Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, febrero de
2008
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Desobediencia civil
Dora Amador
El Nuevo Herald, 4 de junio de 1992
Son los actos superiores de hombres y mujeres como éstos los que
compensan con creces la miseria de muchos otros que se ensañan
contra ciudadanos que por principios, disienten y desobedecen.
También compensa la servidumbre humana de la inmensa mayoría de
los cubanos que en silencio disiente, pero obedece. Es el miedo,
pero más que nada es la inconsciencia.
"Si [un gobierno] es de tal naturaleza que te exige ser el
agente de injusticia hacia otro, entonces, rompe la ley", dijo
Henry David Thoreau en su clásico ensayo Civil Disobedience
, una obra que no pierde vigencia, escrita hace más de un siglo.
Walter Harding, estudioso de la obra de Thoreau, afirma que en
la desobediencia civil se plantea lo siguiente: que hay una "ley
más alta" que la ley del país de uno. Es la ley de la
conciencia, la "voz interior" de la persona que la mueve a obrar
de acuerdo con esa conciencia. Cuando esa "ley más alta" y la
ley del país donde uno vive entran en conflicto, es deber de la
persona obedecer la ley más alta y violar la ley del país. Si
uno viola la ley del país, debe estar dispuesto a asumir las
consecuencias de sus actos, como ir a la cárcel, lo que por otro
lado servirá para llamar la atención de hombres y mujeres para
que tomen conciencia y lograr su solidaridad. La desobediencia
civil es parte de la resistencia pasiva, y logra desestabilizar
e incluso derrocar a un gobierno. El ejemplo mas cercano de su
efectividad lo tenemos en el intento de golpe de estado en la
antigua URSS: la población salió a las calles para protestar
pacíficamente por el golpe, los soldados se negaron a obedecer
las órdenes de los golpistas.
Cuenta Lázaro Loretto Perea, presidente de la Asociación
Defensora de los Derechos Políticos (ADEPO), que uno de los
momentos memorables del ya histórico juicio contra los
socialdemócratas Yndamiro Restano y Maria Elena Aparicio
celebrado en La Habana el 20 de mayo, fue cuando Maria Elena se
levantó síbitamente y acusó a la fiscalía y a los testigos de
mentir. "Eso no es así. La Seguridad del Estado", dijo, "trató
de comprarme a mí y a toda esta gente. Yndamiro asume la
responsabilidad de otros que se vendieron".
Yndamiro Restano, presidente del Movimiento Armonía, acusado de
rebelión y de fomentar la resistencia cívica en la población
cubana y por eso condenado ese día a 10 años de prisión, se
había declarado culpable de actos pacíficos en contra del
gobierno que habían llevado a cabo compañeros de lucha que ahora
tenía frente a sí trastocados, por la más elemental de las
cobardías, en testigos que declaraban en su contra. Asombrada y
rabiosa, la fiscalía ante el arrojo de Maria Elena, procedió a
acusarla de diseminar "propaganda enemiga", a lo que sin
vacilar, ella contestó que efectivamente, entraba a los cines de
La Habana y se sentaba en distintas butacas para dejar en cada
una montones de proclamas antigubernamentales, y lo mismo hacía
en las paradas de autobuses, y donde quiera que podía. Ante la
inculpación de que robaba papel al Estado para imprimir los
escritos, dijo: "Si ustedes se robaban armas (antes de la
Revolución), que me robe yo un poco de papel ahora no importa".
Su condena ese 20 de mayo: siete años de carcel.
Entre el público estaban los activistas Loretto Perea, Elizardo
Sánchez Santa Cruz, Aida Valdés Santana y René del Pozo. También
Rolando Pagés, que desapareció ese día y esta semana se supo que
está en la cárcel. El temor al motín estaba presente en todo
momento; afuera, decenas de guardias vigilaban el lugar; las
Brigadas de Respuesta Rápida llenaban la sala y el fiscal les
había advertido a los disidentes que deberían tener cuidado,
porque en Cuba una golpiza podía terminar en muerte.
A aquella terrible sala de tribunal habanero la veo como un
cuarto muy oscuro en el cual de momento suena el chasquido de un
fósforo que se enciende y lo ilumina todo. La luz y la brisa en
esa hedionda marisma humana fueron las palabras de Yndamiro
Restano y Maria Elena Aparicio, que se expresaban sin temor,
convencidos de la justicia de sus principios. Un precedente
memorable también había sido sentado días antes del juicio: tres
hombres –Rómulo Narciso Michelena, Carlos Rafael Oarga y Majín
Eduardo Reyes– que iban a testificar en contra de los acusados,
se negaron después a hacerlo diciendo que fueron presionados por
agentes de Seguridad del Estado.
Desde una prisión cubana, Luis Alberto Pita Santos, presidente
histórico de ADEPO, convocó hace un tiempo a una huelga general,
sin éxito. El año pasado, el Comité Cubano Pro Derechos Humanos
divulgó la necesidad de que la población practicara la
resistencia cívica como método eficaz de efectuar cambios
democráticos. Ahora, el grupo Acción Democrática YA está
exhortando a la población para un toque de cazuelas a las nueve
de la mañana el 5 de junio. Desde el exilio el periodista
Roberto Rodríguez Tejera propone que todos los cubanos se vistan
con una prenda blanca los días primero de cada mes como símbolo
de oposición al régimen y su rechazo a la violencia. Eloy
Gutiérrez Menoyo propone un regreso a Cuba para unirse a la
resistencia interna e iniciar la reconstrucción del país sin
pérdida de tiempo.
Ya veo las costas
de la isla llenas de barcos para impedir el desembarco pacífico
de los exiliados que osadamente decidan regresar.
Demente o iluso sin duda parece. Pero creo seriamente que si en
Cuba se ejerce la desobediencia civil organizada, y en el exilio
los cubanos presionan a los organismos pertinentes para que el
gobierno cubano deje de violar su derecho humano de entrada, y
de hecho parten en masa hacia Cuba con la intención de vivir
allí, el régimen castrista se vería aun mas acosado. Y de eso se
trata: acoso y jaque. Jaque hasta que sea mate.
La inacción puede ser tan efectiva como la acción. ¿Quién pasa
de la palabra al acto?
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