Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, marzo de
2008
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Reflexiones sobre la situación en el Tibet
John
Suarez
Antes de comenzar a meditar acerca de los hechos actuales en el
Tibet, es importante ponerlo en contexto. El Tibet fue
invadido por la China Comunista
en 1949 y diez años después un levantamiento de
alcance nacional fue aplastado y desde entonces ha habido un
proceso de genocidio étnico contra el pueblo tibetano. Durante
los últimos 49 años los intentos de diálogo y de resistencia no
violenta han chocado con más represión y más violencia. Hoy, las
protestas en el Tibet
y las protestas internacionales en solidaridad aparecen en las
principales noticias de todo el mundo. Hay quienes en los medios
internacionales se refirieron irresponsablemente a la “Intifada
Tibetana” y se centraron en actos de violencia
aislados. En televisión se ha visto
destrucción de la propiedad
y vehículos volcados. Si bien dentro de la no violencia
estratégica, la destrucción de propiedad no es vista
necesariamente como violenta, sí está abierta a cierta
interpretación. Esto ha caído a favor de las autoridades de la
ocupación China para defender el uso de la violencia para
ejecutar extrajudicialmente a decenas de tibetanos, y
reclamar contra la violencia
homicida de los tibetanos. El líder espiritual del
pueblo tibetano, el Dalai Lama, consideró a la supuesta
violencia realizada por los tibetanos como un “acto
suicida”. El mundo está viendo una vez más la
observación de
Mahatma Gandhi respecto a que la “violencia siempre acarrea una
contra-violencia”. Durante los
últimos 50 años el
Dalai Lama se ha aferrado a la resistencia no violenta como el
medio para confrontar al ocupante chino.
Comprendió que
Mahatma Gandhi, en el siglo XX, “produjo un recurso muy
sofisticado porque implementó la filosofía muy noble de la no
violencia en la política moderna, y tuvo éxito. Es una gran
cosa. Su
experimentación con la verdad,
representó un salto evolutivo en la conciencia política”.
¿Pero cuál es la noble filosofía de Gandhi? Para resumirlo en
una palabra, es
satyagraha. Según
Gandhi “su significado de raíz es aferrarse a la verdad, por
lo tanto la fuerza de la verdad. También la he llamado la fuerza
del amor o la fuerza del alma. En aplicación del
satyagraha,
descubrí en los estadios más tempranos que la búsqueda de la
verdad no admitía la violencia aplicada sobre ningún opositor
sino que se debe detestar el error mediante la paciencia y la
simpatía. Ya que lo que aparenta ser verdad para uno puede
parecer un error para el otro. Y la paciencia significa
auto-sufrimiento. Entonces la doctrina pasó a significar la
reivindicación de la verdad, sin infligir sufrimiento sobre el
oponente, sino sobre uno mismo”.
Aplicado a la política
se manifiesta como
desobediencia civil.
Gandhi
describía a la desobediencia
civil como “no sólo como el derecho natural del
pueblo, especialmente cuando no tiene una voz efectiva en su
propio gobierno, pero también es un sustituto para la violencia
y la rebelión armada”.
El problema con los hechos en el Tibet es que sin importar cuan
mínima sea la violencia, contaminará a la resistencia en su
totalidad y disminuirá su efectividad y legitimidad mientras al
mismo tiempo le brinda al opresor vía libre para aumentar la
represión. Esas voces y esos activistas que apoyan la quema de
automóviles y el saqueo de tiendas en defensa de la
independencia tibetana ocasionan un gran daño a la causa. El
Dalai Lama
llamó “al
liderazgo chino a dejar de usar la fuerza y encausar el largo
resentimiento del pueblo tibetano a través del diálogo con el
pueblo tibetano. También le pido a mis compañeros tibetanos que
no recurran a la violencia”. El Dalai Lama no está llamando
a los tibetanos a
cesar sus protestas sino a
protestar y resistir sin violencia. Parece que los
medios ven a estas dos ideas (no violencia y resistencia) como
contradictorias. Mahatma Gandhi, por su parte, no encuentra
ninguna contradicción sosteniendo que “la desobediencia civil no
admite ninguna violencia o apariencia de violencia directa o
indirectamente”.
Quienes defienden una Intifada tibetana hoy deberían recordar
las observaciones de Gandhi durante la lucha en India por
independizarse de Gran Bretaña acerca de que “la violencia
popular es un obstáculo tan grande en nuestro camino [hacia la
independencia] como la violencia del gobierno” y “lo que la
violencia sin sentido logra, es prolongar la vida del gobierno
británico o de cualquier gobierno extranjero”. Tal como se
aplicó para India, también se aplica para la ocupación China del
Tibet ahora. Finalmente deberían recordar que la
Intifada palestina no
ha logrado el objetivo de un estado palestino independiente.
Permitir que violentos que arrojan piedras estén asociados con
un mayor movimiento no violento como sucedió en Palestina es un
error estratégico de primer orden. No hay que permitir que las
frustraciones justificadas con las acciones malvadas de la
ocupación China estallen en una violencia que sólo servirá a los
intereses del adversario extremadamente bien armado.
Como observadores de este conflicto debemos pedir a China que
reconozca el derecho del pueblo
tibetano a mantener sus costumbres y tradiciones y
denunciar
el genocidio cultural y étnico
que viene cometiendo la ocupación China en el Tibet.
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