“No tenía brillo ni belleza para que nos fijáramos en él, y su apariencia no era como para cautivarnos. [3] Despreciado por los hombres y marginado, hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento, semejante a aquellos a los que se les vuelve la cara, no contaba para nada y no hemos hecho caso de él. [4] Sin embargo, eran nuestras dolencias las que él llevaba, eran nuestros dolores los que le pesaban. Nosotros lo creíamos azotado por Dios, castigado y humillado, [5] y eran nuestras faltas por las que era destruido nuestros pecados, por los que era aplastado. El soportó el castigo que nos trae la paz y por sus llagas hemos sido sanados.  Isaías 53. 2-5
 

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XXX - Feb. 2009

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Las visitas: realidad, dolor y críticas

Dora Amador

Las reuniones familiares entre cubanos de la isla y cubanos de Miami traen como resultado la comparación de la vida en ambos sitios. Dos cubanas, una exiliada que fue a Cuba y otra de la isla que vino a Miami, expresan las dificultades de la vida allá y las impresiones sobre la vida aquí.

Oílda Álvarez trabaja para una tienda de departamentos en Puerto Rico. Su única hermana está en Cuba.

"¿Cómo voy yo a tener mil o dos mil pesos en el banco y saber que mi hermana está pasando trabajo? ¿Cómo puedo dormir tranquila?

"El que critica que uno le mande cosas y visite a su familia en Cuba es porque no tiene sentimientos, no tiene corazón. Como están aquí comiendo. Yo creo que el que tenga un padre, una madre, un hermano allá no lo debe abandonar".

Álvarez salió de Cuba en 1969 con su madre, ya fallecida. Ha estado cuatro veces en Cuba y dice que vuelve al año que viene a ver de nuevo a su hermana y sus sobrinos. "Yo no tengo lujos, para ir a Cuba tengo que ahorrar y privarme de muchas cosas".

Gracias a los viajes que ha dado y los paquetes y dinero que ha mandado, la hermana de Álvarez, Estela, su esposo Rolando Cordero y sus dos hijos Roly y Marilyn viven más cómodamente. Pudieron rehacer la cocina, el techo y el baño que estaba destruido.

"¡Aquella miseria!", dice Álvarez. "Se les estaba cayendo la casa arriba.

"Una vecina la delató porque tenía el gas de la estufa abierto en su casa, cocinando. Le pusieron una multa de 50 pesos y la amenazaron con llevarla presa. ¿Cómo yo, sabiendo eso, puedo vivir tranquila? Le regalé una estufa eléctrica la última vez que fui. Cuando yo vi en la tienda las vajillas y le pregunté '¿Cuál quieres?', se me abrazó llorando".

Sin embargo, otros no piensan igual.

"Yo no estoy de acuerdo con ayudarlos. Que se sigan muriendo. No hacemos nada alargándole la vida a un canceroso", dice Aselia Pacheco, llegada de Cuba en julio de 1988 y quien tiene en Cuba a su madre y dos hermanos.

"Mi sobrina está enferma de la garganta. ¿Qué hago yo con mandarle cuatro pomos de vitaminas? Si nosotros le pedimos a la Unión Soviética que le quite la ayuda a Castro, nosotros también tenemos que quitársela. Mi postura es que los aislemos totalmente para que se acabe de caer ese régimen. Que se caiga".

Aselia Pacheco y su esposo, el ex preso político Víctor Delgado, fueron miembros en Cuba del Comité Cubano pro Derechos Humanos.

Ambos tienen una postura firme en contra del envío de paquetes o dinero a Cuba, pero no de que vengan los cubanos a visitar a sus familiares a Miami.

"Si mi madre está allá y quiere venir, ¿le voy a decir que no?", se cuestiona Delgado, cuya madre murió en Cuba.

"Lo que no se puede hacer es enviarles nada, nada. Un padre tiene una hija sin zapatos y está en una esquina quejándose, protestando. Le mandas los zapatos para la hija, lo silencias. Hay que hacer que la olla, que ya no puede más, estalle", dice Delgado.

Estos días han sido de especial significado para Pacheco, pues logró traer a su mamá por primera vez de visita a Miami.

"Yo quiero llegar allá y contarles a mis hijos lo que es esto. A nosotros nos tenían engañados", comenta la madre de Pacheco, Antonia Anido, de 58 años.

Anido, quien vive en Placetas, Villa Clara, con su hija y su nieta, es un personaje típico de la saga diaria que vive la mayoría del pueblo cubano.

"Me levanto bien temprano y tomo un poquito de café. Ya a las nueve tengo debilidad. Yo nunca tomo leche, porque el poquito que hay, cuando hay, es para la niña. Cuando llega la hora del almuerzo digo '¿qué hago?'.

"Casi siempre es un poquito de arroz y frijoles", continúa. "A veces tengo un plátano, entonces lo frío. Si no, un huevo. A la comida, el arroz o frijoles que sobró del almuerzo, porque no hay más nada, además, hay que ahorrar el petróleo crudo que se usa para cocinar. Te acuestas con el estomago vacío y te levantas igual. Eso es todos los días".

Bajo el estricto sistema de racionamiento imperante en Cuba, cada persona solamente tiene derecho, por ejemplo, a una onza de café a la semana, ocho de carne --cuando la hay-- y, si está de suerte y llega a la tienda, pollo dos veces al mes. "A los siete años le quitan la leche a los niños y ya no tienen derecho a tomar leche", dice Anido.

"Con la comida que bota mi hija aquí comemos la familia entera allá. Cuando me llevan al supermercado aquí yo digo, no vuelvo más. Mi nieta no sabe lo que es una manzana, una uva, un cereal", dice Anido y añade que, como sólo dan un paquete de 'Íntima' --toallas sanitarias femeninas-- al mes, muchas mujeres se las arreglan cortando mosquiteros en pedazos para utilizarlos en su menstruación. Pero como tampoco se consiguen fácilmente los mosquiteros, hay que lavar y guardar todos los meses los pedacitos que se cortan para el próximo mes.

Antonia Anido está muy impresionada con su visita a Miami. "Allá se habla de que las personas como yo, que son mayores, y los niños, sufren mucho. La prensa cubana y la televisión dice que no cuidan a los viejos y que a los niños se los roban y los violan. A la gente se le dice tanta mentira que uno se lo cree. Hay miedo, uno piensa allá que llegar aquí es llegar a un lugar de vicio, de robo, de mafia y crímenes. Decir Estados Unidos es decir... Al Capone".

Aselia Pacheco hubiese querido que su madre se quedara con ella en Miami, pero la comprende, dice, y por eso no siguió insistiendo. "Tengo a una hija y un hijo varón, y dos nietos allá. Aquí está todo por la libre, allá no tienen nada. Les hago más falta a ellos", dice Anido.

Antonia Anido regresó a La Habana el 3 de septiembre.

Septiembre 16, 1990

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