Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, febrero de
2008
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La misión de los dispersos
Dora Amador
El Nuevo Herald, 13 de abril de 1998
El mensaje del libro del Éxodo es que Dios acompaña al pueblo
israelita en el desierto y el dolor, pero también los libera. El
exilio es un aprendizaje, una prueba. La palabra misionero
deriva del latín missum, que significa enviado: un misionero es
un enviado. Jesús fue el primer misionero. ¿Estamos los cubanos
de la diáspora llamados a una misión? ¿Debe ser el exilio una
experiencia de conversión?
El año pasado aconteció algo en Miami que no trascendió a la
prensa. Es entendible, porque la prensa pasa por alto no una,
mil veces acontecimientos que nos dan, o deberían dar, una
medida mucho más verídica del mundo en que vivimos. ¿O es que
sólo debe llegar a la página impresa o la cámara de televisión
la corrupción, el asesinato, la violación, el tráfico o consumo
de drogas, el abuso infantil o lo intrínsecamente banal? Sugiero
abrir los ojos, se verán maravillas inéditas. Por supuesto, doy
por sentada la capacidad necesaria para percibir no sólo lo feo
y lo enfermo –que lo hay, a veces muy cerca–, también lo sano y
espléndido, que acontece, pero ``no es noticia''.
La buena noticia a que hago referencia: En Miami ya hay 27
grupos misioneros, la mayoría integrado por jóvenes cubanas y
cubanos. Estos grupos se reunieron por primera vez un día del
año pasado en la Catedral de Saint Mary, en una celebración sin
precedentes. No es poca cosa constatar que 150 jóvenes de Miami
dan lo mejor de sí para solidarizarse con los desposeídos,
visitando regiones inhóspitas del Caribe y el continente
latinoamericano para anunciar el Evangelio, encarnándolo.
Alicia Marill,
coordinadora de Mission Outreach de la Arquidiócesis de Miami y
fundadora de Amor en Acción, uno de los grupos misioneros más
importantes, fue quien sacó a la luz la existencia de estos
grupos. Marill y el padre Felipe Estévez, párroco de Saint
Agatha, quieren crear un Instituto Misionero en Miami para la
formación de misioneros y recibir a los que llegan del
extranjero. Le agradezco al padre Estévez el encuentro este
domingo pasado con Marill y Guido Charbonneau, religioso
canadiense residente en Tegucigalpa, de visita en Miami. El
padre Charbonneau es uno de los fundadores de la Sociedad de
Misiones Extranjeras de Quebec, que tiene misioneros en Africa,
Asia, Latinoamérica y desde hace años en varias provincias de
Cuba. Fue fascinante ser parte de una conversación entre
misioneros que intercambian experiencias y reflexiones.
De especial interés fue para mí la tesis doctoral que está
terminando Marill, graduada en Ministerios Transculturales del
Catholic Theological Union, de Chicago. Su tema: los misioneros
exiliados y emigrantes; el título, que toma de la Primera Carta
de Pedro: A todos los que andan dispersos.
Extractos de mi conversación con Marill:
Dora
Amador: Cuando busco en la Primera Carta de Pedro veo que
dice:
"A
todos los elegidos que andan dispersos''. ¿Crees que el
desarraigo, la condición de exiliado, de sentirse efectivamente,
"disperso''
tiene connotaciones bíblicas, que en cierto sentido se es
"elegido''?
Alicia Marill:
Es el punto central, lo que he estado persiguiendo en mi tesis:
que Dios nos elige. Tengo testimonios que considero sagrados. Y
creo que en esta experiencia de saberse desposeído, exiliado, en
este dolor imborrable, hay semillas de redención, hay un
llamado. Es algo que nos toca vivir, y a partir de eso hay dones
que no debemos ignorar.
DA:
¿Qué es ser misionero? ¿Qué lo mueve, qué busca?
AM:
Es una fuerza que describo como la del Espíritu Santo, una
fuerza interior que te llama a compartir, a buscar y a dar.
DA:
¿Y cómo se da esta experiencia, por ejemplo, qué haces cuando
llegas a Haití o a República Dominicana?
AM:
Los religiosos y laicos de allá nos enseñan, nos llevan a
reuniones, nos presentan a personas que trabajan arduamente en
distintos proyectos de educación, alimentación, dispensarios
médicos. Es vivir el mundo de la pobreza. Después venimos a
Miami y tratamos de que esa vivencia sea fructífera aquí, vemos
de qué manera podemos responder a sus necesidades. En estas
misiones uno se pasa mucho tiempo en el camino con ellos.
Compartes las mismas vicisitudes de ellos, y celebramos juntos
la Eucaristía. Recuerdo un sacerdote que me ofreció una vez una
toronja, lo único que tenía un día que llevábamos más de 10
horas sin comer.
DA:
Y el aprendizaje es mutuo, al ser una experiencia de fe
comunitaria.
AM:
Hoy se habla mucho de la misión en reverso. La misión conlleva
un proceso de transformación, de nosotros y de la realidad. Los
que vamos de aquí aprendemos mucho de los que viven allá,
humanidad que en nuestra sociedad de abundancia y falta de
tiempo se pierde. Entras en una realidad injusta, que no es la
que Dios quiere, porque no dignifica a la persona. A veces
requiere dar comida y medicina, pero muchas es tratar de romper
las estructuras de poder que mantienen a la gente sin agua, sin
luz, cuando no hay necesidad de eso.
DA:
Pero son estructuras políticas, en las que a veces no se puede
hacer nada.
MA:
Sí, sí se puede. Quien controla el agua es la municipalidad, el
sindicato, o la provincia, y todo depende a veces de que uno
llame, que converse y pida, qué se puede hacer para colaborar,
conseguir tuberías, instalarlas, para los que no tienen agua...
Juan Pablo II dice que la justicia es una dimensión constitutiva
de la predicación del Evangelio, de eso se trata.
Camino de regreso
A Alicia Marill y al padre Felipe Estévez, cubano también de
corazón misionero, les deseo que pronto pueda abrir el Instituto
Misionero de Miami. Confío en que así va a ser, por el interés y
los recursos humanos con que ya cuentan.
Y cuando este tiempo de exilio termine, cuando se emprenda el
camino de regreso, se verá cuánta semilla se ha sembrado, cuánto
fruto habrá dado en tierras ajenas el caminar de los dispersos.
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