Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, diciembre de 2007

 

El cristiano y las profesiones

Alfredo Romagosa

“He llamado por su nombre a Bezaleel, hijo de Urí, hijo de Jur, de la tribu de Judá, y lo he llenado del espíritu de Dios, de saber, de inteligencia, de ciencia y de capacidad en toda clase de trabajo, para crear obras de arte; este hombre sabe trabajar el oro, plata y bronce, y tallar tanto las piedras preciosas como la madera: es entendido en toda clase de trabajos.” (Ex 31:1-5): Bezaleel es llamado por Dios a una importante función dentro de la comunidad de Israel, la de construir el tabernáculo donde habrá una presencia especial de Dios.

El Llamado a Servir

Dios nos llama a cada uno de nosotros a una función en el mundo, a una vocación o profesión.  Algunos son llamados a través de habilidades especiales o intereses personales, y otros encuentran sus vocaciones en situaciones circunstanciales, y desarroyan sus habilidades por la necesidad de resolver algún problema.  Todos estos son llamados a servir.  Cuando la ejecución o el desarroyo de una habilidad se reconoce como un servicio, toma un cariz seriamente moral.  Nuestro trabajo le presta un servicio a alguien en el mundo, aunque a veces no vemos ni sabemos a quien hemos beneficiado. Samuel Florman ha escrito varios libros sobre la ingeniería, y el reflexiona sobre esta dimensión: “Hay implicaciones religiosas en la tecnología- hay un poco de catedral en todo lo que construímos.”  [1]

Pierre Teilhard de Chardin, el famoso científico y pensador jesuita, ha escrito mucho sobre la relación entre el trabajo y nuestra vocación cristiana. El ve nuestro trabajo como la continuación de la Encarnación:

Todo proceso de crecimiento material en el universo está ultimamante dirigido hacia el espíritu, y todo proceso de crecimiento espiritual está dirigido hacia Cristo.  Por lo tanto, no importa si el trabajo donde nos encontramos por las circunstacias del momento es sublime, tedioso o animante, tengo la felicidad de poder pensar que Cristo espera a recibir su fruto: y ese fruto no es tan solo la intención detrás de mi esfuerzo, sino también el resultado tangible de mi trabajo...  Si esta esperanza se justifica, el cristiano tiene que mantenerse activo trabajando tan dedicadamente como el más convencido de aquellos que trabajan para construir la Tierra, para que Cristo nazca cada vez mas completamente en el mundo que le rodea. [2]

Escribiéndole a un amigo que está tratando de encontrarle valor moral a su trabajo profesional, el padre Teilhard le contesta: “Porque tu labor, que me parece muy legítima, va bien, se le distribuye un poco más de salud a la masa humana, y por consecuencia un poco más de libertad para actuar, para crecer, y para amar.” [3]

El Trabajo y la Creatividad

Nuestro trabajo tiene un aspecto creativo: “De un bloque de madera el carpintero construye un cofre... Una idea en la mente del trabajador se ha realizado en el orden objectivo, y la naturaleza se ha humanizado.” [4]  El trabajo profesional nos provee la oportunidad de participar en la creatividad de Dios.  Las creaciones humanas, igual que las de Dios, tienen una realidad fuera del creador, pero el objeto creado lleva la huella de su creador, siendo la proyección de la mente que la creó. Igual que la creación Divina, las creaciones humanas siempre tienen un elemento de generosidad, ya que los objetos creados pueden ser usados por otros para su beneficio. El individuo creador pone parte de su ser en su trabajo; es el resultado de su habilidad.  Algún objecto o servicio fue causado por su esfuerzo, y este objeto o servicio no existiría si este esfuerzo no se hubiera hecho. Una vez creado, el objeto o servicio forma parte de la realidad, tiene una existencia propia.

Calidad de Trabajo y Profesionalismo

Un profesional puede hacer un trabajo mediocre o lo puede hacer al máximo de su habilidad.  A la medida que su trabajo es perfecto, el profesional ha hecho la creación más completa, ha añadido lo más posible a la realidad humana. Esta perfección es una medida de su amor por otros y de su cuidado.  A través de su labor perfeccionada, el profesional ha añadido lo más posible de su ser a la vida de la comunidad humana.

Samuel Florman recae en la calidad del trabajo en el contexto de la ingeniería: “Las peores amenazas a la ingeniería moral son la falta de cuidado, la chapucería, la vagancia, y la falta de concentración.  Un ingeniero puede empezar con honestidad y buena intención y caer en la inmoralidad de alguno de estos pecados.”[5]  Florman también expresa esto de un modo positivo: “La búsqueda de la excelencia es una empresa virtuosa que no hace falta racionalizar.”[6]

Podemos ofrecer el siguiente resumen del llamado al amor cristiano en las profesiones y el trabajo:

  • Nuestra profesión es un llamado de Dios.
  • Nuestro trabajo profesional continúa la labor de Cristo, continúa la Encarnación.
  • Nuestro trabajo profesional  participa en la creatividad de Dios.
  • Nuestro trabajo profesional  es una forma importante de amar al prójimo.
  • La calidad de nuestro trabajo es una medida de nuestro amor.

[1] Samuel C. Florman, The Civilized Engineer (New York: St. Martin’s Press, 1987), 20.

[2] Pierre Teilhard de Chardin, S.J., “My Universe” in Science and Christ (New York: Harper and Row, 1968), 68.

[3] Pierre Teilhard de Chardin, S.J,  Letters From a Traveler (New York: Harper and Row, 1962), 164.

[4] John W. Donohue, S.J., Work and Education (Chicago: Loyola University Press, 1959), 150.

[5] Florman, The Civilized Engineer, 104.

[6] Ibid., 70.

Profesor de Historia de la Iglesia, laico franciscano y director de Comunidad Parroquial (www.parishcommunity.net/esp).