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Lunes, 24 de mayo de 2010

La cúpula católica cubana: urge dejar de ser peones para convertirse en protagonistas 

La indiferencia y el desprecio de la jerarquía católica cubana hacia los laicos comprometidos con la política en Cuba tiene que cambiar
Dora Amador

                                                            

                                                                    El cardenal polaco Stanislaw Rylko, presidente del
                                                                    Consejo Pontificio para los Laicos.

 

Teniendo en cuenta que en tres semanas  se celebrará la X Semana Social Católica en La Habana con el tema "Iglesia y laicidad"; tomando en alta consideración la 24ta.  Asamblea del Consejo Pontificio para los Laicos, celebrada en Roma los días 20, 21 y 22 de mayo sobre el tema "Testigos de Cristo en la comunidad política"; y sobre todo, considerando lo planteado por el comunicado de prensa con motivo de esta plenaria, en el que se reitera que “el papa Benedicto XVI manifestó en diversas ocasiones la necesidad y la urgencia de un compromiso renovado de los católicos en la vida política… el Papa señaló ya en la asamblea del episcopado de América Latina en Aparecida (2007), que el respeto de una sana laicidad —incluso con la pluralidad de las posiciones políticas— es esencial en la tradición cristiana. La vocación fundamental de la Iglesia en este sector es la de formar las conciencias, ser abogada de la justicia y de la verdad, educar en las virtudes individuales y políticas. Y los laicos católicos deben ser conscientes de su responsabilidad en la vida pública; deben estar presentes en la formación de los consensos necesarios y en la oposición contra las injusticias; considerando seriamente todo esto, es imperante para los jerarcas de la Iglesia Católica de Cuba cambiar radicalmente su actitud indiferente, cuando no despectiva, hacia los católicos cubanos comprometidos con un cambio político que libere a nuestro país del totalitarismo y lo conduzca, siendo fieles al mandato de su conciencia y su Iglesia, a la plena libertad y el establecimiento de una república democrática.  

Es muy significativo para Cuba el contenido de la Asamblea celebrada en Roma. Por ejemplo,  el rector de la Universidad Católica del Sagrado Corazón de Milán, Lorenzo Ornaghi, habló sobre "Política y democracia hoy: status quaestionis"; el cardenal Camillo Ruini, presidente del Proyecto Cultural de la Conferencia Episcopal Italiana, disertó ante cientos de laicos de todas partes del mundo allí reunidos, sobre "Iglesia y comunidad política: algunos puntos clave" y por último, el arzobispo Rino Fisichella, presidente de la Pontificia Academia para la Vida, trató el tema  de "La responsabilidad de los fieles laicos en la política". 
    
Además de esto, hubo dos ponencias:  la del historiador Andrea Riccardi sobre: "Qué nos dicen hoy las grandes figuras de cristianos en la historia de la política" y la del profesor Guzmán Carriquiry, subsecretario del      Consejo Pontificio para los Laicos, acerca de "Los criterios y modalidades para la formación de los fieles laicos en la política".

Ando buscando los textos de la Asamblea, pero todavía no los han hecho públicos. Tan pronto los encuentre los pondré aquí.

¿Qué tendrían que decir a estos temas tratados en la Asamblea de los laicos nuestro cardenal Jaime Ortega o el presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba (COCC), Mons. Dionisio García?

Yo les sugeriría que en lugar de ser peones de los Castro ante una crisis que se hace inminentemente explosiva, que sean fieles a las enseñanzas de la Iglesia en asuntos políticos. Ellos saben bien lo que digo. Es un cambio de actitud raigal, es un erguirse en defensa de la dignidad del pueblo de Cuba y dejar de una vez su acomodo eclesial para ganar espacios de poder. A ver, ya los ganaron, ejérzanlo a favor de los laicos implicados en un activismo político que busca la libertad de Cuba, es defenderlos ante el Estado, apoyarlos. Es, en suma, ser, como manda el Santo Padre, coherentes con su fe católica.

Es un lugar común dentro y fuera de esa isla el rechazo que han sentido los laicos católicos que se han acercado a la jerarquía buscando apoyo para un proyecto válido, necesario para el bien común de la nación; ante una situación difícil, que atraviesan con el régimen, y acuden a ella buscando consuelo. Cuántos misioneros extranjeros o religiosos cubanos han sido sacados a toda carrera del país, con la eficacia de la labor del obispado cubano, cuando se atrevieron a mencionar algo políticamente incorrecto en una homilía o apoyaron abiertamente a la disidencia o sencillamente fueron fieles a su conciencia. ¡Que si conocemos casos! De sobra, en Miami se comprueban muchas cosas.

Todavía recuerdo la ponencia del entonces presidente de la COCC, Juan García, obispo de Camagüey, en la V Conferencia Episcopal de América Latina y del Caribe celebrada en Aparecida, Brasil hace tres años,  en mayo de 2007. Dijo Mons. García:

"Estamos ansiosos por ver y escuchar el testimonio de tantas iglesias fieles al seguimiento de Jesucristo hasta el martirio. Queremos constatar la vivencia de tantos laicos en estas iglesias capaces de hacer presente a Cristo en medio de la sociedad en que viven… Añoramos imitar la actividad misionera de tantos y tantas en lugares muy difíciles aun a riesgo de perder la vida… Estamos empeñados en promover, principalmente desde la juventud y la familia, un laicado consciente de su vocación y de su misión en la vida de la Iglesia y en el mundo, para que participe en la edificación de la realidad eclesial y social. Esperamos formar laicos preparados en los campos de filosofía, la antropología, la política, la economía, la cultura, la teología..."

No me detengo a comentar semejante cita aplicada a lo que ha hecho la jerarquía eclesial en Cuba con los “laicos preparados en el campo de la política”… mucho menos, el ansia del ex presidente de la COCC de escuchar el testimonio, supongo que para imitarlo, de los fieles que siguen a Jesucristo “hasta el martirio”. ¿Qué monseñor, excepto Pedro Meurice y Ciro González, ex obispos de Santiago de Cuba y de Pinar del Río, respectivamente, se ha expuesto al martirio en Cuba?  

Los laicos comprometidos con la política, como corresponde con su ser católicos, cometen “imprudencias’, una palabra que le gusta repetir a esa cúpula acomodada por años. “Ser prudente”, es su mantra. Pero es que Cristo no fue prudente. La excesiva prudencia puede llegar a ser complicidad.

Pero dejemos atrás el pasado y perdonemos, que es lo que nos compete a los cristianos. Vayamos a la temible coyuntura actual.

Raúl Castro utiliza a la Iglesia Católica, porque está en una crisis sin precedentes que no sabe cómo hacerle frente.

Las Damas de Blanco han estando desfilando por las avenidas y calles de La Habana durante siete años todos los domingos y en fechas significativas por la liberación de sus seres queridos encarcelados injustamente en 2003. Guillermo Fariñas está en huelga de hambre para que liberen a los presos políticos enfermos. La mayoría de los condenados en la Primavera Negra de Cuba son católicos comprometidos con el Proyecto Varela, encargado de recoger firmas y promover cambios en el país. El resto son periodistas independientes, como sabemos y opositores que no cometieron ningún delito, sólo expresar libremente su oposición al régimen y son activistas de derechos humanos.

 La cúpula de la Iglesia Católica cubana no puede conformarse con que liberen a unos pocos enfermos. Tiene que exigir la liberación de todos los presos políticos de conciencia. Y poner en práctica de inmediato lo que se planteó en la 24ta.  Asamblea del Consejo Pontificio para los Laicos, celebrada en Roma sobre el tema "Testigos de Cristo en la comunidad política" y lo que se discutirá en la X Semana Social de Cuba a celebrarse del 16 al 20 de junio. "Testigos de Esperanza y promotores de paz" es el tema principal. ¿Qué paz? ¿La de los sepulcros blanqueados? Mejor debería llamarse "promotores de la libertad". Pero esa palabra es anatema entre los que organizan estas semanas sociales.

Le pedimos al cardenal Jaime Ortega y a Mons. Dionisio García que sean coherentes con las enseñanzas de la Iglesia, como pidió el Papa el viernes 21 de mayo ante el Consejo Pontificio para los Laicos. (Ver vídeos más abajo).

Benedicto XVI destacó el reto del “compromiso social y político, un compromiso fundado no sobre ideologías o intereses de parte, sino sobre la elección de servir al hombre y al bien común, a la luz del Evangelio”.

“Se necesitan políticos auténticamente cristianos, pero aún más fieles laicos que sean testigos de Cristo y del Evangelio en la comunidad civil y política”, afirmó.

“Esta exigencia debe estar bien presente en los itinerarios educativos de las comunidades eclesiales y requiere nuevas formas de acompañamiento y de apoyo por parte de los Pastores”, continuó.

El Papa destacó que “se trata de un desafío exigente” de unos tiempos en los que “se han derrumbado los paradigmas ideológicos que pretendían, en un pasado reciente, ser la respuesta “científica” a esta cuestión”.

Y todo ello, “teniendo presente que la política es también un complejo arte de equilibrio entre ideales e intereses, pero sin olvidar nunca que la contribución de los cristianos es decisiva sólo si la inteligencia de la fe se convierte en inteligencia de la realidad, clave de juicio y de transformación”.

 Y se refirió a esta Iglesia como una “comunidad orgánica” “cuyo sacerdocio común, propio de los fieles bautizados, y el sacerdocio ordenado, hunden sus raíces en el único sacerdocio de Cristo, según modalidades esencialmente diversas, pero ordenadas la una a la otra”.

 Y continuó destacando que al mismo tiempo, toca a los fieles laicos mostrar concretamente en la vida personal y familiar, en la vida social, cultural y política, que la fe permite leer de una forma nueva y profunda la realidad y transformarla”.

También “que la esperanza cristiana alarga el horizonte limitado del hombre y le proyecta hacia la verdadera altitud de su ser, hacia Dios; que la caridad en la verdad es la fuerza más eficaz capaz de cambiar el mundo”.

Y “que el Evangelio es garantía de libertad y mensaje de liberación; que los principios fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia – como la dignidad de la persona humana, la subsidiariedad y la solidaridad – son de gran actualidad y valor para la promoción de nuevas vías de desarrollo al servicio de todo el hombre y de todos los hombres”.

“Compete también a los fieles laicos participar activamente en la vida política, de modo siempre coherente con las enseñanzas de la Iglesia”, añadió,

Y ello, concluyó, “compartiendo razones bien fundadas y grandes ideales en la dialéctica democrática y en la búsqueda de un amplio consenso con todos aquellos a quienes importa la defensa de la vida y de la libertad, la custodia de la verdad y del bien de la familia, la solidaridad con los necesitados y la búsqueda necesaria del bien común”.