El Señor te bendiga
y te guarde;
te muestre su rostro
y tenga misericordia
de ti.
Vuelva a ti su mirada
y te conceda la paz.
El Señor te bendiga.

 

A nuestros congresistas
Dora Amador
9 de diciembre de 2009

Ellos no lo ven, no tienen conciencia de lo gravemente errada que es su posición respecto a Cuba. Luchan por lograr su libertad, actúan de buena fe y creen que aislar a la isla y a los 11 millones de cubanos que habitan en ella es lo correcto, lo moral, lo que hará que caiga al fin el comunismo castrista.

Sin embargo, levantar el embargo y que los estadounidenses puedan viajar a Cuba es lo que derribaría a la dictadura cubana.

Fidel Castro ha hecho todo lo posible, con éxito, para que no se quite el embargo ni haya acercamiento ni relaciones con Estados Unidos. Sin su enemigo él se destruye. Les aseguro que se muere.

Yo les pido a nuestros congresistas cubanoamericanos que revisen profundamente su política, y que en un gesto de honestidad y lucidez consigo mismos y con el pueblo cubano den un giro de 180 grados, liberándose así de los fuertes lazos que los tienen atados a una postura que no da resultados.

Estos expertos legisladores tienen en sus manos el poder para derribar al régimen totalitario de los hermanos Castro si apoyan el levantamiento del embargo y la propuesta de que los estadounidenses viajen a Cuba. Los argumentos a favor de lo que planteo sobran, están más que comprobados, pero si dudan, por favor hablen con Oscar Espinosa Chepe, con Yoani Sánchez, con Oswaldo Payá, con Dagoberto Valdés, con Vladimiro Roca, con cualquiera que viva allá, no tiene que ser conocido. El pueblo cubano de a pie ha demostrado una y otra vez su apoyo a las medidas del presidente Obama. Son los abrazos, el amor, las conversaciones, las relaciones que establecen con sus familiares, que llevan la lumbre de la democracia en su piel y en sus palabras lo que hará estallar la luz de la libertad.

Además entraría mucho más por los aeropuertos: CDs, DVDs, memorias flash, laptops, USBs, cables, celulares, medios de comunicación inmensamente liberadores.

Eso en cuanto a la isla. Ahora quiero referirme a otro asunto de incalculable importancia para este país que queremos y del cual somos ciudadanos: Estados Unidos.

Yo les pido a nuestros congresistas cubanoamericanos que revisen profundamente su política, y que en un gesto de honestidad y lucidez consigo mismos y con el pueblo americano den un giro de 180 grados y apoyen la reforma del sistema de salud Affordable Health Care for America Act. ¿Cómo estos congresistas que representan a los hispanos del sur de la Florida pudieron unirse a la repugnante maniobra obstruccionista republicana?

Ellos son republicanos, cierto. Pero conocen muy bien la urgente necesidad de servicios médicos que tienen decenas de millones de ciudadanos.

¿Cuándo ha propuesto ese partido una reforma al sistema de salud? Los guerreros de Halliburton y compañía estuvieron ocho años en el poder, ¿plantearon alguna vez algo que no sirviera exclusivamente a los ricos y poderosos de este país que han dejado en la ruina? En el historial republicano aparecen las vergonzosas oposiciones al Seguro Social y al Medicare.

He leído cuidadosamente en cada una de sus páginas web las razones por las que nuestros congresistas se oponen al excelente proyecto de ley demócrata. No hay caso. Es el mismo discurso de todos los ultraderechistas que apoyan la dictadura neoliberal que gobierna este país.

Espero que no hayan sido de los 42 congresistas demócratas y republicanos que se oponen a la reforma sanitaria, que cuando tomaron el podio en la Cámara de Representantes repitieron las mismas frases y argumentos redactados por las compañías aseguradoras, una redacción para argumentos demócratas y otra para republicanos (ver el artículo In House, Many Spoke With One Voice: Lobbyists, de Robert Pear, The New York Times, 14 de noviembre de 2009).

Alguien con quien estaba conversando el otro día sobre la situación nacional y la reforma sanitaria que necesita urgentemente este país me dejó saber que ella pensaba que yo era izquierdista. Le dije: yo soy cubanoamericana, y quiero lo mejor para ambas naciones: que en Cuba caiga para siempre el comunismo y sea un estado democrático, y que en Estados Unidos el capitalismo sea más humano.