Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, febrero de
2008
|
El [debido] valor añadido de los medios de comunicación
católicos
Marta Lagos
ZENIT
ROMA, 30 enero 2008 – Los medios de comunicación católicos deben
ofrecer algo más en su búsqueda de la verdad: «la Verdad» que es
Jesucristo, considera el presidente del Pontificio Consejo para
las Comunicaciones Sociales.
Al presentar el mensaje del Papa para la 42ª Jornada Mundial de
las Comunicaciones Sociales, el arzobispo Claudio Maria Celli
profundizó en la cuestión de la «info-ética» referida a los
medios de inspiración católica.
«No existe ámbito de la experiencia humana» en el que los medios
no sean parte constitutiva, reconoce Benedicto XVI en su mensaje
sobre el lema de la Jornada: «Los medios: en la encrucijada
entre protagonismo y servicio. Buscar la Verdad para
compartirla».
Y el progreso, en el campo mediático, «ofrece posibilidades
inéditas para el bien, pero abre al mismo tiempo enormes
posibilidades de mal que antes no existían», por lo que alerta
de una comunicación que pierda «las raíces éticas» y eluda «el
control social»: «termina por olvidar la centralidad y la
dignidad inviolable del ser humano».
Por eso, recalca el Papa, «es indispensable que los medios
defiendan celosamente a la persona y respeten plenamente su
dignidad», siendo necesaria «en este ámbito una "info-ética",
así como existe la bio-ética en el campo de la medicina y de la
investigación científica sobre la vida».
Apuntando estas reflexiones, en su encuentro con la prensa
acreditada ante la Santa Sede, el arzobispo Celli advirtió de
que «los medios de comunicación de inspiración católica no
pueden prescindir de la problemática ética de todos los medios,
porque es innegable que todo lo que afecta al hombre en cuanto
tal debe ser punto de referencia»también de los medios
católicos.
«Sólo que nuestros medios deben tener, creo, algo más, porque no
existe sólo el hombre como punto de referencia, sino que en esta
búsqueda de la verdad, para nosotros, esta verdad es una
persona: es Jesucristo», subrayó.
Es esencial ser consciente de que «nuestros medios se abren no
sólo a los católicos, sino a todos los hombres -advirtió el
prelado--; no son medios para los católicos, sino que
constituyen esta presencia de una realidad católica que se abre
al hombre, a todo hombre».
Y ejemplificó con el caso de diarios o radios de inspiración
católica: «Es innegable que no existen sólo o no tienen
únicamente como destinatario a personas que ya pertenecen a la
Iglesia, sino que deben presentar también una atención profunda
a cuanto existe en el alma del hombre, en su corazón, donde a
veces puede haber una lejanía de Dios, o muchas veces una
profunda nostalgia de Dios».
«Nuestros medios --sintetizó-- deben ser búsqueda y ayuda en la
búsqueda».
«Nuestros medios no deben convertirse -permítaseme esta forma de
hablar-- en instrumentos de un fundamentalismo religioso o de
integrismos culturales», advirtió.
Y empleó un término que aprecia mucho, para describir el rasgo
que debe caracterizar a los medios católicos: «Deben ser
expresión de una diaconía de la cultura».
Se trata de que sepan entrar «en esta búsqueda que los hombres
se plantean cotidianamente», siendo «instrumentos de esta
diaconía de cultura», «instrumentos de enseñanza de qué
significa dialogar, ser hombres que respetan las posiciones de
los demás, que saben acoger, que saber comprender».
«Lo subrayo de nuevo: no estamos buscando fundamentalismos
religiosos, porque a veces el riesgo es éste --alertó--. Y la
propia Iglesia no es esto; no es una "torre de marfil"» que se
yergue «en su posesión de la verdad, sino que es una Iglesia que
sabe acoger, entender, dialogar, respetar».
«Y si ésta es la Iglesia, esto deberían ser los medios de
comunicación social que tienen a católicos como profesionales»,
concluyó.
|