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20 de mayo de 2010

El convenio desesperado de los Castro con la Iglesia Católica
Dora Amador

En el diario Juventud Rebelde de hoy hay una noticia muy breve con una foto de enormes proporciones, no en tamaño, sino en trascendencia. Es la primera fotografía que aparece en la prensa cubana de los jerarcas comunistas reunidos con los jerarcas de la Iglesia Católica cubana negociando con premura. Aunque eso no es lo que dice el periódico sí hay algo muy significativo: se publicó la foto, Raúl Castro no quiso que la reunión fuera en secreto. ¿Por qué?

Esto es lo que dice Juventud Rebelde:

"En el encuentro se analizaron diversos temas de interés común, en particular el favorable desarrollo de las relaciones entre la Iglesia Católica y el Estado cubano, así como la actual situación nacional e internacional".

Yo les voy a informar la verdad de lo que pasó ayer en ese convenio desesperado por parte del régimen de los Castro con la Iglesia Católica.

Lo primero que se negoció fue la liberación de los presos políticos enfermos para evitar lo que parece ya inevitable: que el pueblo se siga uniendo a las demostraciones pacíficas de las Damas de Blanco, incluso la posibiidad de algún sacerdote, posiblemente de la Iglesia Ortodoxa, si no Católica. Recordemos que los hay valientes y obedientes a su conciencia, que está por encima de la conciencia de lo que dictan los poderes eclesiales temporales –contamos con ejemplos–. La situación es desesperada, por tanto, es de esperar que en cualquier momento algunos sacerdotes o laicos se solidaricen y salgan a las calles en los desfiles, como lo hace el creciente Grupo de Apoyo a las Damas de Blanco, por su convicción ética cristiana. Eso causa pánico entre los comunistas, porque el pueblo tomará las calles, pero ese "pueblo" estaría formado en parte por miembros de Iglesia. Quien piense que exagero, que recurra a la historia de la Iglesia en América Latina, por ejemplo, la de Chile abiertamente en contra de Pinochet, u otros países, donde la Iglesia ha estado muy comprometida con la causa justa de los pueblos sufrientes, y no me refiero a la maldita tergiversación de la Teología de la Liberación, sino a la teología que primó en el corazón sencillo y fraterno de los cristianos, por ejemplo, de Polonia.

Pero aunque no desfilara por las calles de La Habana o de Holguín algún cura o alguna monja –lo que es su deber y por eso Caridad Diego, esa que ven en la foto, me negó la entrada a Cuba, mi país, como religiosa– no sólo el Vaticano, la comunidad internacional intervendría.

La liberación de los enfermos presos evitaría ése y otro peligro inminente: la muerte de Guillermo Fariñas, otro católico que está dando un testimonio cristiano de dimensiones bíblicas: da su vida por amor a sus amigos, para que los liberen. Su muerte puede suceder en cualquier momento por una septicemia o un ataque al corazón.

Si se pacta esta liberación inmediata, el régimen recibiría, aunque por breve espacio de tiempo, el oxígeno necesario para sobrevivir sin derramamiento de sangre. Porque es muy importante darse cuenta de que los Castro están improvisando: no saben qué hacer ante la determinación de las Damas de Blanco, los huelguistas de hambre y una presión internacional sin precedentes. Sólo pensemos en lo que sucedió ayer en París y Madrid y las declaraciones sobre Cuba de Angela Merkel, es decir del gobierno alemán. (Toda la información la pueden encontrar debajo). Súmesele a esto las marchan que tendrán lugar el 22 de mayo en varias ciudades del mundo a favor de la libertad de Cuba.

Supongo que los seres dolientes que están tras las rejas en estado de salud grave, sean liberados lo antes posible, a no ser que se espere la visita de Mons. Dominique Mamberti, Secretario para las Relaciones con los Estados de la Santa Sede. Mamberti llega a Cuba el 12 de junio para presidir la Semana Social Católica que se inicia ese día y termina el 20 de junio. Me atrevo a predecir que esa liberación será antes, ya que falta mucho para el 12 de junio. Falta poco en tiempo real, de día en día, pero no así en la cronología, que es "la ciencia que tiene por objeto determinar el orden y fechas de los sucesos históricos".(RAE)

Son a esos sucesos históricos a los que los Castro le tienen miedo. Porque van a sacar los tanques a las calles, asesinar a todo el que se rebele y en las casas de los disidentes, no más actos de repudio: muerte a palos, golpes y tiros. Es la naturaleza de la bestia. ¡Ay! Pero los intocables también saben otra cosa: que los países del mundo libre no se van a quedar con los brazos cruzados si se da esa matanza en las calles y los hogares de Cuba. Será el fin del totalitarismo cubano, a sangre y fuego.

Dios no quiere eso, Dios es amor y paz y suma bondad. Pero respeta soberanamente la libertad que le otorgó al hombre. Somos nosotros los que optamos. LLevando la situación cubana a una dimensión cósmica es la lucha entre el bien y el mal.

Le pido a Cristo que tenga misericordia con ese pobre pueblo que decidió hace 50 años serle radicalmente infiel –y sus hijos y nietos pagan unas terribles consecuencias, recomiendo el artículo de Ernesto Hernández Busto Coartadas, que aparece en su blog Penúltimos Días– para adorar al falso mesías que bajó de una montaña imitando al Salvador, y predicó cuando le convino las bienaventuranzas del marxismo, la negación de Dios y la postración del pueblo cubano ante él, Fidel Castro Ruz, uno de los anticristos del comunismo y ahora del galopante nihilismo que vivimos.