Guillermo Fariñas: "Soy un seguidor de Cristo"
DORA AMADOR
21 de abril de 2010
Cuando llamé al hospital donde está ingresado en Santa Clara Guillermo Fariñas anteayer, 19 de abril, pensé que el huelguista católico tenía una formación religiosa más profunda, me equivoqué. Lee la Biblia casi al azar, sin el orden litúrgico diario que dicta la Iglesia, pero la conoce bien: las Sagradas Escrituras están muy vivas en su conversación. Y aquí digo algo que me llena de inmensa satisfacción: “Coco”, como le dicen con cariño todos, no conocía o no recordaba la frase de Jesús “No hay amor más grande que dar la vida por sus amigos”, del Evangelio de Juan. Yo se la cité y le pregunté si él estaba consciente de que estaba dando su vida por amor. No me respondió. Mi percepción la confirmé cuando en el programa A mano limpia de esa noche quiso citar la frase, que sé le impresionó y le dijo a Oscar Haza: “Jesús dijo que es un placer dar la vida por sus amigos”. Algo diferente sucedió anoche, 20 de abril, cuando de nuevo conversando con Haza citó correctamente la frase y recomendó la lectura del Evangelio de Juan capítulo 15, versículo 13. Esto me causó tremenda alegría, porque vi lo importante que había sido para él que una periodista lo llamara –de tanta prensa internacional que lo llama diariamente– para preguntarle sólo sobre su fe, su vida espiritual. Fariñas buscó el pasaje que le mencioné hasta encontrarlo. Y después dijo: “Ahora más que nunca doy la vida”. Conste, él me evangelizó a mí. Porque no se trata de saber sino de vivir. No de tener conocimiento, sino experiencia de Cristo. Él, como San Francisco –así se lo dije– es un Cristo vivo.
Más importante que todo lo anterior me pareció el hecho de que daba por sentado, como algo muy natural su decisión de declararse en huelga de hambre y de sed en solidaridad con Orlando Zapata Tamayo, y para que pusieran en libertad a más de 20 prisioneros políticos que se hallan en grave estado de salud.
Era la primera vez que hablaba con Guillermo Fariñas y fue impresionante. Hubo dos cosas muy elocuentes: mi silencio involuntario, a veces súbito porque no sabía que decir ante tanta sabiduría. Me confirmó el gran respeto que me inspira, quedé muy conmovida ante sus respuestas. La sencillez al expresar su fe, que le brotaba con toda naturalidad me enseñaron cuan arraigado está Dios en su corazón.
Conozco a Fariñas desde hace tiempo, su obra periodística y su actividad dentro de la oposición. Seguí muy de cerca su huelga de hambre de 2006 exigiendo el libre acceso de los cubanos a Internet. ¿A quién se le ocurre poner su vida en peligro (y la puso de verdad) para que todos los cubanos pudieran entrar a Internet? A Guillermo Fariñas Hernández, un Cristo viviente. Lo digo con plena conciencia de la magnitud de la frase.
Los fundamentos de su fe se hallan en sus dos abuelas, la paterna: Eusebia Key Zanoreti, y la materna: Modesta Cabeza Cabeza. Ambas se la inculcaron desde niño. Y esa hermosa raíz permaneció viva en su corazón de adolescente y joven, muy dentro de sí, en silencio, incluso creyendo en los postulados marxistas de la revolución.
Puede nombrar dos veces en las que estando en momentos muy difíciles invocó, como le habían enseñado sus abuelas, la protección de Dios. Una fue en Angola, cuando estuvo a punto de morir en el frente de batalla, y la otra fue cuando estudiaba en la Unión Soviética. “Le pedía a Dios en secreto. La religión estaba muy reprimida, si entrabas a una iglesia o si demostrabas alguna creencia te condenaban para siempre”.
¿Cuándo comenzó a ver la mentira de la revolución? “El primer gran golpe fue cuando vi a tanta gente asilada en la embajada del Perú, yo no me podía imaginar que tantas personas se quisieran ir de Cuba”, dice. “Yo comienzo a dilucidar… Después fue cuando el caso de Ochoa, en 1989 nos movilizan para cuidar las casas de los altos dirigentes, y resulta que ellos practicaban el capitalismo…. el consumismo, los hábitos burgueses que tanto se nos enseñaba que eran del capitalismo, ellos eran los primeros en tenerlos, los altos dirigentes de la revolución eran los burgueses, lo vi”.
Fue en esa época, entre 1989 y 1990 que leyó por primera vez la Biblia completa, de principio a fin. Y comienza a profesar su fe abiertamente. “Iba a la iglesia, a misa, me sentaba allí a oír. No tenía miedo, aunque sabía que se vivían dramas terribles por sólo entrar a una iglesia”.
Ahora los pasajes que más le llaman la atención dice que son los de Jesús con Pedro… “Leo la Biblia todos los días, los evangelios, pero mi huelga de hambre se basa en Isaías, capítulo 58, que es donde habla del ayuno”.
Al hospital donde está ingresado lo han ido a visitar dos sacerdotes de la Ilgesia católica: el obispo de Villa Clara Mons. Arturo González Amador y el padre Philip Cutajar, misionero maltés responsable de la pastoral de la salud en Villa Clara y párroco de la iglesia La Pastora, en Santa Clara. Ambos, comenta Fariñas agradecido, se han mostrado muy cercanos a él, le han llevado “la paz cristiana”, su compañía y su respeto, y le impartieron ya el sacramento de la unción de los enfermos.
De la iglesia evangélica fue a visitarlo el pastor bautista Homero González Carbonell y el pastor metodista Jordi.
¿No le tiene miedo a la muerte? “Soy un seguidor de Cristo y creo en la vida eterna, en la resurrección… La misma vida y muerte de Jesucristo, que murió por la redención de la humanidad es lo que más me inspira: amo incluso a quienes nos reprimen, a quienes nos odian, porque si los odio, sería igual que ellos, no podemos profesar odio a nadie”.
Pero usted sufre, Fariñas, ¿cómo puede soportar tanto sufrimiento físico? Me refiero a los sudores, las bajas súbitas de presión, las infecciones que lo debilitan, se tiene que sentir muy mal.
“En esos momentos pienso en los sufrimientos de Cristo, y me da fuerza. Los médicos no se han atrevido a darme un diagnóstico, pero sí me han dicho que va a haber un momento en que las bacterias que viven en los intestinos van a invadir masivamente mi cuerpo y ningún antibiótico va a poder matarlas… Yo quisiera que tras mi muerte no hubiera derramamiento de sangre, porque el Señor, en la Santa Biblia, en los evangelios, nos enseña que hay que perdonar”.
Y usted perdona a sus asesinos.
“Por supuesto. Lo importante aquí es que para ser fuerte hay que ser justo, como nos enseñó el Señor, día a día buscar la justicia, la paz. Nosotros no necesitamos ni pistolas ni ametralladoras ni cohetes. Muriendo se vence”.
Guillermo Fariñas Hernández, inspirado por Isaías, tu luz despunta como la aurora y tu llaga no tardará en cicatrizar; delante de ti avanza la justicia y detrás de ti va la gloria del Señor.
El te guía incesantemente, te sacia en los ardores del desierto y llena tus huesos de vigor; eres, Coco, como un jardín bien regado, tu corazón, como una vertiente cuyas aguas nunca se agotan.
Reconstructor de una patria en ruinas, reparador de brechas insondables, tu morada es la morada de Dios.
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