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Las
revistas cubanas en la Universidad de Miami, una
colección de primera
Dora Amador
Es placer, nada más. Al menos al principio, cuando uno
las descubre; después viene la curiosidad, que culmina
en asombro ante la belleza del diseño y la calidad en
contenido. Son las revistas que se hacían en Cuba antes
de la revolución.
¿Qué se hizo de toda aquella riqueza impresa, espejo
clarísimo de la vida y la cultura cubanas de medio siglo?
En Cuba se halla guardada en los archivos de la
Biblioteca Nacional, aquí se encuentra al alcance de
todo el que la quiera admirar en la Biblioteca Otto G.
Richter de la Universidad de Miami (U.M.).
Allí, muy bien cuidados, se encuentran manuscritos
importantes, libros nuevos y antiguos de Cuba y
prácticamente todo lo que se ha publicado por cubanos
fuera de la isla, incluyendo la colección completa de
los llamados "periodiquitos" del exilio, casi 800
títulos.
Esta biblioteca central de la Universidad de Miami es
una de las mejores de Estados Unidos en cuanto a su
colección de libros y publicaciones cubanas. ¿Quién le
tiene ese amor a Cuba? Porque sólo el que desconozca los
obstáculos con que se enfrentan los buenos
bibliotecarios se cree que semejante colección se llega
a tener fácilmente: solicitar presupuestos para
adquisiciones, pedir incesantemente que la gente done,
estar al día en lo que se publica y en lo que es muy
viejo y preciado, guiar a los investigadores que llegan
solicitando ayuda, y crear conciencia, labor inmensa,
del valor histórico que tiene todo este material.
"Siento a Cuba dentro de mí. Y vivo enamorada de mi
profesión porque hace posible que pueda promover la
cultura cubana en el exilio. Ese contacto con Cuba, con
lo cubano y poder brindar ese servicio a los exiliados
es quizá mi satisfacción mayor", afirma Lesbia Varona,
directora del Reserve and Microform Department (Departamento
de Reserva y Microforma) de la biblioteca desde 1982.
Varona, que trabajó en el Departamento de Catalogación
de la Biblioteca Nacional de Cuba de 1960 a 1962, pudo
en 1966, ya en el exilio, entrar a la biblioteca central
de U.M. Ya existían en ese entonces algunas revistas
cubanas, pues desde que se fundó la Universidad de Miami
en 1926, la biblioteca estaba suscrita a algunas
publicaciones. Pero fue cuando Varona se hizo cargo del
nuevo Departamento de Reserva que la colección se
enriqueció. Las revistas y periódicos que estaban hasta
1982 en lo que llamaban "la jaula" --le llamaban así
porque, para evitar robos, estaban tras rejas que había
que atravesar para verlas --, pasaron a Reserva. Varona
se encargó de que la colección de publicaciones
periódicas cubanas de su departamento fuera la mejor de
Miami y una de las más completas de Estados Unidos.
Pidió fondos a la universidad para comprarle revistas y
material a Cuba y se dispuso a recoger todo material
impreso que considerara valioso.
"El director de la biblioteca, Frank Rodgers, siempre
nos ha apoyado, y sabe la importancia que tiene la
colección cubana. Tenemos la única colección completa de
Carteles que existe en el país; costo $22,000. También
compramos la colección casi completa de Social y la
revista Orígenes, que está completa también", comenta
Varona.
Sin el más lejano temor a cometer una exageración se
podría afirmar que, en su género, como la revista Social
–una publicación no especializada-- puede haber algunas
comparables, pero no superiores. Sus portadas, diseñadas
por su fundador Conrado Massaguer, eran verdaderas obras
de arte. Quien abre Social hoy encuentra relatos de los
mejores escritores nacionales o extranjeros, como Jorge
Mañach, Gabriela Mistral, Fernando Ortiz, Emilio Roig de
Leuchsenring, Teresa de la Parra, José Vasconcelos y
muchos otros. Además hay poesía, ensayos y artículos
sobre literatura, fragmentos de novelas, historia,
política, partituras de danzones, boleros y música
popular de la época, reportajes, medicina, salud, moda y
las actividades sociales que se llevaban a cabo en La
Habana de 1916, cuando se creó la revista, hasta 1938,
cuando cerró.
Carteles (1919-1960) y Bohemia (fundada en 1911) eran de
corte más popular, Bohemia más política que Carteles, y
esta menos literaria que Social, pero ambas sorprenden
cuando se hojean por la variedad de información que
poseen. Las portadas de Carteles, en su mayoría creadas
por el pintor Andrés García, se pueden considerar, como
las de Social, ejemplos de los mejores diseños gráficos
de la época. Las dos, Carteles y Bohemia, contaban
también con la colaboración de los mejores escritores y
periodistas de Cuba, y ambas estaban al día en los
acontecimientos científicos, culturales, políticos y
sociales, sin dejar de incluir --algo de que carece la
mayoría de las publicaciones actuales-- páginas de
eventos históricos y cortas biografías de personajes
famosos. Hasta tenían cuentos policíacos.
Pero la biblioteca no sólo cuenta con estas revistas. El
tesoro es mucho más rico. Allí están completas o casi
completas las colecciones de las literarias y culturales
tales como Ciclón, Orígenes, Espuela de Plata, la
Revista de la Biblioteca Nacional de Cuba, la Revista de
Avance, Cuadernos del Folklor Cubano, la Revista Cubana,
la Revista de la Universidad de La Habana, Signos, de la
Universidad de Marta Abréu de Las Villas, y los
periódicos Diario de La Marina, El Mundo, El Havana Post
--diario que se publicaba en inglés-- y Hoy, del Partido
Socialista Popular (comunista).
Cuando llegó la revolución en 1959, se intervino la
prensa y muchas de las revistas y periódicos
sencillamente dejaron de existir. Otros se crearían a
partir de esa fecha. Después de la euforia fugaz de los
primeros tiempos, cuando se inició el periódico
Revolución, por ejemplo, dirigido por Carlos Franqui, de
cortísima duración, se impuso la censura absoluta.
Después de la Crisis de Octubre en 1962, cuando Estados
Unidos dio inicio al embargo comercial contra Cuba que
impide las importaciones de la isla, la biblioteca --como
toda persona o entidad del país-- tenía prohibido traer
libros o cualquier publicación de la isla, hasta hace
dos años, cuando se levantó el embargo para material
impreso y cultural. "Rosa Abella fue el puntal. Fue ella
quien hizo que la universidad pidiera un permiso
especial al Departamento del Tesoro de Estados Unidos
para poder adquirir libros y publicaciones de Cuba".
Gracias a Abella, desde la década del 60 la biblioteca
está suscrita a casi todas las publicaciones que
circulan en Cuba actualmente, como Casa de las Américas,
Unión, Verde Olivo, El Caimán Barbudo, Revolución y
Cultura, Cuba Internacional, Bohemia y el periódico
Granma, órgano oficial del Partido Comunista.
Abella empezó a trabajar en la biblioteca en 1962 y se
retiró de su cargo de jefa del Departamento de
Adquisiciones el año pasado.
"Cuando ella entró aquí le dio mucho énfasis a todo lo
cubano. Ya existían buenas cosas, pero ella lo hizo
crecer", afirma Ana Rosa Núñez, bibliotecaria del
Departamento de Referencia. "La labor que se ha hecho
aquí es increíble, no sólo por la cantidad de material
que se ha recogido y adquirido, sino por el uso que se
hace de él", dice Núñez.
Núñez es la persona clave que vienen a ver estudiantes y
profesores que preparan tesis de grado que tengan algo
que ver con la cultura cubana. "Aquí viene gente de
todas partes, hasta de Francia y Bélgica para realizar
investigaciones sobre Cuba y los cubanos. Y es que gran
parte de la historia cubana esta sólo en el exilio. La
historia de Cuba se hace allá en la isla y se hace aquí.
Casi todos los grandes escritores cubanos han escrito y
publicado en el destierro, no sólo ahora, en el siglo
XIX. Si todo eso no se hubiera conservado, se habría
perdido gran parte de nuestra historia y cultura",
afirma Núñez. "Creo que es mi obligación ayudar a
mantener nuestro acervo cultural".
Ana Rosa Núñez y Lesbia Varona están preparando una
antología de narraciones seriadas que aparecieron en la
revista Social de 1926 con el nombre de "Fantoches". El
libro, que ya han titulado Los fantoches del 26,
tendrá un prólogo escrito por ellas y una explicación de
quien era cada escritor.
"Que no se pierda esta etapa", dice Esperanza Varona,
subdirectora del Departamento de Archivos y Colecciones
Especiales y directora de los Archivos Cubanos.
Esperanza Varona trabaja en la biblioteca desde 1967, y
desde 1980 ocupa su posición actual.
En los Archivos Cubanos se ha preservado todo el
material efímero: fotos, cartas, invitaciones, programas,
panfletos y una colección de más de 700 pósteres cubanos,
hechos en la isla y aquí. También cuentan los archivos
con libros antiguos cubanos y publicaciones periódicas
de siglos pasados, como La Gaceta de La Habana, La
Gaceta Oficial de la República de Cuba, Juan Palomo y El
Curioso Americano, entre otros. Una carta original de
Martí y el libro Iconografía de Martí se pueden
considerar entre las joyas archivadas.
"Mi trabajo me encanta", dice Esperanza Varona. "Siento
que estoy poniendo un granito de arena en la causa de
Cuba. Nosotros contribuimos con nuestra labor a que la
historia de Cuba no se pierda".
"Es muy importante que las personas se den cuenta del
valor de lo que poseen. Muchos piensan que lo que tienen
no es valioso, y sí lo es", explica Lesbia Varona. "Cuanta
gente no se muere y deja colecciones enteras de revistas,
libros tarjetas postales, importantísimas cartas
históricas. Y después vienen los hijos y lo botan,
porque no saben. Pero es muy importante para la
biblioteca, para guardar ese material y ponerlo al
alcance de todos. Si no tenemos esa visión de futuro, de
preservar la cultura cubana en el exilio, ¿cómo se va a
escribir nuestra historia de aquí a 30 ó 40 años? Aquí
están las fuentes primarias, necesitamos conservarlas",
señala Lesbia Varona.
La "historia oficial" de Cuba que divulga el gobierno en
el poder desde hace 31 años, no es la historia real.
Todo lo impreso, que contrario a las palabras no se lo
lleva el viento, es vital para reconstruir esa historia
escindida y preservar la cultura cubana del exilio. En
ningún lugar será más valorado que en la Biblioteca Otro
G. Richter de la Universidad de Miami.
Junio 27, 1990 |