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Negros
cubanos: la señal de identidad
Dora Amador
¿Negro? ¿Cubano? ¿Negro y cubano? Ser ambas cosas es una
antinomia, una contradicción en este país cuando llega
la hora de llenar las planillas en que los ciudadanos
deben definirse como blanco, negro o hispano.
Tampoco en la comunidad donde habitan encuentran una
solución fácil: entre los negros son cubanos, entre los
cubanos son negros. Una minoría dentro de otra minoría.
Y, a su vez, representantes, por su lengua y su piel, de
dos grupos étnicos en conflicto.
Esto cala hondo en el sentido de identidad de miles de
exiliados que dicen sentirse marginados por los mismos
cubanos.
"Cuando yo iba a la escuela", dice riéndose Carlos Legrá,
"me acuerdo de que en las planillas llenaba los dos
espacios: 'negro' y 'cubano'... Las maestras se volvían
locas".
Legra tiene 31 años, salió de Cuba a los ocho y es
condueño de una empresa de bienes raíces en el North
West de Miami. Como muchos niños negros cubanos, Legrá
se crió mayormente entre muchachos negros americanos.
Afirma que la mayoría de los negros cubanos se sienten
más hermanados con el negro americano que con el cubano.
"Yo diría que de un 80 a un 85 por ciento. Y es un
problema de identidad. Cuando caminas por la calle, tu
piel es negra".
"Muchas veces tengo que aclararle a los cubanos que soy
cubana", comenta Lucía Rojas. "Me sorprende que mi misma
comunidad cubana no nos conozca". Rojas es trabajadora
social en un hospital infantil, tiene 34 años y llego al
exilio a los 10. Esta casada con un norteamericano negro
y dice que tiene que adaptarse lo mejor posible a las
tres culturas --anglo, negra y cubana-- en que vive lo
mejor que puede. "Esto de definirse... Tener que
identificarnos como raza. En Cuba éramos todos cubanos,
en el exilio somos negros cubanos".
"Para un cubano es muy fácil vivir en Miami. Para un
negro es muy fácil", dice Ricardo González. "Pero para
un negro cubano es muy difícil".
González tiene 42 años y salió de Cuba a los 13.
Actualmente es gerente regional de una empresa
financiera en Houston. Una de las razones por las que se
mudó hacia esa ciudad hace unos meses fue por sus hijas,
de 11 y 15 años. Estaba preocupado por los conflictos
raciales de Miami. González está terminando de escribir
Las experiencias de un afrocubano en el sur de la
Florida: 1959-1989. El libro es una ampliación y
profundización de la ponencia que hizo en la Conferencia
de la Negritud celebrada en la Universidad Internacional
de la Florida en 1987.
"Yo llegue a los cuatro años", comenta Ricardo Martínez.
"Y me crié entre puertorriqueños y negros americanos.
"En nuestra cultura, los afrocubanos se han juntado
mucho a los afroamericanos". Martínez tiene 36 años y es
bombero. Se siente orgulloso de ser cubano, pero se
mueve mayormente en el mundo negro americano. Es miembro
de The National Association for the Advancement of
Colored People (Asociación Nacional para el Progreso de
las Personas de Color), y fue ejecutivo de la United
Black Students (Estudiantes Negros Unidos) en el Miami-
Dade Community College y reclutador de la Urban National
League (Liga Nacional Urbana), organización que defiende
los derechos de la comunidad negra.
El padre de Ricardo, Oscar Martínez, comenta "aunque
ellos repiten cada cinco minutos que se sienten orgullos
de ser cubanos, se van diluyendo en la cultura negra
americana. No quiero que mi hijo se pierda en una
cultura sin que haya tenido un conocimiento de la
cultura negra cubana, que es su origen".
González, Legrá, Rojas y Martínez padre e hijo son
miembros de la Asociación Afrocubana, Inc., una entidad
creada hace poco más de un año "con el fin de preservar
la identidad del cubano negro del exilio". La presidenta
es Lucía Rojas.
"Hemos visto que hay una carencia de conocimientos en
nuestra comunidad acerca del aporte de nuestra raza en
la historia de Cuba", dice Rojas.
"Además, la comunidad cubana (del exilio) no nos conoce.
No saben de los logros que hemos tenido. Hemos estudiado,
nos hemos superado. Los negros cubanos están avanzando
grandemente en este país".
Rojas expresa su asombro ante un comentario que escucha
con frecuencia de parte de los cubanos: "Nos sorprende
que una persona como tu, Lucía...
"¿Como yo? Eso quiere decir que se sorprenden de ver a
una persona negra cubana en el campo profesional.
"No sé por qué, porque en Cuba había muchos
profesionales negros. Había poetas, médicos, muchos que
enriquecieron nuestra historia", concluye Rojas.
En la organización, que cuenta con 100 miembros, hay
cubanos de todas las edades, y los mayores suelen
narrarle a los jóvenes la historia cultural y social
afrocubana.
"Los jóvenes que vinieron muy pequeños para Estados
Unidos ignoran las cosas de Cuba", expresa Ladislao
Moraleza, notario público de 67 años y miembro de la
Asociación Afrocubana.
Moraleza es retirado y se siente muy útil de pertenecer
a esta entidad y poder brindar sus conocimientos y ayuda
a los jóvenes negros cubanos, que, a veces "creen en una
leyenda, en una mentira. Las personas de color trataban
de superarse en Cuba en sus estudios, en sus carreras,
pero había discriminación. No muy cruda. Era velada, se
adornaba, como se adorna todo".
Rojas dice que "quizás tengamos la respuesta a todas
esas tensiones que ocurren en la comunidad y que todos
están tratando de resolver. Nosotros tenemos más
cercanía con la comunidad negra americana que los
cubanos blancos", afirma Rojas.
¿Qué opina la Asociación Afrocubana de Nelson Mandela y
del conflicto racial que provocó su visita a este
condado?
"La Asociación no quiere comentar nada acerca de
Mandela, porque no somos políticos", dice Rojas.
Sin embargo, en el plano personal, Rojas aclara que "no
puedo apoyar a Mandela por su alianza con Castro, pero
al mismo tiempo es importante que los cubanos comprendan
su lucha en contra del apartheid.
"La comunidad cubana no entiende el apartheid", dice.
(Apartheid es el sistema de segregación racial imperante
en Suráfica. Entre los derechos que se le niegan a la
mayoría negra --22 millones-- de ese país, está el del
voto. El gobierno de Suráfrica está enteramente en mano
de los blancos, que suman unos cinco millones).
"La ignorancia viene del aislamiento y es fácil
incrementar los odios", expresa Heriberto Dixon profesor
de Recursos Humanos del New School of Social Research en
Nueva York, refiriéndose a la situación del sur de la
Florida.
De acuerdo con Dixon, se estima que de 40 a 60 por
ciento de los cubanos llegados por el éxodo del Mariel
en 1980 son negros.
Es decir, que de 125,000 esto daría la suma de 46,000 a
75,000, sin contar las personas que fueron llegando en
años anteriores, pero cuya cifra es incalculable, dado
el sistema de clasificación racial de los habitantes de
Estados Unidos.
"Las categorías son excluyentes. Si pones negro, no
pones hispano", comenta Dixon.
"En el censo del 80 (realizado antes del Mariel) había
tanta confusión con la categoría de los que pusieron 'otros',
porque estos pueden ser chinos, mestizos, negros cubanos...
(Habría que averiguar) cual fue el motivo de la persona
para incluirse en la categoría 'otro' ".
Segun Dixon, uno de los mayores problemas que confrontan
los negros hispanos (no solamente los cubanos) en el
condado de Dade es que los programas de ayuda los
quieren contar como suyos para poder recibir más fondos,
pero a la hora de repartir los beneficios, suelen
decirle que por que no van al otro grupo --negro,
hispano--, para que les sobre más fondos para su
comunidad.
De ese modo "está así dos veces contado y ninguna vez
servido", apunta Dixon.
"El negro cubano se encuentra en una situación en la que
le dan palos por ambos lados".
Además de esto, según Ricardo González, uno de los
fundadores de la Asociación Afrocubana, los negros
cubanos no están representados en las organizaciones
políticas de los exiliados. "Ni en la Fundación Nacional
Cubanoamericana, ni en el Instituto de Estudios Cubanos
existe un negro", comenta González. "Y en Cuba, nosotros
no somos minoría... A lo mejor lo que quieren (los
cubanos blancos del exilio) es ignorarnos y meternos en
un closet", continua González. "Pero eso no es posible,
porque la conciencia del negro cubano es diferente ya".
"Hace falta crear un liderazgo", dice Dixon, para
eliminar conflictos étnicos en Miami.
"Unos mecanismos", explica, "para que todos vean que hay
aspiraciones comunes, como es el caso de la educación de
los hijos...".
"En nuestro condado, sólo cuando hay crisis se quiere
hablar", expresa Ricardo Martínez. "No se toman medidas
preventivas. Los intentos entonces son tan pequeños
cuando se hacen en comparación con lo que ha sufrido la
comunidad, que no parecen nada".
"Es un problema de ignorancia", afirma Legrá. "Si
existiera un grupo que se dedicara a estudiar las
diferentes culturas, se podría llegar a una conciencia
para arreglar los problemas. La violencia no trae nada
bueno".
Pero Rojas cree que "a algo o a alguien le conviene
tener a los grupos en constante conflicto. Hay formas de
conversar para que estas tensiones sociales puedan ir
disminuyendo. Hay alguien a quien le conviene que esto
continúe".
"Hay un axioma que dice: divide y vencerás", comenta con
una sonrisa Moraleza.
Cuenta Legrá que recientemente fue invitado a una
escuela de estudiantes negros donde se celebraba el
Black History. Según él hubo varias frases
estereotipadas sobre los cubanos. "Me levanté y me
enfrenté a ellos, igual que me enfrento a los cubanos
cuando dicen algo de los negros. Les dije: 'yo soy
cubano y me siento ofendido por lo que ustedes han dicho'.
Y les conté varias cosas de la cultura cubana. Entonces
me pidieron disculpas y me dieron las gracias".
"Creo en la no violencia y uno de nuestros líderes es
Martin Luther King", dice Ricardo Martínez. "Siempre hay
la desinformación de que si los cubanos esto y los
cubanos lo otro, sin tener ninguna base. Doy a conocer a
los cubanos entre los negros americanos, y en ese
sentido me ha ido muy bien".
Rojas comenta: "Siempre el buen humor ayuda",
refiriéndose a algún que otro comentario que le han
hecho cubanos sobre los negros. Entre ellos recuerda uno
que le dijo alguien cuando supo que era cubana como el:
"Ah, yo tenía en Cuba un amiguito negro que comía en mi
casa... y hasta en la misma mesa".
"Eso molesta algo", dice Rojas. "Porque... ¿por qué no
comer en tu misma mesa, si soy un ser humano igual que
tu?"
Noviembre 11, 1990 |