Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, febrero de
2008
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Resurgir de una crisis
Insoportables pesadumbres que se presentan en la vida y que
debemos afrontar con mucha fe y sobre todo mucha esperanza, sin
movernos, hasta que la tormenta haya pasado.
Llucià Pou Sabaté
Catholic.net
La vida es superación, búsqueda de un sentido, y el sufrimiento
aunque a veces duele engrandece a quien lo padece, todo ello
está reflejado en la famosa historia de un águila, ese animal
tan longevo, majestuoso en su vuelo, de quien se creía que
rejuvenecía cuando cambiaba su plumaje (“de modo que te
rejuvenezcas como las águilas”, dice el Salmo 103, 5 e Isaías.
40, 31): nuestra águila puede llegar a vivir 70 años, pero para
llegar a esa edad, a los 40, debe tomar una seria y difícil
decisión. Sus uñas están apretadas y flexibles y ya no consigue
tomar las presas para alimentarse. Su pico largo y puntiagudo,
ya muy largo, se curva demasiado hacia el pecho. Las alas,
envejecidas y pesadas, y las plumas gruesas. ¡Volar se hace ya
tan difícil!
Entonces, el águila tiene solamente dos alternativas: morir o
enfrentarse a un doloroso proceso de renovación que durará 150
días: consiste en volar hacia lo alto de una montaña y quedarse
ahí, anidar cerca de un paredón. Allí el águila comienza a
golpear su pico en la pared hasta conseguir arrancárselo. Luego
debe esperar el crecimiento de uno nuevo con el que desprenderá
una a una sus uñas. Cuando éstas comienzan a nacer, comenzará a
desplumarse, y a esperar 5 meses, cuando sale para su vuelo de
renovación... a vivir 30 años más.
En nuestras vidas, muchas veces tenemos que resguardarnos por
algún tiempo y comenzar un proceso de renovación; para continuar
un vuelo de victoria, debemos desprendernos de costumbres,
tradiciones y recuerdos que nos causaron dolor. Solamente libres
del peso del pasado podremos aprovechar el resultado valioso que
una renovación siempre trae.
En la vida tenemos crisis, a nivel personal, familiar,
profesional, social... llamamos crisis a la manifestación aguda
de un trastorno físico o moral, cuando se crea una situación
tensa y difícil en la vida y hay que resolver un problema, para
volver a un equilibrio, una armonía vital... pero de las crisis
no se sale siempre derrotado, sino que el resultado puede ser un
vuelo con alas nuevas. Los golpes de la vida nos pueden hacer
más fuertes, aunque pueden también hacernos caer en el
escepticismo.
A algunos, les viene una tristeza vital, esa "insoportable
pesadumbre del ser", que dicen ahora. Es una tristeza con
preguntas negativas: "¿la vida es sólo esto?, ¿de verdad esto es
todo?" Ante un shock que aturde, absolutizamos aspectos que no
van (de la vida personal, del cónyuge, del trabajo). La mayoría
de las veces aparecen ganas de cambiar de vida, moverse, y es
muy fácil equivocarse, pues en esa situación no podemos ser
objetivos, perdemos la visión de conjunto.
Son momentos de desnudez en los que se ha perdido pico y plumas,
y hay que saber estarse quietos, de cara a Dios, esperando que
pase la tormenta (exterior e interior) y vuelva a salir el sol,
el pico y las alas, pues como dice la canción "no hay pena que
cien años dure".
Me decía una persona: “Con frecuencia tengo angustias por un
asunto u otro. A mí me gustaría tener más ligereza en este
aspecto, no implicarme hasta este punto, pero no puedo
evitarlo...” Pero precisamente allá encuentra el consuelo de
Dios: “Por cada problema que tenemos, Nuestro Señor tiene muchas
soluciones. Realmente miras la inmensidad del mar y te ves tan
poca cosa..., que piensas que arriba hay alguien que ya sabrá
encaminar el problema, más bien que yo. Creo que ha de pasar el
tiempo. Necesito hablar con alguien que analice las cosas sin
involucrarse, alguien que me permita dejarme expresar lo que
siento, y así encontrarme mejor”.
Una intensa vida de oración y la recepción frecuente de los
sacramentos serán el mejor remedio para esos momentos de crisis,
pues Dios siempre está ahí dispuesto a acogernos y escucharnos.
Así, ese proceso de renovación y limpieza nos preparará para una
nueva etapa, a mirar hacia lo que queda de nuestra vida, para
afrontar los problemas de cara, porque la fuerza no se obtiene
de acostumbrarse a la derrota sino del proyecto que se forja en
la inteligencia y en el corazón y del esfuerzo en la lucha para
alcanzarlo, con ayuda de la Gracia de Dios.
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