Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, febrero de
2008
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Martin Luther King: Un cristiano raigal
Nació el 15 de enero de 1929 en Atlanta (Georgia). Hijo del
Reverendo Martin Luther King, llegó al mundo en una habitación
de la casa en la Avenida Auburn 501.
Fue el primogénito y recibió el mismo nombre que su padre, los
familiares lo llamaban "M.L."
Durante los próximos 12 años vivió en esta casa victoriana de
dos pisos, junto con sus padres, abuelos, hermanos, tíos, tías y
otros residentes. Dos cuadras al oeste de su casa está la
Iglesia Bautista Ebenezer, la parroquia del abuelo y el padre de
Martin.
Ingresó con 15 años en el Morehouse College y fue ordenado
ministro baptista a los 17. En 1951 se Graduó en el Crozer
Theological Seminary, realizó su trabajo de posgrado en la
Universidad de Boston. En Crozer y Boston comenzó a tratar las
ideas del nacionalista indio Mohandas Gandhi, las cuales se
convirtieron en el centro de su propia filosofía de protesta no
violenta.
En 1954 fue nombrado como pastor en la Iglesia bautista de
Dexter Avenue en Montgomery (Alabama). Ese año, fue prohibida la
educación pública segregacionista que mantenían el Tribunal
Supremo de Estados Unidos con numerosos estados del sur.
En 1955 se barajó la idea de un boicot pidiéndole lo dirigiera
contra una compañía de transportes públicos en Montgomery, en la
que se había cometido la injusticia de provocar el arresto de
una mujer negra tras negarse a dejar su asiento a un pasajero de
blanco. Martin Luther King llamó al boicot de los autobuses de
Montgomery con las siguientes palabras: "No tenemos otra opción
que la protesta. Han sido muchos los años de notable paciencia,
hasta el punto de que, en ocasiones, hemos dado a nuestros
hermanos blancos la impresión de que nos gustaba el modo en que
nos trataban. Pero esta noche estamos aquí para liberarnos de
esa paciencia que nos ha hecho pacientes con algo tan importante
como la libertad y la justicia".
La protesta se llevó a cabo durante 381 días; en ella King fue
arrestado y encarcelado, su vivienda fue destrozada y recibió
muchas fue amenazado de muerte.
En 1956 se puso fin al boicot con una orden del Tribunal Supremo
que prohibía la segregación en el transporte público de la
ciudad.
Trás el éxito conseguido en el boicot de Montgomery, King tomó
el papel de líder muy respetado.
Trás esto, se fundó la Conferencia de Líderes Cristianos del Sur
(SCLC) por los clérigos negros de todo el Sur, los cuales
nombraron a King su presidente.
En 1959 abandonó su pastorado en Montgomery para ejercer en la
Iglesia baptista de Ebenezer en Atlanta, un gran paso para
permitirle participar en el liderazgo nacional del movimiento de
derechos civiles.
Al principio estaba centrado en la reconciliación, ahora debido
a el liderazgo negro sufría una transformación radical exigía un
cambio 'por cualquier medio posible'. Surgieron ciertas
diferencias de ideología y jurisdicción entre la SCLC y otros
grupos (Poder Negro y Musulmanes Negros), pero King pidió que la
no violencia, siguiera siendo la estrategia principal de
resistencia.
En 1963 se puso al frente en Birmingham (Alabama) de una campaña
a favor de los derechos civiles para lograr el censo de votantes
negros, acabar con la segregación y conseguir una mejor
educación y alojamiento en los estados del sur. Durante estas
campañas fue arrestado varias veces. El 28 de agosto de 1963 las
200.000 personas que habían marchado sobre Washington en apoyo
de los derechos civiles, le oyeron pronunciar su más famoso
discurso: "Sueño con el día en que esta nación se levante para
vivir de acuerdo con su creencia en la verdad evidente de que
todos los hombres son creados iguales (...) Sueño con el día en
que mis cuatro hijos vivan en una nación donde no serán juzgados
por el color de su piel sino por la integridad de su carácter".
En 1964 le otorgaron el Premio Nobel de la Paz.
Después de razonar una y otra vez, King creyó que la solución de
los problemas locales de las relaciones humanas eran inviables
debido a la guerra Vietnam. Las estrategias de King fueron
objetadas. En Chicago, los baptistas negros locales se le
opusieron públicamente. También allí los manifestantes plantaron
cara a bandas de blancos, dirigidos por neonazis miembros del Ku
Klux Klan, dando lugar a enfrentamientos.
Por lo que se refiere a la guerra del Vietnam, muchos creyeron
que el liderazgo negro debería concentrarse en la lucha de la
injusticia racial dentro de Estados Unidos. En 1967, King se
asoció a los dirigentes del movimiento contra la guerra,
independientemente de su color. La posterior preocupación de
King por Vietnam y su determinación en dirigir una 'marcha del
pueblo pobre' sobre Washington pusieron en peligro su vida.
El 4 de abril de 1968 King fue asesinado en Memphis (Tennessee).
James Earl Ray, un preso blanco que había escapado de la
prisión, fue arrestado por el asesinato; declarado culpable, en
marzo de 1969 se le sentenciaron 99 años de cárcel. El lugar de
nacimiento y su tumba en Atlanta fueron designados lugares
históricos nacionales.
Para conmemorar la muerte violenta el 4 de abril de 1968 del
líder de los derechos civiles, Martin Luther King, Jr., muchas
ciudades y estados decretaron días para recordarlo. Algunos días
coincidían con el de su nacimiento y otros con el de su muerte.
Desde 1986 se escogió un día cercano al de su nacimiento (el 15
de enero) como fiesta nacional, y el Congreso decretó que fuera
el tercer lunes de enero.
Discurso leído durante la histórica Marcha sobre Washington
Estoy orgulloso de reunirme con ustedes hoy, en la que será ante
la historia la mayor manifestación por la libertad en la
historia de nuestro país.
Hace cien años, un gran estadounidense, cuya simbólica sombra
nos cobija hoy, firmó la Proclama de la emancipación. Este
trascendental decreto significó como un gran rayo de luz y de
esperanza para millones de esclavos negros, chamuscados en las
llamas de una marchita injusticia. Llegó como un precioso
amanecer al final de una larga noche de cautiverio.
Pero, cien años después, el negro aún no es libre; cien años
después, la vida del negro es aún tristemente lacerada por las
esposas de la segregación y las cadenas de la discriminación;
cien años después, el negro vive en una isla solitaria en medio
de un inmenso océano de prosperidad material; cien años después,
el negro todavía languidece en las esquinas de la sociedad
estadounidense y se encuentra desterrado en su propia tierra.
Por eso, hoy hemos venido aquí a dramatizar una condición
vergonzosa. En cierto sentido, hemos venido a la capital de
nuestro país, a cobrar un cheque. Cuando los arquitectos de
nuestra república escribieron las magníficas palabras de la
Constitución y de la Declaración de Independencia, firmaron un
pagaré del que todo estadounidense habría de ser heredero.
Este documento era la promesa de que a todos los hombres, les
serían garantizados los inalienables derechos a la vida, la
libertad y la búsqueda de la felicidad.
Es obvio hoy en día, que Estados Unidos ha incumplido ese pagaré
en lo que concierne a sus ciudadanos negros. En lugar de honrar
esta sagrada obligación, Estados Unidos ha dado a los negros un
cheque sin fondos; un cheque que ha sido devuelto con el sello
de "fondos insuficientes".
Pero nos rehusamos a creer que el Banco de la Justicia haya
quebrado.
Rehusamos creer que no haya suficientes fondos en las grandes
bóvedas de la oportunidad de este país. Por eso hemos venido a
cobrar este cheque; el cheque que nos colmará de las riquezas de
la libertad y de la seguridad de justicia.
También hemos venido a este lugar sagrado, para recordar a
Estados Unidos de América la urgencia impetuosa del ahora. Este
no es el momento de tener el lujo de enfriarse o de tomar
tranquilizantes de gradualismo. Ahora es el momento de hacer
realidad las promesas de democracia.
Ahora es el momento de salir del oscuro y desolado valle de la
segregación hacia el camino soleado de la justicia racial.
Ahora es el momento de hacer de la justicia una realidad para
todos los hijos de Dios. Ahora es el momento de sacar a nuestro
país de las arenas movedizas de la injusticia racial hacia la
roca sólida de la hermandad. Sería fatal para la nación pasar
por alto la urgencia del momento y no darle la importancia a la
decisión de los negros.
Este verano, ardiente por el legítimo descontento de los negros,
no pasará hasta que no haya un otoño vigorizante de libertad e
igualdad. 1963 no es un fin, sino el principio. Y quienes tenían
la esperanza de que los negros necesitaban desahogarse y ya se
sentirá contentos, tendrán un rudo despertar si el país retorna
a lo mismo de siempre.
No habrá ni descanso ni tranquilidad en Estados Unidos hasta que
a los negros se les garanticen sus derechos de ciudadanía.
Los remolinos de la rebelión continuarán sacudiendo los
cimientos de nuestra nación hasta que surja el esplendoroso día
de la justicia.
Pero hay algo que debo decir a mi gente que aguarda en el cálido
umbral que conduce al palacio de la justicia.
Debemos evitar cometer actos injustos en el proceso de obtener
el lugar que por derecho nos corresponde. No busquemos
satisfacer nuestra sed de libertad bebiendo de la copa de la
amargura y el odio.
Debemos conducir para siempre nuestra lucha por el camino
elevado de la dignidad y la disciplina.
No debemos permitir que nuestra protesta creativa degenere en
violencia física. Una y otra vez debemos elevarnos a las
majestuosas alturas donde se encuentre la fuerza física con la
fuerza del alma. La maravillosa nueva militancia que ha envuelto
a la comunidad negra, no debe conducirnos a la desconfianza de
toda la gente blanca, porque muchos de nuestros hermanos
blancos, como lo evidencia su presencia aquí hoy, han llegado a
comprender que su destino está unido al nuestro y su libertad
está inextricablemente ligada a la nuestra.
No podemos caminar solos. Y al hablar, debemos hacer la promesa
de marchar siempre hacia adelante. No podemos volver atrás. Hay
quienes preguntan a los partidarios de los derechos civiles,
"¿Cuándo quedarán satisfechos?" Nunca podremos quedar
satisfechos mientras nuestros cuerpos, fatigados de tanto
viajar, no puedan alojarse en los moteles de las carreteras y en
los hoteles de las ciudades. No podremos quedar satisfechos,
mientras los negros sólo podamos trasladarnos de un gueto
pequeño a un gueto más grande.
Nunca podremos quedar satisfechos, mientras un negro de Misisipí
no pueda votar y un negro de Nueva York considere que no hay por
qué votar.
No, no; no estamos satisfechos y no quedaremos satisfechos hasta
que "la justicia ruede como el agua y la rectitud como una
poderosa corriente".
Sé que algunos de ustedes han venido hasta aquí debido a grandes
pruebas y tribulaciones. Algunos han llegado recién salidos de
angostas celdas. Algunos de ustedes han llegado de sitios donde
en su búsqueda de la libertad, han sido golpeados por las
tormentas de la persecución y derribados por los vientos de la
brutalidad policíaca.
Ustedes son los veteranos del sufrimiento creativo. Continúen
trabajando con la convicción de que el sufrimiento que no es
merecido, es emancipador.
Regresen a Misisipí, regresen a Alabama, regresen a Georgia,
regresen a Louisiana, regresen a los barrios bajos y a los
guetos de nuestras ciudades del Norte, sabiendo que de alguna
manera esta situación puede y será cambiada. No nos revolquemos
en el valle de la desesperanza.
Hoy les digo a ustedes, amigos míos, que a pesar de las
dificultades del momento, yo aún
tengo un sueño. Es un sueño profundamente arraigado en el sueño
"americano".
Sueño que un día esta nación se levantará y vivirá el verdadero
significado de su credo: "Afirmamos que estas verdades son
evidentes: que todos los hombres son creados iguales". Sueño que
un día, en las rojas colinas de Georgia, los hijos de los
antiguos esclavos y los hijos de los antiguos dueños de
esclavos, se puedan sentar juntos a la mesa de la hermandad.
Sueño que un día, incluso el estado de Misisipí, un estado que
se sofoca con el calor de la injusticia y de la opresión, se
convertirá en un oasis de libertad y justicia.
Sueño que mis cuatro hijos vivirán un día en un país en el cual
no serán juzgados por el color de su piel, sino por los rasgos
de su personalidad.
¡Hoy tengo un sueño!
Sueño que un día, el estado de Alabama cuyo gobernador escupe
frases de interposición entre las razas y anulación de los
negros, se convierta en un sitio donde los niños y niñas negras,
puedan unir sus manos con las de los niños y niñas blancas y
caminar unidos, como hermanos y hermanas.
¡Hoy tengo un sueño!
Sueño que algún día los valles serán cumbres, y las colinas y
montañas serán llanos, los sitios más escarpados serán nivelados
y los torcidos serán enderezados, y la gloria de Dios será
revelada, y se unirá todo el género humano.
Esta es nuestra esperanza. Esta es la fe con la cual regreso al
Sur. Con esta fe podremos esculpir de la montaña de la
desesperanza una piedra de esperanza. Con esta fe podremos
trasformar el sonido discordante de nuestra nación, en una
hermosa sinfonía de fraternidad.
Con esta fe podremos trabajar juntos, rezar juntos, luchar
juntos, ir a la cárcel juntos, defender la libertad juntos,
sabiendo que algún día seremos libres. Ese será el día cuando
todos los hijos de Dios podrán cantar el himno con un nuevo
significado, "Mi país es tuyo. Dulce tierra de libertad, a tí te
canto. Tierra de libertad donde mis antesecores murieron, tierra
orgullo de los peregrinos, de cada costado de la montaña, que
repique la libertad".
Y si Estados Unidos ha de ser grande, esto tendrá que hacerse
realidad. Por eso, ¡que repique la libertad desde la cúspide de
los montes prodigiosos de Nueva Hampshire! ¡Que repique la
libertad desde las poderosas montañas de Nueva York! ¡Que
repique la libertad desde las alturas de las Alleghenies de
Pensilvania! ¡Que repique la libertad desde las Rocosas
cubiertas de nieve en Colorado! ¡Que repique la libertad desde
las sinuosas pendientes de California! Pero no sólo eso: ! ¡Que
repique la libertad desde la Montaña de Piedra de Georgia! ¡Que
repique la libertad desde la Montaña Lookout de Tennesse! ¡Que
repique la libertad desde cada pequeña colina y montaña de
Misisipí! "De cada costado de la montaña, que repique la
libertad".
Cuando repique la libertad y la dejemos repicar en cada aldea y
en cada caserío, en cada estado y en cada ciudad, podremos
acelerar la llegada del día cuando todos los hijos de Dios,
negros y blancos, judíos y cristianos, protestantes y católicos,
puedan unir sus manos y cantar las palabras del viejo espiritual
negro: "¡Libres al fin! ¡Libres al fin! Gracias a Dios
omnipotente, ¡somos libres al fin!"
Washington, DC 28 de agosto de 1963
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