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2 de mayo de 2010

La alianza del cardenal Jaime Ortega y Orlando Márquez con el gobierno cubano

La cúpula de la Iglesia Católica se erige como “el otro poder”  en Cuba

DORA AMADOR

Cardenal Jaime Ortega
Orlando Márquez

El jueves 29 de abril por la mañana iba para el Directorio Democrático Cubano, organización para la que trabajo desde hace cinco años, a grabar el programa Palabra, que se transmite los lunes a las 9:30 p.m. por onda corta para Cuba. Pero me entero minutos antes de salir de casa que el de la semana anterior había recibido muy buena acogida entre los oyentes. “Tremendo éxito, Dora” me dijo Humberto Bustamante, que había acabado de recibir el sondeo de opiniones que realiza Radio República, la voz del Directorio. “Me dijeron que dijiste lo que había que decirle al Cardenal”.  Bustamente tiene un trabajo importantísimo, porque se dedica todo el día a hacer y recibir llamadas de la oposición en la isla que nos mantiene constantemente informados de lo que está pasando.

 “Cómo gustó el programa del cardenal de la semana pasada”, me comenta después María Lima, la asistenta especial del coordinador de Programas de Relaciones Internacionales del Directorio, quien además conduce el programa Sencillamente mujer.

 La noticia que me dieron mis amigos, por supuesto fue grata, y me confirmó que había hecho bien en publicar el artículo El Cardenal y el huelguista en esta página que fue lo que leí en el programa.

 Después de haber hecho una penosa catarsis escribiendo una crítica tan dura al cardenal Jaime Ortega por lo que había expresado en Nuestra voz es un llamado al diálogo, me sentí inquieta y dudé acerca de publicarlo o no. Fui a la Biblia para buscar una respuesta abriéndola al azar a ver qué me salía. Fue esto:

 “Ese es nuestro ministerio, y como lo tenemos por gracia de Dios, no nos desanimamos. No nos callamos por falsa vergüenza; no andamos con rodeos ni desvirtuamos la Palabra de Dios manifestando la verdad, merecemos ante Dios que cualquier conciencia humana nos apruebe… Tenemos el don espiritual de fe que tenía el que escribió: Creí, y por eso hablé. También nosotros creemos y por eso hablamos.” (2 Corintios 4, 1-13).

Busco orientación en la Biblia de esa manera muy pocas veces. Pero cuando lo hago y un texto que me salta a la vista coincide tan claramente con lo que consulté no tengo duda alguna, porque sé que Dios me está hablando.

Radio República se escucha en toda la isla. Ignoro la cantidad de personas que sintonizan el programa católico que preparo todas las semanas para la audiencia cubana desde hace más de cuatro años. Mi decisión fue rapidísima: que repitan ese mismo programa el lunes 3 de mayo.

Anoche, sondeando la sociedad civil cubana que habita y se comunica por Internet descubro el documento Las relaciones  Estado-Iglesia en la Cuba de hoy, escrito por Orlando Márquez, director de Palabra Nueva, la revista de la Arquidiócesis de La Habana. Este documento acaba de ponerse en la edición digital de la revista, porque no lo vi antes, cuando salió la publicación de abril.  Me mantengo muy al día, lo más que me es posible, del acontecer de la Iglesia y sus medios de comunicación en Cuba.

Este documento se preparó para ser presentado en el Panel “Derecho y sociedad: Los nuevos retos ” , del Encuentro Científico Internacional “ Escenarios sobre Cuba: Sociedad y Derecho ” organizado por la Universidad de Alicante y el Ministerio de Educación Superior de Cuba. El Encuentro, programado para los días 10-12 de marzo pasado en la sede de la Universidad de Alicante, fue cancelado. Supongo que Orlando haya decidido publicarlo cuando supo que el evento no se iba a realizar en España.

Orlando Márquez es la voz del Cardenal Ortega en los medios de prensa y en las conversaciones que se puedan tener con él. Me quedo aquí, lo respeto como colega periodista católico; nuestros encuentros en Cuba y Miami han sido cordiales, aunque le quiero comunicar por primera vez que siempre me ha molestado un poco su aire de superioridad respecto a los cubanos que vivimos en Miami. Pero es comprensible, si hay un lugar que necesita reconciliación y sanación profundas es precisamente la Iglesia católica cubana de Cuba y de la diáspora. Sugiero para empezar que releamos lo que escribió nuestro querido Mons. Eduardo Boza Masvidal con motivo del Centenario de la República de Cuba en 2002, y publicado en la revista Vitral cuando su director era Dagoberto Valdés, que fundó y ahora dirige la excelente revista Convivencia y es el teólogo, escritor y periodista católico más importante que ha dado Cuba en los últimos 50 años, si no más.

Hoy, 2 de mayo, y el domingo que viene, Día de las Madres, son muy importantes porque las Damas de Blanco van a intentar caminar juntas portando sus gladiolos por las calles de La Habana y enfrentarán de nuevo a las hordas castristas que las insultan, golpean, arrastran y encierran en guaguas a empujones.

La nueva medida del gobierno cubano de impedir que muchas Damas de Blanco y su Grupo de apoyo vayan a la misa dominical de las 11 a.m. en la parroquia Santa Rita es algo que concierne directamente a la jerarquía de la Iglesia Católica cubana. Pero ni esta ni el párroco de esa iglesia, Mons. Félix Pérez Riera hacen nada.

Me dirijo ahora directamente a Orlando Márquez, cuyo documento publicado hace uno o dos días en la edición digital de Palabra Nueva es otra infamia contra el pueblo como fue la entrevista que le hizo al cardenal Ortega, antes mencionada (Nuestra voz es un llamado al diálogo).

Cito parte de lo que iba a exponer sin vergüenza alguna, ante un público católico internacional Orlando Márquez en el encuentro Escenarios sobre Cuba: Sociedad y Derecho, en la Universidad de Alicante.

 “Disertar sobre las relaciones Estado-Iglesia en Cuba, desde cualquiera de ambos lados, es siempre un reto y un riesgo. Un reto porque, estando aún vivos y activos muchos de los protagonistas de aquellas divergencias primeras, es difícil sustraerse a los señalamientos y no hablar desde algunas experiencias dolorosas. El riesgo está, para la Iglesia, en que su palabra tal vez no sea bien recibida o interpretada, si la lectura se hace exclusivamente desde un prisma político. Pero viviendo en medio del mundo, no puede evadir ni los retos ni los riesgos. Por lo tanto está obligada a aceptar los criterios de otros y a expresar los propios, con la esperanza de que el intercambio, mediante la palabra usada como puente que comunica y acerca, y no como arma que hiere y espanta, produzca el bien de la sociedad en la que ella se hace presente.

 “Las relaciones entre el Estado y la Iglesia en Cuba se encuentran en un periodo de expresiones y gestos nuevos. Encuentros más fluidos, entre los obispos y las autoridades correspondientes del Partido Comunista, se van sucediendo en las distintas diócesis y a nivel nacional. El proceso se inició hace varios años, y de forma lenta pero gradual ha ido favoreciendo espacios de intercambio en los que la Iglesia expone sus criterios y consideraciones –no sólo de contenido religioso– mientras la otra parte, es decir el Partido y, por tanto, el poder, comparte también sus criterios y consideraciones, sobre la Iglesia y sobre cualquier otro tema de interés mutuo.

“Lo anterior no significa que hayamos alcanzado un nivel significativo de conciliación en esas relaciones. Ha habido un salto cualitativo, pero falta mucho por andar para concretar un diálogo integral y fructífero. El propósito, a lo que en realidad se debe aspirar y alcanzar gradualmente, es un estadio de respeto mutuo y de no usurpación de las funciones que a cada uno corresponden, máxime en una realidad como la que nos ocupa, donde se ha declarado ya el carácter laico del Estado, que “reconoce, respeta y garantiza la libertad religiosa”, (1) declara la independencia de las instituciones religiosas y explicita la no discriminación por motivos religiosos, según las modificaciones constitucionales del año 1992.

“La Iglesia , por su parte, tiene su propia interpretación del Estado. Para la Iglesia el fin del Estado no es el ejercicio de la autoridad política en función del partido de turno, sino el bien común, entendido este como “el conjunto de las condiciones sociales que permiten y facilitan, en los seres humanos, el integral desarrollo de su persona”. (2) Y esto requiere, además, la participación plena de los ciudadanos a través de las distintas iniciativas sociales, siendo necesario que estas “gocen de una efectiva autonomía respecto a los poderes públicos y vayan tras sus intereses específicos con relaciones de real cooperación mutua, y en subordinación a las exigencias del bien común”. (3) Estamos, por tanto, ante dos concepciones diferentes tanto de la libertad religiosa como del Estado, pero esto no debe ser, necesariamente, motivo de confrontación… El Estado cubano no tiene en la Iglesia ni un aliado ni un enemigo. La Iglesia no espera ningún privilegio. En todo caso, para sí misma, el reconocimiento de su derecho a cumplir en libertad su misión en medio de la sociedad cubana, según estipula la Constitución de la República de Cuba en cuanto al respeto, reconocimiento y garantía de la libertad religiosa”.

Orlando Márquez, ¿cómo has podido escribir esto? Si como dices, la Iglesia espera del gobierno cubano su derecho a cumplir en libertad su misión en medio de la sociedad cubana, y que se respeten, reconozcan y se le den garantía de la libertad religiosa, ¿cómo no ha salido en defensa de mujeres y hombres católicos a quienes las hordas marxistas ateas golpean, encierran, reprimen y sobre todo, Orlando, sobre todo, les impiden ahora ir a misa? Eso se define como persecución de cristianos. Te recomiendo estas dos páginas donde hallarás el testimonio y la valiente lucha que llevan a cabo los cristianos perseguidos en China comunista y en los países islamistas o sencillamente musulmanes: La voz de los mártires. Persecution.com y Where God Weeps. The Suffering Church in Focus

Me es imposible, por razones de repugnancia crónica continuar escribiendo sobre el tema de nuestra Iglesia Católica, que defenderé con todo mi ser porque es el Cuerpo Místico de Cristo, del cual soy parte, como tú.

Sé que has leído mi crítica honesta, cristiana, dolida a mi cardenal, Jaima Lucas Ortega y Alamino, porque soy católica cubana, aunque esté exiliada. Lo sé porque también sé que tienes acceso a internet y pasas mucho tiempo oteando la ciberdisidencia cubana, principalmente la católica de la isla y de la diáspora.

Es por eso que te remito a lo que le dije al cardenal, que ahora te lo digo a ti y que transmitiré por Radio República, la voz del Directorio Democrático Cubano –sé tu desprecio por  las organizaciones exiliadas que luchan por la libertad de Cuba, apoyando a los activistas de derechos humanos como Dagoberto Valdés u Oswaldo Payá, a quien tanto daño les has querido hacer– .

Recuerda Orlando Márquez, que Jesús prefirió a los perseguidos y rechazados, no a los poderosos. Tú tienes mucho poder, más que un director de revista dentro de la Iglesia cubana.

Vitral, bajo la dirección de Dagoberto Valdés era muy superior a Palabra Nueva, que diriges, porque era profética, decía la verdad, y por eso expulsaron a Dagoberto de ella y cerraron los Centros de Formación Cívica y Religiosa también fundados por él. Por eso el Vaticano puso como obispo de Pinar del Río –orientado por el cardenal Ortega– a ese hombre cuyo nombre no menciono, por su indignidad ante el obispo que le precedió, el gran Ciro González Bacallao. Mi querido, mi admirado Mons. Ciro, ahora retirado en un confín del monte cubano, Mantua, donde su casa se ha convertido en un santuario. Te recomiendo este artículo, Un obispo en la campiña, de Guillermo Fariñas sobre él.

 ¿Sabes quién es Guillermo Fariñas, Orlando? Sí, lo sabes: un católico que está dando su vida en huelga de hambre intentando salvar la vida de 24 presos políticos enfermos. Sólo le pide a los hermanos Castro que los liberen.

¿Por qué Palabra Nueva no escribe algo sobre Guillermo Fariñas?

Anda, vete a Santa Clara y conversa con él, entrevístalo, como hiciste con el Cardenal y publica todo lo que él te diga.

 

                Dagoberto Valdés


Guillermo Fariñas en la Asamblea para Promover la Sociedad Civil celebrada en La Habana el 20 y el 21 de mayo de 2005.


           Oswaldo Payá