Miércoles 19 de enero de 2011
Las Damas de Blanco: Bravas discípulas de Martin Luther King, Jr.
Dora Amador
Gracias a Roberto Guerra, de HablemosPres, contamos con este testimonio que le voy a llamar como se llama: certeza cristiana enraizada en la fe que no se detiene aunque todo conspira para asustarlas, acorralarlas. Son las Damas de Blanco rindiéndole tributo a Martin Luther King, Jr. el domingo 16. Guerra las filma ante el monumento de King, donde ellas depositan sus gladiolos y lanzan vivas a los derechos humanos y la libertad. Y después las sigue en su marcha silenciosa y ordenada por las calles de La Habana, hasta que la policía ataca a los periodistas independientes, impidiéndoles filmar lo que sigue: los actos de repudio, los gritos e insultos intimidatorios que las aguardan en varios lugares de su trayectoria, hasta que finalmente, el camarógrafo logra zafarse de la vigilancia y manotazos de los perros castristas y filma la agresión de la turba cuando las Damas de Blanco llegan a la casa de Pollán, donde siempre terminan la marcha. Les recomiendo encarecidamente que vean todo el vídeo, el final muestra lo que vimos ya en aquella histórica semana de marzo de 2010, cuando en la celebración del 7mo. aniversario de la Primavera Negra, fueron golpeadas y arrastradas por las calles de La Habana. ¿Se acerca otro momento como aquel? El régimen quiere detenerlas y no lo logra. Ni lo va a lograr hasta que libere a los presos políticos. Y si los pone en libertad, muy bien sabe ese gobierno totalitario cuyo muro de censura se agrieta por todas partes, que ellos seguirán probablemente con mayor fuerza moral luchando por la libertad de Cuba, pacífica, cristianamente, porque todos lo son. Y eso no sabe cómo combatirlo el régimen, preparado para la guerra, no la paz y el amor de los discípulos de Cristo. Léanse si quiere los escritos de Oscar Elías Biscet, José Daniel Ferrer García, Diosdado González y los otros. No hay odio ni llamado a la revancha, hay convocatoria al perdón y la reconciliación.
Es una de las más bravas demostraciones que han realizado estas mujeres, cuando sus familiares están todavía en las cárceles – los 11 se niegan a abandonar Cuba y por eso permanecen presos, el resto de los 75 fue desterrado a España–, y confirman con cada paso y cada gesto y cada palabra que no se dejan amedrentar y exigen, como las oirán en el vídeo, libertad para Cuba.
No podemos, no debemos olvidar que Martin Luther King, Jr., fue un pastor bautista, con un doctorado en teología, un orador evangélico como pocos no ya en Estados Unidos, sino en el mundo. La grandeza de este hombre es difícil de describir, de abarcar en palabras. Yo lo comparo a San Pablo, un Pablo de Tarso del siglo XX, otro mártir cuya fe no supo de miedos, todo lo contrario, cumplió su misión emancipadora –es Jesús el verdadero liberador– y profética sabiendo el peligro que eso conlleva. Quien lo escucha y lo lee no puede olvidar, si es alguien de buena voluntad, lo que hay en el corazón de este hombre que transformó para bien a Estados Unidos. Es subversivo en Cuba, decididamente. Su Carta desde la cárcel de Birmingham o su discurso ante el monumento a Lincoln,Tengo un sueño, inspiran a toda alma noble a admirar profundamente a King, a quererlo, a querer conocer más sobre su vida y su inmortal obra. Desde hace muchos años escribo sobre uno de mis maestros cristianos, Martin Luther King, Jr. Y es razón de dicha que muchos activistas cubanos de derechos humanos se inspiren en King, sigan sus pasos y enseñanzas sobre la no violencia.
Agradezco el encuentro de este vídeo a Zoe Valdés (quien no necesita presentación), que a su vez se lo agradece a Reinerio Ramírez Pereira.
Las Damas de Blanco marchan frente a la Universidad de La Habana donde las aguardaban un grupo de agentes castrsitas que les gritaron amenazas e insultos.
Foto: Domingo 16 de enero, Roberto Guerra, HablemosPress
Déjame fundir mi historia en tu Corazón con toda su carga de deblidad, y entregar a tu misericordia lo que tu
amor dejó atrás.
Déjame fundir mis ojos en tu Corazón hasta mirar
reconciliada mi propia
realidad.
Déjame fundir mis oídos en tu Corazón hasta escuchar lo que jamás imaginaron que podías y querías pronunciar:
"Yo te perdono; quédate en paz".
Déjame fundir mi boca en tu Corazón hasta aprender en el silencio a decir: "abba".
Déjame fundir mi rostro en tu Corazón hasta encontrar hecha niña el asombro, con que un día me acercaba hasta tu altar.
Y si ves que a las puertas de fundirme, mi miedo me detiene y te dice" "¡Basta ya!", que tu mano en mi cabeza, me responda:
"Tan solo déjate amar".