era segregado, los negros no podían ir. Yo
veía allí a los mismos muchachos que estudiaban conmigo
en la escuela pública, y yo no podía ir. El cine también.
Yo tenía que sentarme en un lugar que le llamaban el
gallinero. Allí arriba iban los negros, abajo no podían
ir sino blancos. Hicieron un club de basketball y los
muchachos negros no pudimos entrar en él.
Recuerdo que lloré mucho, lloré mucho cuando quise ser
Boy Scout. Y los negros no podían ser Boy Scouts allá. Y
preguntaba a mi padre: ¿por qué, por qué?
¿Creyó que la revolución iba a eliminar la
discriminación, que habría por fin igualdad racial en
Cuba?
Sí, creí que era la solución al racismo. Estaba
medularmente convencido de que el marxismo era la
solución.
En 1958 nos habíamos ido del país huyendo de la
represión del gobierno de Fulgencio Batista. Los
guardias rurales por poco matan a mi hermano, y mi
hermana era del Movimiento 26 de julio. Mi papá tuvo
miedo y nos sacó a todos.
En 1960, cuando Fidel visitó las Naciones Unidas y se
hospedó en el Hotel Teresa, yo lo conocí. Me habían
puesto de intérprete entre él y el dueño del hotel.
Fidel me preguntó la edad y el nombre, y me dijo que
hacía falta que gente joven, como yo, regresaran a Cuba.
Yo tenía 17 años entonces. Aquello fue en septiembre del
60 y a los seis meses me fui para Cuba.
¿Usted era marxista?
Cuando regreso, ya estaba vinculado con la corriente
marxista. No fue la revolución la que me integro al
marxismo, ya yo tenía una formacíón desde Nueva York en
esa ideología. Allá había ido a reuniones donde se
hablaba sobre Marx, Trotsky, habíamos leído a (Isaac)
Deutscher. Todo esto me inculcó una cultura política.
Pero al poco tiempo de llegar vi algo muy diferente. Y
voy a quejarme a (Juan) Almeida de la situación que veo
en Santa Clara. Y Almeida me dice que allí no hay
problemas de blancos y negros y que estar hablando de
eso de racismo me puede llevar al paredón.
“¿Que es lo que tu quieres, un trabajo?", me dijo y
llamó a Giraldo Masola, que hoy funge como viceministro
de Relaciones Exteriores, uno de los grandes
oportunistas del régimen. Y le dijo, "Bueno, dale un
trabajo a este muchacho".
Cuando llegué a La Habana, Masola me hizo detener en su
propia oficina. "Así que te fuiste a quejar al
comandante...", me dijo.
Yo tenía 19 anos y reaccione con furia.
Me metieron preso.
¿Pero bajo que cargos?
Bajo ningún cargo. Ninguno. Sólo porque me había ido a
quejar. Estuve varias semanas preso, pero entonces
algunos empezaron a decir "ese muchacho no es
contrarrevolucionario, es un repatriado..." Julio
Medina, del 26 de Julio, intervino con la gente de la
Seguridad del Estado. Dijo, suéltenlo. Entonces me
dijeron: "como te pongas a hablar de racismo no vuelves
a salir de la cárcel".
¿Qué hizo en Cuba después de esa experiencia?
Estaba trabajando en el Departamento Internacional del
Ministerio de Comunicaciones, como traductor. En el 62
me transfirieron de repente para el Ministerio de
Relaciones Exteriores. Ahí me pusieron en el
Departamento de Asia y Oceanía, también como traductor y
analista de documentos.
Ya para esta etapa yo estaba discutiendo con mucha gente,
con mis compañeros y algunos africanos la situación
cubana. Y todos coincidíamos en que había tremendo
racismo en Cuba.
Un día les dije a mis compañeros, "bueno, si aquí esta
pasando esto, ¿por qué no firmamos una petición y vamos
a ver a Fidel Castro con esto?"
Entonces cerca de 200 y pico de personas, mujeres y
hombres negros, firmamos el documento.
Me fijaron un día una entrevista y yo fui a la oficina
de Fidel. Fuimos tres o cuatro personas.
¿Y Fidel qué les dijo?
No apareció. Envió a Celia Sanchez. Celia cogió el
documento y dijo "yo se lo doy a Fidel". Regresamos a la
casa y tres horas después llego la policía y nos
cogieron presos. Quisieron que yo firmara un documento
donde decía que la CIA estaba detrás de eso. Nos
separaron a todos, hasta hoy no sé a dónde fue a parar
el resto.
¿Y cómo logró meterse en una embajada si estaba preso?
No, es que a mí me mandaron para un campo de trabajo en
Camaguey, y allí estuve durante meses cortando caña. Yo
no sabía que aquellos campos existían; estábamos
cansados, los camiones nos recogían a las cuatro de la
mañana...
Un día resbalé y me di un machetazo en la pierna, que
casi me llegó al hueso, por poco pierdo la pierna. Tenía
principio de gangrena... Me llevaron para La Habana para
curarme. Fidel no quería que esto saliera a la luz
pública. Imagínate, 200 personas negras, entre las que
se encontraban escritores, trabajadores, gente de todo
tipo que decían que en Cuba había racismo.
Así fue que, de preso, sin que nada ni nadie supiera por
qué, ni nadie me preguntara nada, pase de repente a
trabajar otra vez en el Ministerio de Relaciones
Exteriores.
Pero ya yo estaba decidido a irme de Cuba. Y entonces un
día cogí un taxi en La Habana y entré en la Embajada de
Guinea. Los guardias, que se encontraban afuera con
ametralladoras, me confundieron con un guineano.
¿Había muchos negros en las cárceles en que estuvo?
Si, vi tantos negros presos... (y yo no sabía eso
tampoco). Casi todos los que estábamos en los
cañaverales éramos negros. Mujeres y hombres negros,
cortando caña...
Desde que usted logró salir del país ha estado tratando
incesantemente de desenmascarar la política racista del
gobierno cubano en frentes internacionales, sobre todo
en África. Ha de haber sido difícil, dada la influencia
que Cuba llegó a ejercer en algunos países africanos.
Sí, he trabajado siempre para demostrar que en Cuba hay
racismo. Después de pasar lo que pasé en Cuba, dije, ¿pero
por qué es esto? ¿Por qué el racismo? A mí me ha
agobiado siempre la cuestión del racismo. La
intransigencia. ¿De dónde viene eso?
Estuve en África durante seis años, después de terminar
los estudios en Francia. Estuve en Nigeria, y luego viví
en Senegal. En Nigeria trabajé con el Festival Mundial
de las Artes Negras. Una tremenda organización. Y los
cubanos dijeron, "si ese señor sigue allí, nosotros no
participamos". Y me echaron. Me dieron una pila de pesos
y me dijeron que me fuera. Y por todas partes donde yo
he ido, Cuba ha hecho lo mismo. Ha pedido que me echen.
En la Universidad de Senegal lo mismo.
Ha de haber sido una lucha muy solitaria...
Sí, muy solitaria. Contra mí no estaba solamente el "prestigio
de la revolución cubana", sino que tenía a los cubanos
exiliados blancos que decían que eso era mentira, que en
Cuba no había racismo. Y yo me digo, pero, ¿en que país
vivía esa gente que está en Miami?
Son cosas que yo no comprendo, y que me espantan cuando
las oigo. Porque eso quiere decir que esa gente, después
de 30 años no conocía a Cuba antes, así que ¿cómo van a
conocer la Cuba de ahora? Eso a mi me espanta mucho, me
da mucho miedo.
Yo tenía dos enemigos. Tuve que combatir en dos flancos.
A los blancos de Cuba y a los blancos del exilio.
Usted dice que en 1983, después de viajar por Africa y
terminar sus estudios en Francia sintió la necesidad de
vivir cerca de Cuba. Cuando no pudo radicarse en
Jamaica, debido a la influencia que tenía Cuba en aquel
entonces en el gobierno socialista de Michael Manley,
optó por Guadalupe. ¿Por qué no vino para Miami?
Nunca me interesó Miami. La cercanía de Miami a Cuba es
geográfica, no sicológica. Miami está muy lejos de Cuba
étnicamente, políticamente, temporalmente. La gente de
Miami vive en la Cuba de los años 50, yo no vivo en esa
Cuba. La Cuba de Miami es mítica. Yo necesito estar en
contacto permanente con la Cuba de hoy.
En su libro usted cita una serie de estudios y ofrece
considerables datos acerca de la población negra de Cuba
antes y después de la revolución...
En 1953, durante el último censo, se arrojó una cifra
muy inferior a la realidad de la población, algo así
como un 30 por ciento. Y eso no es cierto, desde luego.
Los estudiosos han considerado que la población negra en
el 53 estaba entre 35 y 45 por ciento. O sea, que cuando
Castro llega al poder se puede estimar que esa cifra era
negra.
¿Negra y mulata?
Negra. Yo no digo negra y mulata. Yo incluso no utilizo
el termino negro, yo digo afrocubano. Porque ahí
comprende a todos aquellos que visualmente son de origen
africano. Yo utilizo el código por el cual aquéllos que
son visualmente de origen africano, y no quiero caer en
la cuestión de negro y más negro, no, los que
visualmente son de origen africano. Según los cálculos
actuales, entre 53 por ciento y 63 por ciento de la
población de Cuba en 1989 es de origen africano.
¿Y en la dirigencia política comunista como están
representados los negros?
En las instituciones de poder cubanas los afrocubanos
solo ocupan el 9.8 por ciento.
Según sus investigaciones en el exilio, ¿cuántos cubanos
negros hay?
En Estados Unidos hay unos 200,000 negros cubanos.
Incluyendo, por supuesto, Nueva York, Nueva Jersey...
Desde luego, no todos nacieron en Cuba, muchos son
cubano-americanos, hijos de exiliados. Una tercera parte
de los llegados por el Mariel (por donde arribaron unas
125,000 personas) son afrocubanos.
Y en Miami, ¿a cuanto asciende esa cifra?
En el sur de la Florida hay unos 50,000, incluyendo
Tampa, donde hay una organización de afrocubanos.
¿Por qué no se ve esa cantidad?
El negro cubano de Miami es invisible. Se hace invisible
para no atraer la atención. Aquí hay racismo por parte
del cubano blanco, es el mismo racismo que había en
Cuba. El afrocubano aquí vive una vida doble, porque
teme que los blancos cubanos tomen represalias en contra
de ellos. Los cubanos blancos se creen superiores a
todos, y entonces cuando tú dices algo te dicen que tú
tienes un complejo.
¿Cómo compararía el racismo de Cuba y el racismo de
Estados Unidos?
No es el mismo racismo. El racismo de Estados Unidos es
un racismo de falta de convivencia. El de Cuba es un
racismo de convivencia. Lo cual quiere decir que el de
Cuba es más terrible, más difícil cuando se lucha por
erradicarlo.
Lo que yo llamo en mis estudios racismo de convivencia
es aquél en el cual el elemento despreciado y el
elemento que desprecia viven juntos. Y el elemento
despreciado acepta los criterios de desprecio del otro.
El racismo de no convivencia es más fácil combatirlo,
porque hay leyes que dicen esto y lo otro, y tú puedes
lanzar un movimiento contra ese tipo de cosa alegando
que hay que eliminar esas leyes, y cuando se eliminan,
la gente comienza a ver todos esos absurdos.
¿Cuál es su posición ante las declaraciones de Nelson
Mandela en su reciente visita a este país?
Creo que hay dos responsables en esta situación. Desde
luego responsabilizo a la comunidad blanca cubana.
Primero que nada, Mandela tiene derecho a decir lo que
quiera. Y hay que respetar ese derecho, sin tener que
estar de acuerdo con su ideología. Yo no tengo la
ideología del African National Congress. El ANC y yo
diferimos radicalmente en lo que concierne a los
problemas políticos mundiales.
Y ahí es donde yo culpo al otro sector, que es el sector
afrocubano de aquí. El deber de los afrocubanos de Miami
era ir a ver al señor Mandela y decirle: "señor Mandela,
usted es un líder, no solamente de África del Sur, sino
de los negros del mundo entero. Pero señor Mandela,
nosotros queremos presentarle a usted un problema. En
Cuba, el 86 por ciento de los reclusos son negros.
Ya que Fidel Castro es amigo suyo, queremos que usted
haga una gestión para que se libere a estos reclusos
negros de las cárceles cubanas. Queremos que sean
liberados y que se les permita salir de Cuba como a
usted se le ha permitido salir de la cárcel en África
del Sur". Esa era la responsabilidad de los afrocubanos
de Miami.
¿A que cree usted entonces que se debió que ningún
cubano de la raza negra hablara con Mandela?
Le tienen miedo a los blancos cubanos. Yo hablé con
algunos. Me dijeron que no pudieron hacer nada, porque
los blancos cubanos iban a pensar inmediatamente que
eran comunistas.
Y es que aquí hay dos agendas que esencialmente no se
comprenden. El cubano blanco tiene una agenda que es
anticomunista, el afroamericano tiene una agenda
esencialmente antirracista.
Yo entro en cualquier comunidad, porque no me ven como
un elemento enemigo. Sin embargo, los blancos cubanos me
ven como elemento enemigo. ¿Por qué? Porque mi agenda es
antirracista. Y ellos consideran que el antirracismo es
comunismo. Tienen una confusión muy grande que hay que
esclarecer.
¿Cree usted que esa es la labor que realiza con su obra?
Es por eso que saqué el libro y estoy terminando el otro.
Independientemente, sin ayuda de nadie. Para atenerme a
la verdad social e histórica. Porque yo creo que si
vamos a comenzar una sociedad nueva, vamos a no
comenzarla con mentiras.
Noviembre 11, 1990 |