Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, febrero de
2008
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Han pasado diez años
Jose Daniel Ferrer Garcia
Desde la Prisión Provincial de Guantánamo, José Daniel Ferrer
García, condenado a 25 años de prisión
José Daniel Ferrer García, arrestado durante la ola represiva
del 2003.
Desde el 21 al 25 de enero del 1998 los católicos cubanos y el
pueblo en general vivimos momentos inolvidables. Nos visitaba su
Santidad Juan Pablo II, un hombre extraordinario que estuvo
verdaderamente siempre comprometido con la defensa de los
derechos humanos, la paz y la justicia. Sus discursos y homilías
durante aquellas intensas jornadas resultaron concretamente
novedosos para un pueblo cansado de la retórica de un
totalitario. Fueron mensajes llenos de esperanza y amor. Fueron
sabias y liberadoras palabras las que quedaron clavadas en las
mentes y en los corazones de muchos cubanos. Recuerdo haber
leído que en visita a su tierra natal, cuando ésta estaba bajo
el yugo comunista, preguntó a los polacos: “¿En favor de qué
están, del contento conformista con la coerción totalitaria o
del derecho inviolable en el orden de cosas establecido por Dios
y el hombre, para que los seres humanos vivan en la libertad y
la dignidad?” Sus compatriotas estaban a favor de lo segundo, y
unos años después lo dejaron bien claro en elecciones libres.
A los cubanos también nos habló de la necesidad de defender los
derechos humanos, la democracia, el pluralismo, la justicia
social. A todos nos tuvo presente y nos invitó a construir una
sociedad nueva, libre, solidaria, fraterna. Nos habló sobre el
protagonismo que debíamos asumir en todos los sectores de la
vida social, con amor y responsabilidad; sobe el valor de la
virtud, la importancia de la familia y su misión educativa.
Exhortó a los jóvenes a ser fuertes por dentro, audaces, a
buscar la felicidad desde el sacrificio, desde el compromiso con
la verdad y la justicia. Se despidió confiado en que sabríamos
construir con ilusión, fe y con el vigor de la esperanza y la
generosidad del amor fraterno, un futuro mejor para todos.
Diez años han transcurrido ya desde aquella histórica visita.
Bien sabemos lo que ha pasado en este tiempo. Juan Pablo II
falleció sin ver las profundas transformaciones que necesita
nuestro país y que tanto él deseaba. En este tiempo han
continuado las violaciones a los derechos humanos, la mentira,
el odio y la intolerancia. Continúa la represión y la
persecución por motivos políticos. Continúan las torturas en las
prisiones. Ha pasado una década desde aquellas inolvidables
jornadas y seguimos bajo el pesado yugo impuesto por la
dictadura castrista, pero estoy seguro que no será por mucho
tiempo.
Cada vez, son más los cubanos dispuestos a luchar por el bien
común, por una sociedad nueva donde los sueños más nobles no se
frustren y donde todos podamos ser protagonistas de nuestra
historia. Un día no muy lejano desde su lugar junto al Señor,
Karol Wojtyla contemplará con alegría que sus palabras no fueron
en vano, y que como los polacos y otros pueblos, los cubanos
supimos demostrar que siempre estuvimos a favor de la libertad,
los derechos humanos, la democracia, la justicia, la paz, y la
fraternidad entre todos los hombres. Su confianza en el futuro
de nuestra patria no será defraudada, lo sabremos construir con
mucho amor y resposabilidad.
Gracias Juan Pablo, por su visita y por su afecto hacia todos
los cubanos.
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