REGRESAR

 

 

5 de abril de 2010

La Iglesia Católica cubana ante su deber sagrado, ¿hará algo?
DORA AMADOR

 

El cardenal Jaime Ortega Alamino dirige la procesión del Domingo de Ramos, el 28 de marzo de 2010, antes de celebrar la misa en la Catedral de La Habana.

Sería un pecado social de enormes proporciones que la Iglesia Católica cubana no se pronuncie de inmediato en contra de la nueva medida de la dictadura castrista, que impidió ayer, 4 de abril, Domingo de Resurrección, que un grupo de  mujeres fuera a misa en la parroquia Santa Rita.

 Me duele tener que remitir al cardenal Jaime Ortega, arzobispo de La Habana, a Mons. Dionisio García, presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba y de nuevo a Mons. José Félix Pérez Riera, párroco de Santa Rita, al Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia Católica que deja muy claro cómo debe actuar la jerarquía ante semejante atropello de un gobierno contra los católicos: denunciarlo públicamente, pedir que cese lo que se considera claramente persecución de cristianos y buscar el apoyo, en el caso de Cuba, del Consejo Episcopal Latinoamericano, CELAM, además del Vaticano. Cómo me duele mi Iglesia institucional, pero soy parte de ella, y mi conciencia de bautizada me impide callar. Allá con su conciencia ante Dios los monseñores que tienen el poder –y lo tienen– de hacer algo significativo que presione eficazmente a la dictadura. ¡Cuánto me gustaría ver una sotana negra desfilar junto a las Damas de Blanco! 

 Cierto – seguro será el criterio que utilizará alguien de alto rango en la jerarquía católica cubana– que las 10 mujeres a las que se les impidió ir a misa ayer en Santa Rita, que fueron a las que se refirió Laura Pollán en una denuncia hecha a Radio Martí, ellas iban a estar junto a las Damas de Blanco, a solidarizarse con su causa, a orar con ellas. ¿Es eso un pecado o una bendición? ¡Querían ir a la Casa de Dios!

Que ciudadanas de un país totalitario de ateísmo militante por 50 años decidan asistir a misa para solidarizarse con un grupo de mujeres que van a rezar por sus seres queridos, prisioneros políticos por defender la dignidad de los hijos de Dios, la libertad y los derechos humanos de ese pueblo debería ser motivo de júbilo para la Iglesia cubana. ¿Hará algo? ¿O permanecerá en silencio cómplice, incluso en estos momentos cruciales en el que, por cierto, ni siquiera se han pronunciado a favor de los que ha hecho ayuno en las cárceles o de Guillermo Fariñas, cristiano raigal que ofrece, como Jesucristo, su vida por amor?

Mons. Dionisio I. García Ibáñez, presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba

 

 Esta mañana temprano escribí a la oraganización internacional Persecution.com, sobre lo que está pasando en Cuba. Esta entidad ecuménica, conocida también como La Voz de los Mártires, se dedica a ayudar  a la iglesia perseguida en todas partes. Fue fundada en 1967 por el pastor Richard Wurmbrand, que pasó 14 años en prisión por profesar su fe cristiana en la Rumania comunista. Su esposa, Sabina, sufrió tres años de presidio por la misma razón. En los años 60 la pareja y su hijo, Mihai fueron sacados del país y hoy residen en Estados Unidos. También lanzé twitters a la esfera global, tengo la esperanza de que se divulgue y presione aún más a la dictadura castrista.

En su discurso de clausura del IX Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas, Raúl Castro reconoció  tácitamente que la situación que vive hoy el país es comparable a la Crisis de Octubre de 1962 y a la caída del bloque socialista en 1989. Es cierto. Y da miedo la frase, que parece dictada por su hermano, de que prefieren "desaparecer" antes que ceder. Yo no dudo, dada su mentalidad y su edad,que prefieran desaparecer en un holocausto triunfalista. Es lo que Fidel Castro ha deseado toda su vida, como lo demostró hace años la aubobiografía de Nikita Krushev en la que el mandatario soviético escribió sobre su temor ante el pedido de Castro de que lanzara ojivas nucleares sobre Estados Unidos. Pobre pueblo mío.

Así y todo, estoy convencida de que la perversidadad, la iniquidad del régimen no va a triunfar. Lo único que consiguió quien dio la orden de golpear y arrastrar a las Damas de Blanco, imágenes captadas por múltiples lentes que recorrieron el mundo en un día, fue aumentar el número de ciudadanos que intentaron e intentarán sumarse a sus filas.

El gobierno le prohibe ahora a las Damas de Blanco seguir caminando por las calles de La Habana como lo han hecho en estos siete años, pacíficamente. Sólo les permiten marchar en los alrededores de la parroquia Santa Rita. Yo presiento que la iglesia de Miramar, que ya ocupa un lugar en la historia sagrada de Cuba y de la Iglesia, se va a llenar mucho más. A no ser que las tropas paramilitares lo impidan y la Iglesia católica cubana lo permita. Cometería un pecado grave, ella lo sabe.