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Lunes 31 de mayo de 2010 La codicia de British Petroleum causó el mayor desastre ecológico
Los beneficios de la British Petroleum (BP) ascienden a miles de millones de dolares anuales, pero quieren más. Por eso, no hay otra razón, los directores ejecutivos (CEO) evitaron arreglar un problema que sabían que tenían en el fondo de la plataforma Deepwater Horizon en el Golfo de México. Arreglarlo les costaba sólo medio millón de dólares, una gota de agua en su inmenso océano de ganancias económicas. Las imágenes del chorro de petróleo brotando desde el fondo del mar hacia la superficie no han dejado de ilustrarnos la tragedia que vivimos, el mayor derrame de crudo, y el peor desastre ecológico en la historia de Estados Unidos. No me debería de sorprender el cinismo y la desfachatez de estos mercaderes, tan elegantementemente vestidos, de tan finos modales y voz pausada asegurándole a la teleaudiencia que los daños al medioambiente ocasionados por BP serían "muy modestos". El ejecutivo más alto, Tony Hayward, dijo que la cantidad de petróleo que estaba saliendo del fondo del mar –la empresa taladró a más de una milla de profundidad– era de unos 1,000 barriles diarios. Todos supimos este fin de semana que es mentira, lo que está saliendo por ese chorro es de 12,000 a 19,000 barriles diarios. Pero digamos toda la verdad, la culpa no la tiene sólo BP, la tiene también la agencia del gobierno federal encargada de supervisar a estas empresas petroleras para que no causen el tipo de catástrofe que estamos de nuevo viviendo, sólo que peor, que el huracán Katrina en las costas de Louisiana, y que llegará a la Florida porque el derrame continuará hasta agosto, no hay forma de pararlo. Todo ha fallado. Pero recordemos: quienes más implicados están son los legisladores republicanos vendidos a las corporaciones, que les pagan muy bien para que las leyes las beneficien a ellas, las grandes empresas, no al pueblo americano. Hayward, preparado para saber lo que tenía que decir ante las cámaras, explicó dizque todo lo que él sabía sobre lo que llamó "este desastre natural". No, fue un desastre que se pudo evitar perfectamente, porque BP sabía que podría haber una explosión, no lo hizo para ahorrar dinero, lo que ellos llaman "gastos operativos". Y los federales no hicieron nunca su trabajo, preocupados como están de llenar sus bolsillos con el dinero que siempre les llega a manos llenas de las corporaciones. Y todavía hay quien se queja de los proyectos de ley que están ante el Senado y la Cámara para regular a las corporaciones. Y todavía hay quienes se niegan a ver que fue Wall Street quien destruyó la economía de Estados Unidos. Para terminar, que ya esto se me hace largo y tortuoso, porque el tema lo traté por años con una ira que gracias a Dios se fue, ese repugnante y dañino Estados Unidos Corporativo, detesta al gobierno de Obama. Claro, el hombre quiere cambiar el asco que impera en Washington. Cierro citando a uno de mis columnistas favoritos de The New York Times, Paul Krugman: "El presidente Obama quiso trascender el partidismo. En vez de eso, se halla en la misma posición que Franklin Roosevelt describió en un famoso discurso de 1936: '[Me hallo] luchando con los viejos enemigos –el monopolio financiero y de los negocios, la especulación... la irresponsabilidad y avaricia bancaria, beneficios a costa de guerras...'. Roosevelt ... convirtió la oposición corporativa en una medalla de honor: 'Bienvenido su odio', declaró. Es hora que Obama encuentre al Franklin Delano Roosevelt que lleva dentro y haga lo mismo". A las grandes corporaciones no les interesa el medioambiente ni la gente, a los senadores y representantes opostunistas tampoco, a todos ellos sólo les interesa una cosa: el dinero. El crudo horror que vemos en el Golfo de México es prueba de eso.
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