Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, diciembre de
2007
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No ocultéis la Navidad
José Manuel Lorca Planes
Que los caminos de Dios no son nuestros caminos, ya lo sabemos,
de sobra lo sabemos, pero la condición humana es frágil y tiende
a ir «trampeando», incluso con Dios. ¡Cuántos ‘Advientos'
vividos! ¿Acaso nos hace falta otro? Hoy me pregunto si hemos
aprovechado la insistente llamada de Dios a la conversión y si
deseamos convertirnos. La pregunta es oportuna, porque nadie
recibe el Misterio de Dios, si no lo desea de corazón. Lo bueno
es que Dios sigue esperando, como el Padre del hijo pródigo, no
se cansa de esperar para darnos el abrazo de la paz y ofrecernos
el banquete de la fiesta. Los bueno es que es un Padre
maravilloso y, ya veis, nos brinda otro año con nuevas vías para
la esperanza. Es recomendable, mejor, es necesario abrir bien
los oídos y dejar obrar dentro de nosotros al Espíritu Santo.
Esto lo sabe hacer muy bien Dios, solo hay que recordar cómo ha
planteado toda la Historia de la Salvación y cómo ha ido
preparando el corazón su pueblo para que su Hijo Jesús pusiera
el pie sobre el escenario de la humanidad: «desde antiguo y, de
muchas maneras, habló Dios a nuestros padres», dice en la Carta
a los Hebreos.
En Adviento, no podemos pasar por alto el papel de la Virgen
María, con su sí generoso y con su persona entregada al Plan
salvador de Dios, la esclava del Señor no se echó atrás y aceptó
la Palabra de Dios en su seno. Cuando Cristo apareció entre los
brazos de María acababa de levantar la esperanza del mundo. La
Santísima Virgen María es nuestro modelo de fe, de confianza en
Dios, de total y espléndida colaboración con el Altísimo. María
es nuestro icono, la mejor imagen de la Iglesia, que mira
siempre a Dios para hacer su voluntad; es fidelidad, es
esperanza nuestra, la gran creyente que se ha abandonado en las
manos de Dios. Dice el Papa, Benedicto XVI, que «Ella es la
Inmaculada que acoge incondicionalmente el don de Dios y, de esa
manera, se asocia a la obra de la salvación. María de Nazaret,
Icono de la Iglesia naciente, es el modelo de cómo cada uno de
nosotros está llamado a recibir el don que Jesús hace de sí
mismo en la Eucaristía» (S.C,33).
Pongamos mucha atención en estas cuatro semanas de preparación
para la Navidad, especialmente los cristianos, para poder
vivirlas con autenticidad y con la intención que tiene la
Iglesia, porque son muchas las seducciones de ocultar en
Nacimiento de Dios. Abrid los ojos y comprobad cómo van
desapareciendo los signos cristianos de la Navidad de las
tradicionales tarjetas de felicitación, no se menciona la
palabra Navidad, te felicitan las «fiestas» o el año nuevo; en
la iluminación de las calles van despareciendo los signos
navideños, con alternativas raras, bajo pretexto de modernidad;
los paquetes de regalos, turrones, cavas, CD's de música,
colonias y juguetes pretenden captar la atención de grandes y
chicos; en muchos balcones cuelgan figuras de un señor mayor,
con barba blanca y un saco a la espalda, que no se sabe si entra
o sale de las casas, pero el susto lo llevas por delante.
Quieren ocultar la Navidad. Pero lo más grave es que le están
quitando la dimensión de familia, para dejarla en una «fiesta»
más. ¿Tiene remedio esto?¿qué puedes hacer tu para unir más a la
familia?
Os ruego encarecidamente a todos los cristianos que recuperéis
el verdadero sentido de este tiempo litúrgico, primero deseando
recibir a Jesús y preparándose bien en este Adviento; segundo,
participando de la Eucaristía dominical y confesando los pecados
en la celebración del Sacramento de la Penitencia; tercero,
viviendo estos días de Adviento con austeridad. Aprovechad los
padres para dar una catequesis a los hijos y compartir con ellos
la fe. Son días especiales, para rezar juntos, bendecir la mesa,
hacer oraciones de la mañana o de la noche, en nuestra página
Web tenéis oraciones para Adviento. Es el tiempo de la familia
unida en la fe. Y, cuando se acerque la Navidad, si tenéis la
costumbre de adornar la casa, al menos, que sea con la imagen de
Nuestro Señor, bien con el Nacimiento, bien con un repostero en
el balcón... Cultivad todos los recursos para compartir, en
familia, el gozo y la alegría. Os bendice,
Monseñor José Manuel Lorca Planes,
Obispo de Teruel y de Albarracín |