Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, marzo de
2008
|
Pasión, muerte y resurrección de Jesucristo,
según San Mateo
Fotos en Tierra Santa: Dora Amador
26
|
 |
|
Lugar
donde fue crucificado Jesús en el Gólgota, que hoy forma parte
de la Iglesia del Santo Sepulcro, en Jesrusalén. |
|
|
1 Cuando Jesús terminó todos estos discursos, dijo a sus
discípulos: 2 «Ustedes saben que la Pascua cae dentro de dos
días, y el Hijo del Hombre será entregado para ser crucificado.»
3 Por entonces, los jefes de los sacerdotes y las autoridades
judías se reunieron en el palacio del sumo sacerdote, que se
llamaba Caifás, 4 y se pusieron de acuerdo para detener a Jesús
con artimañas y darle muerte. 5 Pero se decían: «No será durante
la fiesta, para que el pueblo no se alborote.»
La unción en Betania
6 Jesús se encontraba en Betania, en casa de Simón el leproso. 7
Se acercó a él una mujer, mientras estaba a la mesa, con un
frasco de mármol precioso lleno de un perfume muy caro, y se lo
derramó en la cabeza. 8 Al ver esto, los discípulos protestaban:
«¿Para qué tanto derroche? 9 Este perfume se podía haber vendido
muy caro para ayudar a los pobres.»
10 Jesús se dio cuenta y les dijo: «¿Por qué molestan a esta
mujer? Lo que ha hecho conmigo es realmente una buena obra. 11
Siempre tienen a los pobres con ustedes, pero a mí no me tendrán
siempre. 12 Al derramar este perfume sobre mi cuerpo, ella
preparaba mi entierro. 13 En verdad les digo: dondequiera que se
proclame el Evangelio, en todo el mundo, se contará también su
gesto, y será su gloria.»
14 Entonces uno de los Doce, que se llamaba Judas Iscariote, se
presentó a los jefes de los sacerdotes 15 y les dijo: «¿Cuánto
me darán si se lo entrego?» Ellos prometieron darle treinta
monedas de plata. 16 Y a partir de ese momento, Judas andaba
buscando una oportunidad para entregárselo.
La Ultima Cena
|
 |
|
La
Última Cena, Iglesia del Santo Sepulcro, Jerusalén |
|
|
17 El primer día de la Fiesta en que se comía el pan sin
levadura, los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron:
«¿Dónde quieres que preparemos la comida de la Pascua?» 18 Jesús
contestó: «Vayan a la ciudad, a casa de tal hombre, y díganle:
El Maestro te manda decir: Mi hora se acerca y quiero celebrar
la Pascua con mis discípulos en tu casa.»
Pascua.
|
 |
|
Lugar
de la Custodia Franciscana donde se puede celebrar la Eucaristía,
ya que el gobierno israelí no permite que se haga en el Cenáculo,
lugar donde se instauró con la Última Cena. Este
edificio está muy cerca del Cen'aculo, donde se les permite a
los cristianos entrar a orar sólo por unos minustos. La puerta
de a un jardín y una capilla muy hermosas custodiadas por el
fraile que vemos debajo. |
 |
|
20 Llegada la tarde, Jesús se puso a la mesa con los Doce. 21 Y
mientras comían, les dijo: «En verdad les digo: uno de ustedes
me va a traicionar.» 22 Se sintieron profundamente afligidos, y
uno a uno comenzaron a preguntarle: «¿Seré yo, Señor?»
23 El contestó: «El que me va a entregar es uno de los que mojan
su pan conmigo en el plato. 24 El Hijo del Hombre se va, como
dicen las Escrituras, pero ¡pobre de aquel que entrega al Hijo
del Hombre! ¡Sería mejor para él no haber nacido!» 25 Judas, el
que lo iba a entregar, le preguntó también: «¿Seré yo acaso,
Maestro?» Jesús respondió: «Tú lo has dicho.»
26 Mientras comían, Jesús tomó pan, pronunció la bendición, lo
partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: «Tomen y coman; esto
es mi cuerpo.»
27 Después tomó una copa, dio gracias y se la pasó diciendo:
«Beban todos de ella: 28 esto es mi sangre, la sangre de la
Alianza, que es derramada por muchos, para el perdón de sus
pecados. 29 Y les digo que desde ahora no volveré a beber del
fruto de la vid, hasta el día en que lo beba nuevo con ustedes
en el Reino de mi Padre.»
30 Después de cantar los salmos, partieron para el monte de los
Olivos. 31 Entonces Jesús les dijo: «Todos ustedes caerán esta
noche: ya no sabrán qué pensar de mí. Pues dice la Escritura:
Heriré al Pastor y se dispersarán las ovejas. 32 Pero
después de mi resurrección iré delante de ustedes a Galilea.»
33 Pedro empezó a decirle: «Aunque todos tropiecen, yo nunca
dudaré de ti.» 34 Jesús le replicó: «Yo te aseguro que esta
misma noche, antes de que cante el gallo, me habrás negado tres
veces.» 35 Pedro insistió: «Aunque tenga que morir contigo,
jamás te negaré». Y los demás discípulos le aseguraban lo mismo.
En el huerto de Getsemaní
|
 |
|
Huerto
de Getsemaní actualmente |
|
|
36 Llegó Jesús con ellos a un lugar llamado Getsemaní, y dijo a
sus discípulos: «Siéntense aquí, mientras yo voy más allá a orar.»
37 Tomó consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo y comenzó a
sentir tristeza y angustia. 38 Y les dijo: «Siento una tristeza
de muerte. Quédense aquí conmigo y permanezcan despiertos.»
|
 |
|
Jesús
en el Huerto de los Olivos, Getsemaní. Pintoura sobr el altar de
la Iglesia de Todas las Naciones. |
|
|
39 Fue un poco más adelante y, postrándose hasta tocar la tierra
con su cara, oró así: «Padre, si es posible, que esta copa se
aleje de mí. Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que
quieres tú.» 40 Volvió donde sus discípulos, los halló dormidos;
y dijo a Pedro: «¿De modo que no pudieron permanecer despiertos
ni una hora conmigo? 41 Es tén despiertos y recen para que no
caigan en la tentación. El espíritu es animoso, pero la carne es
débil.»
42 De nuevo se apartó por segunda vez a orar: «Padre, si esta
copa no puede ser apartada de mí sin que yo la beba, que se haga
tu voluntad.» 43 Volvió otra vez donde los discípulos y los
encontró dormidos, pues se les cerraban los ojos de sueño. 44
Los dejó, pues, y fue de nuevo a orar por tercera vez repitiendo
las mismas palabras.
45 Entonces volvió donde los discípulos y les dijo: «¡Ahora
pueden dormir y descansar! Ha llegado la hora y el Hijo del
Hombre es entregado en manos de pecadores. 46 ¡Levántense, vamos!
El traidor está a punto de llegar.»
|
 |
|
Esto
es lo que queda aparte del Muro de los Lamentos,
del majestuoso Templo de Jesuralén, que Jesús profetizó
iba a ser destruído. En efecto, en el año 70 DC no quedó piedra
sobre piedra
en toda Jerusalén y los judíos fueron expulsados para siempre de
su tierra.
Lectura del Evangelio según San Mateo 24,1-2
Jesús salió del Templo, y mientras caminaba, sus discípulos le
hacían notar las imponentes construcciones del Templo. 2 Jesús
les dijo: «¿Ven todo eso?
En verdad les digo: no quedará ahí piedra sobre piedra. Todo
será destruido.» |
|
|
Toman preso a Jesús
47 Estaba todavía hablando, cuando llegó Judas, uno de los Doce.
Iba acompañado de una chusma armada con espadas y garrotes,
enviada por los jefes de los sacerdotes y por las autoridades
judías. 48 El traidor les había dado esta señal: «Al que yo dé
un beso, ése es; arréstenlo.» 49 Se fue directamente donde Jesús
y le dijo: «Buenas noches, Maestro.» Y le dio un beso. 50 Jesús
le dijo: «Amigo, haz lo que vienes a hacer.» Entonces se
acercaron a Jesús y lo arrestaron.
51 Uno de los que estaban con Jesús sacó la espada e hirió al
sirviente del sumo sacerdote, cortándole una oreja. 52 Entonces
Jesús le dijo: «Vuelve la espada a su sitio, pues quien usa la
espada perecerá por la espada. 53 ¿No sabes que podría invocar a
mi Padre y él, al momento, me mandaría más de doce ejércitos de
ángeles? 54 Pero así había de suceder, y tienen que cumplirse
las Escrituras.»
55 En ese momento, Jesús dijo a la gente: «A lo mejor buscan un
ladrón y por eso salieron a detenerme con espadas y palos. Yo
sin embargo me sentaba diariamente entre ustedes en el Templo
para enseñar, y no me detuvieron. 56 Pero todo ha pasado para
que así se cumpliera lo escrito en los Profetas.» Entonces todos
los discípulos abandonaron a Jesús y huyeron.
Jesús comparece ante el Consejo judío
57 Los que tomaron preso a Jesús lo llevaron a casa del sumo
sacerdote Caifás, donde se habían reunido los maestros de la Ley
y las autoridades judías.
58 Pedro lo iba siguiendo de lejos, hasta llegar al palacio del
sumo sacerdote. Entró en el patio y se sentó con los policías
del Templo, para ver en qué terminaba todo.
59 Los jefes de los sacerdotes y el Consejo Supremo andaban
buscando alguna declaración falsa contra Jesús, para poderlo
condenar a muerte. 60 Pero pasaban los falsos testigos y no se
encontraba nada. Al fin llegaron dos 61 que declararon: «Este
hombre dijo: Yo soy capaz de destruir el Templo de Dios y de
reconstruirlo en tres días.»
62 Entonces el sumo sacerdote se puso de pie y preguntó a Jesús:
«¿No tienes nada que responder? ¿Qué es esto que declaran en
contra tuya?» 63 Pero Jesús se quedó callado.
Entonces el sumo sacerdote le dijo: «En el nombre del Dios vivo
te ordeno que nos contestes: ¿Eres tú el Mesías, el Hijo de
Dios?» 64 Jesús le respondió: «Así es, tal como tú lo has dicho.
Y yo les digo más: a partir de ahora ustedes contemplarán al
Hijo del Hombre sentado a la derecha del Dios Todopoderoso, y lo
verán venir sobre las nubes del cielo.»
65 Entonces el sumo sacerdote se rasgó las ropas, diciendo: «¡Ha
blasfemado! ¿Para qué necesitamos más testigos? Ustedes mismos
aca ban de oír estas palabras blasfemas. 66 ¿Qué deciden
ustedes?» Ellos contestaron: «¡Merece la muerte!»
67 Luego comenzaron a escupirle en la cara y a darle bofetadas,
mien tras otros lo golpeaban 68 diciéndole: «Mesías, ¡adivina
quién te pegó!»
Las negaciones de Pedro
69 Mientras Pedro estaba sentado fuera, en el patio, se le
acercó una sirvienta de la casa y le dijo: «Tú también estabas
con Jesús de Galilea.» 70 Pero él lo negó delante de todos,
diciendo: «No sé de qué estás hablando.»
71 Y como Pedro se dirigiera hacia la salida, lo vio otra
sirvienta, que dijo a los presentes: «Este hombre andaba con
Jesús de Nazaret.»
72 Pedro lo negó por segunda vez, jurando: «Yo no conozco a ese
hombre.»
73 Un poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a
Pedro: «Sin duda que eres uno de los galileos: se nota por tu
modo de hablar.» 74 Entonces Pedro empezó a proferir maldiciones
y a afirmar con juramento que no conocía a aquel hombre. Y en
aquel mismo momento cantó un gallo.
75 Entonces Pedro se acordó de las palabras que Jesús le había
dicho: «Antes de que cante el gallo me negarás tres veces». Y
saliendo fuera, lloró amargamente.
1 Al amanecer, todos los jefes de los sacerdotes y las
autoridades judías celebraron una reunión para decidir la manera
de hacer morir a Jesús. 2 Luego lo ataron y lo llevaron para
entregárselo a Pilato, el gobernador.
La muerte de Judas
3 Cuando Judas, el traidor, supo que Jesús había sido condenado,
se llenó de remordimientos y devolvió las treinta monedas de
plata a los jefes de los sacerdotes y a los jefes judíos. 4 Les
dijo: «He pecado: he entregado a la muerte a un inocente.» Ellos
le contestaron: «¿Qué nos importa eso a nosotros? Es asunto
tuyo.» 5 Entonces él, arrojando las monedas en el Templo, se
marchó y fue a ahorcarse.
6 Los jefes de los sacerdotes recogieron las monedas, pero
dijeron: «No se puede echar este dinero en el tesoro del Templo,
porque es precio de sangre.» 7 Entonces se pusieron de acuerdo
para comprar con aquel dinero el Campo del Alfarero y lo
destinaron para cementerio de extranjeros. 8 Por eso ese lugar
es llamado Campo de Sangre hasta el día de hoy.
9 Así se cumplió lo que había dicho el profeta Jeremías:
Tomaron las treinta monedas de plata, que fue el precio en que
lo tasaron los hijos de Israel, 10 y las dieron por el
Campo del Alfarero, tal como el Señor me lo ordenó.
Jesús comparece ante Pilato
11 Jesús compareció ante el gobernador, y éste comenzó a
interrogarlo. Le preguntó: «¿Eres tú el rey de los judíos?»
Jesús contestó: «Tú eres el que lo dice.»
12 Los jefes de los sacerdotes y las autoridades judías lo
acusaban, pero Jesús no contestó nada. 13 Pilato le dijo: «¿No
oyes todos los cargos que presentan contra ti?» 14 Pero Jesús no
dijo ni una palabra, de modo que el gobernador se sorprendió
mucho.
15 Con ocasión de la Pascua, el gobernador tenía la costumbre de
dejar en libertad a un condenado, a elección de la gente. 16 De
hecho el pueblo tenía entonces un detenido famoso, llamado
Barrabás. 17 Cuando se juntó toda la gente, Pi lato les dijo:
«¿A quién quieren que deje libre, a Barrabás o a Jesús, llamado
el Cristo?» 18 Porque sabía que le habían entregado a Jesús por
envidia.
19 Mientras Pilato estaba en el tribunal, su mujer le mandó a
decir: «No te metas con ese hombre porque es un santo, y anoche
tuve un sueño horrible por causa de él.»
20 Mientras tanto, los jefes de los sacerdotes y los jefes de
los judíos persuadieron al gentío a que pidieran la libertad de
Barrabás y la muerte de Jesús. 21 Cuando el gobernador volvió a
preguntarles: «¿A cuál de los dos quieren que les suelte?»,
ellos contestaron: «A Barrabás.» 22 Pilato les dijo: «¿Y qué
hago con Jesús, llamado el Cristo?» Todos contestaron: «¡Crucifícalo!»
23 Pilato insistió: «¿Qué ha hecho de malo?» Pero ellos gritaban
cada vez con más fuerza: «¡Que sea crucificado!»
24 Al darse cuenta Pilato de que no conseguía nada, sino que más
bien aumentaba el alboroto, pidió agua y se lavó las manos
delante del pueblo. Y les dijo: «Ustedes responderán por su
sangre, yo no tengo la culpa.» 25 Y todo el pueblo con testó: «¡Que
su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!»
26 Entonces Pilato les soltó a Barrabás. Mandó azotar a Jesús y
lo en tregó a los que debían crucificarlo.
El camino de la Cruz
27 Los soldados romanos llevaron a Jesús al patio del palacio y
reunieron a toda la tropa en torno a él. 28 Le quitaron sus
vestidos y le pusieron una capa de soldado de color rojo. 29
Después le colocaron en la cabeza una corona que habían trenzado
con espinos y en la mano derecha le pusieron una caña. Doblaban
la rodilla ante Jesús y se burlaban de él, diciendo: «¡Viva el
rey de los judíos!» 30 Le escupían en la cara y con la caña le
golpeaban en la cabeza.
31 Cuando terminaron de burlarse de él, le quitaron la capa de
soldado, le pusieron de nuevo sus ropas y lo llevaron a
crucificar.
32 Por el camino se encontraron con un hombre de Cirene, llamado
Simón, y le obligaron a que cargara con la cruz de Jesús. 33
Cuando llegaron al lugar que se llama Gólgota (o Calvario), o
sea, «calavera», 34 le dieron a beber vino mezclado con
hiel. Jesús lo probó, pero no lo quiso beber.
35 Allí lo crucificaron y después se repartieron entre ellos la
ropa de Jesús, echándola a suertes. 36 Luego se sentaron a
vigilarlo. 37 Encima de su cabeza habían puesto un letrero con
el motivo de su condena, en el que se leía: «Este es Jesús, el
rey de los judíos.» 38 También crucificaron con él a dos
ladrones, uno a su derecha y el otro a su izquierda.
39 Los que pasaban por allí lo insultaban; movían la cabeza 40 y
decían: «¡Vaya! ¡Tú que destruyes el Templo y lo levantas de
nuevo en tres días! Si eres el Hijo de Dios, líbrate del
suplicio y baja de la cruz.»
41 Los jefes de los sacerdotes, los jefes de los judíos y los
maestros de la Ley también se burlaban de él. Decían: 42 «¡Ha
salvado a otros y no es capaz de salvarse a sí mismo! ¡Que baje
de la cruz el Rey de Israel y creeremos en él! 43 Ha puesto su
confianza en Dios. Si Dios lo ama, que lo salve, pues él mismo
dijo: Soy hijo de Dios.»
44 Hasta los ladrones que habían sido crucificados con él lo
insultaban.
45 Desde el mediodía hasta las tres de la tarde todo el país se
cubrió de tinieblas. 46 A eso de las tres, Jesús gritó con
fuerza: Elí, Elí, lamá sabactani, que quiere decir: «Dios
mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» 47 Al oírlo, algunos
de los presentes decían: «Está llamando a Elías.» 48 Uno de
ellos corrió, tomó una esponja, la empapó en vinagre y la puso
en la punta de una caña para darle de beber. 49 Los otros le
decían: «Déjalo, veamos si viene Elías a salvarlo.»
50 Pero nuevamente Jesús dio un fuerte grito y entregó su
espíritu.
Después de la muerte de Jesús
51 En ese mismo instante la cortina del Santuario se rasgó de
arriba abajo, en dos partes. 52 La tierra tembló, las rocas se
partieron, los sepulcros se abrieron y resucitaron varias
personas santas que habían llegado ya al descanso. 53 Estas
salieron de las sepulturas después de la resurrección de Jesús,
fueron a la Ciudad Santa y se aparecieron a mucha gente.
54 El capitán y los soldados que custodiaban a Jesús, al ver el
temblor y todo lo que estaba pasando, se llenaron de terror y
decían: «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.»
55 También estaban allí, observándolo todo, algunas mujeres que
desde Galilea habían seguido a Jesús para servirlo. 56 Entre
ellas estaban María Magdalena, María, madre de Santiago y de
José, y la madre de los hijos de Zebedeo.
Sepultan a Jesús
57 Siendo ya tarde, llegó un hombre rico de Arimatea, llamado
José, que también se había hecho discípulo de Jesús. 58 Se
presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús, y el gobernador
ordenó que se lo entregaran. 59 José tomó entonces el cuerpo de
Jesús, lo envolvió en una sábana limpia 60 y lo colocó en el
sepulcro nuevo que se había hecho excavar en la roca. Después
hizo rodar una gran piedra sobre la entrada del sepulcro y se
fue. 61 Mientras tanto, María Magdalena y la otra María estaban
allí, sentadas frente al sepulcro.
Aseguran el sepulcro
62 Al día siguiente (el día después de la Preparación de la
Pascua), los jefes de los sacerdotes y los fariseos se
presentaron a Pilato 63 y le dijeron: «Señor, nos hemos acordado
que ese mentiroso dijo cuando aún vivía: Después de tres días
resucitaré. 64 Ordena, pues, que sea asegurado el sepulcro hasta
el tercer día, no sea que vayan sus discípulos, roben el cuerpo
y digan al pueblo: Resucitó de entre los muertos. Este sería un
engaño más perjudicial que el primero.» 65 Pilato les respondió:
«Ahí tienen una guardia. Vayan ustedes y tomen todas las
precauciones que crean convenientes.» 66 Ellos, pues, fueron al
sepulcro y lo aseguraron. Sellaron la piedra que cerraba la
entrada y pusieron guardia.
Jesús resucitado se aparece a las mujeres
28
1 Pasado el sábado, al aclarar el primer día de la semana,
fueron María Magdalena y la otra María a visitar el sepulcro. 2
De repente se produjo un violento temblor: el Angel del Señor
bajó del cielo, se dirigió al sepulcro, hizo rodar la piedra de
la entrada y se sentó sobre ella. 3 Su aspecto era como el
relámpago y sus ropas blancas como la nieve. 4 Al ver al Angel,
los guardias temblaron de miedo y se quedaron como muertos.
5 El Angel dijo a las mujeres: «Ustedes no tienen por qué temer.
Yo sé que buscan a Jesús, que fue crucificado. 6 No está aquí,
pues ha resucitado, tal como lo había anunciado. Vengan a ver el
lugar donde lo habían puesto, 7 pero vuelvan en seguida y digan
a sus discípulos: Ha resucitado de entre los muertos y ya se les
adelanta camino a Galilea. Allí lo verán ustedes. Con esto ya se
lo dije todo.»
8 Ellas se fueron al instante del sepulcro, con temor, pero con
una alegría inmensa a la vez, y corrieron a llevar la noticia a
los discípulos.
9 En eso Jesús les salió al encuentro en el camino y les dijo:
«Paz a ustedes.» Las mujeres se acercaron, se abrazaron a sus
pies y lo adoraron. 10 Jesús les dijo: «No tengan miedo. Vayan
ahora y digan a mis hermanos que se dirijan a Galilea. Allí me
verán.»
11 Mientras las mujeres iban, unos guardias corrieron a la
ciudad y contaron a los jefes de los sacerdotes todo lo que
había pasado. 12 Estos se reunieron con las autoridades judías y
acordaron dar a los soldados una buena cantidad de dinero 13
para que dijeran: «Los discípulos de Jesús vinieron de noche y,
como estábamos dormidos, robaron el cuerpo. 14 Si esto llega a
oídos de Pilato, nosotros lo arreglaremos para que no tengan
problemas.» Los soldados recibieron el dinero e hicieron como
les habían dicho. 15 De ahí salió la mentira que ha corrido
entre los judíos hasta el día de hoy.
Jesús envía a sus apóstoles
16 Por su parte, los Once discípulos partieron para Galilea, al
monte que Jesús les había indicado. 17 Cuando vieron a Jesús, se
postraron ante él, aunque algunos todavía dudaban.
18 Jesús se acercó y les habló así: «Me ha sido dada toda
autoridad en el Cielo y en la tierra. 19 Vayan, pues, y hagan
que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos en el
Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, 20 y
enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado a
ustedes. Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de la
historia.»
26
1 Cuando Jesús terminó todos estos discursos, dijo a sus
discípulos: 2 «Ustedes saben que la Pascua cae dentro de dos
días, y el Hijo del Hombre será entregado para ser crucificado.»
3 Por entonces, los jefes de los sacerdotes y las autoridades
judías se reunieron en el palacio del sumo sacerdote, que se
llamaba Caifás, 4 y se pusieron de acuerdo para detener a Jesús
con artimañas y darle muerte. 5 Pero se decían: «No será durante
la fiesta, para que el pueblo no se alborote.»
La unción en Betania
6 Jesús se encontraba en Betania, en casa de Simón el leproso. 7
Se acercó a él una mujer, mientras estaba a la mesa, con un
frasco de mármol precioso lleno de un perfume muy caro, y se lo
derramó en la cabeza. 8 Al ver esto, los discípulos protestaban:
«¿Para qué tanto derroche? 9 Este perfume se podía haber vendido
muy caro para ayudar a los pobres.»
10 Jesús se dio cuenta y les dijo: «¿Por qué molestan a esta
mujer? Lo que ha hecho conmigo es realmente una buena obra. 11
Siempre tienen a los pobres con ustedes, pero a mí no me tendrán
siempre. 12 Al derramar este perfume sobre mi cuerpo, ella
preparaba mi entierro. 13 En verdad les digo: dondequiera que se
proclame el Evangelio, en todo el mundo, se contará también su
gesto, y será su gloria.»
14 Entonces uno de los Doce, que se llamaba Judas Iscariote, se
presentó a los jefes de los sacerdotes 15 y les dijo: «¿Cuánto
me darán si se lo entrego?» Ellos prometieron darle treinta
monedas de plata. 16 Y a partir de ese momento, Judas andaba
buscando una oportunidad para entregárselo.
La Ultima Cena
17 El primer día de la Fiesta en que se comía el pan sin
levadura, los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron:
«¿Dónde quieres que preparemos la comida de la Pascua?» 18 Jesús
contestó: «Vayan a la ciudad, a casa de tal hombre, y díganle:
El Maestro te manda decir: Mi hora se acerca y quiero celebrar
la Pascua con mis discípulos en tu casa.»
Pascua.
20 Llegada la tarde, Jesús se puso a la mesa con los Doce. 21 Y
mientras comían, les dijo: «En verdad les digo: uno de ustedes
me va a traicionar.» 22 Se sintieron profundamente afligidos, y
uno a uno comenzaron a preguntarle: «¿Seré yo, Señor?»
23 El contestó: «El que me va a entregar es uno de los que mojan
su pan conmigo en el plato. 24 El Hijo del Hombre se va, como
dicen las Escrituras, pero ¡pobre de aquel que entrega al Hijo
del Hombre! ¡Sería mejor para él no haber nacido!» 25 Judas, el
que lo iba a entregar, le preguntó también: «¿Seré yo acaso,
Maestro?» Jesús respondió: «Tú lo has dicho.»
26 Mientras comían, Jesús tomó pan, pronunció la bendición, lo
partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: «Tomen y coman; esto
es mi cuerpo.»
27 Después tomó una copa, dio gracias y se la pasó diciendo:
«Beban todos de ella: 28 esto es mi sangre, la sangre de la
Alianza, que es derramada por muchos, para el perdón de sus
pecados. 29 Y les digo que desde ahora no volveré a beber del
fruto de la vid, hasta el día en que lo beba nuevo con ustedes
en el Reino de mi Padre.»
30 Después de cantar los salmos, partieron para el monte de los
Olivos. 31 Entonces Jesús les dijo: «Todos ustedes caerán esta
noche: ya no sabrán qué pensar de mí. Pues dice la Escritura:
Heriré al Pastor y se dispersarán las ovejas. 32 Pero
después de mi resurrección iré delante de ustedes a Galilea.»
33 Pedro empezó a decirle: «Aunque todos tropiecen, yo nunca
dudaré de ti.» 34 Jesús le replicó: «Yo te aseguro que esta
misma noche, antes de que cante el gallo, me habrás negado tres
veces.» 35 Pedro insistió: «Aunque tenga que morir contigo,
jamás te negaré». Y los demás discípulos le aseguraban lo mismo.
En el huerto de Getsemaní
36 Llegó Jesús con ellos a un lugar llamado Getsemaní, y dijo a
sus discípulos: «Siéntense aquí, mientras yo voy más allá a
orar.»
37 Tomó consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo y comenzó a
sentir tristeza y angustia. 38 Y les dijo: «Siento una tristeza
de muerte. Quédense aquí conmigo y permanezcan despiertos.»
39 Fue un poco más adelante y, postrándose hasta tocar la tierra
con su cara, oró así: «Padre, si es posible, que esta copa se
aleje de mí. Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que
quieres tú.» 40 Volvió donde sus discípulos, los halló dormidos;
y dijo a Pedro: «¿De modo que no pudieron permanecer despiertos
ni una hora conmigo? 41 Es tén despiertos y recen para que no
caigan en la tentación. El espíritu es animoso, pero la carne es
débil.»
42 De nuevo se apartó por segunda vez a orar: «Padre, si esta
copa no puede ser apartada de mí sin que yo la beba, que se haga
tu voluntad.» 43 Volvió otra vez donde los discípulos y los
encontró dormidos, pues se les cerraban los ojos de sueño. 44
Los dejó, pues, y fue de nuevo a orar por tercera vez repitiendo
las mismas palabras.
45 Entonces volvió donde los discípulos y les dijo: «¡Ahora
pueden dormir y descansar! Ha llegado la hora y el Hijo del
Hombre es entregado en manos de pecadores. 46 ¡Levántense,
vamos! El traidor está a punto de llegar.»
Toman preso a Jesús
47 Estaba todavía hablando, cuando llegó Judas, uno de los Doce.
Iba acompañado de una chusma armada con espadas y garrotes,
enviada por los jefes de los sacerdotes y por las autoridades
judías. 48 El traidor les había dado esta señal: «Al que yo dé
un beso, ése es; arréstenlo.» 49 Se fue directamente donde Jesús
y le dijo: «Buenas noches, Maestro.» Y le dio un beso. 50 Jesús
le dijo: «Amigo, haz lo que vienes a hacer.» Entonces se
acercaron a Jesús y lo arrestaron.
51 Uno de los que estaban con Jesús sacó la espada e hirió al
sirviente del sumo sacerdote, cortándole una oreja. 52 Entonces
Jesús le dijo: «Vuelve la espada a su sitio, pues quien usa la
espada perecerá por la espada. 53 ¿No sabes que podría invocar a
mi Padre y él, al momento, me mandaría más de doce ejércitos de
ángeles? 54 Pero así había de suceder, y tienen que cumplirse
las Escrituras.»
55 En ese momento, Jesús dijo a la gente: «A lo mejor buscan un
ladrón y por eso salieron a detenerme con espadas y palos. Yo
sin embargo me sentaba diariamente entre ustedes en el Templo
para enseñar, y no me detuvieron. 56 Pero todo ha pasado para
que así se cumpliera lo escrito en los Profetas.» Entonces todos
los discípulos abandonaron a Jesús y huyeron.
Jesús comparece ante el Consejo judío
57 Los que tomaron preso a Jesús lo llevaron a casa del sumo
sacerdote Caifás, donde se habían reunido los maestros de la Ley
y las autoridades judías.
58 Pedro lo iba siguiendo de lejos, hasta llegar al palacio del
sumo sacerdote. Entró en el patio y se sentó con los policías
del Templo, para ver en qué terminaba todo.
59 Los jefes de los sacerdotes y el Consejo Supremo andaban
buscando alguna declaración falsa contra Jesús, para poderlo
condenar a muerte. 60 Pero pasaban los falsos testigos y no se
encontraba nada. Al fin llegaron dos 61 que declararon: «Este
hombre dijo: Yo soy capaz de destruir el Templo de Dios y de
reconstruirlo en tres días.»
62 Entonces el sumo sacerdote se puso de pie y preguntó a Jesús:
«¿No tienes nada que responder? ¿Qué es esto que declaran en
contra tuya?» 63 Pero Jesús se quedó callado.
Entonces el sumo sacerdote le dijo: «En el nombre del Dios vivo
te ordeno que nos contestes: ¿Eres tú el Mesías, el Hijo de
Dios?» 64 Jesús le respondió: «Así es, tal como tú lo has dicho.
Y yo les digo más: a partir de ahora ustedes contemplarán al
Hijo del Hombre sentado a la derecha del Dios Todopoderoso, y lo
verán venir sobre las nubes del cielo.»
65 Entonces el sumo sacerdote se rasgó las ropas, diciendo: «¡Ha
blasfemado! ¿Para qué necesitamos más testigos? Ustedes mismos
aca ban de oír estas palabras blasfemas. 66 ¿Qué deciden
ustedes?» Ellos contestaron: «¡Merece la muerte!»
67 Luego comenzaron a escupirle en la cara y a darle bofetadas,
mien tras otros lo golpeaban 68 diciéndole: «Mesías, ¡adivina
quién te pegó!»
Las negaciones de Pedro
69 Mientras Pedro estaba sentado fuera, en el patio, se le
acercó una sirvienta de la casa y le dijo: «Tú también estabas
con Jesús de Galilea.» 70 Pero él lo negó delante de todos,
diciendo: «No sé de qué estás hablando.»
71 Y como Pedro se dirigiera hacia la salida, lo vio otra
sirvienta, que dijo a los presentes: «Este hombre andaba con
Jesús de Nazaret.»
72 Pedro lo negó por segunda vez, jurando: «Yo no conozco a ese
hombre.»
73 Un poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a
Pedro: «Sin duda que eres uno de los galileos: se nota por tu
modo de hablar.» 74 Entonces Pedro empezó a proferir maldiciones
y a afirmar con juramento que no conocía a aquel hombre. Y en
aquel mismo momento cantó un gallo.
75 Entonces Pedro se acordó de las palabras que Jesús le había
dicho: «Antes de que cante el gallo me negarás tres veces». Y
saliendo fuera, lloró amargamente.
1 Al amanecer, todos los jefes de los sacerdotes y las
autoridades judías celebraron una reunión para decidir la manera
de hacer morir a Jesús. 2 Luego lo ataron y lo llevaron para
entregárselo a Pilato, el gobernador.
La muerte de Judas
3 Cuando Judas, el traidor, supo que Jesús había sido condenado,
se llenó de remordimientos y devolvió las treinta monedas de
plata a los jefes de los sacerdotes y a los jefes judíos. 4 Les
dijo: «He pecado: he entregado a la muerte a un inocente.» Ellos
le contestaron: «¿Qué nos importa eso a nosotros? Es asunto
tuyo.» 5 Entonces él, arrojando las monedas en el Templo, se
marchó y fue a ahorcarse.
6 Los jefes de los sacerdotes recogieron las monedas, pero
dijeron: «No se puede echar este dinero en el tesoro del Templo,
porque es precio de sangre.» 7 Entonces se pusieron de acuerdo
para comprar con aquel dinero el Campo del Alfarero y lo
destinaron para cementerio de extranjeros. 8 Por eso ese lugar
es llamado Campo de Sangre hasta el día de hoy.
9 Así se cumplió lo que había dicho el profeta Jeremías:
Tomaron las treinta monedas de plata, que fue el precio en que
lo tasaron los hijos de Israel, 10 y las dieron por el
Campo del Alfarero, tal como el Señor me lo ordenó.
Jesús comparece ante Pilato
11 Jesús compareció ante el gobernador, y éste comenzó a
interrogarlo. Le preguntó: «¿Eres tú el rey de los judíos?»
Jesús contestó: «Tú eres el que lo dice.»
12 Los jefes de los sacerdotes y las autoridades judías lo
acusaban, pero Jesús no contestó nada. 13 Pilato le dijo: «¿No
oyes todos los cargos que presentan contra ti?» 14 Pero Jesús no
dijo ni una palabra, de modo que el gobernador se sorprendió
mucho.
15 Con ocasión de la Pascua, el gobernador tenía la costumbre de
dejar en libertad a un condenado, a elección de la gente. 16 De
hecho el pueblo tenía entonces un detenido famoso, llamado
Barrabás. 17 Cuando se juntó toda la gente, Pi lato les dijo:
«¿A quién quieren que deje libre, a Barrabás o a Jesús, llamado
el Cristo?» 18 Porque sabía que le habían entregado a Jesús por
envidia.
19 Mientras Pilato estaba en el tribunal, su mujer le mandó a
decir: «No te metas con ese hombre porque es un santo, y anoche
tuve un sueño horrible por causa de él.»
20 Mientras tanto, los jefes de los sacerdotes y los jefes de
los judíos persuadieron al gentío a que pidieran la libertad de
Barrabás y la muerte de Jesús. 21 Cuando el gobernador volvió a
preguntarles: «¿A cuál de los dos quieren que les suelte?»,
ellos contestaron: «A Barrabás.» 22 Pilato les dijo: «¿Y qué
hago con Jesús, llamado el Cristo?» Todos contestaron:
«¡Crucifícalo!» 23 Pilato insistió: «¿Qué ha hecho de malo?»
Pero ellos gritaban cada vez con más fuerza: «¡Que sea
crucificado!»
24 Al darse cuenta Pilato de que no conseguía nada, sino que más
bien aumentaba el alboroto, pidió agua y se lavó las manos
delante del pueblo. Y les dijo: «Ustedes responderán por su
sangre, yo no tengo la culpa.» 25 Y todo el pueblo con testó:
«¡Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!»
26 Entonces Pilato les soltó a Barrabás. Mandó azotar a Jesús y
lo en tregó a los que debían crucificarlo.
El camino de la Cruz
27 Los soldados romanos llevaron a Jesús al patio del palacio y
reunieron a toda la tropa en torno a él. 28 Le quitaron sus
vestidos y le pusieron una capa de soldado de color rojo. 29
Después le colocaron en la cabeza una corona que habían trenzado
con espinos y en la mano derecha le pusieron una caña. Doblaban
la rodilla ante Jesús y se burlaban de él, diciendo: «¡Viva el
rey de los judíos!» 30 Le escupían en la cara y con la caña le
golpeaban en la cabeza.
31 Cuando terminaron de burlarse de él, le quitaron la capa de
soldado, le pusieron de nuevo sus ropas y lo llevaron a
crucificar.
32 Por el camino se encontraron con un hombre de Cirene, llamado
Simón, y le obligaron a que cargara con la cruz de Jesús. 33
Cuando llegaron al lugar que se llama Gólgota (o Calvario), o
sea, «calavera», 34 le dieron a beber vino mezclado con
hiel. Jesús lo probó, pero no lo quiso beber.
35 Allí lo crucificaron y después se repartieron entre ellos la
ropa de Jesús, echándola a suertes. 36 Luego se sentaron a
vigilarlo. 37 Encima de su cabeza habían puesto un letrero con
el motivo de su condena, en el que se leía: «Este es Jesús, el
rey de los judíos.» 38 También crucificaron con él a dos
ladrones, uno a su derecha y el otro a su izquierda.
39 Los que pasaban por allí lo insultaban; movían la cabeza 40 y
decían: «¡Vaya! ¡Tú que destruyes el Templo y lo levantas de
nuevo en tres días! Si eres el Hijo de Dios, líbrate del
suplicio y baja de la cruz.»
41 Los jefes de los sacerdotes, los jefes de los judíos y los
maestros de la Ley también se burlaban de él. Decían: 42 «¡Ha
salvado a otros y no es capaz de salvarse a sí mismo! ¡Que baje
de la cruz el Rey de Israel y creeremos en él! 43 Ha puesto su
confianza en Dios. Si Dios lo ama, que lo salve, pues él mismo
dijo: Soy hijo de Dios.»
44 Hasta los ladrones que habían sido crucificados con él lo
insultaban.
45 Desde el mediodía hasta las tres de la tarde todo el país se
cubrió de tinieblas. 46 A eso de las tres, Jesús gritó con
fuerza: Elí, Elí, lamá sabactani, que quiere decir: «Dios
mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» 47 Al oírlo, algunos
de los presentes decían: «Está llamando a Elías.» 48 Uno de
ellos corrió, tomó una esponja, la empapó en vinagre y la puso
en la punta de una caña para darle de beber. 49 Los otros le
decían: «Déjalo, veamos si viene Elías a salvarlo.»
50 Pero nuevamente Jesús dio un fuerte grito y entregó su
espíritu.
Después de la muerte de Jesús
51 En ese mismo instante la cortina del Santuario se rasgó de
arriba abajo, en dos partes. 52 La tierra tembló, las rocas se
partieron, los sepulcros se abrieron y resucitaron varias
personas santas que habían llegado ya al descanso. 53 Estas
salieron de las sepulturas después de la resurrección de Jesús,
fueron a la Ciudad Santa y se aparecieron a mucha gente.
54 El capitán y los soldados que custodiaban a Jesús, al ver el
temblor y todo lo que estaba pasando, se llenaron de terror y
decían: «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.»
55 También estaban allí, observándolo todo, algunas mujeres que
desde Galilea habían seguido a Jesús para servirlo. 56 Entre
ellas estaban María Magdalena, María, madre de Santiago y de
José, y la madre de los hijos de Zebedeo.
Sepultan a Jesús
57 Siendo ya tarde, llegó un hombre rico de Arimatea, llamado
José, que también se había hecho discípulo de Jesús. 58 Se
presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús, y el gobernador
ordenó que se lo entregaran. 59 José tomó entonces el cuerpo de
Jesús, lo envolvió en una sábana limpia 60 y lo colocó en el
sepulcro nuevo que se había hecho excavar en la roca. Después
hizo rodar una gran piedra sobre la entrada del sepulcro y se
fue. 61 Mientras tanto, María Magdalena y la otra María estaban
allí, sentadas frente al sepulcro.
Aseguran el sepulcro
62 Al día siguiente (el día después de la Preparación de la
Pascua), los jefes de los sacerdotes y los fariseos se
presentaron a Pilato 63 y le dijeron: «Señor, nos hemos acordado
que ese mentiroso dijo cuando aún vivía: Después de tres días
resucitaré. 64 Ordena, pues, que sea asegurado el sepulcro hasta
el tercer día, no sea que vayan sus discípulos, roben el cuerpo
y digan al pueblo: Resucitó de entre los muertos. Este sería un
engaño más perjudicial que el primero.» 65 Pilato les respondió:
«Ahí tienen una guardia. Vayan ustedes y tomen todas las
precauciones que crean convenientes.» 66 Ellos, pues, fueron al
sepulcro y lo aseguraron. Sellaron la piedra que cerraba la
entrada y pusieron guardia.
Jesús resucitado se aparece a las mujeres
28
|
 |
|
Iglesia del Santo Sepulcro.
Jn. 20, 1 - 31. EL SEÑOR HA RESUCITADO [1] El primer día después
del sábado, María Magdalena fue al sepulcro muy temprano, cuando
todavía estaba oscuro, y vio que la piedra que cerraba la
entrada del sepulcro había sido removida. [2] Fue corriendo en
busca de Simón Pedro y del otro discípulo a quien Jesús amaba y
les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos
dónde lo han puesto.» [3] Pedro y el otro discípulo salieron
para el sepulcro. [4] Corrían los dos juntos, pero el otro
discípulo corrió más que Pedro y llegó primero al sepulcro. [5]
Como se inclinara, vio los lienzos tumbados, pero no entró. [6]
Pedro llegó detrás, entró en el sepulcro y vio también los
lienzos tumbados. [7] El sudario con que le habían cubierto la
cabeza no se había caído como los lienzos, sino que se mantenía
enrollado en su lugar. [8] Entonces entró también el otro
discípulo, el que había llegado primero, vio y creyó. [9] Pues
no habían entendido todavía la Escritura: ¡él "debía" resucitar
de entre los muertos! [10] Después los dos discípulos se
volvieron a casa. [11] María se quedaba llorando fuera, junto al
sepulcro. Mientras lloraba se inclinó para mirar dentro [12] y
vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados donde había
estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y el otro a los
pies. [13] Le dijeron: «Mujer, ¿por qué lloras?» Les respondió:
«Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.»
[14] Dicho esto, se dio vuelta y vio a Jesús allí, de pie, pero
no sabía que era Jesús. [15] Jesús le dijo: «Mujer, ¿por qué
lloras? ¿A quién buscas?» Ella creyó que era el cuidador del
huerto y le contestó: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde
lo has puesto y yo me lo llevaré.» [16] Jesús le dijo: «María».
Ella se dio la vuelta y le dijo: «Rabboní», que quiere decir
«Maestro». [17] Jesús le dijo: «Suéltame, pues aún no he subido
al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre,
que es Padre de ustedes; a mi Dios, que es Dios de ustedes.»
[18] María Magdalena se fue y dijo a los discípulos: «He visto
al Señor y me ha dicho esto.» |
|
|
1 Pasado el sábado, al aclarar el primer día de la semana,
fueron María Magdalena y la otra María a visitar el sepulcro. 2
De repente se produjo un violento temblor: el Angel del Señor
bajó del cielo, se dirigió al sepulcro, hizo rodar la piedra de
la entrada y se sentó sobre ella. 3 Su aspecto era como el
relámpago y sus ropas blancas como la nieve. 4 Al ver al Angel,
los guardias temblaron de miedo y se quedaron como muertos.
5 El Angel dijo a las mujeres: «Ustedes no tienen por qué temer.
Yo sé que buscan a Jesús, que fue crucificado. 6 No está aquí,
pues ha resucitado, tal como lo había anunciado. Vengan a ver el
lugar donde lo habían puesto, 7 pero vuelvan en seguida y digan
a sus discípulos: Ha resucitado de entre los muertos y ya se les
adelanta camino a Galilea. Allí lo verán ustedes. Con esto ya se
lo dije todo.»
8 Ellas se fueron al instante del sepulcro, con temor, pero con
una alegría inmensa a la vez, y corrieron a llevar la noticia a
los discípulos.
9 En eso Jesús les salió al encuentro en el camino y les dijo:
«Paz a ustedes.» Las mujeres se acercaron, se abrazaron a sus
pies y lo adoraron. 10 Jesús les dijo: «No tengan miedo. Vayan
ahora y digan a mis hermanos que se dirijan a Galilea. Allí me
verán.»
11 Mientras las mujeres iban, unos guardias corrieron a la
ciudad y contaron a los jefes de los sacerdotes todo lo que
había pasado. 12 Estos se reunieron con las autoridades judías y
acordaron dar a los soldados una buena cantidad de dinero 13
para que dijeran: «Los discípulos de Jesús vinieron de noche y,
como estábamos dormidos, robaron el cuerpo. 14 Si esto llega a
oídos de Pilato, nosotros lo arreglaremos para que no tengan
problemas.» Los soldados recibieron el dinero e hicieron como
les habían dicho. 15 De ahí salió la mentira que ha corrido
entre los judíos hasta el día de hoy.
Jesús envía a sus apóstoles
16 Por su parte, los Once discípulos partieron para Galilea, al
monte que Jesús les había indicado. 17 Cuando vieron a Jesús, se
postraron ante él, aunque algunos todavía dudaban.
18 Jesús se acercó y les habló así: «Me ha sido dada toda
autoridad en el Cielo y en la tierra. 19 Vayan, pues, y hagan
que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos en el
Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, 20 y
enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado a
ustedes. Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de la
historia.»
|
 |
|
Jesús
resucitado, Iglesia del Santo Sepulcro, Jerusalén |
|
|
|