Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, marzo de 2008

Pasión, muerte y resurrección de Jesucristo,
según San Mateo
Fotos en Tierra Santa: Dora Amador

26

Lugar donde fue crucificado Jesús en el Gólgota, que hoy forma parte de la Iglesia del Santo Sepulcro, en Jesrusalén.

1 Cuando Jesús terminó todos estos discursos, dijo a sus discípulos: 2 «Ustedes saben que la Pascua cae dentro de dos días, y el Hijo del Hombre será entregado para ser crucificado.»

3 Por entonces, los jefes de los sacerdotes y las autoridades judías se reunieron en el palacio del sumo sacerdote, que se llamaba Caifás, 4 y se pusieron de acuerdo para detener a Jesús con artimañas y darle muerte. 5 Pero se decían: «No será durante la fiesta, para que el pueblo no se alborote.»

La unción en Betania

6 Jesús se encontraba en Betania, en casa de Simón el leproso. 7 Se acercó a él una mujer, mientras estaba a la mesa, con un frasco de mármol precioso lleno de un perfume muy caro, y se lo derramó en la cabeza. 8 Al ver esto, los discípulos protestaban: «¿Para qué tanto derroche? 9 Este perfume se podía haber vendido muy caro para ayudar a los pobres.»

10 Jesús se dio cuenta y les dijo: «¿Por qué molestan a esta mujer? Lo que ha hecho conmigo es realmente una buena obra. 11 Siempre tienen a los pobres con ustedes, pero a mí no me tendrán siempre. 12 Al derramar este perfume sobre mi cuerpo, ella preparaba mi entierro. 13 En verdad les digo: dondequiera que se proclame el Evangelio, en todo el mundo, se contará también su gesto, y será su gloria.»

14 Entonces uno de los Doce, que se llamaba Judas Iscariote, se presentó a los jefes de los sacerdotes 15 y les dijo: «¿Cuánto me darán si se lo entrego?» Ellos prometieron darle treinta monedas de plata. 16 Y a partir de ese momento, Judas andaba buscando una oportunidad para entregárselo.

La Ultima Cena

La Última Cena, Iglesia del Santo Sepulcro, Jerusalén

17 El primer día de la Fiesta en que se comía el pan sin levadura, los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron: «¿Dónde quieres que preparemos la comida de la Pascua?» 18 Jesús contestó: «Vayan a la ciudad, a casa de tal hombre, y díganle: El Maestro te manda decir: Mi hora se acerca y quiero celebrar la Pascua con mis discípulos en tu casa.»

Pascua.

Lugar de la Custodia Franciscana donde se puede celebrar la Eucaristía, ya que el gobierno israelí no permite que se haga en el Cenáculo, lugar donde se instauró  con la  Última Cena. Este edificio está muy cerca del Cen'aculo, donde se les permite a los cristianos entrar a orar sólo por unos minustos. La puerta de a un jardín y una capilla muy hermosas custodiadas por el fraile que vemos debajo.

20 Llegada la tarde, Jesús se puso a la mesa con los Doce. 21 Y mientras comían, les dijo: «En verdad les digo: uno de ustedes me va a traicionar.» 22 Se sintieron profundamente afligidos, y uno a uno comenzaron a preguntarle: «¿Seré yo, Señor?»

23 El contestó: «El que me va a entregar es uno de los que mojan su pan conmigo en el plato. 24 El Hijo del Hombre se va, como dicen las Escrituras, pero ¡pobre de aquel que entrega al Hijo del Hombre! ¡Sería mejor para él no haber nacido!» 25 Judas, el que lo iba a entregar, le preguntó también: «¿Seré yo acaso, Maestro?» Jesús respondió: «Tú lo has dicho.»

26 Mientras comían, Jesús tomó pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: «Tomen y coman; esto es mi cuerpo.»

27 Después tomó una copa, dio gracias y se la pasó diciendo: «Beban todos de ella: 28 esto es mi sangre, la sangre de la Alianza, que es derramada por muchos, para el perdón de sus pecados. 29 Y les digo que desde ahora no volveré a beber del fruto de la vid, hasta el día en que lo beba nuevo con ustedes en el Reino de mi Padre.»

30 Después de cantar los salmos, partieron para el monte de los Olivos. 31 Entonces Jesús les dijo: «Todos ustedes caerán esta noche: ya no sabrán qué pensar de mí. Pues dice la Escritura: Heriré al Pastor y se dispersarán las ovejas. 32 Pero después de mi resurrección iré delante de ustedes a Galilea.»

33 Pedro empezó a decirle: «Aunque todos tropiecen, yo nunca dudaré de ti.» 34 Jesús le replicó: «Yo te aseguro que esta misma noche, antes de que cante el gallo, me habrás negado tres veces.» 35 Pedro insistió: «Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré». Y los demás discípulos le aseguraban lo mismo.

En el huerto de Getsemaní

Huerto de Getsemaní actualmente

36 Llegó Jesús con ellos a un lugar llamado Getsemaní, y dijo a sus discípulos: «Siéntense aquí, mientras yo voy más allá a orar.»

37 Tomó consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo y comenzó a sentir tristeza y angustia. 38 Y les dijo: «Siento una tristeza de muerte. Quédense aquí conmigo y permanezcan despiertos.»

Jesús en el Huerto de los Olivos, Getsemaní. Pintoura sobr el altar de la Iglesia de Todas las Naciones.

39 Fue un poco más adelante y, postrándose hasta tocar la tierra con su cara, oró así: «Padre, si es posible, que esta copa se aleje de mí. Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.» 40 Volvió donde sus discípulos, los halló dormidos; y dijo a Pedro: «¿De modo que no pudieron permanecer despiertos ni una hora conmigo? 41 Es tén despiertos y recen para que no caigan en la tentación. El espíritu es animoso, pero la carne es débil.»

42 De nuevo se apartó por segunda vez a orar: «Padre, si esta copa no puede ser apartada de mí sin que yo la beba, que se haga tu voluntad.» 43 Volvió otra vez donde los discípulos y los encontró dormidos, pues se les cerraban los ojos de sueño. 44 Los dejó, pues, y fue de nuevo a orar por tercera vez repitiendo las mismas palabras.

45 Entonces volvió donde los discípulos y les dijo: «¡Ahora pueden dormir y descansar! Ha llegado la hora y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores. 46 ¡Levántense, vamos! El traidor está a punto de llegar.»

Esto es lo que queda aparte del Muro de los Lamentos,
del majestuoso Templo de Jesuralén, que Jesús profetizó
iba a ser destruído. En efecto, en el año 70 DC no quedó piedra sobre piedra
en toda Jerusalén y los judíos fueron expulsados para siempre de su tierra.
Lectura del Evangelio según San Mateo 24,1-2
Jesús salió del Templo, y mientras caminaba, sus discípulos le hacían notar las imponentes construcciones del Templo. 2 Jesús les dijo: «¿Ven todo eso?
En verdad les digo: no quedará ahí piedra sobre piedra. Todo será destruido.»

Toman preso a Jesús

47 Estaba todavía hablando, cuando llegó Judas, uno de los Doce. Iba acompañado de una chusma armada con espadas y garrotes, enviada por los jefes de los sacerdotes y por las autoridades judías. 48 El traidor les había dado esta señal: «Al que yo dé un beso, ése es; arréstenlo.» 49 Se fue directamente donde Jesús y le dijo: «Buenas noches, Maestro.» Y le dio un beso. 50 Jesús le dijo: «Amigo, haz lo que vienes a hacer.» Entonces se acercaron a Jesús y lo arrestaron.

51 Uno de los que estaban con Jesús sacó la espada e hirió al sirviente del sumo sacerdote, cortándole una oreja. 52 Entonces Jesús le dijo: «Vuelve la espada a su sitio, pues quien usa la espada perecerá por la espada. 53 ¿No sabes que podría invocar a mi Padre y él, al momento, me mandaría más de doce ejércitos de ángeles? 54 Pero así había de suceder, y tienen que cumplirse las Escrituras.»

55 En ese momento, Jesús dijo a la gente: «A lo mejor buscan un ladrón y por eso salieron a detenerme con espadas y palos. Yo sin embargo me sentaba diariamente entre ustedes en el Templo para enseñar, y no me detuvieron. 56 Pero todo ha pasado para que así se cumpliera lo escrito en los Profetas.» Entonces todos los discípulos abandonaron a Jesús y huyeron.

Jesús comparece ante el Consejo judío

57 Los que tomaron preso a Jesús lo llevaron a casa del sumo sacerdote Caifás, donde se habían reunido los maestros de la Ley y las autoridades judías.

58 Pedro lo iba siguiendo de lejos, hasta llegar al palacio del sumo sacerdote. Entró en el patio y se sentó con los policías del Templo, para ver en qué terminaba todo.

59 Los jefes de los sacerdotes y el Consejo Supremo andaban buscando alguna declaración falsa contra Jesús, para poderlo condenar a muerte. 60 Pero pasaban los falsos testigos y no se encontraba nada. Al fin llegaron dos 61 que declararon: «Este hombre dijo: Yo soy capaz de destruir el Templo de Dios y de reconstruirlo en tres días.»

62 Entonces el sumo sacerdote se puso de pie y preguntó a Jesús: «¿No tienes nada que responder? ¿Qué es esto que declaran en contra tuya?» 63 Pero Jesús se quedó callado.

Entonces el sumo sacerdote le dijo: «En el nombre del Dios vivo te ordeno que nos contestes: ¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios?» 64 Jesús le respondió: «Así es, tal como tú lo has dicho. Y yo les digo más: a partir de ahora ustedes contemplarán al Hijo del Hombre sentado a la derecha del Dios Todopoderoso, y lo verán venir sobre las nubes del cielo.»

65 Entonces el sumo sacerdote se rasgó las ropas, diciendo: «¡Ha blasfemado! ¿Para qué necesitamos más testigos? Ustedes mismos aca ban de oír estas palabras blasfemas. 66 ¿Qué deciden ustedes?» Ellos contestaron: «¡Merece la muerte!»

67 Luego comenzaron a escupirle en la cara y a darle bofetadas, mien tras otros lo golpeaban 68 diciéndole: «Mesías, ¡adivina quién te pegó!»

Las negaciones de Pedro

69 Mientras Pedro estaba sentado fuera, en el patio, se le acercó una sirvienta de la casa y le dijo: «Tú también estabas con Jesús de Galilea.» 70 Pero él lo negó delante de todos, diciendo: «No sé de qué estás hablando.»

71 Y como Pedro se dirigiera hacia la salida, lo vio otra sirvienta, que dijo a los presentes: «Este hombre andaba con Jesús de Nazaret.»

72 Pedro lo negó por segunda vez, jurando: «Yo no conozco a ese hombre.»

73 Un poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro: «Sin duda que eres uno de los galileos: se nota por tu modo de hablar.» 74 Entonces Pedro empezó a proferir maldiciones y a afirmar con juramento que no conocía a aquel hombre. Y en aquel mismo momento cantó un gallo.

75 Entonces Pedro se acordó de las palabras que Jesús le había dicho: «Antes de que cante el gallo me negarás tres veces». Y saliendo fuera, lloró amargamente.

1 Al amanecer, todos los jefes de los sacerdotes y las autoridades judías celebraron una reunión para decidir la manera de hacer morir a Jesús. 2 Luego lo ataron y lo llevaron para entregárselo a Pilato, el gobernador.

La muerte de Judas

3 Cuando Judas, el traidor, supo que Jesús había sido condenado, se llenó de remordimientos y devolvió las treinta monedas de plata a los jefes de los sacerdotes y a los jefes judíos. 4 Les dijo: «He pecado: he entregado a la muerte a un inocente.» Ellos le contestaron: «¿Qué nos importa eso a nosotros? Es asunto tuyo.» 5 Entonces él, arrojando las monedas en el Templo, se marchó y fue a ahorcarse.

6 Los jefes de los sacerdotes recogieron las monedas, pero dijeron: «No se puede echar este dinero en el tesoro del Templo, porque es precio de sangre.» 7 Entonces se pusieron de acuerdo para comprar con aquel dinero el Campo del Alfarero y lo destinaron para cementerio de extranjeros. 8 Por eso ese lugar es llamado Campo de Sangre hasta el día de hoy.

9 Así se cumplió lo que había dicho el profeta Jeremías: Tomaron las treinta monedas de plata, que fue el precio en que lo tasaron los hijos de Israel, 10 y las dieron por el Campo del Alfarero, tal como el Señor me lo ordenó.

Jesús comparece ante Pilato

11 Jesús compareció ante el gobernador, y éste comenzó a interrogarlo. Le preguntó: «¿Eres tú el rey de los judíos?» Jesús contestó: «Tú eres el que lo dice.»

12 Los jefes de los sacerdotes y las autoridades judías lo acusaban, pero Jesús no contestó nada. 13 Pilato le dijo: «¿No oyes todos los cargos que presentan contra ti?» 14 Pero Jesús no dijo ni una palabra, de modo que el gobernador se sorprendió mucho.

15 Con ocasión de la Pascua, el gobernador tenía la costumbre de dejar en libertad a un condenado, a elección de la gente. 16 De hecho el pueblo tenía entonces un detenido famoso, llamado Barrabás. 17 Cuando se juntó toda la gente, Pi lato les dijo: «¿A quién quieren que deje libre, a Barrabás o a Jesús, llamado el Cristo?» 18 Porque sabía que le habían entregado a Jesús por envidia.

19 Mientras Pilato estaba en el tribunal, su mujer le mandó a decir: «No te metas con ese hombre porque es un santo, y anoche tuve un sueño horrible por causa de él.»

20 Mientras tanto, los jefes de los sacerdotes y los jefes de los judíos persuadieron al gentío a que pidieran la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. 21 Cuando el gobernador volvió a preguntarles: «¿A cuál de los dos quieren que les suelte?», ellos contestaron: «A Barrabás.» 22 Pilato les dijo: «¿Y qué hago con Jesús, llamado el Cristo?» Todos contestaron: «¡Crucifícalo!» 23 Pilato insistió: «¿Qué ha hecho de malo?» Pero ellos gritaban cada vez con más fuerza: «¡Que sea crucificado!»

24 Al darse cuenta Pilato de que no conseguía nada, sino que más bien aumentaba el alboroto, pidió agua y se lavó las manos delante del pueblo. Y les dijo: «Ustedes responderán por su sangre, yo no tengo la culpa.» 25 Y todo el pueblo con testó: «¡Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!»

26 Entonces Pilato les soltó a Barrabás. Mandó azotar a Jesús y lo en tregó a los que debían crucificarlo.

El camino de la Cruz

27 Los soldados romanos llevaron a Jesús al patio del palacio y reunieron a toda la tropa en torno a él. 28 Le quitaron sus vestidos y le pusieron una capa de soldado de color rojo. 29 Después le colocaron en la cabeza una corona que habían trenzado con espinos y en la mano derecha le pusieron una caña. Doblaban la rodilla ante Jesús y se burlaban de él, diciendo: «¡Viva el rey de los judíos!» 30 Le escupían en la cara y con la caña le golpeaban en la cabeza.

31 Cuando terminaron de burlarse de él, le quitaron la capa de soldado, le pusieron de nuevo sus ropas y lo llevaron a crucificar.

La Madre Dolorosa.

32 Por el camino se encontraron con un hombre de Cirene, llamado Simón, y le obligaron a que cargara con la cruz de Jesús. 33 Cuando llegaron al lugar que se llama Gólgota (o Calvario), o sea, «calavera», 34 le dieron a beber vino mezclado con hiel. Jesús lo probó, pero no lo quiso beber.

35 Allí lo crucificaron y después se repartieron entre ellos la ropa de Jesús, echándola a suertes. 36 Luego se sentaron a vigilarlo. 37 Encima de su cabeza habían puesto un letrero con el motivo de su condena, en el que se leía: «Este es Jesús, el rey de los judíos.» 38 También crucificaron con él a dos ladrones, uno a su derecha y el otro a su izquierda.

39 Los que pasaban por allí lo insultaban; movían la cabeza 40 y decían: «¡Vaya! ¡Tú que destruyes el Templo y lo levantas de nuevo en tres días! Si eres el Hijo de Dios, líbrate del suplicio y baja de la cruz.»

41 Los jefes de los sacerdotes, los jefes de los judíos y los maestros de la Ley también se burlaban de él. Decían: 42 «¡Ha salvado a otros y no es capaz de salvarse a sí mismo! ¡Que baje de la cruz el Rey de Israel y creeremos en él! 43 Ha puesto su confianza en Dios. Si Dios lo ama, que lo salve, pues él mismo dijo: Soy hijo de Dios.»

44 Hasta los ladrones que habían sido crucificados con él lo insultaban.

45 Desde el mediodía hasta las tres de la tarde todo el país se cubrió de tinieblas. 46 A eso de las tres, Jesús gritó con fuerza: Elí, Elí, lamá sabactani, que quiere decir: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» 47 Al oírlo, algunos de los presentes decían: «Está llamando a Elías.» 48 Uno de ellos corrió, tomó una esponja, la empapó en vinagre y la puso en la punta de una caña para darle de beber. 49 Los otros le decían: «Déjalo, veamos si viene Elías a salvarlo.»

50 Pero nuevamente Jesús dio un fuerte grito y entregó su espíritu.

Después de la muerte de Jesús

51 En ese mismo instante la cortina del Santuario se rasgó de arriba abajo, en dos partes. 52 La tierra tembló, las rocas se partieron, los sepulcros se abrieron y resucitaron varias personas santas que habían llegado ya al descanso. 53 Estas salieron de las sepulturas después de la resurrección de Jesús, fueron a la Ciudad Santa y se aparecieron a mucha gente.

54 El capitán y los soldados que custodiaban a Jesús, al ver el temblor y todo lo que estaba pasando, se llenaron de terror y decían: «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.»

55 También estaban allí, observándolo todo, algunas mujeres que desde Galilea habían seguido a Jesús para servirlo. 56 Entre ellas estaban María Magdalena, María, madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.

Sepultan a Jesús

57 Siendo ya tarde, llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también se había hecho discípulo de Jesús. 58 Se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús, y el gobernador ordenó que se lo entregaran. 59 José tomó entonces el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia 60 y lo colocó en el sepulcro nuevo que se había hecho excavar en la roca. Después hizo rodar una gran piedra sobre la entrada del sepulcro y se fue. 61 Mientras tanto, María Magdalena y la otra María estaban allí, sentadas frente al sepulcro.

Aseguran el sepulcro

62 Al día siguiente (el día después de la Preparación de la Pascua), los jefes de los sacerdotes y los fariseos se presentaron a Pilato 63 y le dijeron: «Señor, nos hemos acordado que ese mentiroso dijo cuando aún vivía: Después de tres días resucitaré. 64 Ordena, pues, que sea asegurado el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vayan sus discípulos, roben el cuerpo y digan al pueblo: Resucitó de entre los muertos. Este sería un engaño más perjudicial que el primero.» 65 Pilato les respondió: «Ahí tienen una guardia. Vayan ustedes y tomen todas las precauciones que crean convenientes.» 66 Ellos, pues, fueron al sepulcro y lo aseguraron. Sellaron la piedra que cerraba la entrada y pusieron guardia.

Jesús resucitado se aparece a las mujeres

28

1 Pasado el sábado, al aclarar el primer día de la semana, fueron María Magdalena y la otra María a visitar el sepulcro. 2 De repente se produjo un violento temblor: el Angel del Señor bajó del cielo, se dirigió al sepulcro, hizo rodar la piedra de la entrada y se sentó sobre ella. 3 Su aspecto era como el relámpago y sus ropas blancas como la nieve. 4 Al ver al Angel, los guardias temblaron de miedo y se quedaron como muertos.

5 El Angel dijo a las mujeres: «Ustedes no tienen por qué temer. Yo sé que buscan a Jesús, que fue crucificado. 6 No está aquí, pues ha resucitado, tal como lo había anunciado. Vengan a ver el lugar donde lo habían puesto, 7 pero vuelvan en seguida y digan a sus discípulos: Ha resucitado de entre los muertos y ya se les adelanta camino a Galilea. Allí lo verán ustedes. Con esto ya se lo dije todo.»

8 Ellas se fueron al instante del sepulcro, con temor, pero con una alegría inmensa a la vez, y corrieron a llevar la noticia a los discípulos.

9 En eso Jesús les salió al encuentro en el camino y les dijo: «Paz a ustedes.» Las mujeres se acercaron, se abrazaron a sus pies y lo adoraron. 10 Jesús les dijo: «No tengan miedo. Vayan ahora y digan a mis hermanos que se dirijan a Galilea. Allí me verán.»

11 Mientras las mujeres iban, unos guardias corrieron a la ciudad y contaron a los jefes de los sacerdotes todo lo que había pasado. 12 Estos se reunieron con las autoridades judías y acordaron dar a los soldados una buena cantidad de dinero 13 para que dijeran: «Los discípulos de Jesús vinieron de noche y, como estábamos dormidos, robaron el cuerpo. 14 Si esto llega a oídos de Pilato, nosotros lo arreglaremos para que no tengan problemas.» Los soldados recibieron el dinero e hicieron como les habían dicho. 15 De ahí salió la mentira que ha corrido entre los judíos hasta el día de hoy.

Jesús envía a sus apóstoles

16 Por su parte, los Once discípulos partieron para Galilea, al monte que Jesús les había indicado. 17 Cuando vieron a Jesús, se postraron ante él, aunque algunos todavía dudaban.

18 Jesús se acercó y les habló así: «Me ha sido dada toda autoridad en el Cielo y en la tierra. 19 Vayan, pues, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, 20 y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado a ustedes. Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de la historia.»

26

1 Cuando Jesús terminó todos estos discursos, dijo a sus discípulos: 2 «Ustedes saben que la Pascua cae dentro de dos días, y el Hijo del Hombre será entregado para ser crucificado.»

3 Por entonces, los jefes de los sacerdotes y las autoridades judías se reunieron en el palacio del sumo sacerdote, que se llamaba Caifás, 4 y se pusieron de acuerdo para detener a Jesús con artimañas y darle muerte. 5 Pero se decían: «No será durante la fiesta, para que el pueblo no se alborote.»

La unción en Betania

6 Jesús se encontraba en Betania, en casa de Simón el leproso. 7 Se acercó a él una mujer, mientras estaba a la mesa, con un frasco de mármol precioso lleno de un perfume muy caro, y se lo derramó en la cabeza. 8 Al ver esto, los discípulos protestaban: «¿Para qué tanto derroche? 9 Este perfume se podía haber vendido muy caro para ayudar a los pobres.»

10 Jesús se dio cuenta y les dijo: «¿Por qué molestan a esta mujer? Lo que ha hecho conmigo es realmente una buena obra. 11 Siempre tienen a los pobres con ustedes, pero a mí no me tendrán siempre. 12 Al derramar este perfume sobre mi cuerpo, ella preparaba mi entierro. 13 En verdad les digo: dondequiera que se proclame el Evangelio, en todo el mundo, se contará también su gesto, y será su gloria.»

14 Entonces uno de los Doce, que se llamaba Judas Iscariote, se presentó a los jefes de los sacerdotes 15 y les dijo: «¿Cuánto me darán si se lo entrego?» Ellos prometieron darle treinta monedas de plata. 16 Y a partir de ese momento, Judas andaba buscando una oportunidad para entregárselo.

La Ultima Cena

17 El primer día de la Fiesta en que se comía el pan sin levadura, los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron: «¿Dónde quieres que preparemos la comida de la Pascua?» 18 Jesús contestó: «Vayan a la ciudad, a casa de tal hombre, y díganle: El Maestro te manda decir: Mi hora se acerca y quiero celebrar la Pascua con mis discípulos en tu casa.»

Pascua.

20 Llegada la tarde, Jesús se puso a la mesa con los Doce. 21 Y mientras comían, les dijo: «En verdad les digo: uno de ustedes me va a traicionar.» 22 Se sintieron profundamente afligidos, y uno a uno comenzaron a preguntarle: «¿Seré yo, Señor?»

23 El contestó: «El que me va a entregar es uno de los que mojan su pan conmigo en el plato. 24 El Hijo del Hombre se va, como dicen las Escrituras, pero ¡pobre de aquel que entrega al Hijo del Hombre! ¡Sería mejor para él no haber nacido!» 25 Judas, el que lo iba a entregar, le preguntó también: «¿Seré yo acaso, Maestro?» Jesús respondió: «Tú lo has dicho.»

26 Mientras comían, Jesús tomó pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: «Tomen y coman; esto es mi cuerpo.»

27 Después tomó una copa, dio gracias y se la pasó diciendo: «Beban todos de ella: 28 esto es mi sangre, la sangre de la Alianza, que es derramada por muchos, para el perdón de sus pecados. 29 Y les digo que desde ahora no volveré a beber del fruto de la vid, hasta el día en que lo beba nuevo con ustedes en el Reino de mi Padre.»

30 Después de cantar los salmos, partieron para el monte de los Olivos. 31 Entonces Jesús les dijo: «Todos ustedes caerán esta noche: ya no sabrán qué pensar de mí. Pues dice la Escritura: Heriré al Pastor y se dispersarán las ovejas. 32 Pero después de mi resurrección iré delante de ustedes a Galilea.»

33 Pedro empezó a decirle: «Aunque todos tropiecen, yo nunca dudaré de ti.» 34 Jesús le replicó: «Yo te aseguro que esta misma noche, antes de que cante el gallo, me habrás negado tres veces.» 35 Pedro insistió: «Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré». Y los demás discípulos le aseguraban lo mismo.

En el huerto de Getsemaní

36 Llegó Jesús con ellos a un lugar llamado Getsemaní, y dijo a sus discípulos: «Siéntense aquí, mientras yo voy más allá a orar.»

37 Tomó consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo y comenzó a sentir tristeza y angustia. 38 Y les dijo: «Siento una tristeza de muerte. Quédense aquí conmigo y permanezcan despiertos.»

39 Fue un poco más adelante y, postrándose hasta tocar la tierra con su cara, oró así: «Padre, si es posible, que esta copa se aleje de mí. Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.» 40 Volvió donde sus discípulos, los halló dormidos; y dijo a Pedro: «¿De modo que no pudieron permanecer despiertos ni una hora conmigo? 41 Es tén despiertos y recen para que no caigan en la tentación. El espíritu es animoso, pero la carne es débil.»

42 De nuevo se apartó por segunda vez a orar: «Padre, si esta copa no puede ser apartada de mí sin que yo la beba, que se haga tu voluntad.» 43 Volvió otra vez donde los discípulos y los encontró dormidos, pues se les cerraban los ojos de sueño. 44 Los dejó, pues, y fue de nuevo a orar por tercera vez repitiendo las mismas palabras.

45 Entonces volvió donde los discípulos y les dijo: «¡Ahora pueden dormir y descansar! Ha llegado la hora y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores. 46 ¡Levántense, vamos! El traidor está a punto de llegar.»

Toman preso a Jesús

47 Estaba todavía hablando, cuando llegó Judas, uno de los Doce. Iba acompañado de una chusma armada con espadas y garrotes, enviada por los jefes de los sacerdotes y por las autoridades judías. 48 El traidor les había dado esta señal: «Al que yo dé un beso, ése es; arréstenlo.» 49 Se fue directamente donde Jesús y le dijo: «Buenas noches, Maestro.» Y le dio un beso. 50 Jesús le dijo: «Amigo, haz lo que vienes a hacer.» Entonces se acercaron a Jesús y lo arrestaron.

51 Uno de los que estaban con Jesús sacó la espada e hirió al sirviente del sumo sacerdote, cortándole una oreja. 52 Entonces Jesús le dijo: «Vuelve la espada a su sitio, pues quien usa la espada perecerá por la espada. 53 ¿No sabes que podría invocar a mi Padre y él, al momento, me mandaría más de doce ejércitos de ángeles? 54 Pero así había de suceder, y tienen que cumplirse las Escrituras.»

55 En ese momento, Jesús dijo a la gente: «A lo mejor buscan un ladrón y por eso salieron a detenerme con espadas y palos. Yo sin embargo me sentaba diariamente entre ustedes en el Templo para enseñar, y no me detuvieron. 56 Pero todo ha pasado para que así se cumpliera lo escrito en los Profetas.» Entonces todos los discípulos abandonaron a Jesús y huyeron.

Jesús comparece ante el Consejo judío

57 Los que tomaron preso a Jesús lo llevaron a casa del sumo sacerdote Caifás, donde se habían reunido los maestros de la Ley y las autoridades judías.

58 Pedro lo iba siguiendo de lejos, hasta llegar al palacio del sumo sacerdote. Entró en el patio y se sentó con los policías del Templo, para ver en qué terminaba todo.

59 Los jefes de los sacerdotes y el Consejo Supremo andaban buscando alguna declaración falsa contra Jesús, para poderlo condenar a muerte. 60 Pero pasaban los falsos testigos y no se encontraba nada. Al fin llegaron dos 61 que declararon: «Este hombre dijo: Yo soy capaz de destruir el Templo de Dios y de reconstruirlo en tres días.»

62 Entonces el sumo sacerdote se puso de pie y preguntó a Jesús: «¿No tienes nada que responder? ¿Qué es esto que declaran en contra tuya?» 63 Pero Jesús se quedó callado.

Entonces el sumo sacerdote le dijo: «En el nombre del Dios vivo te ordeno que nos contestes: ¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios?» 64 Jesús le respondió: «Así es, tal como tú lo has dicho. Y yo les digo más: a partir de ahora ustedes contemplarán al Hijo del Hombre sentado a la derecha del Dios Todopoderoso, y lo verán venir sobre las nubes del cielo.»

65 Entonces el sumo sacerdote se rasgó las ropas, diciendo: «¡Ha blasfemado! ¿Para qué necesitamos más testigos? Ustedes mismos aca ban de oír estas palabras blasfemas. 66 ¿Qué deciden ustedes?» Ellos contestaron: «¡Merece la muerte!»

67 Luego comenzaron a escupirle en la cara y a darle bofetadas, mien tras otros lo golpeaban 68 diciéndole: «Mesías, ¡adivina quién te pegó!»

Las negaciones de Pedro

69 Mientras Pedro estaba sentado fuera, en el patio, se le acercó una sirvienta de la casa y le dijo: «Tú también estabas con Jesús de Galilea.» 70 Pero él lo negó delante de todos, diciendo: «No sé de qué estás hablando.»

71 Y como Pedro se dirigiera hacia la salida, lo vio otra sirvienta, que dijo a los presentes: «Este hombre andaba con Jesús de Nazaret.»

72 Pedro lo negó por segunda vez, jurando: «Yo no conozco a ese hombre.»

73 Un poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro: «Sin duda que eres uno de los galileos: se nota por tu modo de hablar.» 74 Entonces Pedro empezó a proferir maldiciones y a afirmar con juramento que no conocía a aquel hombre. Y en aquel mismo momento cantó un gallo.

75 Entonces Pedro se acordó de las palabras que Jesús le había dicho: «Antes de que cante el gallo me negarás tres veces». Y saliendo fuera, lloró amargamente.

1 Al amanecer, todos los jefes de los sacerdotes y las autoridades judías celebraron una reunión para decidir la manera de hacer morir a Jesús. 2 Luego lo ataron y lo llevaron para entregárselo a Pilato, el gobernador.

La muerte de Judas

3 Cuando Judas, el traidor, supo que Jesús había sido condenado, se llenó de remordimientos y devolvió las treinta monedas de plata a los jefes de los sacerdotes y a los jefes judíos. 4 Les dijo: «He pecado: he entregado a la muerte a un inocente.» Ellos le contestaron: «¿Qué nos importa eso a nosotros? Es asunto tuyo.» 5 Entonces él, arrojando las monedas en el Templo, se marchó y fue a ahorcarse.

6 Los jefes de los sacerdotes recogieron las monedas, pero dijeron: «No se puede echar este dinero en el tesoro del Templo, porque es precio de sangre.» 7 Entonces se pusieron de acuerdo para comprar con aquel dinero el Campo del Alfarero y lo destinaron para cementerio de extranjeros. 8 Por eso ese lugar es llamado Campo de Sangre hasta el día de hoy.

9 Así se cumplió lo que había dicho el profeta Jeremías: Tomaron las treinta monedas de plata, que fue el precio en que lo tasaron los hijos de Israel, 10 y las dieron por el Campo del Alfarero, tal como el Señor me lo ordenó.

Jesús comparece ante Pilato

11 Jesús compareció ante el gobernador, y éste comenzó a interrogarlo. Le preguntó: «¿Eres tú el rey de los judíos?» Jesús contestó: «Tú eres el que lo dice.»

12 Los jefes de los sacerdotes y las autoridades judías lo acusaban, pero Jesús no contestó nada. 13 Pilato le dijo: «¿No oyes todos los cargos que presentan contra ti?» 14 Pero Jesús no dijo ni una palabra, de modo que el gobernador se sorprendió mucho.

15 Con ocasión de la Pascua, el gobernador tenía la costumbre de dejar en libertad a un condenado, a elección de la gente. 16 De hecho el pueblo tenía entonces un detenido famoso, llamado Barrabás. 17 Cuando se juntó toda la gente, Pi lato les dijo: «¿A quién quieren que deje libre, a Barrabás o a Jesús, llamado el Cristo?» 18 Porque sabía que le habían entregado a Jesús por envidia.

19 Mientras Pilato estaba en el tribunal, su mujer le mandó a decir: «No te metas con ese hombre porque es un santo, y anoche tuve un sueño horrible por causa de él.»

20 Mientras tanto, los jefes de los sacerdotes y los jefes de los judíos persuadieron al gentío a que pidieran la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. 21 Cuando el gobernador volvió a preguntarles: «¿A cuál de los dos quieren que les suelte?», ellos contestaron: «A Barrabás.» 22 Pilato les dijo: «¿Y qué hago con Jesús, llamado el Cristo?» Todos contestaron: «¡Crucifícalo!» 23 Pilato insistió: «¿Qué ha hecho de malo?» Pero ellos gritaban cada vez con más fuerza: «¡Que sea crucificado!»

24 Al darse cuenta Pilato de que no conseguía nada, sino que más bien aumentaba el alboroto, pidió agua y se lavó las manos delante del pueblo. Y les dijo: «Ustedes responderán por su sangre, yo no tengo la culpa.» 25 Y todo el pueblo con testó: «¡Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!»

26 Entonces Pilato les soltó a Barrabás. Mandó azotar a Jesús y lo en tregó a los que debían crucificarlo.

El camino de la Cruz

27 Los soldados romanos llevaron a Jesús al patio del palacio y reunieron a toda la tropa en torno a él. 28 Le quitaron sus vestidos y le pusieron una capa de soldado de color rojo. 29 Después le colocaron en la cabeza una corona que habían trenzado con espinos y en la mano derecha le pusieron una caña. Doblaban la rodilla ante Jesús y se burlaban de él, diciendo: «¡Viva el rey de los judíos!» 30 Le escupían en la cara y con la caña le golpeaban en la cabeza.

31 Cuando terminaron de burlarse de él, le quitaron la capa de soldado, le pusieron de nuevo sus ropas y lo llevaron a crucificar.

32 Por el camino se encontraron con un hombre de Cirene, llamado Simón, y le obligaron a que cargara con la cruz de Jesús. 33 Cuando llegaron al lugar que se llama Gólgota (o Calvario), o sea, «calavera», 34 le dieron a beber vino mezclado con hiel. Jesús lo probó, pero no lo quiso beber.

35 Allí lo crucificaron y después se repartieron entre ellos la ropa de Jesús, echándola a suertes. 36 Luego se sentaron a vigilarlo. 37 Encima de su cabeza habían puesto un letrero con el motivo de su condena, en el que se leía: «Este es Jesús, el rey de los judíos.» 38 También crucificaron con él a dos ladrones, uno a su derecha y el otro a su izquierda.

39 Los que pasaban por allí lo insultaban; movían la cabeza 40 y decían: «¡Vaya! ¡Tú que destruyes el Templo y lo levantas de nuevo en tres días! Si eres el Hijo de Dios, líbrate del suplicio y baja de la cruz.»

41 Los jefes de los sacerdotes, los jefes de los judíos y los maestros de la Ley también se burlaban de él. Decían: 42 «¡Ha salvado a otros y no es capaz de salvarse a sí mismo! ¡Que baje de la cruz el Rey de Israel y creeremos en él! 43 Ha puesto su confianza en Dios. Si Dios lo ama, que lo salve, pues él mismo dijo: Soy hijo de Dios.»

44 Hasta los ladrones que habían sido crucificados con él lo insultaban.

45 Desde el mediodía hasta las tres de la tarde todo el país se cubrió de tinieblas. 46 A eso de las tres, Jesús gritó con fuerza: Elí, Elí, lamá sabactani, que quiere decir: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» 47 Al oírlo, algunos de los presentes decían: «Está llamando a Elías.» 48 Uno de ellos corrió, tomó una esponja, la empapó en vinagre y la puso en la punta de una caña para darle de beber. 49 Los otros le decían: «Déjalo, veamos si viene Elías a salvarlo.»

50 Pero nuevamente Jesús dio un fuerte grito y entregó su espíritu.

Después de la muerte de Jesús

51 En ese mismo instante la cortina del Santuario se rasgó de arriba abajo, en dos partes. 52 La tierra tembló, las rocas se partieron, los sepulcros se abrieron y resucitaron varias personas santas que habían llegado ya al descanso. 53 Estas salieron de las sepulturas después de la resurrección de Jesús, fueron a la Ciudad Santa y se aparecieron a mucha gente.

54 El capitán y los soldados que custodiaban a Jesús, al ver el temblor y todo lo que estaba pasando, se llenaron de terror y decían: «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.»

55 También estaban allí, observándolo todo, algunas mujeres que desde Galilea habían seguido a Jesús para servirlo. 56 Entre ellas estaban María Magdalena, María, madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.

Sepultan a Jesús

57 Siendo ya tarde, llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también se había hecho discípulo de Jesús. 58 Se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús, y el gobernador ordenó que se lo entregaran. 59 José tomó entonces el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia 60 y lo colocó en el sepulcro nuevo que se había hecho excavar en la roca. Después hizo rodar una gran piedra sobre la entrada del sepulcro y se fue. 61 Mientras tanto, María Magdalena y la otra María estaban allí, sentadas frente al sepulcro.

Aseguran el sepulcro

62 Al día siguiente (el día después de la Preparación de la Pascua), los jefes de los sacerdotes y los fariseos se presentaron a Pilato 63 y le dijeron: «Señor, nos hemos acordado que ese mentiroso dijo cuando aún vivía: Después de tres días resucitaré. 64 Ordena, pues, que sea asegurado el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vayan sus discípulos, roben el cuerpo y digan al pueblo: Resucitó de entre los muertos. Este sería un engaño más perjudicial que el primero.» 65 Pilato les respondió: «Ahí tienen una guardia. Vayan ustedes y tomen todas las precauciones que crean convenientes.» 66 Ellos, pues, fueron al sepulcro y lo aseguraron. Sellaron la piedra que cerraba la entrada y pusieron guardia.

Jesús resucitado se aparece a las mujeres

28

Iglesia del Santo Sepulcro.
Jn. 20, 1 - 31. EL SEÑOR HA RESUCITADO [1] El primer día después del sábado, María Magdalena fue al sepulcro muy temprano, cuando todavía estaba oscuro, y vio que la piedra que cerraba la entrada del sepulcro había sido removida. [2] Fue corriendo en busca de Simón Pedro y del otro discípulo a quien Jesús amaba y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.» [3] Pedro y el otro discípulo salieron para el sepulcro. [4] Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más que Pedro y llegó primero al sepulcro. [5] Como se inclinara, vio los lienzos tumbados, pero no entró. [6] Pedro llegó detrás, entró en el sepulcro y vio también los lienzos tumbados. [7] El sudario con que le habían cubierto la cabeza no se había caído como los lienzos, sino que se mantenía enrollado en su lugar. [8] Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero, vio y creyó. [9] Pues no habían entendido todavía la Escritura: ¡él "debía" resucitar de entre los muertos! [10] Después los dos discípulos se volvieron a casa. [11] María se quedaba llorando fuera, junto al sepulcro. Mientras lloraba se inclinó para mirar dentro [12] y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y el otro a los pies. [13] Le dijeron: «Mujer, ¿por qué lloras?» Les respondió: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.» [14] Dicho esto, se dio vuelta y vio a Jesús allí, de pie, pero no sabía que era Jesús. [15] Jesús le dijo: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?» Ella creyó que era el cuidador del huerto y le contestó: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo me lo llevaré.» [16] Jesús le dijo: «María». Ella se dio la vuelta y le dijo: «Rabboní», que quiere decir «Maestro». [17] Jesús le dijo: «Suéltame, pues aún no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre, que es Padre de ustedes; a mi Dios, que es Dios de ustedes.» [18] María Magdalena se fue y dijo a los discípulos: «He visto al Señor y me ha dicho esto.»

1 Pasado el sábado, al aclarar el primer día de la semana, fueron María Magdalena y la otra María a visitar el sepulcro. 2 De repente se produjo un violento temblor: el Angel del Señor bajó del cielo, se dirigió al sepulcro, hizo rodar la piedra de la entrada y se sentó sobre ella. 3 Su aspecto era como el relámpago y sus ropas blancas como la nieve. 4 Al ver al Angel, los guardias temblaron de miedo y se quedaron como muertos.

5 El Angel dijo a las mujeres: «Ustedes no tienen por qué temer. Yo sé que buscan a Jesús, que fue crucificado. 6 No está aquí, pues ha resucitado, tal como lo había anunciado. Vengan a ver el lugar donde lo habían puesto, 7 pero vuelvan en seguida y digan a sus discípulos: Ha resucitado de entre los muertos y ya se les adelanta camino a Galilea. Allí lo verán ustedes. Con esto ya se lo dije todo.»

8 Ellas se fueron al instante del sepulcro, con temor, pero con una alegría inmensa a la vez, y corrieron a llevar la noticia a los discípulos.

9 En eso Jesús les salió al encuentro en el camino y les dijo: «Paz a ustedes.» Las mujeres se acercaron, se abrazaron a sus pies y lo adoraron. 10 Jesús les dijo: «No tengan miedo. Vayan ahora y digan a mis hermanos que se dirijan a Galilea. Allí me verán.»

11 Mientras las mujeres iban, unos guardias corrieron a la ciudad y contaron a los jefes de los sacerdotes todo lo que había pasado. 12 Estos se reunieron con las autoridades judías y acordaron dar a los soldados una buena cantidad de dinero 13 para que dijeran: «Los discípulos de Jesús vinieron de noche y, como estábamos dormidos, robaron el cuerpo. 14 Si esto llega a oídos de Pilato, nosotros lo arreglaremos para que no tengan problemas.» Los soldados recibieron el dinero e hicieron como les habían dicho. 15 De ahí salió la mentira que ha corrido entre los judíos hasta el día de hoy.

Jesús envía a sus apóstoles

16 Por su parte, los Once discípulos partieron para Galilea, al monte que Jesús les había indicado. 17 Cuando vieron a Jesús, se postraron ante él, aunque algunos todavía dudaban.

18 Jesús se acercó y les habló así: «Me ha sido dada toda autoridad en el Cielo y en la tierra. 19 Vayan, pues, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, 20 y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado a ustedes. Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de la historia.»

Jesús resucitado, Iglesia del Santo Sepulcro, Jerusalén