Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, diciembre de
2007
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Los orígenes de la Navidad
Francisco Varo
Los cristianos de la primera generación, es decir, aquellos que
escucharon directamente la predicación de los Apóstoles,
conocían bien y meditaban con frecuencia la vida de Jesús.
Especialmente los momentos decisivos: su pasión, muerte
redentora y resurrección gloriosa.
También recordaban sus milagros, sus parábolas y muchos detalles
de su predicación. Era lo que habían oído contar a aquellos que
habían seguido al Maestro durante su vida pública, que habían
sido testigos directos de todos aquellos acontecimientos.
Acerca de su infancia sólo conocían algunos detalles que tal vez
narrara el propio Jesús o su Madre, aunque la mayor parte de
ellos María los conservaba en su corazón.
Cuando se escriben los evangelios sólo se deja constancia en
ellos de lo más significativo acerca del nacimiento de Jesús.
Desde perspectivas diferentes, Mateo y Lucas recuerdan los
mismos hechos esenciales: que Jesús nació en Belén de Judá, de
la Virgen María, desposada con José, pero sin que Ella hubiese
conocido varón. Además, hacia el final de los relatos sobre la
infancia de Jesús, ambos señalan que después fueron a vivir a
Nazaret.
Mateo subraya que Jesús es el Mesías descendiente de David, el
Salvador en el que se han cumplido las promesas de Dios al
antiguo pueblo de Israel. Por eso, como la pertenencia de Jesús
al linaje de David viene dada por ser hijo legal de José, Mateo
narra los hechos fijándose especialmente en el cometido del
Santo Patriarca.
San José con el Niño Jesús
Por su parte, Lucas, centrándose en la Virgen —que representa
también a la humanidad fiel a Dios—, enseña que el Niño que nace
en Belén es el Salvador prometido, el Mesías y Señor, que ha
venido al mundo para salvar a todos los hombres.
En el siglo II el deseo de saber más sobre el nacimiento de
Jesús y su infancia hizo que algunas personas piadosas, pero sin
una información histórica precisa, inventaran relatos
fantásticos y llenos de imaginación. Se conocen algunos a través
de los evangelios apócrifos. Uno de los relatos más
desarrollados sobre el nacimiento de Jesús contenido en los
apócrifos es el que se presenta en el llamado Protoevangelio de
Santiago, según otros manuscritos, Natividad de María, escrito a
mediados del siglo II.
En las primeras generaciones de cristianos la fiesta por
excelencia era la Pascua, conmemoración de la Resurrección del
Señor. Todos sabían bien en qué fechas había sido crucificado
Jesús y cuándo había resucitado: en los días centrales de la
celebración de la fiesta judía de la Pascua, en torno al día 15
de Nisán, es decir, el día de luna llena del primer mes de
primavera.
Sin embargo, posiblemente no conocían con la misma certeza el
momento de su nacimiento. No formaba parte de las costumbres de
los primeros cristianos la celebración del cumpleaños, y no se
había instituido una fiesta particular para conmemorar el
cumpleaños de Jesús.
Hasta el siglo III no tenemos noticias sobre el día del
nacimiento de Jesús. Los primeros testimonios de Padres y
escritores eclesiásticos señalan diversas fechas. El primer
testimonio indirecto de que la natividad de Cristo fuese el 25
de diciembre lo ofrece Sexto Julio Africano el año 221. La
primera referencia directa de su celebración es la del
calendario litúrgico filocaliano del año 354 (MGH, IX,I,
13-196): VIII kal. Ian. natus Christus in Betleem Iudeae (“el 25
de diciembre nació Cristo en Belén de Judea”). A partir del
siglo IV los testimonios de este día como fecha del nacimiento
de Cristo son comunes en la tradición occidental, mientras que
en la oriental prevalece la fecha del 6 de enero.
Una explicación bastante difundida es que los cristianos optaron
por ese día porque, a partir del año 274, el 25 de diciembre se
celebraba en Roma el dies natalis Solis invicti, el día del
nacimiento del Sol invicto, la victoria de la luz sobre la noche
más larga del año.
Esta explicación se apoya en que la liturgia de Navidad y los
Padres de la época establecen un paralelismo entre el nacimiento
de Jesucristo y expresiones bíblicas como «sol de justicia» (Ma
4,2) y «luz del mundo» (Jn 1,4ss.).
Sin embargo, no hay pruebas de que esto fuera así y parece
difícil imaginarse que los cristianos de aquel entonces
quisieran adaptar fiestas paganas al calendario litúrgico,
especialmente cuando acababan de experimentar la persecución.
Otra explicación más plausible hace depender la fecha del
nacimiento de Jesús de la fecha de su encarnación, que a su vez
se relacionaba con la fecha de su muerte. En un tratado anónimo
sobre solsticios y equinoccios se afirma que “nuestro Señor fue
concebido el 8 de las kalendas de Abril en el mes de marzo (25
de marzo), que es el día de la pasión del Señor y de su
concepción, pues fue concebido el mismo día que murió” (B. Botte,
Les Origenes de la Noël et de l’Epiphanie, Louvain 1932, l.
230-33). En la tradición oriental, apoyándose en otro
calendario, la pasión y la encarnación del Señor se celebraban
el 6 de abril, fecha que concuerda con la celebración de la
Navidad el 6 de enero.
La relación entre pasión y encarnación es una idea que está en
consonancia con la mentalidad antigua y medieval, que admiraba
la perfección del universo como un todo, donde las grandes
intervenciones de Dios estaban vinculadas entre sí.
Se trata de una concepción que también encuentra sus raíces en
el judaísmo, donde creación y salvación se relacionaban con el
mes de Nisán.
El arte cristiano ha reflejado esta misma idea a lo largo de la
historia al pintar en la Anunciación de la Virgen al niño Jesús
descendiendo del cielo con una cruz.
Así pues, es posible que los cristianos vincularan la redención
obrada por Cristo con su concepción, y ésta determinara la fecha
del nacimiento. “Lo más decisivo fue la relación existente entre
la creación y la cruz, entre la creación y la concepción de
Cristo” (J. Ratzinger, El espíritu de la liturgia, 131).
La difusión de la celebración litúrgica de la Navidad fue
rápida. En la segunda mitad del siglo IV se va extendiendo por
todo el mundo cristiano: por el norte de Africa (año 360), por
Constantinopla (año 380), por España (año 384) o por Antioquía
(año 386). En el siglo V la Navidad es una fiesta casi
universal.
Profesor de Sagrada escritura en la Facultad Teología de la
Universidad de Navarra.
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