
Ecumenismo y Arqueología bíblica y primeros cristianos
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Lunes 21 de junio de 2010 Las consideraciones dictadas de Mons. Mamberti en Cuba
Las palabras dirigidas por el canciller del Vaticano al Estado y a la Iglesia cubanos son claras y radicales. A ambos se dirigió en un histórico discurso pronunciado en el Aula Magna del Colegio San Gerónimo de La Habana el 16 de junio, que tiene que haber sacudido a las jerarquías del gobierno y de la Iglesia Católica. Esta es mi Iglesia, la que habló en Cuba a través de Mons. Dominique Mamberti, secretario para las relaciones con los Estados de la Santa Sede, y las excepcionales ponencias de los laicos y dos sacerdotes en la X Semana Social Católica, celebrada del 16 al 20 de junio de 2010. Considero que estos días marcan un hito no sólo en las relaciones entre la Iglesia (y me refiero aquí a todos los bautizados, no sólo a la jerarquía) y el régimen totalitario de los Castro. En otras palabras: Mamberti dijo que si el Estado cubano quiere mantener buenas relaciones con el Estado Vaticano, tiene no sólo que respetar la libertad religiosa, también la intervención de los laicos católicos en el acontecer de la vida política, y mantener con ellos una relación de respeto, asumir, también las consecuencias que esta relación conlleven para el bien común de la ciudadanía cubana. Y a los laicos, creadores y protagonistas de las Semanas Sociales Católicas los urgió a la acción, no sólo a expresar sus pensamiento, a intercambiar ideas y proyectos en estos encuentros, los apremió a poner en práctica lo planateado como fruto de un pensamiento iluminado por el Evangelio, la Doctrina Social de la Iglesia, como corresponde a un católico. Sólo he colocado aquí las que considero mejores, pero pueden ir a Espacio Laical, donde están todas. La prensa ha mostrado las fotos de los recorridos de Mons. Dominique Mamberti, sus reuniones con representantes del Estado y de la Iglesia, ha reportado que "hay que tener paciencia" en cuanto a "los frutos" de estas nuevas relaciones, entendiendo como frutos la libertación de los presos, que se supone que continúen en estas próximas semanas. Pero muy poco, si algo, se ha informado sobre lo que Mamberti le dijo claramente a Bruno Rodríguez, al cardenal Ortega, a los laicos, a quienes les animó poderosamente a actuar dejándose llevar por su conciencia ética, formada a a luz de la Doctrina Social de la Iglesia. Eso es, defender los derechos humanos –pilar de esa doctrina–, la democracia, la libre empresa, y todo lo que conlleve a implantar la justicia, raíz de la paz. Gracias le doy, como laica católica que vive en la diáspora, pero con el corazón en Cuba, a todos los que participaron en esta superior X Semana Social Católica. "Un encuentro como éste tiene entre sus finalidades principales corroborar la vocación y la misión del laicado. En efecto, las Semanas Sociales que se desarrollan también en otros Países, “constituyen un lugar cualificado de expresión y crecimiento de los fieles laicos, capaz de promover, a alto nivel, su contribución específica a la renovación del orden temporal”1 El laico es, entonces, aquel “que no es clérigo”; aunque, obviamente, esto no agota el contenido de la vocación específica de bautizados... "Me limitaré, por tanto, a algunas consideraciones que me parecen significativas en el contexto de una Semana Social con la esperanza de que puedan servirles de estímulo para la reflexión que llevarán a cabo y, luego, para la acción. "El respeto del principio de laicidad exige a los católicos reconocer la justa autonomía de las realidades temporales, entre las cuales se encuentra la comunidad política. Se trata de una doctrina expuesta en la Constitución pastoral “Gaudium et Spes” del Concilio Vaticano II y recordada por Benedicto XVI, por la cual “las realidades temporales se rigen según sus normas propias, pero sin excluir las referencias éticas que tienen su fundamento último en la religión. La autonomía de la esfera temporal no excluye una íntima armonía con las exigencias superiores y complejas que derivan de una visión integral del hombre y de su destino eterno”20. Una de las “normas propias” de esta realidad temporal que es el Estado es justamente la laicidad; que, sin embargo, se debe siempre comprender y practicar a la luz de una visión integral de la persona humana, de la cual descienden precisamente claras exigencias éticas. "De esto deriva que para los creyentes “la promoción según conciencia del bien común de la sociedad política” -como lo afirma un documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre el compromiso y el comportamientode los católicos en la vida política- “nada tiene que ver con el ‘confesionalismo’ o con la intolerancia religiosa”21. Estas dos últimas maneras de pensar y de actuar no sólo son incompatibles con la justa laicidad, sino que pueden llegar a ser una amenaza para la libertad religiosa. Juan Pablo II, al respecto, ha advertido que: “identificar la ley religiosa con aquella civil puede efectivamente sofocar la libertad religiosa y, hasta limitar o negar otros derechos humanos... “La Iglesia no puede ni debe emprender por cuenta propia la empresa política derealizar la sociedad más justa posible. No puede ni debe sustituir al Estado. Pero tampoco puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia. "En el Cuerpo Místico de Cristo que es la Iglesia los diversos miembros tienen vocaciones y misiones distintas en la Iglesia y en la sociedad, y esto vale también en relación con la realización de cuanto la laicidad del Estado exige de los cristianos. De este modo, al Magisterio le compete un rol distinto de aquel que le corresponde a los laicos: mientras a los Pastores de la Iglesia les toca iluminar las conciencias con la enseñanza, “el deber inmediato de actuar en favor de un orden justo en la sociedad” -como afirma Benedicto XVI en su encíclica sobre la caridad- “es …. propio de los fieles laicos”, que lo realizan “cooperando con los demás ciudadanos”28. "[Los laicos] viven en el siglo, es decir, en todas y en cada una de las actividades y profesiones, así como en las condiciones ordinarias de la vida familiar y social con las que su existencia está como entretejida. Allí están llamados por Dios a cumplir su propio cometido, guiándose por el espíritu evangélico; de modo que, igual que la levadura, contribuyan desde dentro a la santificación del mundo y de este modo descubran a Cristo a los demás, brillando, ante todo, con el testimonio de su vida, fe, esperanza y caridad. "La misión de los laicos, entonces, es de compromiso, de testimonio, de diálogo, de animación dentro de la sociedad y de sus articulaciones, y en contacto con todos los demás ciudadanos. Lo recordaba Juan Pablo II a los jóvenes cubanos durante su memorable visita en esta Isla: “No hay verdadero compromiso con la Patria sin el cumplimiento de los propios deberes y obligaciones en la familia, en la universidad, en la fábrica o en el campo, en el mundo de la cultura y el deporte, en los diversos ambientes donde la Nación se hace realidad y la sociedad civil entreteje la progresiva creatividad de la persona humana. No puede haber compromiso con la fe sin una presencia activa y audaz en todos los ambientes de la sociedad en los que Cristo y la Iglesia se encarnan”30. "Se trata de una misión, la que le aguarda a los fieles laicos, que requiere fundarse sobre una profunda vida espiritual y sobre una sólida formación doctrinal, especialmente en lo que se refiere a la Doctrina social de la Iglesia, y no menos sobre la adquisición de las capacidades que el rol, la posición y la profesión exigen. El Estado: "Para un Estado el decirse laico no puede significar querer marginar o rechazar la dimensión religiosa o la presencia social de las confesiones religiosas. Al contrario, debería ser tarea del Estado reconocer el rol central de la libertad religiosa y promoverlo positivamente. Fue precisamente en Cuba donde Juan Pablo II confirmó que “el Estado, lejos de todo fanatismo o secularismo extremo, debe promover un clima social sereno y una legislación adecuada, que permita a toda persona y a toda confesión religiosa vivir libremente su propia fe, expresarla en los ámbitos de la vida pública y poder contar con los medios y espacios suficientes para ofrecer a la vida de la Nación sus propias riquezas espirituales, morales y cívicas”14. "…¿dónde encuentra el Estado las instancias éticas a las cuales puede hacer referencia? Reprendiendo la visión católica de las relaciones entre fe y razón, Su Santidad Benedicto XVI en la encíclica “Deus caritas est” afirma que la razón humana por sí misma puede reconocer las instancias morales de referencia. Pero aclara que si para realizar esta tarea la razón cuenta solamente con sus fuerzas le resultará sumamente difícil lograrlo: “la razón ha de purificarse constantemente, porque su ceguera ética, que deriva de la preponderancia del interés y del poder que la deslumbran, es un peligro que nunca se puede descartar totalmente”24. "Podemos notar que la falta de una subordinación lógica y ontológica de la laicidad respecto al pleno respeto de la libertad religiosa constituye para esta última una posible y también real amenaza. En efecto, “cuando se pretende subordinar la libertad religiosa a cualquier otro principio, la laicidad tiende a transformarse en laicismo, la neutralidad en agnosticismo y la separación en hostilidad”13. En tal caso, paradójicamente el Estado pasa a ser un Estado confesional y no más auténticamente laico, porque haría de la laicidad su valor supremo, la ideología determinante; justamente una especie de religión, hasta con sus ritos y liturgias civiles. "... ha de reafirmarse la concepción plena del derecho a la libertad religiosa. Ya que, respetarlo no significa simplemente no ejercer coacción o permitir la adhesión personal e interior a la fe. Retomando la enseñanza del Concilio Vaticano II sobre la libertad religiosa, Su Santidad Benedicto XVI ha recordado que el “cuidado de la comunidad civil en relación al bien de los ciudadanos no puede limitarse a algunas dimensiones de la persona, como la salud física, el bienestar económico, la formación intelectual o las relaciones sociales. El hombre se presenta frente al Estado también con su dimensión religiosa, que ‘consiste ante todo en actos internos voluntarios y libres, por los cuales el hombre se ordena directamente a Dios’ (Dignitatis humanae, 3)15. Esto implica que el Estado principalmente no procure impedir este movimiento de la persona hacia su Creador: “Esos actos ‘no pueden ser mandados ni prohibidos’ por la autoridad humana; la cual, por el contrario, tiene el deber de respetar y promover esta dimensión: como enseñó con autoridad el Concilio Vaticano II a propósito del derecho a la libertad religiosa, nadie puede ser obligado ‘a actuar contra su conciencia’ y no se le puede ‘impedir que actúe según su conciencia, sobre todo en materia religiosa’ (Ibid.)”16. Si bien el respeto del acto personal de fe es fundamental, no agota la actitud del Estado en relación a la dimensión religiosa, porque ésta -como la persona humana- tiene necesidad de exteriorizarse en el mundo y de ser vivida no sólo personalmente, sino también comunitariamente. “Ahora bien, sería reductivo –continúa el Santo Padre- considerar suficientemente garantizado el derecho a la libertad religiosa cuando no se hace violencia, no se interviene sobre las convicciones personales o se limita a respetar la manifestación de la fe en el ámbito del lugar de culto. En efecto, no se debe olvidar que ‘la misma naturaleza social del hombre exige que éste exprese externamente los actos internos de religión, que se comunique con otros en materia religiosa y que profese de modo comunitario su religión’ (Ibid.). Así pues, la libertad religiosa no sólo es un derecho del individuo, sino también de la familia, de los grupos religiosos y de la Iglesia misma (cfr. Dignitatis humanae, 4-5. 13), y el ejercicio de este derecho influye en los múltiples ámbitos y situaciones donde el creyente se encuentra y actúa”17 Fragmentos de la Homilía de Mons. Mamberti en la Catedral de La Habana, 17 de junio de 2010
"Es encomiable que un sector del laicado católico cubano dedique tiempo para reunirse en la Semana Social, que se clausurará pasado mañana, a fin de estudiar, profundizar y debatir sobre el rol que, desde la perspectiva cristiana, le compete a cada ciudadano en el desarrollo del País. "Los hombres vivimos alienados, en las aguas saladas del sufrimiento y de la muerte; en un mar de oscuridad, sin luz. La red del Evangelio nos rescata de las aguas de la muerte y nos lleva al resplandor de la luz de Dios, en la vida verdadera. "¡Qué grande fuerza hay en este simbolismo! ¿Quién de nosotros no ha pasado por momentos de angustia, de agobio, hasta de desesperación a lo largo de su vida, en los cuales nos sentimos inexorablemente ahogar en las aguas saladas de un inmenso mar al que hemos sido tirados? "Queremos salir de estas aguas mortíferas, queremos volver a respirar aire fresco. Sólo hay una posibilidad: que alguien nos eche una red y que nosotros, al divisar una posible oportunidad de rescate, luchemos con todas nuestras fuerzas para alcanzarla, quedar atrapados en ella y dejarnos sacar. ¡Qué nunca disminuya en nosotros la fuerza para agarrarnos a esta red de salvación que Dios, a través de Su Vicario en la tierra, no se cansa de echarla". La Casa Cuba: Reconciliación, Reforma Económica y República La reconciliación; perspectiva teológica y pastoral. Todo el tiempo para la esperanza La cultura: Hacia una nueva experiencia de Emaús Caritas: El amor como estrategia política Espacios públicos de la Iglesia: Educación La Iglesia y la Comunicación Social en Cuba, hoy y mañana Los laicos: Iglesia en diálogo con el mundo Cáritas: Un esfuerzo constante de la comunidad cristiana
Jueves 17 de junio de 2010 Monseñor Dominique Mamberti escucha la "Misa Cubana" Estas son tres hermosísimas piezas de la Misa Cubana, de José María Vitier, escuchadas anoche por Monseñor Dominique Mamberti y la alta plana del Partido Comunista de Cuba –exceptuando a los hermanos Castro–, de la Iglesia Catolica cubana, Eusebio Leal, Historiador de la Ciudad "y otros destacados intelectuales, en el Convento de San Francisco de Asís para celebrar... el aniversario 75 de los vínculos diplomáticos... las relaciones profundas, continuas y en ascenso entre los dos países." (Granma, 17 de junio de 2010). Considero importante que en la primera plana de Juventud Rebelde y de Granma aparezca esta "noticia". No creo que en dichos diarios se publique el contenido de las conferencias de la X Semana Social Católica que comenzó anoche. En Amaury Pérez conviven dos creencias, proyectos de vida, convicciones, fidelidades, que se excluyen la una a la otra: es comunista y católico (hace tiempo habló de su conversión al catolicismo). Pero eso no impide que esta interpretación de "Déjame tomar asiento" sea de una belleza extraordinaria.
Martes 15 de junio de 2010 ¿Qué es una Semana Social Católica? (Tomado de la revista Vitral No. 60, marzo-abril de 2004. El texto fue editado y actualizado por Palabra. Gracias a Ondina García-Menocal por este informe).
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