Cuba

Diáspora

Tierra Santa

Espiritualidad

Ética cristiana

Celebraciones

Ecumenismo y
diálogo interreligioso

REGRESAR

 

Oración contemplativa

 

 

 


 

 

 

24 de enero de 2010

Adiós, A Dios

Dora Amador

 

 

Hace días decidí no escribir más para El Nuevo Herald. El pensamiento me ha estado rondando hace algún tiempo, pero sin dar el paso. Estoy cansada de escribir columnas de opinión, siento que he volcado mucho tiempo y energía en este trabajo, o vocación que amo todavía, pero que me causa ya más pena que satisfacción. Cierto que escribir en las páginas de Opiniones de este diario, baluarte de los cubanos exiliados por muchos años, es un privilegio grande. Le doy gracias a Dios por esta larga y fecunda etapa de mi vida.

Escribir una columna surge de la necesidad de dar a conocer una verdad sobre algún acontecimiento o idea, que sustentas con argumentos, fuentes veraces, pruebas convincentes; otras quieres denunciar una injusticia o seguir luchando por el bien común y tratas temas casi siempre recurrentes, que te tocan en lo más hondo, que te inspiran, que te impiden callar. A veces utilizas ese espacio privilegiado para abrir tu corazón y darle un poco de rienda suelta a lo que te oprime o te alegra y así compartes con los lectores un sentimiento, una emoción, una ilusión. Pero nada de eso, y es mucho, vale la pena. La principal razón de mi decisión es que vi mi vanagloria, mi presunción.

No quiero ni puedo, imposible, restarle importancia ni valor ni dignidad al oficio difícil y fascinante del o la columnista, incluso peligroso –en muchos sentidos– para el o la que se adentra en temas candentes, políticamente incorrectos. Ha sido mi caso la mayor parte de las veces. Principalmente en cuanto a Cuba y, por supuesto, Estados Unidos, dode vivo, de donde soy ciudadana.

Hay temas de crucial actualidad que me tientan a escribir columnas de opinión. En una versión previa de este mismo texto los expuse. Me di cuenta que había cedido a la tentación, aunque me limitara a mencionarlos, no a tratar los temas a fondo y dar mi opinión. ¿Por qué tuve que interrumpir el flujo de una explicación complicada, difícil de entender para m? Decirle adiós a un diario que me abrió sus puertas como editora de mesa en 1989, en el que fui a la vez reportera y después columnista por 20 años, jamás censurada aunque me adentrara en asuntos muy delicados, políticamente hablando, que sé causaron temor y vacilación a la dirección del departamento, e incluso la ira y el desprecio de Roberto Suárez, entonces editor del periódico, hoy editor emérito. Fue la única vez –estábamos a unas semans de las elecciones–, cuando Suárez se detuvo frente a mi escritorio y me miró, que temí ser desdepedida en el instante por dos columnas mías que habían salido ese mes: Bye, Bush (8 de octubre de 1992) y La avaricia infinita (15 de octubre de 1992). Pero Suárez no me botó del periódico ni impidió que siguiera escribiendo en Opiniones. El editor escribió una columna titulada Clinton: una receta inaguantable (18 de octubre de 1992), que cuando fue traducida al inglés ardió Troya. Los lectores angloparlantes, estadounidenses bombardearon a The Miami Herald y las cartas que se recibieron fueron una prueba sin presedentes de lo que dividía a ambos diarios. El Nuevo Herald le dedicó dos días a publicar a toda plana las cartas de cubanos apoyando a Suárez y la extrema derecha miamense; en inglés muchos, la mayoría se cuestionaba cómo el editor del Miami Herald podía expresarse así de un candidato a la presidencia y del Partido Demócrata. En esos años, cómo olvidarlo, que un cubano o una cubana expresara su afiliación demócrata y criticara a los republicanos era anatema, herejía: ser comunista.

He sido feliz en esta profesión y estoy convencida de que ayudé a abrir las puertas de la pluralidad de opiniones en muchos temas entonces intocables que toqué, porque ellos tocaban la esencia de mi ser, mis convicciones, mi respeto por el periodismo serio y honesto, de denuncia cuando era necesario. Pero han pasado los años y soy otra, en gran medida me he ido despojando de mi falso yo para ir descubriendo mi ser real interior:

“Este real ser interior tiene que ser sacado como una joya del fondo del mar, salvado de la confusión de la indistinción, de la inmersión en lo común, lo trivial, lo sórdido, lo evanescente. El libre hijo de Dios tiene que ser salvado del conformista esclavo de la fantasía, la pasión y el convencionalismo. El ser íntimo creador y misterioso tiene que ser librado del ego pródigo, hedonista y destructor que solo busca cubrirse con disfraces”.

"El camino es largo pero el primer paso es buscar momentos de silencio y soledad, desde una vida con una orientación espiritual adecuada:

“El yo interno es tan secreto como Dios. Todo lo que podemos hacer por medio de
alguna disciplina espiritual es producir en nuestro interior algo del silencio, de la
humildad, del desapego, de la pureza del corazón y de la indiferencia que se requieren para que el yo interno haga alguna tímida e impredecible manifestación de su Presencia”. (Nuestro yo interior y la experiencia del Dios Vivo. Que te conozca a Ti, que me conozca a mí misma).

La confusión de la indistinción: ¿En que se distingue la política nacional de 1992– y es en parte por eso también que cito las columnas publicadas en ese año sobre los partidos Republicano y Demócrata, el poder del lobby y la avaricia infinita de Wall Street en Nueva York, y K Street en Washington– y la que vivimos en 2010? En nada. Por eso, y por otras muchas cosas busco "desapego, indiferencia, silencio, pureza de corazón".

Hablé de vanagloria, que forma parte del falso yo. Sé que denunciar el mal es inherente al ser profético. Sé que anunciar el bien también. Me dejo llevar por lo que considero una llamada de Dios confirmada después de un proceso de discernimiento muy importante en mi vida espiritual.

Hoy, 24 de enero, la Iglesia celebra el día de San Francisco de Sales, patrono de los periodistas. Qué buen día para darle gracias a Dios por haber ejercido esa profesión por más de 30 años, y a la vez, haberme ido iniciando en otro tipo de creación, utilizando como medio lo que usaban los marineros en sus viajes: un cuaderno de navegación, o bitácora. Esta es su descripción:

"En la marina mercante, se conoce con el nombre de cuaderno de bitácora al libro en el que los marinos, en sus respectivas guardias, anotan el estado de la atmósfera, los vientos que reinan, los rumbos que se hacen, la fuerza de las máquinas con que se navega o aparejo largo en los de vela, la velocidad del buque y las distancias navegadas, observaciones astronómicas para la determinación de la situación del buque, así como cuantos acontecimientos de importancia ocurran durante la navegación.

"Antiguamente, cuando los buques carecían de puente de mando cubierto, era costumbre guardar este cuaderno en el interior de la bitácora –armario, junto al timón, donde está la brújula– para preservarlo de las inclemencias del tiempo, y de ahí su nombre. Del contenido del cuaderno de bitácora se sirve el capitán para rellenar el diario de navegación". (Wikipedia)

 

Es así que junto a mi brújula navego ahora en un viaje interior anotando aquí, en mi bitácora, los silbidos del viento:

"Había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, que era uno de los notables entre los judíos.

"Fue de noche a ver a Jesús y le dijo: «Maestro, sabemos que tú has venido de parte de Dios para enseñar, porque nadie puede realizar los signos que tú haces si Dios no está con él».

"Jesús le respondió: «Te aseguro que el que no nace de lo alto no puede ver el Reino de Dios.»

"Nicodemo le preguntó: «¿Cómo un hombre puede nacer cuando ya es viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el seno de su madre y volver a nacer?».

"Jesús le respondió: «Te aseguro que el que no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios.

"Lo que nace de la carne es carne, lo que nace de Espíritu es espíritu.

"No te extrañes de que te haya dicho: «Ustedes necesitan nacer de nuevo de lo alto».

"El viento sopla donde quiere: tú oyes su silbido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Lo mismo sucede con todo el que ha nacido del Espíritu». (Juan 3, 1-8)

Termino citando una de las frases de Merton que me iluminan siempre:

Our real journey in life is interior: it is a matter of growth, deepening, and of an ever greater surrender to the creative action of love and grace in our hearts.
— Thomas Merton

 

False Self and Original Nature: Reflections from Suzuki and Merton
John R. Mabry

 

La encendida memoria, aproximación a Thomas Merton
Fernando Beltrán Llavador