Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, diciembre de
2007
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Peregrinar a Tierra Santa
Luis E. Siman
¡Esta es una experiencia que todo cristiano tiene que vivirla al
menos una vez en la vida!
¡Únete a miles de peregrinos que visitan Tierra Santa!
¡No tengas miedo!
Tenemos que agradecer a los franciscanos, que con su presencia y
el trabajo que han desarrollado en Tierra Santa durante 800
años, nos sea posible peregrinar a estos lugares santos.
Verdaderamente es un esfuerzo que no se conoce en toda su
dimensión y que debemos reconocer, que ha llegado al grado que
algunos de ellos han sufrido el martirio para preservarlas.
El mayor problema con que se encuentran es la salida de los
cristianos, debido a la presión y discriminación de musulmanes e
Israelíes y la falta de oportunidades de trabajo. En 1948 los
cristianos eran el 18% de la población de Tierra Santa,
actualmente no llegan ni al 2%. Los franciscanos los apoyan en
la medida de sus posibilidades dándoles trabajo, construyéndoles
vivienda, colegios, etc.
Este trabajo no es tan simple como parece, ya que tienen 800
años de estarlo haciendo, localizando los lugares santos en base
a la tradición, a los estudios que datan del tiempo de las
cruzadas, los escritos bíblicos y la arqueología. Comprando las
tierras de estos lugares santos, consiguiendo donaciones de
gobiernos extranjeros, han llegado a acuerdos con los turcos,
musulmanes, israelíes, han litigado por los derechos adquiridos
construyendo iglesias y manteniendo estos lugares santos.
Visitando los Santos Lugares estimulamos a los franciscanos a
seguir dando este servicio tan valioso para toda la cristiandad
y el Viernes Santo, en la colecta para la Custodia de la Tierra
Santa debemos ser muy generosos.
Testimonio de
nuestra peregrinación
Nuestra reciente visita a Tierra Santa ha sido una experiencia
inolvidable y no dudo que ha sido providencial que hayamos
podido estar unos días antes en Medjugorje, como preparación a
esta gracia tan grande, por la que esperamos tanto tiempo en
recibir por el temor a los conflictos que se dan en esa parte
del mundo.
Ha sido un regalo del Señor y Nuestra Madre Santísima, el poder
haber ido con un sacerdote santo como el Padre Manuel
Hernández, de Islas Canarias (durante los últimos 14 años ha
acompañado las peregrinaciones a Tierra Santa sin ningún
problema), y tener como guía al Padre Sergio Olmedo O. F. M.
La primera visita a Medjugorje que hicimos en Junio/Julio de
1989, marcó nuestras vidas con un antes y después y cada visita
que hemos hecho posteriormente recibimos gracias muy especiales.
Peregrinar a Tierra Santa es una experiencia distinta. Al seguir
los pasos de Nuestro Señor se experimenta una cercanía muy
grande con Él y con nuestra Madre Santísima, verdaderamente se
vive el Evangelio de una manera más conciente. Se vive cada
pasaje de las Escrituras con tanta intensidad, se sufre con el
Señor y Nuestra Madre Santísima, se les ama más y se les
agradece por el gran amor que nos tienen, por su redención, por
su Palabra que es luz para nuestra vida, en fin, queda una
huella indeleble en nuestro corazón, se reafirman nuestras
creencias y se arraigan más profundamente.
Visitar el lugar en donde Nuestra Madre Santísima engendró al
Señor por obra y gracia del Espíritu Santo, donde comienza la
historia del cristianismo … la historia de nuestra fe. La
celebración de la Eucaristía en la gruta de la Anunciación,
Iglesia de la Natividad, Santo Sepulcro, etc., La Hora Santa en
el Huerto de los Olivos, es una emoción que no se puede
explicar. ¡Hay que vivirla!
Visitar tantos lugares en que estuvo Nuestro Señor, en donde
vivió con La Virgen y San José, en donde predicó e hizo tantos
milagros, en donde oró, en donde sufrió tanto por nosotros. En
el Vía Crucis en la “Vía Dolorosa”, se experimenta una emoción
indescriptible. Se llora con Nuestra Madre Santísima y se vive
el dolor que Ella y El Señor padecieron por nuestros pecados,
pero a la vez se vive un sentimiento de paz y gozo.
Renovar las promesas del Bautismo en el Jordán, en donde fue
Bautizado Nuestro Señor por Juan Bautista y las promesas del
matrimonio en Caná de Galilea, donde el Señor hizo el primer
milagro por intercesión de Nuestra Madre, es una experiencia
inolvidable en donde se vive una emoción y un gozo inmenso.
Director del Florida Center for Peace
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