Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, abril de
2008
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La revelación divina
Etimológicamente, "revelación" viene del verbo griego "apocalyptein"
y de éste al latino "revelare". Su significado, en el lenguaje
común, es dar a conocer lo que estaba previamente escondido. Es
el acto de una comunicación inesperada, de un conocimiento con
hondo significado vital.
Teológicamente es la manifestación libre de Dios al hombre
dentro del marco histórico. Es gratuita y aporta novedad sobre
Dios que llama al hombre a la fe y de este modo lo justifica.
La revelación tal y como la entendemos tiene unos elementos
caracterís?ticos que la configuran ontológicamente:
Dios revelándosenos por pura iniciativa suya.
El hombre con capacidad de acoger y responder en libertad (fe).
Contenido objetivo revelado.
1. CONCEPTO DE REVELACION.
1.0 Recorrido histórico del concepto revelación.
En el AT la noción dominante para la compren?sión de la
revelación es el concepto de "Palabra de Dios" dirigi?da a
Israel a través de la historia. Dios se comunica como Palabra.
La palabra de Dios es una fuerza dinámi?ca que pide la
obediencia y lleva al hombre a la acción. El punto central de la
revelación del AT. es la alianza de Dios con su pueblo. Así, la
alianza se convierte en la palabra de Dios por excelencia,
plasmada en la ley y meditada como Sabiduría.
En el NT. la acción de la alianza se cumple en Jesucristo
convirtiéndose en LA PALABRA DE DIOS( Jn.1,14.)[1], que no sólo
se revela sino que es autorrevelación personal de Dios. Esta
revela?ción se ofrece a todos los hombres que así pueden formar
parte de la comunidad de los creyentes de Jesús la iglesia.
En la patrística, la revelación es vista como acción de Dios que
invade e ilumina el mundo y posibilita ya una cierta plenitud,
anticipa?ción de la visión eterna de Dios.
En la escolástica se concibe en forma de un cuerpo de doctrina
divina que da respuesta alas cuestiones importantes sobre Dios,
el hombre y el universo. Este cuerpo de doctrina, comunicado por
medio de los profetas y de los apóstoles, se encuentra en la
biblia como fuente primaria.
La Reforma protestante ve la revelación como la respuesta a la
ansiedad del hombre movido por el Dios gratuito. Por la
Revelación Dios ofrece la salvación a los pecadores a través de
los méritos de Jesucristo. El mensaje evangélico esta
fundamenta?do primariamente en el N.T. y, sobre todo, en la
doctrina paulina de la justificación.
En la Contrarreforma, se incorpora la visión medieval de la
Revelación como cuerpo de doctrina y la Iglesia como maestra
autorizada. Esta doctrina es derivada de la Escritura y la
Tradición.
I. LA REVELACIÓN EN LA ESCRITURA
1.1 Antiguo Testamento
No aparece explícitamente el término revelación sino que esta
realidad se expresa a través de otra categorías que describen
esta intervención de Dios en la historia. Encontramos palabras
como aparecerse, Palabra, nombre, Gloria de Yahvé.
* Aparecerse. Gn 26,24ss., derivada del término "epifano".
* Palabra. Elaboración israelita. Dios se comunica, habla, da a
conocer su Palabra de promesa. Es el "dabar" que puede resultar
operativo como en el caso de la creación (Gn 1) o noético,
enseñando un contenido divino.
* Su nombre. Siempre se vincula a su actuar (Ex 3,14). Su nombre
es su actuación histórica. Se resalta su poder y se expresa con
antropomorfis?mos (Ex 32,31; Jer 9,11; Is 30,27).
* Gloria de Yahvé. Es un concepto de tipo sacerdotal que expresa
dinamicidad e iniciativa divina, es Dios dándosenos,
revelándosenos. Se presenta como unicidad frente al politeísmo y
el tiempo es siempre el mismo marco de actuación.
Estas representaciones del Antiguo Testamento obedecen a un
doble sentido:
- La revelación es siempre entendida como manifestación de Dios
en el marco de la historia, surge en un marco concreto, el
Pueblo elegido, para posteriormente tender a la universalidad. A
lo largo de este proceso Dios se revela, en un principio en la
creación y después en la Alianza.
- La revelación siempre lo es del designio salvífico. Así se
comprende el grado procesual: Esclavitud --> Alianza --> Reino
de Dios. Se muestra la misericordia de Dios y se dirige al
hombre para que salga del pecado y de este modo recupere su
dinamismo y su horizonte hacia un futuro salvífico. Mediando
este diálogo de Dios-hombre se haya la Alianza, que configura el
proceso de tal manera que cada cumplimiento progresivo abre a
una nueva promesa. Tras la experiencia de destierro y el
movimiento profético, el futuro esperado de Salvación, se
proyecta a la consumación escatológica.
La manifestación de Dios por la historia, en el orden a la
salvación, tiene en el Antiguo Testamento unas características
que la distingue de cualquier otro tipo de conocimiento.
Dios se manifiesta para salvar de un modo interpersonal desde su
iniciativa. Su palabra es como signo y realidad de la unidad de
la economía salvífica, que sitúa al hombre ante al salvación.
Esta posición exige del hombre una respuesta de fe, que se acoge
en libertad. La esperanza se convierte en el motor del
movimiento progresivo hacia la escatología.
Se nos presenta como la intervención gratuita y libre por la que
el Dios santo y oculto se va dando poco a poco a conocer, a sí
mismo y su acción salvadora. Esta acción de Dios es concebi?da
como palabra de Dios que anuncia y promete.
Tiene estos rasgos específicos:
a) Es esencialmente interpersonal. Es manifestación de alguien a
otro. Yhwh ( Ex. 20,2)[2] es a la vez el Dios que revela y el
Dios revelado; se da a conocer y se hace conocer.
b) Procede de la iniciativa de Dios. No es el hombre quien
descubre a Dios: es Yhwh el que se manifiesta cuando quiere, a
quien quiere y por que quiere. Es el primero es escoger,
prometer y hacer alianza ( Gen 12, 1-3).
c) Lo que da unidad a la economía de la revelación es la palabra
(Ex. 19,5-6). Predomina la escucha frente a la visión. Dios le
habla al profeta y lo envía a hablar. La palabra es el
intercambio entre Dios y el hombre pero inicia en la visión. El
pecado del hombre es el no oír la palabra.
1.2 El Nuevo Testamento
Sus términos son más frecuentes y matizados, y la razón de ser
así es porque ya se posee la experiencia singular de la
manifestación de Dios por su Hijo (Heb 1,1).
1.2.1 Los términos más utilizados:
Lo que intenta comunicarnos el N.T. es que La Palabra,
Jesu?cristo, dirigi?da a los hombres asume la carne humana y el
lengua?je del hombre. Jesús es, pues, la palabra última y
definitiva: el centro, el culmen y consumación de la acción
reveladora de Dios.
Utiliza al menos 15 términos algunos son: apokalyptein,
Phaneroo, Gnorítsein, Didaskein, kerigma, Martyría, Mysterion.
Sin embargo su referencia es siempre Jesús de Nazaret y su
actividad; por tanto la revelación es principalmente la
descripción de su persona, de su actividad y de su enseñanza.
1.2.2 La revelación en las diferentes tradiciones:
En la Tradición Sinóptica, Cristo es el revelador en cuanto
predica la Buena Nueva y enseña con autoridad la palabra de
Dios. El contenido de la revelación es la salvación ofrecida a
los hombres, que ha aparecido en persona y obras de Jesús, y que
se expresa singularmente en el acontecimiento pascual.
Los Hechos, en continuidad con los sinópticos, presentan a los
apóstoles como los testigos de Jesús, que proclaman la buena
nueva y enseñan lo que han recibido del maestro. Su función, por
tanto, es ser testigos y heraldos del Evangelio.
Con Juan, el punto de partida es que Cristo manifiesta al Dios
invisible ( Jn 14,8). Cristo es el Hijo que manifiesta al Padre
por sus obras y palabras. Desde el prólogo lo presenta como el
perfecto revelador del Padre: su preexistencia como Logos de
Dios ( Jn 1, 1-2), su entrada en la carne y en la historia (Jn
1,14) y su intimidad permanente de vida con el Padre, tanto
antes como después de la encarnación ( Jn 1,18 ).
Para Pablo, Jesús es el contenido de la revelación. La comunidad
que ofrece la salvación es la Iglesia de la que Cristo es
Cabeza.
La revelación en Hebreos radica en dos puntos: la tensión entre
la A. y N. Alianza y la grandeza y las exigencias de la Palabra
de Dios.
Con respecto a la A. y N. Alianza, en Heb. 1,1-2. se mani?fiesta
que en la economía de la salvación hay una continuidad - Dios y
su palabra -, una diferen?cia - tiempos, modos, mediadores y
destinatarios- y una superio?ridad - Cristo, mediador único de
la revelación y superior a la antigua revelación -. En segundo
lugar, Heb 2,1 dice que hay que obedecer al evangelio más aun
que la ley, en virtud de la superioridad absoluta de Cristo.
1.2.3 Se resalta el cristocentrismo de la revelación:
- Como plenitud. Es el culmen de la revelación, como acción,
mensaje y encuentro (Ef 3,6; 2 Cor 1,20). Cristo revela y se
revela (es sujeto y objeto de revelación). Es el medio
privilegiado de comunicación de Dios. Es motivo de credibilidad
por su autoridad, milagros y resurrección.
- Como personificación. Es el lugar en el que la Palabra y las
obras se dan cita.La palabra revela el sentido y lo interpreta.
Cristo es la Palabra que se hace historia.
- Como cumplimiento de las promesa. Entre el Antiguo y el Nuevo
Testamen?to se da una continuidad porque Cristo es el
cumplimiento de las promesas del Antiguo Testamento y aporta la
novedad de la intensidad, el modo y forma de llevarse a cabo.
Podemos hablar de cumplimiento en varios sentidos:
* Hodie: Para el AT lo importante es el "Futuro".
En el NT lo importante es el "Ahora". Cristo es plenitud del
tiempo. El futuro es el "hoy" que espera consumación.
* Ecce: Cristo es el aquí de Dios, es figura definitiva pues
quien lo ve a él ve al Padre.
* Cumplimiento de esperanza: Pues sobre la Ley se sitúa la
Gra?cia. Es el Mesías que lleva las promesas a cumplimiento con
el Amor y la Gracia.
- Como contenido de la historia de Dios. Dios desde el principio
se hace presente en la historia, ahora se hace plena su
presencia por la encarnación, así se manifiesta la historia como
el lugar de la revelación de Dios Trinitario.
II. REVELACIÓN EN LA TRADICIÓN DE LA IGLESIA
2.1 Trento
El objetivo de la fe es el Evangelio. Es sintomático que no diga
revelación. El Evangelio es origen de toda verdad cristiana y
norma de costumbre. Arrastra el influjo medieval de ver la
revelación como el origen divino de la fe y no su contenido.
2.2 Concilio Vaticano I
Habla en la constitución Dei Filius de la revelación
sobrenatural y como ésta es el objeto de la fe. Por tanto, ya se
entiende por revelación la doctrina, el contenido de la fe
misma. Se define lo que es revelación sobrenatural: aquel
conjunto de misterios contenidos en la Palabra de Dios y
propuestos por el magisterio. El sobrenatural es entendido como
sobreañadido.
La teología moderna de la revelación afirmaba que se podía tener
un conocimiento natural de Dios por una parte, y que la Verdad
misteriosa estaba garantizada por la autoridad de la Escritura y
de la Iglesia (concepción extrincesis?ta).
- Este concilio no habla de la revelación natural, sino que la
reconoce de forma implícita como otra posibilidad de
conocimiento sobre Dios. A Dios se le puede conocer por la
razón, a través de la creación y por la "analogía entis" (DS
3004, FIC 39).
- La revelación sobrenatural es el nivel concreto en el que se
ha dado la revelación. Es imprescindible para llegar al
conocimiento de Dios sin negar la libertad humana. Se connota la
gratuidad del acto (DS 3005, FIC 40).
2.1. El Concilio Vaticano I.
Es en este Concilio donde se emplea, por primera vez, la
expresión revelación en enfrentamiento con el raciona?lismo
ilustrado, que proclama la total independencia del
entendimien?to humano y pretende entender el cristianismo a
partir de la razón. La mentalidad racionalista se enfrenta
abiertamente a revela?ción cristiana, pues considera la
revelación como un atentado contra la autonomía y la dignidad
del hombre. Lo que se discute en este momento es el hecho de su
existencia, de su posibilidad y de su objeto y no la naturaleza
y rasgo de la revelación.
Tenemos tres posiciones:
1) El deismo, parte de la concepción de que la razón tiene que
tener una autonomía absoluta. Rechaza, pues, la hipótesis de una
revelación y de una acción trascen?dente de Dios en la histo?ria
humana.
2) El protestantismo liberal y las posiciones extremas del
modernismo, reducen la revelación a una forma intensa de
senti?miento religioso universal.
3) Los evolucionistas consideran que hay que suprimir uno de los
dos términos: Dios.
Frente a estas posiciones el Vaticano I se pronununció
expresamente acerca de la revelación en la Constitución
dogmática sobre la fe católica: " Dei Filius" ( cap. 2).
Párrafo primero: El conocimiento natural de Dios y el hecho de
la revelación sobrenatu?ral.
" La misma santa madre Iglesia sostiene y enseña que Dios,
principio y fin de todas las cosas, puede ser conocido con
certeza por la luz natural de la razón humana a partir de las
creaturas; porque lo invisible de Dios resulta visible a la
inteligencia desde la creación del mundo, a través de las cosas
creadas ( Rom 1,20 ) sin embargo plugo a su sabiduría y bondad
revelar el genero humano por otro camino, y éste sobrenatural,
tanto a sí mismo, como los eternos designios de su voluntad.
Pues dice el Apóstol: Después de haber hablado Dios a nuestros
padres en el pasado muchas veces y de formas diversas en los
profetas, en estos últimos tiempos nos ha hablado en su Hijo (
Heb 1,1.)".
Comentario:
Primer párrafo.
a) El concilio distingue dos caminos por los que el hombre puede
acceder al conocimien?to de Dios: la revelación natural frente a
los que negaban que no existía tal posibi?lidad. La segunda vía
es la revelación sobrenatural contra los que conce?dían a la
razón plena autonomía y suficiencia, reduciendo la revelación
como una realidad inmanente al hombre. La revelación natural,
según las palabras del Concilio, ha acontecido y ha sido dada en
la obra de la creación. De élla se dice que permite reconocer y
ver a Dios como fundamento y fin de todas las cosas, citándose
la Carta a los Romanos ( 1,20). Se dice, que esta revelación
está al alcance de la luz natural de la razón humana en forma de
conocimiento[3].
Pero l via o revelación sobrenatural supera y desborda la que se
da en la revelación natural como obra y creación de Dios.
Consis?te en que Dios, de una manera que no puede ser deducida y
ni alcanzada a partir de la creación y del hombre, se da
aconocer "a sí mismo y los decretos de su voluntad". Es por
tanto, aquella forma de manifestación divina que objetivamente
no esta incluida en la creación y en el hombre y que no puede
ser alcanzada por la capacidad intelectual del ser humano.
b) Es don e iniciativa de Dios.
c) El Objeto de la revelación es "Dios mismo y los decretos
eternos de su libre voluntad".
d) Es para el beneficio de toda la humanidad, es decir, es la
intención salvífica de Dios lo que explica la revelación.
Párrafo segundo: La necesidad moral de la revelación.
"Gracias a esta revelación divina, resulta posible a todos los
hombres conocer fácilmente, con firme certeza y sin mezcla de
error, aun en las condiciones actuales del género humano, todo
aquello que en el campo de lo divino no es de suyo accesible a
la razón. Más no por esto ha de considerarse absolutamente
necesaria la revelación. La necesidad absoluta de la revelación
proviene de que Dios en su infinita bondad ordenó al hombre a un
fin sobrena?tural, es decir, a la participación en unos bienes
divinos, que sobrepasan todo cuanto puede alcanzar la
inteligen?cia humana; puesto que ni ojo vio, ni oído oyó, ni el
corazón del hombre pudo concebir lo que Dios ha preparado para
los que le aman ( 1 Cor. 2,9)".
Segundo párrafo:
El concilio afirma que la revelación sobrenatural no es fruto de
una necesidad de Dios de dar a conocer sus designios al hombre y
completar lo que éste desconoce sino es necesaria y tiene
sentido también para que " aquellas cosas divinas que son de
suyo accesi?bles a la razón humana puedan ser conocidas, en la
situación presente del género humano, por todos, fácilmente, con
firme seguridad y sin mezcla de error."( Suma Teológica, T. de
Aquino I, q. 1, a. 1.).
Párrafo tercero: Contenida en las SS. EE. y Tradición.
"Ahora bien, esta Revelación Sobrenatural, según la Fe de la
Iglesia Universal declarada por el Santo Concilio de Trento, se
contiene en los libros escritos y en las tradiciones no
escritas, que recibadas de los apóstoles de boca del mismo
Cristo, o por los mismos apóstoles bajo la inspiración del
Espíritu Santo transmitida como de mano en mano, han llegado
hasta nosotros".
Tercer párrafo:
Nos comenta que la revelación sobrenatu?ral esta conteni?da en
la SS. EE. y en la Tradición y su transmisión.
2.3 Concilio Vaticano II
El documento principal a este respecto es la Dei Verbum. Se
asume Trento y se precisa el Vaticano I en lo referente a la
relación Evangelio-Verdad Salvadora, se subordina a Cristo, que
es plenitud de la revelación y se suprime la categoría
sobrenatural. Se comprende la revelación: como automanifestación
de Dios en la Historia de Salvación de la que Cristo es
plenitud.
- Objeto de la revelación. Es gratuita y por iniciativa divina.
Dios revela el misterio de su voluntad y se revela a sí mismo.
Todo ello se cumple en Cristo que otorga un nuevo conocimiento
sobre Dios y el "misterio voluntatis" de salvación.
- Naturaleza de la revelación. Es dialógica y se define por la
analogía de la palabra. La visión está destinada para después de
la muerte. Ahora es la palabra la que introduce al hombre en la
comunicación del Amor divino. Esta comunicación se da en la
historia a través de la encarnación y así la revelación es:
- histórica en palabras y acciones.
- sacramental en la unión entre palabra y acción.
- Articulación cristológica. Cristo es a la vez el revelador de
Dios como trinidad y el mediador de esa revelación. A la par
revela el misterio del hombre. Es la plenitud por ser él lo
revelado y el revelador.
LA REVELACION DE LA "DEI VERBUM".
a) Proemio. El concilo Vaticano II, hablando en primera persona,
quiere manifestar su doctrina sobre la auténtica revela?ción
divina. Utilizando las palabras de San Juan (1 Jn 1,2-3), nos
expresa cómo la vida que estaba actuando en el Padre se nos ha
hecho visible, se nos ha manifestado. Esta realidad debe ser
transmitida.
b) Naturaleza y objeto. La revelación no se debe a nosotros,
sino iniciativa exclusiva de Dios, objeto de su bondad y
sabidu?ría. Lo que Dios revela no es algo externo a el
(verdades), sino que se revela a sí mismo. La naturaleza de la
revelación es que "Dios invisible, movido por su amor, habla a
los hombres como ami?gos". (Ex 33,11)
Se abrió una concepción histórico-salvífica de la revela?ción.
"Este plan de la revelación se realiza con palabras y hechos
intrín?secamente conexos entre sí. de forma que las obras
realizadas por Dios en la historia de la salvación manifiestan y
confirmar la doctrina y los hechos significados por las
palabras, y las palabras proclaman las obras...". (DV, 2)
A la pregunta de cuáles son estas obras y si se trata
exclusiva?mente de milagros, la Comisión Teológica precisó: "En
el texto, las obras no se refieren sólo a los milagros, sino a
todos los aconteci?mientos salvíficos". De aquí no sólo se
deduce que al texto de la Escritura hay que preguntarle -sobre
la base de la crítica histórica- qué historia es la que expresa,
sino también que la misma historia, entendida no de un modo
particular, tiene a su vez una función reveladora. Esto
significa que la teología y la enseñanza del magis?terio, para
reflexionar sobre la revelación a partir de lo que realmente es,
deben preguntarse por el sentido de la historia y también por la
realidad de su dimensión históri?ca[4].
Es decir, los acontecimiento de la historia encierran un
miste?rio, que es el plan salvífico de Dios y su realización,
plenamente consuma?dos en Cristo, revelador y revelación, por
ser palabra hecha carne, acontecimiento de la historia.
Luego, en su peregrinación hacia el Reino, la Iglesia tiene, por
tanto, conciencia de que la historia es aún reveladora; y, si
bien es verdad que no puede añadirse nada a la plenitud de la
revelación acaecida en Cristo, también es cierto que la plenitud
exige caminar hacia la verdad completa (cf. Jn 16,13)[5].
c) Preparación de la revelación evangélica. La historia de la
salvación, desde la creación pasando por toda la historia de
Israel, es vista como una preparación el camino del Evangelio.
Es decir, la historia de la revelación es la historia de la
salva?ción (cf. DV, 3).
d) En Cristo culmina la revelación. Cristo es el culmen del
hablar de Dios (así lo expresa el comienzo de la carta a los
He?breos). Se expresa una continuidad entre Antiguo Testamento y
Nuevo Testamento. En Cristo se nos da una plenitud y superación
del A.T. La palabra fundamental se nos da en el Hijo: en Jesús
se nos ha manifes?tado la intimidad de Dios y la obra de la
salva?ción. La economía cristiana, por se Alianza nueva y
definitiva, nunca pasará; ni hay que esperar otra revelación
pública antes de la golriosa manifesta?ción de Jesús (cf. DV,
4).
e) La revelación debe recibirse en la fe. El hombre debe
some?terse a Dios que se revela mediante la fe. para dar esta
respuesta es necesaria la gracia de Dios. La respuesta, por
tanto, no es fruto sólo de nuestro esfuerzo, sino sobre todo es
gracia. La comprensión de la revelación se hace mediante el
Espíritu Santo (DV, 5).
f) Las verdades reveladas. Dios se manifiesta a sí mismo y sus
planes de salvación. El hombre puede conocer a Dios con la razón
natural. "Dios puede ser conocido por la luz natural de la razón
humana, reflexionando sobre el mundo creado, porque el mundo
habla, de manera irrefutable, de su autor. Hemos de atri?buir,
sin embargo, a la revelación el que estas verdades religio?sas
puedan ser conocidas por todos, de modo fácil, con firme certeza
y sin mezcla de error alguno. En este texto, considera el
Concilio el objeto de la revela?ción en sí mismo (Dios y sus
decretos), según la proporción de este objeto con el espíritu
humano (misterios que superan el alcance de nuestro espíritu, y
verdades accesibles a la razón natural) y su finalidad
(salvación del hombre, participación en los bienes divinos) (cf.
DV, 6)[6].
Aspectos más importantes de este capítulo I:
- Se nota el paso de un concepto de revelación gnoseológica a un
concepto de revelación más vital y existencial.
- Concibe la revelación desde una dimensión más histórica.
- La centralidad en Cristo. El es el término definitivo de la
revelación. La Iglesia profundiza en esta revelación.
- Se da importancia a la respuesta del hombre en la fe realizada
por la ayuda del Espíritu Santo.
- Se mantiene la división entre conocimiento por la razón y por
la revelación.
III. CONCEPTO TEOLÓGICO DE REVELACIÓN
3.1 Revelación natural o general.
Es la manifestación de Dios en la creación de tal suerte que el
hombre es capaz de descubrir a Dios en las obras de la
naturaleza. Esta revelación, aunque es verdadera (Rom 1,20; Sab
13,5), es imperfecta; se trata de un conocimiento que se basa en
la analogía del ser.
Para que este conocimiento imperfecto de Dios pueda darse hay
que hablar de:
a) La presencia de Dios en la creación que se rastrea en la
naturaleza y en el hombre (Jn 1,3) porque ha sido creado a
imagen del Hijo.
b) La capacidad cognoscitiva humana para alcanzar este misterio
por la misma presencia de Dios en el hombre (gracia increada).
Esta revelación se presenta como universal, alcanzable a todos
los hombres y es el primer camino de la revelación divina y la
base donde se desarrolla la revelación sobrenatural.
En síntesis: es la manifestación de Dios en el ámbito de lo
creatural (incluido el hombre) que puede percibirse por la razón
natural a través de la analogía del ser y nos proporciona un
conocimiento limitado del mismo Dios.
3.2 La revelación sobrenatural o particular.
Es la automanifestación de Dios que no está que no está dada en
la condición natural del hombre y del mundo, sino en la historia
de la salvación.
Dios no sólo quiso manifestarse por la creación, sino que quiso
entrar en relación inmediata con el hombre, estableciendo un
diálogo con éla través del acontecer histórico. Es un encuentro
personal, fruto de la iniciativa graciosa y especial de Dios.
Tiene un carácter verbal y operante: la palabra anuncia e
interpreta el hecho, porque es el mismo Dios el que está
actuando y haciéndose presente.
En esta revelación se desvela un contenido de verdades
religiosas (la automanfiestación de Dios conlleva un contenido
noético) que:
Objetivamente no están dadas con la creación ni con el hombre.
Subjetivamente: no pueden alcanzarse con la penetración innata
del espíritu humano.
Finalidad de la revelación sobrenatural
* Dios manifiesta su esencia divina: el hombre conoce quién es
Dios.
* Su esencia divina, el misterio de su voluntad es su empeño en
salvarnos: rescatar nuestra condición caída y alumbrar nuestra
vocación divina. El hombre conoce su plan de salvación.
Es una revelación singular y especial, porque se con.concreta en
determinados momentos históricos y se dirige a personas
concretas (Israel, profetas, Jesús). No obstante tiene un
carácter universal en tanto que es para todos los tiempos y para
todos los hombres. Hace que toda la historia se convierta en
historia de Salvación.
La única respuesta posible a esta revelación de Dios es la fe y
fidelidad del hombre. Ya no basta la luz natural, se precisa una
luz sobrenatural gratuita que asienta desde la libertad
personal.
La culminación y plenitud de la revelación sobrenatural se ha
dado en Jesús.
3.3 Revelación primitiva
Es la que hace referencia a la situación del hombre en su primer
estado. Se entendía como prólogo para recibir la anterior
revelación. En la época moderna se utilizó para explicar la
universalidad del fenómeno religioso en el hombre, desde un
estudio de la fenomenología.
- Escuela de Tübingen. Presupuesto para la religión primitiva,
funda?mento de la variedad de religiones (Drey, Möhler).
- Escuela de Viena. Propone un primer estadio religioso de tipo
monoteísta, gracias a una revelación primigenia, desde donde se
pasaría al politeísmo (Schmidt, Koppers).
Esta tesis de la revelación primitiva no es doctrina eclesial
(DS 2811, FIC 11). Rahner considera esta tesis como la
experiencia de la inmediatez de Dios a la conciencia humana, ya
que Dios no es una acción innata en el hombre, ni un mero
conocimiento sistemático, pero sí está dado en la misma
estructura del hombre.
3.4 Revelación activa y pasiva.
Por activa se entiende, el acto mismo de revelación o
automanifestación. Por pasiva, el contenido mismo de la
revelación.
IV. CARÁCTER COGNOSCITIVO DE LA REVELACIÓN
La revelación es bidimensional, por un lado es experiencia de
comunión con Dios y por otro es adoctrinamiento e instrucción.
Aporta al hombre conocimientos, de otra manera inalcanzables,
aparecen contenidos nuevos, se ensancha la capacidad
cognoscitiva humana. Esto nos plantea una cuestión fundamental:
¿cómo la revelación aporta este conocimiento que para la
capacidad de conocer humana supone un salto cualitativo? Dios no
es un concepto elaborado por la mente del hombre, fruto de se
proceso intelectivo (está en un orden de ser que se escapa a la
percepción humana).
Aquí adquiere toda su importancia la Encarnación es el paradigma
en cuanto que en ella se da el máximo grado de adecuación entre
el sujeto cognoscente y el objeto conocido, su explicación
estriba en la identidad en Jesús de sujeto y objeto de la
revelación.
El hombre sólo puede conocer a Dios, si se da un proceso de
connatura?lización del hombre con Dios, y la fe es principio
cognoscitivo que no anula la capacidad racional, sino que ésta
se ejecuta en un segundo momento, porque la fe nos lleva ante el
objeto y a partir de ahí es la inteligencia la que ha de
penetrar y esclarecer el misterio de Dios.
El proceso cognoscitivo se ha interpretado de diversas formas.
La interpretación clásica viene de la mano de San Agustín, para
quien la profecía era entendida como iluminación y visión
interior, así se puede hablar de las cosas divinas. San
Buenaventura postulaba esa iluminación como necesaria para el
conocimiento de lo divino, inalcanzable sólo por la razón. Es un
"Actio Dei" autentica que se realiza en el proceso intelectivo.
Santo Tomás distingue entre revelación e iluminación. La primera
es el conocimiento del misterio de Dios que necesita mediación
de lo sensible, por analogía. Mientras que la segunda es igual
pero sin necesidad de imágenes, sin analogía.
V. REVELACIÓN E HISTORIA
Hablar de la relación entre historia y revelación supone tener
en cuenta tres aspectos: la revelación nos ha llegado en la
historia; ella misma tiene una historia que nace en la creación
y llega hasta la plenitud en Cristo; la misma historia se hace
revelación de Dios, los acontecimientos (tanto de acción como de
palabra, son manifestación de Dios).
5.1 La historia como "locus revelationis".
Israel es el primero en oponer una concepción lineal del tiempo
a una concepción cíclica (propia de las religiones de la
naturaleza de su entono circundante); la consecuencia es clara,
la historia tiene un principio y un fin.
La Salvación se realiza en esta historia temporal: está
vinculada a una sucesión de acontecimientos que se desarrollan
según un designio divino y se dirigen hacia un hecho único: la
muerte y resurrección de Cristo. La atención de Israel se centra
en la historia, en lo que Dios hizo, hace y hará según sus
promesas. Israel confiesa que Dios intervino en su historia y su
existencia cambió por completo.
De esta intervención de Dios en la historia se derivan dos
cosas:
* Valor de la historia: adquiere una dimensión nueva al ser
portadora de las intenciones de Dios.
* Sentido de actualización: Dios está cerca, es actual y puede
intervenir en cualquier momento.
5.2 "Historia revelationis".
La revelación es un acontecimiento libre y gratuito de Dios, no
dependiente de predicaciones o de deseos humanos.
Las intervenciones de dios en la historia salpican muchos siglos
en un proceso creciente que culmina en Cristo. La plenitud de
este acontecimiento sólo puede comprenderse a la luz de su
preparación a través de los siglos.
A lo largo de la historia se va trazando una línea donde va
apareciendo el plan divino, la economía de salvación (en un
principio de carácter particularista en Israel, que
progresivamente se abre a la universalidad realizada plenamente
en la Iglesia).
5.3 Revelación en la historia. (O la historia como "Historia de
Salvación".
La historia no es una mera suma de aconteci?mientos en línea
temporal, sino tan sólo aquellos que tienen honda densidad y por
eso se conservan y recuerdan. Para hablar de revelación por la
historia hay que unir dos realidades: acontecimiento y palabra.
Un acontecimiento no es plenamente inteligible como revelación
si no va acompañado de la palabra que expresa el sentido de la
acción divina. Dios interviene en la historia y dice a la vez el
sentido su intervención. El profeta es el testigo e intérprete
cualificado de la historia; la historia aparece como historia de
Salvación.
5.4 Consecuencias de la historicidad de la revelación.
Esta forma de revelarse que tiene Dios de Israel, tiene una
serie de consecuencias que califican la misma revelación de
Dios.
- La naturaleza de la revelación:
La revelación no se nos da en un sistema de proposiciones
abstractas sobre Dios, sino que va incorporada a los
acontecimientos de la historia. Conocemos a Dios por cómo actúa
y no se agota en el acontecer.
- El progreso de la revelación.
El conocimiento se profundiza y purifica, pero siempre a través
de la historia. Este progreso se realiza por la palabra que
acompaña a la historia y manifiesta su significación salvífica.
Dios se va descubriendo cada vez más cercano al hombre, más
íntimo y misericordioso, hasta alcanzar su cumbre en Jesu-cristo
que revela a Dios como Padre y abre el camino para la definición
trinitaria.
- El particularismo de la revelación
El escándalo del particularismo (Israel) es inseparable de la su
historización. La elección está ligada a la misión y al
servicio. La elección mira a la universalidad a través de Israel
tal como se va descubriendo a lo largo de la historia de la
salvación.
- La validez de la revelación
La revelación es válida para todos los hombres y para todos los
tiempos, porque es una historia abierta, marcada por el anticipo
escatológico de Cristo.Dios preparó el espíritu humano por la
elección de su pueblo, después la revelación progresó con el
profetismo hasta Cristo. Protegió la transmisión con el carisma
de la inspiración y la hizo conservar y defender a su Iglesia
para que siguiera viva y eficaz.
VI. TRASMISIÓN DE LA REVELACIÓN
En el hecho de la trasmisión se ponen en juego dos cuestiones
fundamentale?s:
* El proceso mismo de trasmisión: cómo nos llega a nosotros la
revelación dada en plenitud en Jesucristo.
* La autenticidad de lo transmitido: cómo se mantiene auténtica,
fiel a los orígenes.
El Vaticano II trata este tema en el capítulo II de la DV, tras
hablar de la naturaleza de la revelación. De hecho la
transmisión ocupa un segundo momento en la historia de la
salvación (primero es el hecho de la revelación), pero si lo
consideramos desde la perspectiva del sujeto creyente es un
primer momento, pues sólo puede conocer la revelación a través
de la transmisión (eclesial).
a) Tradición Eclesial
La posibilidad de acceder a la plenitud de la revelación está
mediada por la Iglesia;sólo es posible por la tradición de la
Iglesia que perpetúa y actualiza el testimonio apostólico.
El concepto de Tradición según el Vaticano II no es un contenido
inamovible e invariable desde siempre, sino la fe vivida en la
misma Iglesia. Sus dimensiones son la doctrina, vida y culto que
le ayudan a trasmitir lo que ella es (DV 8).
El carácter eclesial, es la comunidad de fieles que conservan la
Palabra de Dios gracias a la asistencia del Espíritu Santo y se
manifiesta en su vida, culto y doctrina. Toda la Iglesia es
sujeto de Tradición pero con funciones diferentes.
En conclusión, así entendida la tradición, como la fe vivida de
la Iglesia, hay que decir:
- La tradición precede temporalmente a la fijación por escrito
de la fe (Escritura)
- Es en suma, la base de toda fe.
b) Testigos de la Tradición.
A) La Escritura
La fe de la Iglesia de los primeros tiempos, constituida sobre
el testimonio apostólico, pronto se objetivó en la Escritura. La
Iglesia la ha considerado en todos los tiempos como norma de la
fe con un carácter no comparable a otros escritos. La Escritura
es Palabra de Dios, norma para la Iglesia.
La razón por la que la Escritura es considerada Palabra de Dios,
testimonio de la revelación cuya plenitud es Cristo, se
encuentra en el carisma de la inspiración para poner por escrito
y sin error la revelación de Dios.
* Relación entre Escritura y Tradición
El testimonio inspirado que es la E. no está aislado de la
tradición, sino que nace y encuentra su identidad profunda en su
referencia a la Iglesia primitiva.
Esta relación no siempre estuvo tan clara, en concreto la
teología postridentina se desvía de la concepción de los Padres
de Trento e interpreta la frase "in libris scriptis et sino
scripto traditionibus" en el sentido de dos testimonios (casi
paralelos) de la revelación: la Escritura y las tradiciones no
escritas.
Habrá de llegar el Vaticano II para esclarecer la relación entre
la E. y la tradición eclesial: hay una fuente, la Palabra de
Dios, que es transmitida por escrito y en la vida de la Iglesia
(DV 9). La DV recuerda tres aspectos:
* El conocimiento del canon (DV 8)
* La interpretación y actualización de la E. (DV 8)
* La certeza de los revelado, "ya que no es por la sola
escritura que la Iglesia conoce la certeza de lo revelado (DV
9).
Esta perspectiva no parece contradecir el principio de la
suficiencia material de la Escritura (contiene todo lo necesario
para la salvación; aunque de hecho hay dogmas que no están
presentes en la E., como los últimos mariológicos), pues el Vat
II parece diferenciar entre los datos constitutivos de la E. y
el papel de discernimiento de la tradición eclesial.
La tradición no se principalmente como camino de nuevos
conocimientos sino como criterio de acceso a la E. Con esta
perspectiva, la cuestión, aún abierta, de la suficiencia
material de la E. ha perdido importancia en el campo de la
teología.
B) El Magisterio
En esta línea interpretativa de la Palabra de Dios se sitúa el
magisterio. A él corresponde el papel de garantizar la
autenticidad de la revelación. Su función es, pues, de ser signo
de la definitividad de la revelación: es la garantía de que la
palabra salvífica de Cristo está dirigida a todo tiempo en orden
a la vida cristiana.
La DV apunta en esta dirección al afirmar que el magisterio "no
está por encima de la Palabra de Dios, sino a su servicio para
enseñar puramente lo transmitido (DV 10). Esta afirmación
destaca el papel criteriológico de su misión como servicio a la
Palabra de Dios.
C) Síntesis
1) La transmisión eclesial de la E. es una dimensión
constituyente del testimonio apostólico y se manifiesta
especialmente en las tradiciones no escritas (enseñanzas de los
Stos PP, así como en la liturgia, "lex orandi statuat lex
credendi").
2) La tradición eclesial asume función de discernimiento y de
criteriología decisiva en el marco de la interpretación y
actualización de la E., fundamentalmente en dos aspectos: el
canon y la certeza de lo revelado.
3) Sobresale en este punto la misión del magisterio como
servicio a la transmisión eclesial (DV 10) y sino de la
definitividad de la relación.
4) La transmisión eclesial implica a la Iglesia en todo lo que
ella es y todo lo que cree por mediación de su doctrina, de su
vida y de su culto.
VII. BIBLIOGRAFÍA
Constitución dogmática "Dei Verbum". En especial el capítulo II.
LATOURELLE, R., Teología de la revelación, (Salamanca 1985).
Para la parte bíblica pp. 17-86; para la relación Iglesia -
revelación pp.505-525.
PIÉ I NINOT, S., Tratado de Teología Fundamental, (Salamanca
1989). Para la cuestión dogmática pp. 143-150; para las formas
de revelación pp.173.
3. CRISTO MEDIADOR Y PLENITUD DE LA REVELACION.
Ambos conceptos mediador y plenitud aparecen en el N.T. con
referencia a Cristo.
En la Carta a los Heb. 1,1-14 vemos como la primacía de Jesús se
manifiesta con las categorias de profe?ta, sacerdote y rey. En
2,10 se nos da acono?cer el motivo de su encarna?ción, que es
hacer partícipe a los hombres de la salvación por su reden?cion.
Este término, mediador, lo encontramos aplica?do a la condi?ción
de sumo sacerdote. Jesús se presenta como víctima, altar y
ofrenda de salva?ción: dando plenitud a la Nueva Alianza.
En Cols. 1,20 y Efs. 1,9-10, Pablo, utiliza el término de
pleni?tud. En Cols. se refiere a la persona de Cristo y en Efs
se le aplica a la Iglesia: que es cuerpo de Cristo, que
participa de ese dominio de Cristo. Efs. utiliza con el término
plenitud refiriendose a recapi?tular o reunir.
Am?bas cartas subrayan la divini?dad de Cristo. Cristo es la
cabeza de la iglesia que es su cuerpo; no hay sabiduría más
profunda que la revelada en el misterio del evange?lio, que es
Cristo (Cols. 2,6).
La Patrística ven en Cristo la cima, la consumación de la
historia de la salvación.
Así, Ignacio de Antioquía ve en la persona de Cristo el todo de
la revelación y de la salvación. Todas las manifestaciones del
A.T. se orientan hacia la manifestación definitiva de la
encar?nación: "el conocimiento de Dios es Jesucristo" (Eph.
15,1; Magn. 9,1). En Phil 9,1 nos dice que Cristo es "la puerta
por la que entran Abrahán, Isaac y Jacob y los profetas y los
apóstoles de la Iglesia; todo esto conduce a la unidad con
Dios".
Para Ireneo la revelación se presenta como la epifanía del Padre
a través del Verbo encarnado. Cristo o el Verbo encarnado es el
visible, el palpable, el que manifiesta al padre mientras que el
Padre es el invisible que manifiesta al Hijo encarnado y
visible.
Si Cristo es a la vez misterio revelante y misterio revela?do,
el mediador y la plenitud de la revelación, se sigue que él
ocupa en la fe cristiana una posición absolutamente única. Creer
en Cristo es creer en Dios. Cristo no es un simple fundador en
una religión; es a la vez inmanente a la historia y el
transcen?dente absoluto.
Si Cristo esta entre nosotros como el verbo encarnado los signos
que permiten identificarlo como tal no son exteriores a él, sino
que emanan de ese centro personal de irradiación que es Cristo.
Como él es en su persona en su ser luz y fuente de luz, Jesús
puede hacer gestos, proclamar un mensaje, introducir en el mundo
una calidad de vida y de amor jamás visto y hacer surgir la
cuestión de su identidad real. En efecto las obras, el mensaje,
el comportamiento de Jesús manifista en nuestra mundo la
presen?cia del totalmente Otro.
4. EL CRISTIANISMO Y LAS RELIGIO?NES.
En todas las religiones hay revelación. Toda revelación es
"fanía", manifestación del Misterio. Se puede hablar de una
historia general de la revelación ("como concepto trascendente")
y de una historia particular de la revelación (concepto
categorial).
Según Kasper[7], al hablar de revela?ción hay que distinguir
entre revelación como "concepto trascendente" y revelación como
"concepto categorial".
Cuando hablamos de revelación en el primer sentido nos referimos
al hecho de que el Misterio está siempre automanifestán?dose al
hombre, le sale al encuentro, y ello por medio de mediacio?nes,
ya que es Inefable y el hombre no lo puede alcanzar por su
propia voluntad, por lo que El tiene que tomar la iniciativa de
revelarse. En este sentido tenemos que decir que Dios se revela
en todas las religiones. "La revelación bíblica reconoce esos
hechos de revelación que se producen fuera de la historia
oficial del A. T. y N.T. La biblia habla en diveros pasajes de
paganos que son testigos del Dios vivo: Abel, Henoc,
Melquisedec, Job... Dios quiere " que todos los hombres se
salven y llegen a conocer la verdad" (1 Tim 2,4). Por eso el
mismo concilio Vaticano II dice: « Desde los tiempos más remotos
hasta nuestros días se da en los diversos pueblos un cierto
conoci?miento de ese poder oculto que preside el curso del mundo
y los acontecimientos de la vida humana, y se da también con
frecuencia el reconocimiento de una divinidad suprema o de un
Padre supremo... La religión católi?ca no excluye nada de lo que
hay verda?dero y santo en estas religio?nes. Mira con profundo
respeto aquellas acciones y conductas, aquellas prescrip?ciones
y doctrinas que en algunos puntos se desvían de lo que ella
acepta y enseña pero que no pocas veces manifiestan un rayo de
luz de esa verdad que ilumina a todos los hombres»[8].
Sin embargo, el concepto de revelación tiene otro modo de
entenderse si lo tomamos como "concepto categorial", y en él nos
referimos a cómo esa revelación general se concreta en un
pueblo, cultura etc., o sea, en una religión concreta. Es aquí
donde el cristianismo se arroga la plenitud de la revelación en
Jesucristo frente a las otras religiones. ¿Cómo conciliar la
afirmación de plenitud de la revelación particular del
cristianismo con el hecho de que existan distintas religiones en
las que también se revele Dios?.
Torres Queiruga[9] arroja un poco de luz sobre el tema al
explicar él como una revelación no podría ser verdaderamente
plene si de algún modo no alcanzara a todos los hombres-mujeres,
y cómo se debe entender que Cristo es plenitud de la revelación.
El dice que culminación o plenitud no significa que Jesús lo
haya sabido o dicho todo en detalle, sino en haber descubierto
las claves funda?mentales que permiten al hombre, en cualquier
circunstancia fundamen?tal de la vida y de la historia, estar
orientado ante Dios, ante sí mismo y ante los demás.
En primer lugar, Jesús asumió una tradición revelatoria definida
por lo histórico y personal, y dentro de ella, la ruptura con lo
mágico, literal y legalista, le permitió acceder al misterio de
Dios en sí mismo y en su relación con el hombre, descubriendo y
mostrando
a Dios como Padre de una manera insuperable. Esta
insuperabilidad no es exclusivismo, sino culminación. En
definitiva, de lo que se trata es de comprender que por fin en
Jesús Dios ha podido culminar -no empezarlo ni realizarlo sólo
en él- el proceso de írselo entregando todo a la humanidad en el
orden religioso, de suerte que ya no es preciso salirse del
espacio abierto por Jesús para estar orientados en la relación
con Dios y con todos los demás desde Dios.
¿Cómo entender una revelación universal si los destinatarios han
constituido una minoría dentro de la universalidad humana?. Dos
evidencias: * la universal voluntad salvífica de Dios (1 tim 2,
4).
* La radical centralidad de Cristo.
La particularidad de Cristo no es un capricho divino sino una
necesidad del amor salvífico. Aún en esa particularidad se
realiza lo universal destinado a todos los hombres como
ofrecimiento universal. Una revelación verdaderamente universal
tan solo se podría dar desde la particularidad de una
radicalidad histórica (lo universal se dá sólo en las iglesias
situadas ante un mundo carente de revelación).
La postura alternativa hace oscilar el péndulo desde lo
particular a lo universal convirtiendo a todas las religiones en
manifestaciones solo culturalmente distintas de una unica e
identica experiencia fundamental. A la esencia de la experiencia
cristiana pertenece la conciencia de que lo que ella descubre no
está separado de lo que descubren los demás, pues sabe que el
mismo Dios que la salva a ella está trabajando con su gracia en
toda la humanidad para garantizar la salvación. La
particularidad humana de Jesús situada en un contexto
determinado se convierte en la presencia universal por el
resucitado, sin límites de espacio y tiempo.
Por otro lado, Kasper defiende que la revelación particular y
general no son contradictorias. La particular (en nuestro caso,
el cristianismo) está ordena?da a expli?citar y delimitar la
general. En palabras de él: "el sentido de esta historia general
de la revelación de Dios se nos descifra en la historia especial
de la revelación, en la historia de la revelación del antiguo y
nuevo Testamento. En efecto, la imagen de Dios resulta ambigua
en la historia general de la revela?ción (...). Hay una historia
espe?cial de la revelación de Dios, ordenada a la histo?ria
general de Dios con los hombres". Aun así, el problema sigue en
pie, porque no explica el por qué de la superioridad del
cristianismo respecto de las demás reli?giones. Otros intentos
de respuesta son:
a) K. Rahner. Afirma que las religiones no cristianas contienen
elementos sobrenaturales por la gracia de Cristo que trascienden
el marco del cristianismo. El cristiano sale al encuentro del
hombre de otras religiones para tratarlo como alguien que puede
ser considerado cristiano anónimo. Si en estos hombres hay
gracia es porque proviene de Cristo. La Iglesia no es la
comunidad exclusiva de salvación, sino la explicitud histórica
que el hombre espera. La Iglesia es signo manifiesto de la
voluntad divina de salvación de todos los hombres. Su postura
hace del cristiano anónimo una realidad deficiente.
Piensa también que toda historia trata de la salvación del
hombre. Admite una historia particular de salvación dentro de
una historia universal, la cual es tan extensa como la historia
profana.
b) H. Küng. Parte afirmando que en las otras religiones pueden
los hombres alcanzar la salvación. Pero todas las religiones no
son igualmente verdaderas. El cristianismo tiene que hacer de
catalizador crítico con respeco a las religiones. No obstante,
debemos librarnos de toda arrogancia ni fomentar un sincretismo
que elimine su plurali?dad. El cristianismo debe ser más bien un
espontáneo y desinteresado servicio a los hombres.
c) Pannemberg: Deja claro que "la revelación solo resulta
aceptable y universal si se puede validar ante la razón crítica
e investigación histórica. La actuación del Dios bíblico no es
un acontecimiento secreto y misterioso que pueda ser confundido
con un cierto gnosticismo".
"A diferencia de las apariciones particulares, la revelación
hsitórica está abierta para todo el que tiene ojos para ver:
tiene caracter universal".
Parte de que en toda la historia universal se trata del hombre,
de su salvación, toda historia es historia de salvación.
d) Culmann: Populariza el concepto de historia de la salvación
manifestando que es una selección de acontecimientos que se dan
en la historia universal que son elegidos por el mismo Dios y
que en su nexo forman una historia especial sobre lo profano; es
un nexo posible desde la revelación de Dios a los profetas y
apóstoles.
[1] " Y la Palabra se hizo carne, y habitó entre nosotros, y
hemos visto su gloria, la gloria propia del Hijo único del
Padre, lleno de gracia y verdad."
[2] " Yo soy Yhwh, tu Dios, que te ha sacado del país de
Egipto".
[3] No se dice nada, acerca del cómo de este conocimiento y
tampoco del número de hombres que alcanzan de hecho este
conoci?miento.
[4] EICHER, P.; La revelación administrada. Concilium, 133, pp.
329.
[5] ALBERIGO, G. - JOSSUA, J.P.; La recepción del Vaticano II.
Cristiandad, Madrid 1987, pp. 161.
[6] LATOURELLE, R.; Teología de la revelación. Sígueme,
Salamanca 1969, pp. 372.
[7] KASPER W.; El Dios de Jesucristo. Ed. Sígueme. Colección
Verdad e Imagen. Salamanca, 1985, p.144.
[8] Nostra Aetate, 2.
[9] TORRES QUEIRUGA A.; El diálogo de las religiones. Cuadernos
Fe y Secularidad nº 18. Sal Terrae, 1992.
Discípulos. Revista de Teología y Ministerios
www.ciberiglesia.net/discipulos
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