Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, mayo de
2008
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El cristianismo y el diálogo entre las religiones
Mons Rodrigo Aguilar Martínez
Introducción
Hace algunos siglos Europa era prácticamente un mundo cerrado en
el que dominaba el cristianismo y se veía obligado a
confrontarse con una sola religión: El islam. Este encuentro fue
muchas veces violento, caracterizado por el desprecio recíproco
y por la guerra para destruirse mutuamente.
Las misiones cristianas que partieron de Europa, muchas veces se
han realizado en la historia más como imposición de la propia
religión y anulación de la religión nativa, aunque la doctrina y
el mandato no lo expresaran de esa manera.
En el mundo actual, caracterizado por rápidas comunicaciones,
movilidad humana e interdependencia, hay viva conciencia del
hecho de la pluralidad religiosa. Si bien en algunas partes las
religiones parecería que apenas sobreviven, al menos en cuanto a
la práctica de sus seguidores, en otras partes hay claras
muestras de revitalización, inspirando e influyendo en la vida
de millones de personas.
No obstante que sigue habiendo ejemplo de confrontación violenta
entre los seguidores de diversas religiones, se va pasando
paulatinamente al encuentro pacífico y el diálogo, especialmente
entre los dirigentes.
Intentos de encuentro
Si cada religión busca mejorar al hombre y su mundo de relación,
no debería ser imposible vivir en paz y armonía. ¿Por qué,
entonces, combatirse entre las religiones? ¿Por qué no encontrar
los puntos de acuerdo?
Una respuesta han sido los varios intentos de “sincretismo”: o
sea la mezcla de los mejores elementos de las varias religiones.
Alejandro Magno (356-323 A.c.) dio inicio, en su vasto imperio,
a un movimiento de intercambio y de fusión de las varias
religiones. Más tarde el imperio romano intentó acoger todas las
religiones unificadas bajo el culto del estado y del emperador.
En el siglo XVIII se intentó encontrar en la naturaleza humana
los elementos básicos para una religión universal sincretista:
Rousseau (1712-78) pensaba lograrlo, acogiendo los elementos
comunes de las varias religiones, despojándolas de todo aspecto
de revelación sobrenatural y remitiéndose a los aspectos
naturalmente buenos (por ejemplo el amor al prójimo).
Más tarde, Jung (1875-1961) encontró en la psicología del hombre
los elementos que confirman que la religión es indispensable,
porque responde a algunas de las exigencias fundamentales de su
espíritu. De aquí llegó a la conclusión de que todas las
religiones son verdaderas en la medida en que responden a estas
exigencias y satisfacen al hombre.
No faltan en la actualidad otros que han trabajado y siguen
haciéndolo, con la esperanza de llegar a una unificación de
todas las religiones. El problema está en el hecho de que
terminan no por unir las varias religiones, sino por crear una
nueva que se agrega a las otras, o al menos por crear una nueva
teoría y filosofía religiosa. Ejemplos de estos intentos
sincretistas tenemos: En el islam, el movimiento “Bahai” (con
sede en Israel); en el budismo, el movimiento “Cao Dai” que se
ha desarrollado en Vietnam; tenemos también la “Misión
Ramakrishna”, salida del hinduismo y que opera un poco en todo
el mundo. En todos estos casos, la pretensión es unificar las
varias religiones en una sociedad con una religión universal.
Sin embargo la actitud sincretista termina por ser poco
respetuosa de las varias religiones que pretende unificar,
realizando mezclas confusas y arbitrarias, que en lugar de
ayudar irritan a los pertenecientes a las diversas religiones.
Efectivamente, es muy diferente la actitud de un budista en
relación con Buda, que lo considera como un gran maestro y nada
más, frente a la actitud de un cristiano hacia Jesús, que lo
considera como Hijo de Dios encarnado.
El camino sincretista no es, pues, la solución de encuentro.
El Concilio Vaticano II
El Concilio Vaticano II ha sido un parteaguas en la vida
reciente de la Iglesia. En la última sesión del Concilio se
aprobó y promulgó la Declaración “Nostra aetate” (“En nuestra
época”), sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones
no cristianas. Son fundamentales e iluminadores algunos párrafos
(las negritas y cursivas son mías):
“1. En nuestra época, en la que el género humano se une cada vez
más estrechamente y aumentan los vínculos entre los diversos
pueblos, la Iglesia considera con mayor atención en qué consiste
su relación con respecto a las religiones no cristianas. En su
misión de fomentar la unidad y la caridad entre los hombres y,
aún más, entre los pueblos, considera aquí, ante todo, aquello
que es común a los hombres y conduce a la mutua solidaridad.
Todos los pueblos forman una comunidad, tienen un mismo origen,
puesto que Dios hizo habitar a todo el género humano sobre la
haz de la tierra, y tienen también el mismo fin último, que es
Dios, cuya providencia, manifestación de bondad y designios de
salvación se extienden a todos…”
“2. Ya desde la antigüedad y hasta nuestros días se encuentra en
los diversos pueblos una cierta percepción de aquella fuerza
misteriosa que se halla presente en la marcha de las cosas y en
los acontecimientos de la vida humana… penetra toda su vida con
un íntimo sentido religioso. Las religiones, al tomar contacto
con el progreso de la cultura, se esfuerzan por responder a
dichos problemas con nociones más precisas y con lenguaje más
elaborado. Así, en el hinduismo, los hombres investigan el
misterio divino y lo expresan mediante la inagotable fecundidad
de los mitos y con los penetrantes esfuerzos de la filosofía, y
buscan la liberación de las angustias de nuestra condición, ya
sea mediante las modalidades de la vida ascética, ya sea a
través de profunda meditación, ya sea buscando refugio en Dios
con amor y confianza. En el budismo, según sus varias formas, se
reconoce la insuficiencia radical de este mundo mudable y se
enseña el camino por el que los hombres, con su espíritu devoto
y confiado, puedan adquirir, ya sea el estado de perfecta
liberación, ya sea la suprema iluminación, por sus propios
esfuerzos o apoyados en un auxilio superior. Así también las
demás religiones que se encuentran por todo el mundo se
esfuerzan por responder de varias maneras a la inquietud del
corazón humano, proponiendo caminos, es decir, doctrinas, normas
de vida y ritos sagrados.
La Iglesia católica nada rechaza de lo que en estas religiones
hay de verdadero y santo. Considera con sincero respeto los
modos de obrar y de vivir, los preceptos y doctrinas, que,
aunque discrepan en muchos puntos de lo que ella profesa y
enseña, no pocas veces reflejan un destello de aquella Verdad
que ilumina a todos los hombres… Por consiguiente, exhorta a sus
hijos a que con prudencia y caridad, mediante el diálogo y la
colaboración con los adeptos de otras religiones, dando
testimonio de la fe y la vida cristiana, reconozcan, guarden y
promuevan aquellos bienes espirituales y morales, así como los
valores socio-culturales, que en ellos existen”
“3. La Iglesia mira también con aprecio a los musulmanes, que
adoran al único Dios, viviente y subsistente, misericordioso y
todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, que habló a los
hombres, a cuyos ocultos designios procuran someterse con toda
el alma, como se sometió a Dios Abraham, a quien la fe islámica
mira con complacencia. Veneran a Jesús como profeta, aunque no
lo reconocen como Dios; honran a María, su Madre virginal, y a
veces también la invocan devotamente. Esperan, además, el día
del juicio, cuando Dios remunerará a todos los hombres
resucitados. Por ello, aprecian la vida moral y honran a Dios,
sobre todo, con la oración, las limosnas y el ayuno…”
“4. Al investigar el misterio de la Iglesia, este sagrado
Concilio recuerda el vínculo con que el pueblo del Nuevo
Testamento está espiritualmente unido con la raza de Abraham.
Pues la Iglesia de Cristo reconoce que los comienzos de su fe y
de su elección se encuentran ya en los patriarcas, en Moisés y
en los profetas, conforme al misterio salvífico de Dios…
Además, la Iglesia, que reprueba cualquier persecución contra
los hombres, consciente del patrimonio común con los judíos e
impulsada no por razones políticas, sino por la religiosa
caridad evangélica, deplora los odios, persecuciones y
manifestaciones de antisemitismo de cualquier tiempo y persona
contra los judíos…”
El Concilio Vaticano II, en la Declaración mencionada, invita a
un encuentro entre las religiones sin caer en la indiferencia,
en el desprecio o en el sincretismo; sin renunciar a las propias
convicciones, pero tampoco sin descalificar las de los demás.
Esta actitud se llama “diálogo”.
El diálogo interreligioso arrancó con el Concilio Vaticano II
(1962-65) y gradualmente se va entendiendo y profundizando. La
situación difiere de país a país y entran factores no sólo
religiosos sino también culturales, sociales y políticos.
El Papa Juan Pablo II
El Papa Juan Pablo II, quien asistió como Obispo al Concilio
Vaticano II, ha promovido fuertemente el diálogo interreligioso.
Mediante el “Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso”
se mantienen frecuentes contactos con el mundo del Islam, del
Budismo y del Hinduismo; también hay interés de diálogo con las
Religiones Tradicionales. El diálogo con el Judaísmo se realiza
mediante una Comisión que pertenece al “Pontificio Consejo para
la Promoción de la Unidad de los Cristianos”.
Pero el mismo Papa Juan Pablo II, personalmente se ha preocupado
de cultivar el diálogo interreligioso. Ejemplo de ello son los
varios encuentros de oración por la paz en Asís, que ha
promovido con dirigentes de diversas religiones desde 1986;
también los encuentros con dirigentes y seguidores de las varias
religiones en sus viajes por el mundo.
En este punto me parece conveniente destacar otra aportación al
respecto: En 1993 se preparaba una entrevista televisiva, que el
Papa había aceptado, con motivo de sus 15 años de pontificado.
Dicha entrevista no se realizó por los muchos compromisos del
Papa; sin embargo el Papa mismo no quiso olvidar las preguntas
que con anticipación le había hecho llegar el conductor de la
entrevista, Vittorio Messori, y decidió responderlas por
escrito, texto que se publicó como libro con el título “Cruzando
el umbral de la esperanza”, en 1994. Dicho texto es valioso
porque presenta el pensamiento íntimo del Papa. Varias preguntas
se refieren al diálogo interreligioso. Por principio de cuentas,
el Papa no ve como algo negativo la pluralidad religiosa, sino
que se fija en lo positivo: “En vez de sorprenderse de que la
Providencia permita tal variedad de religiones, deberíamos más
bien maravillarnos de los numerosos elementos comunes que se
encuentran en ellas”. Y retoma el Papa especialmente el texto de
la Declaración conciliar “Nostra aetate”, diciendo
explícitamente: “las palabras del Concilio nos llevan a la
convicción, desde hace tanto tiempo enraizada en la tradición,
de la existencia de los llamados semina Verbi (“semillas del
Verbo”), presentes en todas las religiones. Consciente de eso,
la Iglesia procura reconocerlos en estas grandes tradiciones del
Extremo Oriente, para trazar, sobre el fondo de las necesidades
del mundo contemporáneo, una especie de camino común.”
El Papa mismo, en dicho libro, presenta su valoración explícita
de las religiones de tipo animista, del budismo, del islamismo y
del judaísmo. Por la brevedad de estos apuntes considero no
conveniente transcribir esa parte del texto, no obsante valiosa
para el diálogo interreligioso.
Las religiones se presentan
Cristianismo
“El cristiano que encuentra a otros creyentes lo hace como un
miembro de la comunidad de fe cristiana, o sea, como un testigo
de Jesucristo. Es importante que el cristiano tenga una clara
identidad religiosa. El diálogo interreligioso no pide que el
cristiano deje de lado algunos elementos de su fe o de su
práctica cristiana, ni que los ponga entre paréntesis, o menos
todavía, que dude de ellos. Al contrario, los otros creyentes
quieren conocer claramente quienes están encontrando.”
“Es nuestra firme convicción que Dios quiere que todas las
personas se salven (cf. 1Tim 2:4) y que Él puede conceder su
gracia también fuera de los limites visibles de la Iglesia (cf.
LG 16; Redemptor Hominis 10). Al mismo tiempo, el cristiano es
consciente que Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, es el
único y sólo Salvador de toda la humanidad, y que sólo en la
Iglesia que Cristo ha fundado pueden ser encontrados los medios
de salvación en toda su plenitud. Esto no debe, en algún modo,
inducir a asumir una actitud triunfalista o a actuar con un
complejo de superioridad. Al contrario, es con humildad y con el
deseo de un mutuo enriquecimiento que uno podrá encontrarse con
los otros creyentes, mientras se mantiene firme en las verdades
de la fe cristiana. El diálogo interreligioso, cuando es
conducido en esta visión de fe, en ninguna manera lleva a un
relativismo religioso.”
“El cristiano comprometido en iniciativas interreligiosas siente
cada vez más la necesidad de comprender las otras religiones
para precisamente entender mejor a los creyentes de las mismas.
Se podrá notar que existen muchos puntos comunes: creer en un
Dios que es Creador, la aspiración a la trascendencia, la
práctica del ayuno y la limosna, el recurso a la oración y la
meditación, la importancia del peregrinaje. Las diferencias, en
todo caso, no deben ser subestimadas. Una espiritualidad
cristiana del diálogo crecerá si ambas dimensiones son
mantenidas. Mientras se aprecia la acción del Espíritu de Dios
entre las gentes de otras religiones, no solo en los corazones
de los individuos, sino también en algunos de sus ritos
religiosos (cf. RM 55), la unicidad de la fe cristiana será
respetada.” (Cardenal Francis Arinze, Presidente del Pontificio
Consejo para el Diálogo Interreligioso)
Budismo
“La actitud del budismo en relación con las otras religiones es
de plena amistad; pero esto no significa que todas las
religiones procedan hacia la misma meta y que todas las
creencias sean diferentes interpretaciones de la única suprema
Verdad. De todos modos, sin ningún sentimiento de división o de
antagonismo, el budismo coopera plenamente con todas las
religiones en los problemas mundanos o espirituales que lleven
al bien y a la felicidad de la humanidad… Si, gracias a sus
convicciones religiosas, los hombres de fe diferente no se
encuentran sobre una plataforma común como hermanos y hermanas,
entonces ciertamente la misión de todos los maestros religiosos
será un doloroso fracaso” (Pujia Narada Maha Thera, jefe de los
sacerdotes del templo Vajirarama en Colón – Sri Lanka).
“Es muy difícil tener una sólida convicción y al mismo tiempo
ser tolerantes, pero buda mismo y muchos de sus seguidores han
llegado a esta tolerancia. Los budistas son conocidos
dondequiera por su actitud abierta en relación con las otras
religiones” (Jaime Nakamura, maestro de filosofía hindú y
budista en la universidad de Tokio).
Confucianismo
“En base a la doctrina de la igualdad de todo el género humano y
de la universalidad del cielo, el verdadero confuciano cree que
haya algo común en todas las religiones genuinas, y que las
diferencias entre las religiones se deban considerar simplemente
como caminos diferentes para llegar al mismo objetivo. No es
necesario para nosotros juzgar cuál de los sabios sea el más
grande o haya conseguido el más alto grado de espiritualidad.
¿No es más humilde por nuestra parte suspender el juicio y
concentrar nuestras energías espirituales en la admiración de su
grandeza y en mejorar nuestra personalidad para alcanzar la
estatura a la que ellos ya han llegado?
“Lo único que puede resolver la división y el choque entre
religiones diferentes no es ni el sincretismo ni el imperialismo
religioso, sino una actitud de respeto hacia todas las
religiones genuinas” (Chun I T’ang, rector del Asia College,
Hong Kong).
Judaísmo
“La esperanza dominante de los judíos no es la de convertir todo
el mundo al judaísmo, sino de convertir todo el mundo a Dios… El
judaísmo jamás ha rechazado la posibilidad de cooperar con las
otras creencias en la construcción de una sociedad buena, firme
en sus convicciones, respetuoso hacia las otras, y tampoco ha
puesto en cuestionamiento su papel positivo en el plano divino
de la historia. Maimónides (estudioso judío del siglo XII) y
otros dirigentes han considerado a Jesús y a Mahoma como
instrumentos divinos para preparar el camino a la conversión
universal de la humanidad a la fe en el único verdadero Dios…
(Como quiera que sea) es mucho mejor y mucho más práctico buscar
vías de cooperación común sobre la base de un sincero
reconocimiento de las diferencias existentes, más que en una
ficticia identidad de miradas. La lealtad a la propia fe puede y
debe ser parte de una más amplia lealtad a la fe en general. Hay
un gran espacio de intereses comunes en el que todas la
religiones pueden cooperar en el interés y en el respeto
recíprocos, influyéndose mutuamente y aprendiendo los unos de
los otros” (Abba Hillel Silver, rabino de Cleveland, Ohio –
U.S.A.)
Hinduismo
“Es firme convicción de los hinduistas que ninguna religión por
si sola pueda satisfacer a todos los hombres, porque no todos
tienen el mismo temperamento, y dado que cada uno debe tener una
religión que lo satisfaga, tendrá que haber muchas religiones,
que puedan permitir a cada uno seguir su religión a elección… El
hinduismo atiende una gran sinfonía de los ideales religiosos.
Lo que desaprueba es el odio, la santurronería y el fanatismo
religioso. ‘Tantas creencias, tantos caminos’, ha dicho Sri
Ramakrishna, el último profeta del hinduismo.” (Swami
Sankarananda, presidente del Ramakrishna Math y Misión – India).
Islamismo
“Nosotros, judíos, cristianos y musulmanes, debemos
considerarnos como parte de una misma familia polígama. Tenemos
el mismo padre, pero cada uno de nosotros ha sido educado por
una madre diversa. Aunque la madre nos da su modo de ver,
permanece el mismo padre. Debemos ser como los huevos de una
misma nidada, chocan pero no se rompen. Agrego que ustedes no
encontrarán de inmediato interlocutores en la multitud
musulmana, pero sólo con el tiempo, porque ella piensa que el
cristiano es un enemigo y hay que combatirlo. Hay, por tanto,
trabajo por realizar. Sean pacientes. Sólo partiendo con buena
voluntad, como hoy, llegaremos a hacer algo.” (M. Hampaté Ba,
representante de la Cosa de Marfil en la UNESCO, en la
intervención en una sesión de estudios sobre el islam organizada
por misioneros de Nigeria).
“La actitud del islam hacia las otras creencias, está
determinada por las explícitas enseñanzas del corán. El derecho
fundamental de todas las creencias a existir en plena libertad,
está establecido inequívocamente en el mandamiento: ‘No habrá
ninguna constricción en materia de religión.
El corán ha dicho que la humanidad no seguirá nunca un único
credo, y por esto los ritos, los dogmas y los modos de adorar,
seguirán siendo diferentes; pero, no obstante esta variedad,
todo credo a su modo debe comprometerse en la realización máxima
del bien; las religiones deben competir la una con la otra en
este esfuerzo común” (M. Hafiz Syed, maestro en la Universidad
islámica de Allahabad – India).
Simposio sobre “Los recursos espirituales de las Religiones para
la paz”, Roma, 16-18 de enero de 2003.
38 participantes de 15 países diferentes se han dedicado a
explorar los ricos recursos de las religiones (budismo,
cristianismo, hinduismo, islam, jainismo, judaísmo, sikhismo y
zoroastrismo) por la paz. He aquí un fragmento de la Declaración
final del Simposio:
“En los meses recientes se han intensificado los discursos de
guerra, pero no ha habido el mismo incremento de discursos de
paz. Es necesario dedicar esfuerzos para examinar cómo, en un
mundo que está cada vez más interconectado, podamos encontrar
nuevos caminos para respetar nuestras diferencias religiosas
mientras creamos vínculos pacíficos basados en nuestra común
humanidad.
“Nuestras escrituras y tradiciones son los recursos espirituales
más importantes que cada uno de nosotros posee. Estamos
convencidos que las escrituras de cada religión enseñan el
camino de la paz, pero reconocemos también que nuestros varios
escritos sagrados con frecuencia se han utilizado, y seguirá
sucediendo, para justificar violencia, guerra y exclusión de los
demás. Nuestras varias comunidades no pueden ignorar esos
pasajes que a menudo han sido mal interpretados o manipulados
para fines indignos como el poder, la riqueza o la venganza,
pero debemos reconocer la necesidad de nuevos estudios
contextuales y de un conocimiento más profundo de nuestras
varias escrituras que claramente proclaman el mensaje y el valor
de la paz para toda la humanidad.
“[La] educación religiosa que toma en serio la autocomprensión
de las otras tradiciones religiosas, es esencial para comunicar
el mensaje de paz a las nuevas generaciones. El reto es el de
permanecer fieles a la propia religión sin denigrar o
distorsionar la de los demás… El respeto recíproco y el respeto
por las diferencias no son simplemente objetivos nobles, sino
realidades alcanzables.
“La opción por la paz no significa una pasiva tolerancia del mal
o un compromiso de principio. Requiere una lucha activa contra
el odio, la opresión y la división, pero no el uso de métodos
violentos. La construcción de la paz requiere una acción
creativa y animosa. El empeño por la paz es un trabajo paciente
y perseverante. Comprende también la prontitud para examinar de
manera autocrítica las relaciones de nuestras tradiciones con
aquellas estructuras sociales, económicas y políticas que son
frecuentemente agentes de violencia y de injusticia.
“Reconocemos que en el contexto interrelacionado de nuestras
vidas contemporáneas, la cooperación interreligiosa no es ya una
opción sino una necesidad. Se podría decir que ser religiosos
hoy quiere decir ser interreligiosos. La religión prosperará en
este siglo sólo en la medida en que mantengamos un sentido de
comunidad entre personas de diferentes creencias religiosas que
trabajan juntas como una familia para obtener un mundo de paz.”
Conclusión
El diálogo interreligioso exige dos cosas fundamentales: tener
algo propio por comunicar, de la misma manera sostener que
también los demás tengan algo bueno por enseñarnos; ambos
aspectos deben estar unidos y dirigidos al mutuo entendimiento y
enriquecimiento.
Si renunciamos a nuestras convicciones por una malentendida
actitud de paz, los demás no podrán sacar nada bueno de su
encuentro con nosotros. Pero, por otra parte, si no estamos
convencidos de que también los seguidores de otras religiones
puedan comunicarnos algo bueno, entonces asumiremos una actitud
de autosuficiencia y pretenderemos actuar sólo como maestros,
cerrando nuestra alma a las riquezas del encuentro.
Se trata ante todo de un “diálogo de vida”: compartir la vida
comunidades de religiones diversas que pueden vivir en paz, una
junto a la otra, cada uno practicando con coherencia su fe y
testimoniándola a los demás, respetándose y solidarizándose en
el bien. Esto es urgente en la actualidad, dada la constante
movilidad humana.
El cristiano debe estar convencido de que tiene una gran verdad
por anunciar a los demás y que éste es un deber preciso; pero
también debe estar convencido de que podrá y deberá aprender
mucho de los demás: por ejemplo para no caer en el activismo, en
el ajetreo de la vida diaria, los monjes budistas dan testimonio
del espíritu de oración; o las tendencias individualistas y
antiecológicas reciben correctivo de la solidaridad y armonía
con la naturaleza de las poblaciones animistas; es muy conocido
el influjo ejercitado por Gandhi sobre los cristianos con la
doctrina y la práctica de la no-violencia.
Pero también es posible el “diálogo formal”: personas de
religiones diversas que se encuentran para afrontar juntos
problemas comunes de carácter social, moral, político, etc; cada
uno tomando inspiración de la propia religión y buscando
encontrar soluciones aceptables para todos. Por ejemplo cómo
afrontar problemas de la familia y la vida humana, de la
instrucción, de la emigración, de la paz y de la libertad,
particularmente la libertad religiosa.
El camino en el diálogo interreligioso está apenas iniciado; hay
mucho trecho por realizar. Dispuestos y deseosos de compartir
las propias riquezas y de respetar y de recibir las riquezas de
los demás, se podrá construir una mejor convivencia humana.
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