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Evangelio de Lucas 1, 5-80
Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote, llamado
Zacarías, del grupo de Abías, casado con una mujer descendiente
de Aarón, que se llamaba Isabel; los dos eran justos ante Dios,
y caminaban sin tacha en todos los mandamientos y preceptos del
Señor.
No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos de
avanzada edad.
Sucedió que, mientras oficiaba delante de Dios, en el turno de
su grupo, le tocó en suerte, según el uso del servicio
sacerdotal, entrar en el Santuario del Señor para quemar el
incienso.
Toda la multitud del pueblo estaba fuera en oración, a la hora
del incienso.
Se le apareció el Ángel del Señor, de pie, a la derecha del
altar del incienso. Al verle Zacarías, se turbó, y el temor se
apoderó de él.
El ángel le dijo: "No temas, Zacarías, porque tu petición ha
sido escuchada; Isabel, tu mujer, te dará a luz un hijo, a quien
pondrá por nombre Juan; será para ti gozo y alegría, y muchos se
gozarán en su nacimiento, porque será grande ante el Señor; no
beberá vino ni licor; estará lleno de Espíritu Santo ya desde el
seno de su madre, y a muchos de los hijos de Israel, les
convertirá al Señor su Dios, e irá delante de él con el espíritu
y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los
padres a los hijos, y a los rebeldes a la prudencia de los
justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto."
Zacarías dijo al ángel: “En qué lo conoceré?” Porque yo soy
viejo y mi mujer avanzada en edad."
El ángel le respondió: "Yo soy Gabriel, el que está delante de
Dios, y he sido enviado para hablarte y anunciarte esta buena
nueva.
Mira, te vas a quedar mudo y no podrás hablar hasta el día en
que sucedan estas cosas, porque no diste crédito a mis palabras,
las cuales se cumplirán a su tiempo."
El pueblo estaba esperando a Zacarías y se extrañaban de su
demora en el Santuario.
Cuando salió, no podía hablarles, y comprendieron que había
tenido una visión en el Santuario; les hablaba por señas, y
permaneció mudo.
Y sucedió que cuando se cumplieron los días de su servicio, se
fue a su casa.
Días después, concibió su mujer Isabel; y se mantuvo oculta
durante cinco meses diciendo: "Esto es lo que ha hecho por mí el
Señor en los días en que se dignó quitar mi oprobio entre los
hombres."
Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad
de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un
hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen
era María.
Y entrando, le dijo: "Alégrate, llena de gracia, el Señor está
contigo."
Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué
significaría aquel saludo.
El ángel le dijo: "No temas, María, porque has hallado gracia
delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un
hijo, a quien pondrás por nombre Jesús.
El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios
le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de
Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin."
María respondió al ángel: "¿Cómo será esto, puesto que no
conozco varón?"
El ángel le respondió: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el
poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha
de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios.
Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su
vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban
estéril, “ porque ninguna cosa es imposible para Dios."
Dijo María: "He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu
palabra." Y el ángel dejándola se fue.
En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la
región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de
Zacarías y saludó a Isabel.
Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de
gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo;
y exclamando con gran voz, dijo:
"Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y
¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí?
Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de
gozo el niño en mi seno.
¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le
fueron dichas de parte del Señor!"
Y dijo María: "Proclama mi alma la grandeza del Señor y mi
espíritu se alegra en Dios mi salvador, porque ha puesto los
ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las
generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi
favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su
misericordia alcanza de generación en generación a los que le
temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son
soberbios en su propio corazón.
Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los
humildes.
A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin
nada.
Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia como
había anunciado a nuestros padres en favor de Abraham y de su
linaje por los siglos."
María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su
casa.
Se le cumplió a Isabel el tiempo de dar a luz, y tuvo un hijo.
Oyeron sus vecinos y parientes que el Señor le había hecho gran
misericordia, y se congratulaban con ella.
Y sucedió que al octavo día fueron a circuncidar al niño, y
querían ponerle el nombre de su padre, Zacarías, pero su madre,
tomando la palabra, dijo: "No; se ha de llamar Juan."
Le decían: "No hay nadie en tu parentela que tenga ese nombre."
Y preguntaban por señas a su padre cómo quería que se le
llamase.
El pidió una tablilla y escribió: "Juan es su nombre." Y todos
quedaron admirados.
Y al punto se abrió su boca y su lengua, y hablaba bendiciendo a
Dios.
Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda la montaña de
Judea se comentaban todas estas cosas; todos los que las oían
las grababan en su corazón, diciendo: "Pues ¿qué será este
niño?" Porque, en efecto, la mano del Señor estaba con él.
Zacarías, su padre, quedó lleno de Espíritu Santo, y profetizó
diciendo:
"Bendito el Señor Dios de Israel porque ha visitado y redimido
a su pueblo.
y nos ha suscitado una fuerza salvadora en la casa de David, su
siervo, como había prometido desde tiempos antiguos, por boca de
sus santos profetas, que nos salvaría de nuestros enemigos y de
las manos de todos los que nos odiaban haciendo misericordia
a nuestros padres y recordando su santa alianza y el
juramento que juró a Abraham nuestro padre, de concedernos que,
libres de manos enemigas, podamos servirle sin temor en santidad
y justicia delante de él todos nuestros días.
Y tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo, pues irás
delante del Señor para preparar sus caminos y dar a su pueblo
conocimiento de salvación por el perdón de sus pecados, por las
entrañas de misericordia de nuestro Dios, que harán que nos
visite una Luz de la altura, a fin de iluminar a los que
habitan en tinieblas y sombras de muerte y guiar nuestros pasos
por el camino de la paz."
El niño crecía y su espíritu se fortalecía; vivió en los
desiertos hasta el día de su manifestación a Israel.
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Terreno
montañoso que conduce al pueblito de Ein Karem,
donde vivían Zacarías e Isabel, padres de Juan Bautista.
Ahí se encuentra el Santuario de la Visitación.

María e Isabel se
encuentran, ambas mujeres están en estado de gestación:
de Jesús, el Mesías, y de Juan el Bautista, el profeta.

El
Magnificat aparece en el Santuario de la Visitación en muchos
idiomas.
Debajo: en árabe.


Pintura de la Virgen y
el Niño en el Santuario.

Mural de la Virgen
María. Debajo se puede ver a San Francisco con los frailes
franciscanos, a cargo de la Custodia de Tierra Santa, cuyos
Santos Lugares cristianos han defendido y conservado a veces con
su propio martirio para evitar que fueran destruidos durante
siglos por los numerosos invasores anticristianos. |