Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, febrero de
2008
|
Reflexión sobre el Miércoles de Ceniza
Catholic Center for Peace
El uso litúrgico de las cenizas se originó en tiempos del
Antiguo Testamento. Las cenizas simbolizaban luto, mortandad y
penitencia. En el Libro de Ester, Mardoqueo se viste de tela de
saco y se cubre de cenizas cuando supo del edicto del Rey Asuro
que ordenaba el exterminio por la espada de los judíos, en todas
las provincias de su reino (Est 4:1). Job hace penitencia con
polvo y cenizas (Job 42:6). Daniel, profetizando el destierro
babilonio de Jerusalén, escribe: "Volví mi rostro al Señor,
Dios, buscándole en oración y plegaria, en ayuno, saco y
ceniza." (Dan 9:3) En el Evangelio de San Mateo leemos que Jesús
menciona el uso de las cenizas: "Porque si en Tiro y en Sidón se
hubieran hecho los milagros realizados en ti, muchos ha que en
saco y ceniza hubieran hecho penitencia" (Mt 11:21). En la Edad
Media, los sacerdotes bendecían los moribundos con agua bendita,
diciendo: "Acuérdate de que eres polvo y al polvo has de
volver."
La Iglesia adaptó el uso de las cenizas para señalar el comienzo
de la temporada penitencial de Cuaresma, cuando recordamos
nuestra mortandad y lamentamos nuestros pecados. En la presente
liturgia para el Miércoles de Ceniza, utilizamos las cenizas
sacadas de las palmas que habían servido el año anterior para la
procesión del Domingo de Ramos. El sacerdote bendice las cenizas
y las impone en la frente de los creyentes, haciendo la señal de
la cruz y diciendo: "Acuérdate de que eres polvo y al polvo
volverás", o "Convertíos y creed en el Evangelio". Al comenzar
esta santa temporada de Cuaresma en preparación para la Pascua
de Resurrección, debemos recordar el significado de las cenizas
que hemos de recibir: Lamentamos y hacemos penitencia por
nuestros pecados. Volvemos nuestros corazones nuevamente al
Señor, que sufrió, murió y resucitó para nuestra salvación.
Renovamos las promesas que hicimos en el bautismo, momento en el
cual murió nuestra vida pasada y nacimos a una nueva vida en
Cristo. Finalmente, conscientes que el reino de este mundo
pasará, nos esforzamos en vivir el reino de Dios ahora y miramos
con santa esperanza a su plenitud en el cielo.
Oración:
Oh Dios, que te dejas vencer por el que se humilla y encuentras
agrado en quien expía sus pecados; escucha benignamente nuestras
súplicas y derrama la gracia de tu bendición sobre estos siervos
tuyos que van a recibir la ceniza, para que, fieles a las
prácticas cuaresmales, puedan llegar, con el corazón limpio, a
la celebración del misterio pascual de tu Hijo. Que vive y
reina por los siglos de los siglos. Amen.
|