La predicación de Juan el Bautista

Comienzo de la Buena Noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios.

Como está escrito en el libro del profeta Isaías: Mira, yo envío a mi mensajero delante de ti para prepararte el camino.

Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos, así se presentó Juan el Bautista en el desierto, proclamando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados.

Toda la gente de Judea y todos los habitantes de Jerusalén acudían a él, y se hacían bautizar en las aguas del Jordán, confesando sus pecados.

Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo: "Detrás de mí vendrá el que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias.

Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo".

Marcos 1, 1-8

Por aquel tiempo se presentó Juan Bautista y empezó a predicar en el desierto de Judea; éste era su mensaje: «Renuncien a su mal camino, porque el Reino de los Cielos está cerca.»

Es a Juan a quien se refería el profeta Isaías cuando decía: Una voz grita en el desierto: Preparen un camino al Señor; hagan sus senderos rectos. Además de la piel que llevaba colgada de la cintura, Juan no tenía más que un manto hecho de pelo de camello. Su comida eran langostas y miel silvestre.

Venían a verlo de Jerusalén, de toda la Judea y de la región del Jordán. Y junto con confesar sus pecados, se hacían bautizar por Juan en el río Jordán. Juan vio que un grupo de fariseos y de saduceos habían venido donde él bautizaba, y les dijo: «Raza de víboras, ¿cómo van a pensar que escaparán del castigo que se les viene encima? Muestren los frutos de una sincera conversión, pues de nada les sirve decir: "Abrahán es nuestro padre". Yo les aseguro que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán aún de estas piedras. El hacha ya está puesta a la raíz de los árboles, y todo árbol que no da buen fruto, será cortado y arrojado al fuego.

Yo los bautizo en el agua, y es el camino a la conversión. Pero después de mí viene uno con mucho más poder que yo, - yo ni siquiera merezco llevarle las sandalias - él los bautizará en el Espíritu Santo y el fuego.

Mateo 3, 1-12

En el año quince del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato procurador de Judea, y Herodes tetrarca de Galilea; Filipo, su hermano, tetrarca de Iturea y de Traconítida, y Lisanias tetrarca de Abilene;

en el pontificado de Anás y Caifás, fue dirigida la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.

Y se fue por toda la región del Jordán proclamando un bautismo de conversión para perdón de los pecados,

como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: “Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas;

todo barranco será rellenado, todo monte y colina será rebajado, lo tortuoso se hará recto y las asperezas serán caminos llanos. Y todos verán la salvación de Dios”.

Decía, pues, a la gente que acudía para ser bautizada por él: "Raza de víboras, ¿quién os ha enseñado a huir de la ira inminente?

Dad, pues, frutos dignos de conversión, y no andéis diciendo en vuestro interior: "Tenemos por padre a Abraham"; porque os digo que puede Dios de estas piedras dar hijos a Abraham.

Y ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles; y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego."

La gente le preguntaba: "Pues ¿qué debemos hacer?"

Y él les respondía: "El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; el que tenga para comer, que haga lo mismo."

Vinieron también publicanos a bautizarse, y le dijeron: "Maestro, ¿qué debemos hacer?"

El les dijo: "No exijáis más de lo que os está fijado."

Preguntáronle también unos soldados: "Y nosotros ¿qué debemos hacer?" El les dijo: "No hagáis extorsión a nadie, no hagáis denuncias falsas, y contentaos con vuestra soldada."

Como el pueblo estaba a la espera, andaban todos pensando en sus corazones acerca de Juan, si no sería él el Cristo;

respondió Juan a todos, diciendo: "Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, y no soy digno de desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.

Lucas 3, 1-17

Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan.

Este vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él.

No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz.

… Juan da testimonio de él y clama: "Este era del que yo dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo."

Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia.

Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo.

A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha contado.

Y este fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron donde él desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle: "¿Quién eres tú?"

El confesó, y no negó; confesó: "Yo no soy el Cristo."

Y le preguntaron: "¿Qué, pues? ¿Eres tú Elías?" El dijo: "No lo soy." - "¿Eres tú el profeta?" Respondió: "No."

Entonces le dijeron: "¿Quién eres, pues, para que demos respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?"

Dijo él: "Yo soy  voz del que clama en el desierto: Rectificad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías."

Los enviados eran fariseos.

Y le preguntaron: "¿Por qué, pues, bautizas, si no eres tú el Cristo ni Elías ni el profeta?"

Juan les respondió: "Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está uno a quien no conocéis,

que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle la correa de su sandalia."

Esto ocurrió en Betania, al otro lado del Jordán, donde estaba Juan bautizando.

Juan 1, 6-8… 15-28

 


Una de las fuentes de donde brota el Río Jordán.

Restos de las casas de los esenios (arriba) y de una de las piscinas purificadoras (debajo). Los esenios eran una secta judía, cuyo origen se remonta al movimiento 'hasideo', de la época de la dominación Seléucida (197 a 142 antes de Cristo) y cuya existencia hasta el siglo I está documentada por distintas fuentes. Fueron contemporáneos de los saduceos y los fariseos. Juan el Bautista formaba parte
de la comunidad esenia.


En sus escritos dicen: Los que caminan en el espíritu de la verdad recibirán curación, una larga vida de paz y fecundidad, junto con toda bendición perpetua y alegría eterna en una vida sin fin, una corona de gloria y un manto de majestad en la luz inextinguible. Por el contrario, los que caminen en el espíritu de las tinieblas verán una multitud de plagas de manos de todos los ángeles de destrucción, condenación eterna por la fuerza vengadora de la ira de Dios, tormento sin fin y desgracia perpetua, junto con la extinción infamante en el fuego de las regiones tenebrosas.
Proclamaban que gracias al Espíritu Santo los convertidos podían entender la palabra de Dios, interpretar sus mensajes en las Escrituras y en la vida y profetizar. El pueblo les reconocía el don de profecía y el de sanación. Sus escritos se refieren a sanaciones por imposición de manos y al estudio de las propiedades medicinales de plantas y piedras.
Consideraban que los poderes humanos siempre oprimen y por lo mismo no participaban en las guerras: ¿Qué pueblo desea ser oprimido por otro más fuerte que él? ¡Quién desea ser despojado inicuamente de su fortuna? Y sin embargo ¿cuál es el pueblo que no oprime a su vecino? ¿Dónde está el pueblo que no ha despojado a otro de su fortuna?
Esperaban la era mesiánica cuyo advenimiento preparaban. En sus escritos de fines del siglo II AC, se refieren a un mesías sacerdote y a un mesías rey, destacando la importancia del primero, en coincidencia con el origen sacerdotal de los fundadores de la comunidad. En sus escritos de los siglos I AC y I, la concepción mesiánica evoluciona hacia destacar al mesías rey y al mismo tiempo que se le atribuye filiación divina. Por otra parte adquiere importancia también la figura bíblica de Melquisedec, el sacerdote que no perteneció al linaje sacerdotal.