"Este es mi sitio, mi jardín de recreo; para mí y para todos aquí es mi intimidad
toda mía, y sin embargo abierta a todo observador".

     Gerard Manley Hopkins


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2010

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Peregrinación de la Virgen de la Caridad por todo el territorio nacional

 

 

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Casa de Oración Nuestra Señora del Monte Carmelo
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Curia Jesuita en Roma

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Chiara Lubich
Movimiento de los Focolares

 

 

 

 

 

 

 

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Centro Mundial de
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Damas de Blanco

 

 

 

 

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San Francisco

 

Éxtasis de Santa
Teresa de Jesús

Universidad de la Mística

“Para vos nací”
Preparando el V Centenario de Santa Teresa de Jesús

 

 

 

 

 

 

 

Carmelitas Descalzos

 

 

Beneditcto

Deus Caritas Est
Dios es Amor

Caritas in Veritate
Sobre el desarrollo humano integral en la caridad y en la verdad

 

cartaaloscartistas

Juan Pablo II:
Carta a los Artistas

 

 

 

 

 

 

 



Museo del comunismo

 

La guerra contra la religión llevada a cabo por el comunismo

 

 

 

 

 

 

 

Open Doors
Al servicio de los cristianos perseguidos en todo el mundo

 

 

 

La voz de los mártires
Una perspectiva global de la persecución de los cristianos

 

 

 

 

 


Catecismo
de la Iglesia Católica

 

 

Nuevas imágenes de la
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La dignidad del anciano
y su lugar en la
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Carta del Su Santidad
Juan Pablo II a los ancianos

 

 

Aspectos éticos en
la asistencia a un moribundo


 

Roma Reporta

 


Custodia Franciscana
en Tierra Santa

 

 

 

 

 

Primeros Cristianos

 

 

 

 

Extensión Contemplativa

 

 

Tributo a Karol Wojtyla

 

 


 



Oración contemplativa

 

 

Thomas Merton
Semillas de contemplación

 

 

Fragmentos de vida evangélica

Creer de corazón y de palabra.
Creer con la cabeza y con las manos.
Negar que el dolor tenga la última palabra.
Arriesgarme a pensar
que no estamos definitivamente solos.
Saltar al vacío
en vida, de por vida,
y afrontar cada jornada
como si tú estuvieras.
Avanzar a través de la duda.
Atesorar, sin mérito ni garantía,
alguna certidumbre frágil.
Sonreír en la hora sombría
con la risa más lúcida que imaginarme pueda.

Porque el Amor habla a su modo,
bendiciendo a los malditos,
acariciando intocables
y desclavando de las cruces
a los bienaventurados

 

 

Tú mi refugio

EiEn ti, Señor, me cobijo,
no quede nunca defraudado.
Líbrame, conforme a tu justicia,
atiéndeme, date prisa.
Sé tú la roca de mi refugio,
fortaleza donde me salve
porque tú eres mi roca y mi fortaleza
por tu nombre me guías y me diriges.
Enséñame a caminar por tus sendas
en tus manos pongo mi vida
y me libras, Señor, Dios fiel.

Tú me libras en las tormentas,
me defiendes en la lucha,
me orientas en las sombras,
me conduces en la vida.
Cuando estoy en apuros
y la pena debilita mis ojos,
mi garganta y mis entrañas…
cuando pierdo las fuerzas
en ti confío, Señor:
me digo: “tú eres mi Dios”.

 

 

Salmo a la búsqueda de Dios
Señor, Señor, ¿por qué te escondes de mí de esa manera?
Te llamo con todas mis ansias
Te busco en todas direcciones
Grito desesperadamente
hacia Ti
Me ofrezco a Ti por entero...
¿Qué más quieres?
¿Acaso vas a negarte indefinidamente a escucharme?

Hijo mío, deja de agitarte de ese modo.
¿Cuándo vas a comprender
que no eres tú quien me busca,
sino Yo quien te llamo desde siempre;
que no eres tú quien me ora,
sino Yo quien intenta sin descanso hacerme oír por ti;
que no eres tú quien me desea,
sino Yo quien aspira a ti infatigablemente;
que no eres tú quien me llama,
sino Yo quien, día y noche, llama a tu puerta?

Tus oraciones y tus súplicas
no son sino respuesta a las que yo te dirijo.
Y es que el hambre que tienes tú de Mí
jamás podrá compararse
al hambre que Yo tengo de ti.
La sed que tienes tú de
Mi agua
no se aplacará jamás
si no aprendes, en el silencio
a venir a beber de Mi fuente

sin desear ninguna otra..

Tarde te he amado

Tarde te he amado, Belleza siempre antigua
y siempre nueva.
Tarde te he amado.
Y, he aquí que tú estabas dentro y yo fuera.
Y te buscaba fuera. Desorientada, iba corriendo
tras esas formas de belleza que tú habías creado.
Tú estabas conmigo, y yo no estaba contigo
cuando esas cosas me retenían lejos de ti, cosas cuyo único ser era estar en ti.

Me llamaste, me gritaste
e irrumpiste
a través de mi sordera. Brillaste, resplandeciste y acabaste con mi ceguera.
Te hiciste todo fragancia, y yo aspiré y suspiré por ti. Te saboreé, y ahora tengo hambre y sed de ti.
Me tocaste,
y ahora deseo tu abrazo ardientemente.

                     San Agustín

Martes

Sabia pobreza,
Pobre sabiduría.
Quien nada es ni quiere, busca, tiene o precisa
A ese ha escogido ya la sabiduría.

Daniel Czepko von Reigersfeld. Das Vierdte Hundert
El Lazareto

 

"La raíz del amor cristiano no
es la voluntad de amar sino la fe en que se es amado".
Thomas Merton

 

"La fe es indispensable para comprender cualquier discurso religioso; invita a quien lo escucha a sobrepasar el mundo fenoménico de una manera que difiere esencialmente de las exigencias de la poesía, el lenguaje científico, el discurso filosófico o el lenguaje ordinario y funcional que empleamos en la vida cotidiana".

Joseph Bochenski.
The Logic of Religion
El Lazareto

Miércoles 20 de octubre de 2010

Cómo te quiero, Madre Iglesia
Dora Amador

 

 








Hay que haber estado sentada, compartiendo las palabras y el pan de la comida con cristianos –algunos de ellos palestinos– en Nazaret, o caminado a solas por las calles de la Autoridad Palestina, perdida porque se me fue el autobús de peregrinos católicos de Miami, y ahora qué hacer cuando aparece un taxista y me explica que él sabe dónde están los que salieron del Lugar Santo, y se ofrece a llevarme en su auto, al cual monto y a toda velocidad vamos por carreteras desiertas y empinadas llenas de árboles a un lado y a otro, yo no sé adónde, los dos nerviosos: él musulmán, yo cristiana, pidiéndome que confiara en él. ¿Que más voy a confiar si me monté al carro con él al timón? Es mucha la tensión y la carga de imágenes de bombas estallando en noticieros en Tierra Santa, donde estoy y es lo que voy recordando cuando de pronto llegamos al restaurante donde están mis fraternos acompañantes cristianos que no pudieron esperarme o sencillamente me olvidaron cuando arrancaron. Buena experiencia, venceré la fascinación y no me demoraré más de la cuenta entre las piedras que me hablan o los templos que me piden que no me me vaya. Le doy al palestino $40 y me agarra las manos y me las besa dándome gracias por sus hijos.

Hay que haber compartido los días con un judío religioso
–la mayoría de los judíos en Israel no tiene religión ni fe, me parece que ellos creen sólo en los judíos– conversando en el camino mientras nos conduce a los Santos Lugares del cristianismo, y se sienta aparte o pasea cerca mientras el guía católico lee los relatos bíblicos que narran lo que pasó, lo que se dijo, lo que se vivió en este lugar hace 2000 años, aquí donde nosotros estamos ahora mismo. Aquí, donde Cristo entró en la historia: espacio y tiempo sagrados al que penetramos ahora, y se rasgó para siempre el velo, nada nos separa de su amor ni de lo sagrado, estamos ya, ahora, aquí en la eternidad.

Hay que haber entrado al Museo del Holocausto.

Hay que haber rezado con lágrimas en los ojos, como las tuve yo, frente a una mezquita, con un papel en la mano que pones entre las rendijas del Muro del Templo de Jerusalén, o sentada un atardecer, en silencio y a solas, en un banco en el Monte de los Olivos, de rodillas en el Santo Sepulcro.

Cristianas palestinas encienden velas en la Basílica de la Natividad, en Belén



Hay que estar como estoy hoy, 20 de octubre de 2010, recordando todo aquello que viví en Tierra Santa, que no cabe ahora en este espacio, porque dos veces fui, y más quisiera ir e iré si Dios así lo quiere. Hoy, cuando llevo semanas leyendo a diario Haaretz.Com, The Jerusalem Post, buscando la noticia de que por fin Israel detendrá los asentamientos y proseguirán las conversaciones de paz.

Asentamiento judío en territorio palestino

Hay que estar convencida de que nosotros, judíos, musulmanes y cristianos hijos e hijas de Abrahmám, rezamos a un mismo Dios. El Altísimo, al que invocamos para que haya paz en el Medio Oriente. Que dentro de poco en esa tierra prometida haya dos estados: uno, Israel, el otro, Palestina, viviendo en paz.

Pero no he dicho lo más importante: hay que haber seguido día a día los testimonios, las ponencias del Sínodo de Obispos para el Oriente Medio para enterarnos de quiénes son, qué hacen, qué necesidad tienen de solidaridad los cristianos en esas tierras cuna del cristianismo. ¿Sabíamos de todos estos mártires? De uno o dos, pero no así. Y cuando la información llega, como hoy, a boca de jarro, dolorosa, estremecedora de un testimonio como el de Monseñor Krikor-Okosdinos Coussa, obispo de Alejandría de los Armenios (Egipto), que considera que "el arma del cristianismo es la caridad" en medio de la violencia que con demasiada frecuencia ensangrienta Oriente Medio. Y después te llega este vídeo "Cómo la gente de Jerusalén ve el Sínodo", ya. Sientes que no puedes más, porque es muy grande la pena. Pero después de pasada la emoción paralizante, sientes que algo arde dentro de ti, y es el amor de Jesús que está dentro de ti como lo estuvo dentro de cada uno de esos hombres y mujeres que han dado y siguen dando su vida en el Medio Oriente. Por eso divulgo aquí lo que pasa allá. Y cumplo de una manera eficaz, el gemido de Pablo: "¡Ay de mí si no evangelizo!"

Cómo te quiero Santa Madre Iglesia.

Estos son algunos de los mártires cristianos que han muerto en los últimos años en el Oriente Medio:

Padre Andrea Santoro, asesinado en Trabzon, Turquía, el 5 de febrero de 2006, cuando estaba rezando en su parroquia de Santa María. La  organización terrorista turka Ergenekon, ha sido vinculada a este homicidio por los servicios secretos de Estambul. Aunque un joven muslmán fue condenado a 18 años de presidio por el homicidio, Ergenekon sigue impune sembrando el terror en Turquía, sobre todo entre cristianos.
El sacerdote católico Andrea Santoro, creía firmemente en estas palabras que repetía a menudo:
"Hay que estar presentes como cristianos en este mundo del Medio Oriente, como la sal del caldo, como la levadura de la masa, como la lámpara en el cuarto, como la ventana entre las barreras,como el puente entre los bandos opuestos, como un ofrecimiento de reconciliación".

 

Mons. Pierre Claverie, fraile dominico radicado en Orán, Argelia, fue asesinado el 1 de agosto de 1996 por el Frente Islámico de Salvación. El suicida yihadista Mohamed Bouchikhi hizo estallar la bomba en la entrada de la casa del sacerdote. Bouchikh murió con él. Según reportes de prensa, la mezcla de la sangre de ambos fue vista por muchos como un símbolo del deseo de Pierre Claverie de encontrar un hogar en el corazón del pueblo argelino y participar en sus sufrimientos.

 

 

 

 

 

 

El presidente de la Conferencia Episcopal turca, Luigi Padovese, fue apuñalado en el jardín de su casa por su chofer, Murat Altun, quien gritaba mientras lo apuñalaba "¡Allahu Akbar!"
Padovese, religioso franciscano capuchino, era el vicario apostólico de la Iglesia Católica en Anatolia, un cargo creado hace diez años y que cubre casi la mitad del territorio de Turquía, desde el Mar Negro al Mediterráneo.

 

Los mártires de Tibhirine
Umbrales

Hace 10 años en Argelia eran brutalmente asesinados siete monjes trapenses del monasterio de Nuestra Señora del Atlas en Tibhirine; eran franceses y se dedicaban a la oración y al trabajo en los campos. Se habían rehusado a colaborar con los guerrilleros islamistas a los que llamaban "los hermanos de la montaña" y habían organizado en la zona un grupo de oración y diálogo entre cristianos y musulmanes, apodado "Vínculo de paz".

Cuando los grupos extremistas de la guerrilla exigieron que todos los extranjeros salieran del país, ellos se negaron por fidelidad a la gente del lugar, que los apreciaba y los quería. La casi totalidad de las misioneras y misioneros extranjeros presentes en Argelia hicieron lo mismo. Los monjes de Tibhirine fueron los chivos expiatorios. El más joven de los monjes tenía 45 años y el más anciano 82; fueron secuestrados el 27 de marzo de 1996. Exactamente dos meses después del secuestro, se supo la terrible noticia: los monjes del Atlas habían sido decapitados el 30 de mayo por los guerrilleros fundamentalistas.

Nueve días después fueron hallados sus cuerpos y por la insistencia del abad general trapense, el argentino dom Bernardo Olivera, fueron sepultados en el pequeño cementerio del monasterio, ahora sin monjes. Fue para respetar la voluntad de los mártires porque ellos habían querido quedarse para siempre en esa tierra. Con ellos también fue sepultado el famoso card. León Duval de Argel que murió en esos mismos días a los 92 años. Había dicho antes de morir: "He sido crucificado yo también con estos mis hermanos". En Francia, por primera vez desde la muerte del Papa Juan XXIII, todos los templos católicos (alrededor de 40 mil) hicieron repicar las campanas al mismo tiempo como signo de luto. En la plaza de los Derechos Humanos en París se reunieron más de 10 mil personas, todos con una flor blanca en las manos. En la catedral de París el arzobispo Lustiger apagó siete grandes cirios, uno por cada monje.

Ellos, desde las montañas del Atlas, en el silencio y el servicio humilde a las poblaciones, habían optado por la no violencia y el diálogo con los hermanos musulmanes. El monasterio en estas últimas décadas se despojó de sus bienes donando casi toda su tierra al Estado, compartiendo su jardín con el pueblo vecino.

Fueron un ejemplo frente a lo que hoy es el dramático choque entre opuestos fundamentalismos sea del Islam como de occidente. El ejército les había ofrecido protección; no la quisieron. El nuncio, frente a las repetidas amenazas, les había ofrecido su casa en Túnez; optaron por quedarse. En su testamento espiritual, el prior Christian-Marie Chergé ya dos años antes había previsto el martirio y dejaba constancia de su respeto a la fe islámica, de su amor al pueblo argelino, de su perdón "al amigo del último momento que no habrá sabido lo que hacía" augurándose poder reencontrarlo un día cerca de Dios, "padre de ambos".

Al p.Christian-Marie, durante la guerra de liberación contra los franceses, le había salvado la vida un amigo argelino; ese amigo musulmán fue después asesinado en represalia por su solidaridad con el sacerdote. Este episodio marcó y orientó la vida del p. Christian-Marie y de su comunidad; decidieron ser "orantes en medio de un pueblo de orantes" y a favor de la paz para ese pueblo.

Efectivamente la gente sencilla de Tibhirine los acompañaba y el grupo "Vínculo de paz" (Ribat es-Salám) sigue todavía ahora. Diez años después de los sucesos, no ha desaparecido nada del monasterio: todo ha sido respetado. El testamento del anciano y simpático hermano Luc (82 años), médico del dispensario, simplemente era una cassette con una canción de Edith Piaf: "No, no añoro nada".

Son entrañables los últimos versos del padre Christophe: "Soy Suyo y sobre Sus pasos sigo mi camino hacia la Pascua.. La llama parpadea, la luz se debilita...Puedo morir. Aquí estoy".

El papa Juan Pablo II exigió el "nunca más" para estos horribles delitos y al mismo tiempo señaló emocionado "el testimonio de amor de estos hermanos para ese pueblo con el que ellos se habían hecho solidarios". Fue en nombre de ese pueblo dolorido y masivamente presente en los funerales de Tibhirine que se acercó para darle los pésames a dom Olivera un musulmán; y en nombre de todos simplemente le dijo: "También eran nuestros hermanos".

TESTAMENTO ESPIRITUAL

DEL P. CHRISTIAN-MARIE CHERGÉ

"Si un día me aconteciera -y podría ser hoy- ser víctima del terrorismo que actualmente parece querer alcanzar a todos los extranjeros que viven en Argelia, quisiera que mi comunidad, mi Iglesia, mi familia, recordaran que mi vida ha sido donada a Dios y a este país. Que aceptaran que el único Señor de todas las vidas no podría permanecer ajeno a esta muerte brutal. Que rezaran por mí: ¿cómo ser digno de semejante ofrenda? Que supieran asociar esta muerte a muchas otras, igualmente violentas, abandonadas a la indiferencia y el anonimato. Mi vida no vale más que otra. Tampoco vale menos. De todos modos, no tengo la inocencia de la infancia. He vivido lo suficiente como para saber que soy cómplice del mal que ¡desgraciadamente! parece prevalecer en el mundo y también del que podría golpearme a ciegas. Al llegar el momento, querría poder tener ese instante de lucidez que me permita pedir perdón a Dios y a mis hermanos en la humanidad, perdonando al mismo tiempo, de todo corazón, a quien me hubiere golpeado. No podría desear una muerte semejante. Me parece importante declararlo. En efecto, no veo cómo podría alegrarme del hecho de que este pueblo que amo fuera acusado indiscriminadamente de mi asesinato. Sería un precio demasiado alto para la que, quizá, sería llamada la gracia del martirio, que se debiera a un argelino, quienquiera que sea, sobre todo si dice que actúa por fidelidad a lo que supone que es el Islam. Sé de cuánto desprecio han podido ser tachados los argelinos en su conjunto y conozco también qué caricaturas del Islam promueve cierto islamismo. Es demasiado fácil poner en paz la conciencia identificando esta vía religiosa con los integralismos de sus extremismos. Argelia y el Islam, para mí, son otra cosa, son un cuerpo y un alma. Me parece haberlo proclamado bastante sobre la base de lo que he visto y aprendido por experiencia, volviendo a encontrar tan a menudo ese hilo conductor del Evangelio que aprendí sobre las rodillas de mi madre, mi primera Iglesia inicial, justamente en Argelia, y ya entonces, en el respeto de los creyentes musulmanes. Evidentemente, mi muerte parecerá darles razón a quienes me han tratado sin reflexionar como ingenuo o idealista. Pero estas personas deben saber que, por fin, quedará satisfecha la curiosidad que más me atormenta. Si Dios quiere podré, pues, sumergir mi mirada en la del Padre para contemplar junto con Él a sus hijos del Islam, así como Él los ve, iluminados todos por la gloria de Cristo, fruto de su Pasión, colmados por el don del Espíritu, cuyo gozo secreto será siempre el de establecer la comunión y restablecer la semejanza, jugando con las diferencias. De esta vida perdida, totalmente mía y totalmente de ellos, doy gracias a Dios porque parece haberla querido por entero para esta alegría, por encima de todo y a pesar de todo. En este "gracias", en el que ya está dicho todo de mi vida, los incluyo a ustedes, por supuesto, amigos de ayer y de hoy, y a ustedes, amigos de aquí, junto con mi madre y mi padre, mis hermanas y mis hermanos y a ellos, ¡céntuplo regalado como había sido prometido! Y a ti también, amigo del último instante, que no sabrás lo que estés haciendo, sí, porque también por ti quiero decir este gracias y este a-Dios en cuyo rostro te contemplo. Y que nos sea dado volvernos a encontrar, ladrones colmados de gozo, en el paraíso, si así le place a Dios, Padre nuestro, Padre de ambos. Amén. Inchalá".


 

 

 

 

 

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