“No tenía brillo ni belleza para que nos fijáramos en él, y su apariencia no era como para cautivarnos. [3] Despreciado por los hombres y marginado, hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento, semejante a aquellos a los que se les vuelve la cara, no contaba para nada y no hemos hecho caso de él. [4] Sin embargo, eran nuestras dolencias las que él llevaba, eran nuestros dolores los que le pesaban. Nosotros lo creíamos azotado por Dios, castigado y humillado, [5] y eran nuestras faltas por las que era destruido nuestros pecados, por los que era aplastado. El soportó el castigo que nos trae la paz y por sus llagas hemos sido sanados.  Isaías 53. 2-5
 

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XXX - Feb. 2009

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Las revistas cubanas en la Universidad de Miami, una colección de primera

Dora Amador

Es placer, nada más. Al menos al principio, cuando uno las descubre; después viene la curiosidad, que culmina en asombro ante la belleza del diseño y la calidad en contenido. Son las revistas que se hacían en Cuba antes de la revolución.

¿Qué se hizo de toda aquella riqueza impresa, espejo clarísimo de la vida y la cultura cubanas de medio siglo? En Cuba se halla guardada en los archivos de la Biblioteca Nacional, aquí se encuentra al alcance de todo el que la quiera admirar en la Biblioteca Otto G. Richter de la Universidad de Miami (U.M.).

Allí, muy bien cuidados, se encuentran manuscritos importantes, libros nuevos y antiguos de Cuba y prácticamente todo lo que se ha publicado por cubanos fuera de la isla, incluyendo la colección completa de los llamados "periodiquitos" del exilio, casi 800 títulos.

Esta biblioteca central de la Universidad de Miami es una de las mejores de Estados Unidos en cuanto a su colección de libros y publicaciones cubanas. ¿Quién le tiene ese amor a Cuba? Porque sólo el que desconozca los obstáculos con que se enfrentan los buenos bibliotecarios se cree que semejante colección se llega a tener fácilmente: solicitar presupuestos para adquisiciones, pedir incesantemente que la gente done, estar al día en lo que se publica y en lo que es muy viejo y preciado, guiar a los investigadores que llegan solicitando ayuda, y crear conciencia, labor inmensa, del valor histórico que tiene todo este material.

"Siento a Cuba dentro de mí. Y vivo enamorada de mi profesión porque hace posible que pueda promover la cultura cubana en el exilio. Ese contacto con Cuba, con lo cubano y poder brindar ese servicio a los exiliados es quizá mi satisfacción mayor", afirma Lesbia Varona, directora del Reserve and Microform Department (Departamento de Reserva y Microforma) de la biblioteca desde 1982.

Varona, que trabajó en el Departamento de Catalogación de la Biblioteca Nacional de Cuba de 1960 a 1962, pudo en 1966, ya en el exilio, entrar a la biblioteca central de U.M. Ya existían en ese entonces algunas revistas cubanas, pues desde que se fundó la Universidad de Miami en 1926, la biblioteca estaba suscrita a algunas publicaciones. Pero fue cuando Varona se hizo cargo del nuevo Departamento de Reserva que la colección se enriqueció. Las revistas y periódicos que estaban hasta 1982 en lo que llamaban "la jaula" --le llamaban así porque, para evitar robos, estaban tras rejas que había que atravesar para verlas --, pasaron a Reserva. Varona se encargó de que la colección de publicaciones periódicas cubanas de su departamento fuera la mejor de Miami y una de las más completas de Estados Unidos. Pidió fondos a la universidad para comprarle revistas y material a Cuba y se dispuso a recoger todo material impreso que considerara valioso.

"El director de la biblioteca, Frank Rodgers, siempre nos ha apoyado, y sabe la importancia que tiene la colección cubana. Tenemos la única colección completa de Carteles que existe en el país; costo $22,000. También compramos la colección casi completa de Social y la revista Orígenes, que está completa también", comenta Varona.

Sin el más lejano temor a cometer una exageración se podría afirmar que, en su género, como la revista Social –una publicación no especializada-- puede haber algunas comparables, pero no superiores. Sus portadas, diseñadas por su fundador Conrado Massaguer, eran verdaderas obras de arte. Quien abre Social hoy encuentra relatos de los mejores escritores nacionales o extranjeros, como Jorge Mañach, Gabriela Mistral, Fernando Ortiz, Emilio Roig de Leuchsenring, Teresa de la Parra, José Vasconcelos y muchos otros. Además hay poesía, ensayos y artículos sobre literatura, fragmentos de novelas, historia, política, partituras de danzones, boleros y música popular de la época, reportajes, medicina, salud, moda y las actividades sociales que se llevaban a cabo en La Habana de 1916, cuando se creó la revista, hasta 1938, cuando cerró.

Carteles (1919-1960) y Bohemia (fundada en 1911) eran de corte más popular, Bohemia más política que Carteles, y esta menos literaria que Social, pero ambas sorprenden cuando se hojean por la variedad de información que poseen. Las portadas de Carteles, en su mayoría creadas por el pintor Andrés García, se pueden considerar, como las de Social, ejemplos de los mejores diseños gráficos de la época. Las dos, Carteles y Bohemia, contaban también con la colaboración de los mejores escritores y periodistas de Cuba, y ambas estaban al día en los acontecimientos científicos, culturales, políticos y sociales, sin dejar de incluir --algo de que carece la mayoría de las publicaciones actuales-- páginas de eventos históricos y cortas biografías de personajes famosos. Hasta tenían cuentos policíacos.

Pero la biblioteca no sólo cuenta con estas revistas. El tesoro es mucho más rico. Allí están completas o casi completas las colecciones de las literarias y culturales tales como Ciclón, Orígenes, Espuela de Plata, la Revista de la Biblioteca Nacional de Cuba, la Revista de Avance, Cuadernos del Folklor Cubano, la Revista Cubana, la Revista de la Universidad de La Habana, Signos, de la Universidad de Marta Abréu de Las Villas, y los periódicos Diario de La Marina, El Mundo, El Havana Post --diario que se publicaba en inglés-- y Hoy, del Partido Socialista Popular (comunista).

Cuando llegó la revolución en 1959, se intervino la prensa y muchas de las revistas y periódicos sencillamente dejaron de existir. Otros se crearían a partir de esa fecha. Después de la euforia fugaz de los primeros tiempos, cuando se inició el periódico Revolución, por ejemplo, dirigido por Carlos Franqui, de cortísima duración, se impuso la censura absoluta.

Después de la Crisis de Octubre en 1962, cuando Estados Unidos dio inicio al embargo comercial contra Cuba que impide las importaciones de la isla, la biblioteca --como toda persona o entidad del país-- tenía prohibido traer libros o cualquier publicación de la isla, hasta hace dos años, cuando se levantó el embargo para material impreso y cultural. "Rosa Abella fue el puntal. Fue ella quien hizo que la universidad pidiera un permiso especial al Departamento del Tesoro de Estados Unidos para poder adquirir libros y publicaciones de Cuba". Gracias a Abella, desde la década del 60 la biblioteca está suscrita a casi todas las publicaciones que circulan en Cuba actualmente, como Casa de las Américas, Unión, Verde Olivo, El Caimán Barbudo, Revolución y Cultura, Cuba Internacional, Bohemia y el periódico Granma, órgano oficial del Partido Comunista.

Abella empezó a trabajar en la biblioteca en 1962 y se retiró de su cargo de jefa del Departamento de Adquisiciones el año pasado.

"Cuando ella entró aquí le dio mucho énfasis a todo lo cubano. Ya existían buenas cosas, pero ella lo hizo crecer", afirma Ana Rosa Núñez, bibliotecaria del Departamento de Referencia. "La labor que se ha hecho aquí es increíble, no sólo por la cantidad de material que se ha recogido y adquirido, sino por el uso que se hace de él", dice Núñez.

Núñez es la persona clave que vienen a ver estudiantes y profesores que preparan tesis de grado que tengan algo que ver con la cultura cubana. "Aquí viene gente de todas partes, hasta de Francia y Bélgica para realizar investigaciones sobre Cuba y los cubanos. Y es que gran parte de la historia cubana esta sólo en el exilio. La historia de Cuba se hace allá en la isla y se hace aquí. Casi todos los grandes escritores cubanos han escrito y publicado en el destierro, no sólo ahora, en el siglo XIX. Si todo eso no se hubiera conservado, se habría perdido gran parte de nuestra historia y cultura", afirma Núñez. "Creo que es mi obligación ayudar a mantener nuestro acervo cultural".

Ana Rosa Núñez y Lesbia Varona están preparando una antología de narraciones seriadas que aparecieron en la revista Social de 1926 con el nombre de "Fantoches". El libro, que ya han titulado Los fantoches del 26, tendrá un prólogo escrito por ellas y una explicación de quien era cada escritor.

"Que no se pierda esta etapa", dice Esperanza Varona, subdirectora del Departamento de Archivos y Colecciones Especiales y directora de los Archivos Cubanos. Esperanza Varona trabaja en la biblioteca desde 1967, y desde 1980 ocupa su posición actual.

En los Archivos Cubanos se ha preservado todo el material efímero: fotos, cartas, invitaciones, programas, panfletos y una colección de más de 700 pósteres cubanos, hechos en la isla y aquí. También cuentan los archivos con libros antiguos cubanos y publicaciones periódicas de siglos pasados, como La Gaceta de La Habana, La Gaceta Oficial de la República de Cuba, Juan Palomo y El Curioso Americano, entre otros. Una carta original de Martí y el libro Iconografía de Martí se pueden considerar entre las joyas archivadas.

"Mi trabajo me encanta", dice Esperanza Varona. "Siento que estoy poniendo un granito de arena en la causa de Cuba. Nosotros contribuimos con nuestra labor a que la historia de Cuba no se pierda".

"Es muy importante que las personas se den cuenta del valor de lo que poseen. Muchos piensan que lo que tienen no es valioso, y sí lo es", explica Lesbia Varona. "Cuanta gente no se muere y deja colecciones enteras de revistas, libros tarjetas postales,  importantísimas cartas históricas. Y después vienen los hijos y lo botan, porque no saben. Pero es muy importante para la biblioteca, para guardar ese material y ponerlo al alcance de todos. Si no tenemos esa visión de futuro, de preservar la cultura cubana en el exilio, ¿cómo se va a escribir nuestra historia de aquí a 30 ó 40 años? Aquí están las fuentes primarias, necesitamos conservarlas", señala Lesbia Varona.

La "historia oficial" de Cuba que divulga el gobierno en el poder desde hace 31 años, no es la historia real. Todo lo impreso, que contrario a las palabras no se lo lleva el viento, es vital para reconstruir esa historia escindida y preservar la cultura cubana del exilio. En ningún lugar será más valorado que en la Biblioteca Otro G. Richter de la Universidad de Miami.

Junio 27, 1990

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