Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, enero de
2008
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Cien años de la Semana de Oración por la Unidad de los
Cristianos
Papa Benedicto XVI
ZENIT,
CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 20 enero 2008.
Queridos hermanos y hermanas:
Hace dos días hemos comenzado la Semana de Oración por la Unidad
de los Cristianos, en la que católicos, ortodoxos, anglicanos y
protestantes, conscientes de que sus divisiones constituyen un
obstáculo a la acogida del Evangelio, imploran juntos del Señor,
de manera todavía más intensa, el don de la plena comunión. Esta
iniciativa providencial nació hace cien años, cuando el padre
Paul Wattson comenzó el «Octavario» de oración por la unidad de
los discípulos de Cristo.
Por este motivo, hoy están presentes en la plaza de San Pedro
los hijos e hijas espirituales del padre Wattson, los hermanos y
hermanas del Atonement, a quienes saludo cordialmente y a
quienes aliento a continuar en su entrega especial a la causa de
la unidad.
Todos tenemos el deber de rezar y trabajar por la superación de
toda división entre los cristianos, respondiendo al anhelo de
Cristo «Ut unum sint» [«Que sean uno», ndt.]. La oración, la
conversión del corazón, la intensificación de los vínculos de
comunión constituyen la esencia de este movimiento espiritual,
que esperamos pueda llevar pronto a los discípulos de Cristo a
la común celebración de la Eucaristía, manifestación de su plena
unidad.
El tema bíblico de este año está lleno de significado: «No
ceséis de orar» (1 Tesalonicenses 5,17). San Pablo se dirige a
la comunidad de Tesalónica, que en su interior experimentaba
conflictos, para recordar con fuerza algunas actitudes
fundamentales, entre las que destaca precisamente la oración
incesante. Con esta invitación, quiere dar a entender que de la
nueva vida en Cristo y en el Espíritu Santo procede la capacidad
de superar todo egoísmo, de vivir juntos en paz y en armonía
fraterna, de cargar con disponibilidad el peso y los
sufrimientos de los demás.
¡No tenemos que cansarnos nunca de rezar por la unidad de los
cristianos! Cuando Jesús, durante la Última Cena, rezó para que
todos «sean uno», tenía un fin preciso: «para que el mundo crea»
(Juan 17, 21). La misión evangelizadora de la Iglesia pasa por
tanto por el camino ecuménico, el camino de la unidad de fe, del
testimonio evangélico y de la auténtica fraternidad.
Al igual que todos los años, el próximo viernes, 25 de enero,
iré a la Basílica de San Pablo Extramuros para clausurar, con
las Vísperas solemnes, la Semana de Oración por la Unidad de los
Cristianos. Invito a los romanos y a los peregrinos a unirse a
mí y a los cristianos de las iglesias y comunidades eclesiales
que participarán en la celebración para invocar de Dios el don
precioso de la reconciliación entre todos los bautizados.
Que la santa Madre de Dios, de la que hoy se recuerda la
aparición a Alfonso Ratisbonne en la iglesia de san Andrés delle
Fratte, alcance del Señor para todos su discípulos la abundancia
del Espíritu Santo, de manera que juntos podamos alcanzar la
perfecta unidad y ofrecer el testimonio de fe y de vida del que
tiene urgente necesidad el mundo.
[Traducción del original italiano por Jesús Colina
© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana] |