Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, abril de
2008
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Mirce Eliade
(Bucarest, 1907 - Chicago, 22 de Abril de 1986) es el estudioso
del hecho religioso que más ha marcado la orientación del
conocimiento científico (histórico y fenomenológico) de las
religiones en nuestro siglo. Rumano de nacimiento, tras sus
estudios de filosofía estuvo tres años en la India (1928-1931).
Se exilió de Rumanía y se instaló en París, donde residiría y
publicaría hasta su marcha a los EE.UU. para culminar una
ingente obra en la que no faltan ni las obras más
especializadas, ni las introducciones más genéricas, pasando por
colaboraciones en revistas, dirección de obras colectivas (la
principal de ellas The Encycopaedia of religion) y
narrativa.
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1. Trayectoria humana e intelectual.
En 1949 publica su Tratado de historia de las religiones, donde
afirma un método basado en una concepción coherente de los
fenómenos religiosos como hechos con sentido propio. En 1956
sucede en Chicago a J. Wach en la cátedra de Historia de las
Religiones, cátedra que desde 1985 llevaría su nombre. Junto con
E. Jünger publica Antaros (1960-1971), investigación sobre el
mito y el símbolo. Con J.M. Kitagawa y Ch. M. Lang edita la
revista History of religions. La máxima expresión de su obra es
la Historia de las creencias y de las ideas religiosas (1967),
en la que a una vasta documentación, añade una fecunda capacidad
de extraer la unidad fundamental de los fenómenos religiosos,
unidad que se basa en una determinada dimensión del hombre, que
a su vez constituye una forma característica de realizar su
humanidad: el "homo religiosus".
Influido por C.G. Jung y su idea de los arquetipos, identifica
lo religioso como un constituyente de la conciencia humana,
buscando entre lo inconsciente elementos trascendentes. Los
fenómenos religiosos serían expresiones de unas experiencias
religiosas fundamentales.
Para él, la Historia de la Religión debe ser una disciplina
global. Sobre la base de los documentos aportados por los
especialistas hay que aplicar el aparato conceptual histórico y
crítico. Así se situaría en el marco histórico cada fenómeno
religioso como una forma determinada de hierofanía. Después
vendría el momento fenomenológico, en el que se intentaría
descifrar el sentido profundo de cada hierofanía sobre la base
de una comprensión autónoma (no evolucionista ni reduccionista)
de cada forma religiosa, por primitiva que sea. En la hierofanía,
lo sagrado se hace patente, el comportamiento del hombre
religioso es el punto de encuentro con lo sagrado. En un tercer
momento hay que situar el significado de ese fenómeno religioso
entre otros fenómenos del espíritu humano para hallar su
verdadero mensaje transhistórico: es la tarea hermeneútica.
Habría dos vías hermeneúticas. Por un lado lo que significa para
el homo religiosus que vive la experiencia hierofánica. En este
nivel, el símbolo, el mito y el rito son elementos constitutivos
de la vivencia espiritual del hombre arcaico. Por otra parte
tenemos el mensaje que el homo religiosus transmite al hombre
moderno. De este modo se logra el fruto de la aportación de lo
religioso a la cultura y a la construcción de un nuevo humanismo
para el hombre moderno y sus demandas espirituales. El fin
último de esta hermeneútica sería la unidad espiritual de la
humanidad sobre la base de la experiencia de lo sagrado vivida
por el homo religiosus. El método que servirá a esta
hermeneútica es el comparativo genético de G. Dumézil.
Así pues, vemos en la obra de Mircea Eliade una triple dimensión
para abordar una misma realidad: el hecho religioso. Los tres
enfoques, solidarios entre sí, son el histórico, el
fenomenológico y el hermeneútico. Y su desarrollo se hace en
torno a dos ejes: lo sagrado y el símbolo. La Historia de las
Religiones tiene por tarea pues, el descubrimiento y comprensión
del comportamiento del homo religiosus, como expresión de su
experiencia de la dimensión sacral de la existencia. La
realización de esta tarea mostrará que el hecho religioso es un
fenómenos universal que funda una estructura de lo real, revela
la existencia de lo sobrenatural y resulta normativo para la
conducta del hombre.
2. La experiencia de lo sagrado en Mircea Eliade .
Desde un estudio pormenorizado de las religiones a lo largo de
la historia, Mircea Eliade avanza en la comprensión del aspecto
universal de lo religioso, por cuanto halla en él una
manifestación de la unidad de la conciencia humana. Hay un homo
religiosus que en la multiplicidad de formas religiosas busca
una misma y primordial relación con lo sagrado. Y es más, esta
relación manifiesta en parte lo más humano del hombre. La
historia de las religiones se convierte así en una fenomenología
de la experiencia religiosa y una hermeneútica de las formas en
las que se vive dicha experiencia. Las distintas religiones en
las distintas épocas de la historia son distintas posibilidades
de una misma experiencia de pensamiento.
Lo religioso existe porque hay una estructura de la conciencia
humana basada en la relación con lo sagrado. No se trata de un
estadio más de la humanidad, sino de un constituyente de la
conciencia humana. Explicar desde fuera tal experiencia se
presenta como tarea imposible, pues no podría dar cuenta de su
verdadera razón de ser. La comprensión de lo religioso implica
la aceptación de su propia significación: lo sagrado es la
dimensión humana -en cuanto experiencia subjetiva y en cuanto
relidad objetiva que motiva esa experiencia- de inserción en una
totalidad que permite al hombre tomar conciencia de que es tal
hombre.
El hombre se halla enfrentado a una situación límite que le
configura: la historia, el devenir, la fugacidad temporal. Ante
esa experiencia límite (limitadora y situadora) el hombre se
capta como algo efímero y se ve empuja a salir de esa finitud,
superar esa condición histórica. El pensamiento socorre al
hombre en su huida hacia delante. Pero el pensamiento religioso
da un paso más y afirma al hombre en la existencia por su
relación con la realidad de lo sagrado. A través de los procesos
de iniciación: mito y rito, el hombre es comprende a sí mismo y
su situación en el mundo, sobre la seguridad de que es lo
sagrado lo que sostiene toda la realidad.
La sacralidad es fuente de lo real, sustrae al hombre y al mundo
de un devenir incierto y afirma la existencia sobre un cimiento
de realidad que llena de significado toda la experiencia humana.
Por eso lo sagrado es ante todo poder (Van der Leew), fuerza que
no sólo subsiste como algo diferente, totalmente otro (Rudolf
Otto), sino que da consistencia a todo lo demás. Lo que no es
sagrado es profano, inconsistente por sí mismo, fenoménico
frente a la esencialidad última de lo sagrado. Esta ruptura
ontológica entre lo sagrado y lo profano es vivida en las
iniciaciones como paso al nivel de lo verdaderamente real.
La historia de las religiones estudia las manifestaciones de lo
sagrado, las hierofanías, cuya comprensión es vía de comprensión
de todo el fenómeno religioso. Hay una dialéctica por la que lo
sagrado se manifiesta siempre a través de lo profano, arrancando
una parcela de la realidad profana y transformándola sin por
ello reducirse a ella. Lo sagrado se muestra en la hierofanía,
en la realidad que hace de sino suyo, como presencia
significada. Espacios y tiempos sagrados apuntan al centro de
todo y al tiempo fundante, ambos esenciales frente a todo lo que
no es esencial. Mitos y ritos permiten pasar de nuestra realidad
al punto focal de toda realidad.
Es el pensamiento simbólico el que permite interpretar el
significado de las formas religiosas, de los mitos y los ritos.
Pero para ello es necesaria una hermeneútica propia basada en
pasar de la explicación -traducción de un fenómenos aun lenguaje
común- a la comprensión o captar lo que la cosa es desde ella
misma. El símbolo no es un concepto ni una forma de
especulación, sino que permite captar directamente el misterio
consistente en que las cosas, tienen un comienzo que nos sugiere
lo que las precede, algo que concierne de forma fundamental a la
existencia humana. El símbolo se dirige pues a la existencia
para hacerle reconocer un sentido que sólo ella puede vivir en
solidaridad con el cosmos, por eso tiene el símbolo una
dimensión religiosa y por eso la experiencia religiosa se
expresa y comprende simbólicamente.
Como expresión privilegiada del pensamiento simbólico tenemos el
mito, cuyas palabras se enraízan en el misterio y facilitan la
irrupción de lo divino en el mundo. Las historias que cuentan
los mitos relacionan al hombre con lo absoluto y lo sitúan y
fundamentan en la existencia, precisamente por su relación con
lo absoluto. Los momentos y gestos que trasmiten los mitos
(especialmente el momento del origen) son paradigmas, modelos
que traspasan la historia.
Así las cosas, la historia de las religiones no se puede quedar
en contar las variedades de las formas religiosas, sino que ha
de ser exploración de la experiencia religiosa del hombre,
contribuyendo al conocimiento de las profundidades de la
humanidad, donde lo religioso está presente como primera
estructura del existir humano en el mundo. Por esa línea, el
estudio de las religiones ayuda a comprender qué somos, y en ese
sentido forma parte de la empresa necesaria de fundar un nuevo
humanismo, basado en parte en el reencuentro con la dimensión de
lo sagrado.
En historia de las religiones, “toda” manifestación de lo
sagrado es importante. Todo rito, todo mito, toda creencia o
figura de divina refleja la experiencia de lo sagrado, y por
ello mismo implica nociones de “ser”, de “significación” y de
“verdad”. Como ya dije en otra ocasión, <<resulta difícil
imaginar cómo podría funcionar el espíritu humano sin la
convicción de que existe algo irreductiblemente “real” en el
mundo, y es imposible imaginar cómo podría haberse manifestado
la conciencia sin conferir una “significación” a los impulsos y
a las experiencias del hombre. La conciencia de un mundo real y
significativo está íntimamente ligada al descubrimiento de lo
sagrado. A través de la experiencia de lo sagrado ha podido
captar el espíritu humano la diferencia entre lo que se
manifiesta como real, fuerte y rico en significado, y todo lo
demás que aparece desprovisto de esas cualidades, es decir, el
fluir caótico y peligroso de las cosas, sus apariciones y
desapariciones fortuitas y vacías de sentido>>{La nostalgie des
Origines, 1969}. En una palabra, lo “sagrado” es un elemento de
la estructura de la conciencia. En los niveles más arcaicos de
la cultura, “el vivir del ser humano” es ya de por sí un “acto
religioso”, pues tomar el alimento, ejercer la sexualidad y
trabajar son actos que poseen un valor sacramental. Dicho de
otro modo: ser -o más bien hacerse- “hombre” significa ser
“religioso”
{Historia de las creencias y de las ideas religiosas, vol.I,
Prefacio, p.15}.
4. Bibliografía en Castellano.
Extraída de El Vuelo mágico, (edición y traducción de Victoria
Cirlot y Amador Vega),Siruela, madrid 1995, 251-255 y de la
página web de J. Garrigós cuyo enlace viene más abajo;
actualizada el 17 de Enero de 2005.
[Título (lugar y año de la primera edición original) editorial,
lugar, año de la 1ª edición en castellano]
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México y Buenos Aires 1960; reimpr. hasta 1993.
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Fabril Editora, Buenos Aires 1961; Grupo Libro 88, Madrid 1991.
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Malla. Cristiandad, Madrid 1979. Reeditado a partir de 1999 por
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- El vuelo mágico, Siruela, Madrid 1995.
- La India (Bucarest 1935), prólogo de Mircea Handoca, trad. J.
Garrigós. Herder, Barcelona 1997.
- Diario íntimo de la India: 1929-1931, trad. J. Garrigós, Pre-Textos,
Valencia, 1997.
- La noche de San Juan (como La forêt interdit, París 1955),
prólogo de Mircea Handoca, trad. J. Garrigós, Herder, Barcelona,
1998.
- Los jóvenes bárbaros, trad. J. Garrigós, Pre-Textos, Valencia,
1998.
-El tiempo de un centenario. Dayan, trad. J. Garrigós, Kairós,
Barcelona, 1999.
- Las diecinueve rosas, trad. J. Garrigós, Kairós, Barcelona,
1999.
- Relatos fantásticos (Uniformes de general, Ivan, 12000 cabezas
de ganado y Un hombre grande). trad. del rumano al francés de
Alain Paruit; Paris: Gallimard, 1981
- Maitreyi, trad. J. Garrigós, Kairós, Barcelona, 2000.
- Diario 1945-69, trad. J. Garrigós, Kairós, Barcelona, 2001.
- Diario portugués (1941-45), trad. J. Garrigós, Kairós,
Barcelona, 2001.
-
Isabel y las aguas del diablo, trad. y prologado por J. Garrigós,
Espasa Calpe, Madrid, 2003.
RUT Revista Universitaria de Teología de Albacete
http://www.arrakis.es/~ruteol/eliade.htm
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