Espiritualidad, carisma e ideal misionero de las Carmelitas Descalzas de La Habana

Carmelitas Descalzas
Monasterio de Santa Teresa y San José
Calle 13 No. 1251, Entre 20 y 22
Vedado
10400 La Habana, Cuba
Teléfono: (537) 8321951

 

Carmelitas Descalzas Monasterio de Santa Teresa y San José Calle 13 No. 1251, Entre 20 y 22 Vedado 10400 La Habana, Cuba Teléfono: (537) 8321951

Carmelitas Descalzas
Monasterio de Santa Teresa y San José
Calle 13 No. 1251, Entre 20 y 22
Vedado
10400 La Habana, Cuba
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“En soledad vivía,
Y en soledad ha puesto ya su nido
Y en soledad la guía a solas su querido,
También en soledad de amor herido”
(San Juan de la Cruz).

 

Espiritualidad
Santa Teresa y san Juan de la Cruz nos dejaron una riqueza exquisita en la espiritualidad del Carmelo Teresiano- Sanjuanista que se compone de los siguientes puntos:

Comunión íntima con Dios
Es tratar en un diálogo continuo con el Amado, en lo profundo del corazón, tanto en los momentos de oración como en los momentos de trabajo y santa Teresa nos dice:”los ojos en vuestro Esposo”.

Finalidad eclesial y apostólica
El espíritu contemplativo, eclesial y apostólico de Teresa de Jesús, sus ansias misioneras, son la herencia que nos ha dejado a sus hijas e hijos del Carmelo Descalzo, su amor a la Santa Madre Iglesia que refleja a lo largo de sus escritos y esa sed insaciable de almas, incluso al final de su vida nos dice:” al fin Señor, muero hija de la Iglesia”.

Esta finalidad eclesial y apostólica se traduce como “ser Iglesia”,”sentir con la Iglesia” y servirla con la oración y la vida en una intercesión ardiente y en una irradiación silenciosa con el testimonio de una vida comprometida.

Teresa misma ve sus “palomarcitos” (conventos) como “castillos de buenos cristianos”, también como; “el pequeño colegio de Cristo” y añade: “encerradas peleamos por El”.
Intimidad con la Virgen María
El Carmelo es todo de María.

Su presencia invade toda la vocación Carmelitana, y confiere una impronta mariana particular a la contemplación y a la comunión fraterna, la abnegación evangélica y al espíritu apostólico.

Santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz, han propuesto a María como Madre y Patrona de la Orden.

María es la hermana en el camino del Carmelo, el perfecto modelo de la Carmelita. Ella medita la Palabra, que guarda en su corazón; ella es la educadora en la vida teologal.

Las que viven en su intimidad sabrán atravesar las noches oscuras y las pruebas con más suavidad y paz.

Y en nuestra Regla dice: cada hermana acoja a María como Madre espiritual para ser configurada a Cristo y llegar así a la cumbre de la santidad.
Celo  misionero
La santa Madre Teresa sintió un gran celo por las almas, y nos invita a “ser tales” que valgan nuestras oraciones para ayudar a estos siervos de Dios, los sacerdotes, predicadores y teólogos que estando en el mundo andan en medio de mil ocasiones,” para esto nos juntó el Señor, éste es vuestro llamamiento; aquí vuestras lágrimas, aquí vuestras peticiones”.

San Juan de la Cruz nos dice: “Es más precioso delante de Dios y del alma un poquito de este puro amor y más provecho hace a la Iglesia, aunque parece que no hace nada, que esas obras juntas”.

Con la noticia que llega a santa Teresa de los indios de América y su evangelización, aumenta el amor de Teresa por las almas adquiriendo una dimensión universal y misionera. Y añade: “Parecíame que mil vidas perdiera yo para remedio de un alma de las que allí se perdían…”

“…Su apostolado, será, en verdad, desconocido, oculto.
Tal vez experimente la sensación de trabajar en vano.
La Carmelita ora y sufre calladamente; se sacrifica y nada ve.
La fe la guía y la sostiene; pero en el cielo prorrumpirá en gritos de alegría y
Gratitud a Dios, al contemplar la cantidad de almas, de sacerdotes, sobre todo
A quien habrá ayudado a salvarse”.
( D.Columba Marmión)

Soledad y silencio
La soledad y el silencio en el Carmelo son fecundos e indispensables para la oración y unión con Dios.

San Juan de la Cruz el cantor de la soledad dice: “el alma contemplativa… ha de de ser amiga de la soledad y el silencio” y sor Isabel: “El alma necesita silencio para adorar” y también hay una frase pequeña pero llena de significado: “ De la roca aprendo el silencio y en el silencio me encuentro con Dios”.

El silencio y la soledad no repliegan ni aíslan en sí misma a la persona, ¡al contrario! , éstos dos avivan la llama de amor viva de Dios y al prójimo.

Las Monjas Descalzas de la Orden de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo forman parte de una familia religiosa, enriquecida con un carisma propio, para desempeñar una misión peculiar en el Cuerpo místico de Cristo.

Los orígenes de la Orden, el título de la “Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo”, y las antiguas tradiciones espirituales demuestran la índole mariana y bíblica de la vocación carmelitana.

Al elegir a la Virgen María por Madre y Patrona, la Orden se ampara bajo su protección; y ve, en el misterio de su vida y de su unión con Cristo, un modelo e ideal de consagración.

Mirando a los venerables Padres antiguos, especialmente al profeta Elías, como a su inspirador, la Orden toma una conciencia más viva de su vocación contemplativa, orientada por completo a la escucha de la Palabra de Dios y a la búsqueda del tesoro más valioso, la perla preciosa de su reino, en completa soledad y total separación del mundo.

El origen de la familia teresiana en el Carmelo y el sentido de su vocación en la Iglesia están estrechamente vinculados al proceso de la vida espiritual y al carisma de santa Teresa; sobre toda a las gracias místicas que la impulsaron a renovar el Carmelo, orientándolo por completo a la oración y a la contemplación de las cosas divinas, viviendo los consejos evangélicos según la Regla “primitiva”, en una pequeña comunidad fraterna, fundada en soledad, oración y estricta pobreza.

Quiso que todo estuviera imbuído de un estilo peculiar de vida: presentó la ascesis y la mortificación en función de una vida teologal más intensa, al servicio de la Iglesia ; propuso un espíritu de generosidad en la observancia y de cordialidad en la vida fraterna , para hacer alegre la convivencia , cual familia de Dios; promovió la dignidad de la persona humana, la amistad entre las hermanas y la comunión entre los diversos monasterios.

Al realizar la santa Madre su proyecto, la divina Providencia le dio a San Juan de la Cruz por compañero, comunicándole el mismo espíritu. El Santo, a su vez, reconoció en ella a la Madre del Carmelo renovado, atribuyéndole el carisma que Dios otorga a los fundadores.

Ambos “echaron en cierto modo los cimientos de la Orden”. Sus escritos contienen y trasmiten su doctrina y su experiencia; sobre todo, los relacionados con la más íntima comunión con Dios y con los caminos que a ella conducen, fueron, además de dones personales, gracias concedidas a la Orden, que forman parte del carisma que toda Carmelita Descalza debe vivir.

Otro punto es la lectura espiritual que es el alimento del alma, como el alimento para el cuerpo.

Y santa Teresa dice a sus hijas: “el estilo que pretendemos llevar, es no sólo ser monjas, sino ermitañas”.

La celda para la Carmelita es como su centro, allí ora, trabaja, descansa y medita día y noche la ley del Señor como nos manda nuestra Regla. Si el bien común la llama para trabajar comunitariamente, lleva consigo el recogimiento interior y presencia de Dios.

Por eso para la Carmelita la soledad es un gozo para gustar ese encuentro con su Dios que lleva dentro de sí.

Ideal Eclesiastico Apostólico
La santa Madre Santa Teresa de Jesús, impulsada por el celo de la gloria de Dios, fue progresivamente guiada por Cristo hacia la comprensión y la vivencia de la Iglesia de su tiempo, empeñada en los trabajos de la Reforma, herida por el desgarro de la unidad, y apremiada por la evangelización de nuevas tierras. Queriendo ayudar a su Señor y contribuir al bien de las almas, la santa Madre expresó, con indudable originalidad carismática, el valor de la santidad evangélica y de la oración para la edificación y el crecimiento del Cuerpo de Cristo. Así fundó el monasterio de San José, para vivir juntamente con sus hijas un fuerte compromiso de perfección cristiana, y para ser tales, que alcanzaran de Dios cuanto pidieran en su ardiente intercesión por su Iglesia.

La santa Madre transmitió a sus hijas su propio espíritu apostólico, deseando que se aficionaran al bien de las almas y al aumento de la Iglesia, signo evidente de la verdadera perfección. Por eso, les encomendó el servicio eclesial de la oración y de la inmolación, como finalidad de la vocación con que el Señor mismo las había reunido en el Carmelo

La vocación de las Carmelitas Descalzas es esencialmente eclesial y apostólico. El apostolado al que santa Teresa de Jesús quiso que se dedicaran sus hijas, es puramente contemplativo, y consiste en la oración y la inmolación con la Iglesia y por la Iglesia, excluyendo toda forma de apostolado activo.

Unidas a la intercesión y al sacrificio de Cristo, ofreciéndose todas juntas a Dios, completan lo que falta a los sufrimientos del Señor. En favor de su Cuerpo místico. De este modo, se abren a la acción del Espíritu Santo, que guía y vivifica a la Iglesia y tienden a alcanzar ese puro y solitario amor, que es más precioso delante de Dios y de más provecho para la Iglesia que otras obras juntas.

Iluminados por el testimonio de Santa Teresa del Niño Jesús, Patrona de las misiones, todos los Carmelos procurarán fomentar el ideal misionero, que debe animar su vida contemplativa. En especial, rezarán por los heraldos del evangelio y el aumento de las vocaciones, por la unidad de los cristianos y la evangelización de los pueblos, a fin de que todos se abran al mensaje de Cristo.

Conservando fielmente el espíritu contemplativo y las exigencias de la vida comunitaria, y salvando las normas de la clausura, los monasterios podrán ofrecer a quienes lo solicitaren, espacios y ayuda para orar, para propiciar así la búsqueda de Dios y la profundización de la fe en la soledad, mediante la meditación y la participación en las celebraciones litúrgicas, excluyendo, sin embargo, toda forma de apostolado activo.

De esa forma, abrazando en Cristo los cielos y la tierra, y solidarias con la misión universal de la Iglesia, las religiosas presentan al Padre en la oración los gozos y esperanzas, las tristezas y angustias de la humanidad presente, especialmente de los pobres y de los que sufren.

Los institutos totalmente dedicados a la vida contemplativa, en la soledad de la clausura, ocupan un puesto preeminente en el Cuerpo místico de Cristo, ofrecen a Dios un excelente sacrificio de alabanza, enriquecen al pueblo de Dios con frutos espléndidos de santidad, lo arrastran con su ejemplo, y lo dilatan con una misteriosa fecundidad apostólica.

http://www.carmelitasdescalzascuba.org/carisma.html

Portal Carmelitano

 

 

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