Del Libro del profeta Isaías


Saldrá una rama del tronco de Jesé y un retoño brotará de sus raíces.
Sobre él reposará el espíritu del Señor:
espíritu de sabiduría y de inteligencia,
espíritu de consejo y de fortaleza,
espíritu de ciencia y de temor del Señor
–y lo inspirará el temor del Señor–.
Él no juzgará según las apariencias
ni decidirá por lo que oiga decir:
juzgará con justicia a los débiles
y decidirá con rectitud para los pobres del país;
herirá al violento con la vara de su boca
y con el soplo de sus labios hará morir al malvado.

La justicia ceñirá su cintura
y la fidelidad ceñirá sus caderas.

El lobo habitará con el cordero
y el leopardo se recostará junto al cabrito;
el ternero y el cachorro de león pacerán juntos,
y un niño pequeño los conducirá;
la vaca y la osa vivirán en compañía,
sus crías se recostarán juntas,
y el león comerá paja lo mismo que el buey.

El niño de pecho jugará
sobre el agujero de la cobra,
y en la cueva de la víbora
meterá la mano el niño apenas destetado.

No se hará daño ni estragos
en toda mi Montaña santa,
porque el conocimiento del Señor llenará la tierra
como las aguas cubren el mar.

El retorno de los desterrados

Aquel día, la raíz de Jesé
se erigirá como emblema para los pueblos:
las naciones la buscarán
y la gloria será su morada.

Isaías 11, 1-10

Porque yo, el Señor, soy tu Dios,
el que te sostengo de la mano derecha
y te digo: "No temas,
yo vengo en tu ayuda".

Tú eres un gusano, Jacob,
eres una lombriz, Israel,
pero no temas, yo vengo en tu ayuda
–oráculo del Señor–
y tu redentor es el Santo de Israel.

Yo te convertiré en una trilladora,
afilada, nueva, de doble filo:
trillarás las montañas y las pulverizarás,
y dejarás las colinas como rastrojo.

Las aventarás y el viento se las llevará,
y las dispersará la tormenta;
y tú te alegrarás en el Señor,
te gloriarás en el Santo de Israel.

Las maravillas del Señor en favor de su Pueblo

Los pobres y los indigentes buscan agua en vano,
su lengua está reseca por la sed.
Pero yo, el Señor, les responderé,
yo, el Dios de Israel, no los abandonaré.

Haré brotar ríos en las cumbres desiertas
y manantiales en medio de los valles;
convertiré el desierto en estanques,
la tierra árida en vertientes de agua.

Pondré en el desierto cedros,
acacias, mirtos y olivos silvestres;
plantaré en la estepa cipreses,
junto con olmos y pinos,
para que ellos vean y reconozcan,
para que reflexionen y comprendan de una vez
que la mano del Señor ha hecho esto,
que el Santo de Israel lo ha creado.

Isaías 41, 13-20


¡Consuelen, consuelen a mi Pueblo,
dice su Dios!

Hablen al corazón de Jerusalén
y anúncienle
que su tiempo de servicio se ha cumplido,
que su culpa está paga,
que ha recibido de la mano del Señor
doble castigo por todos sus pecados.

El camino del Señor en el desierto

Una voz proclama:
¡Preparen en el desierto
el camino del Señor,
tracen en la estepa
un sendero para nuestro Dios!

¡Que se rellenen todos los valles
y se aplanen todas las montañas y colinas;
que las quebradas se conviertan en llanuras
y los terrenos escarpados, en planicies!

Entonces se revelará la gloria del Señor
y todos los hombres la verán juntamente,
porque ha hablado la boca del Señor.

Estabilidad y eficacia de la Palabra de Dios

Una voz dice: "¡Proclama!".
Y yo respondo: "¿Qué proclamaré?".
"Toda carne es hierba
y toda su consistencia, como la flor de los campos:
la hierba se seca, la flor se marchita
cuando sopla sobre ellael aliento del Señor.
Sí, el pueblo es la hierba.

La hierba se seca, la flor se marchita,
pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre".

Anuncio de la llegada del Señor

Súbete a una montaña elevada,
tú que llevas la buena noticia a Sión;
levanta con fuerza tu voz,
tú que llevas la buena noticia a Jerusalén.
Levántala sin temor,
di a las ciudades de Judá:
"¡Aquí está su Dios!".

Ya llega el Señor con poder
y su brazo le asegura el dominio:
el premio de su victoria lo acompaña
y su recompensa lo precede.

Como un pastor, él apacienta su rebaño,
lo reúne con su brazo;
lleva sobre su pecho a los corderos
y guía con cuidado a las que han dado a luz.

Isaías 40, 1-11

Una vez más, el Señor habló a Ajaz en estos términos: 11 "Pide para ti un signo de parte del Señor, en lo profundo del Abismo, o arriba, en las alturas".

Pero Ajaz respondió: "No lo pediré ni tentaré al Señor".

Isaías dijo: "Escuchen, entonces, casa de David: ¿Acaso no les basta cansar a los hombres, que cansan también a mi Dios?.

Por eso el Señor mismo les dará un signo. Miren, la joven está embarazada y dará a luz un hijo, y lo llamará con el nombre de Emanuel.

Isaías 7, 10-14

¡Regocíjese el desierto y la tierra reseca,
alégrese y florezca la estepa!

¡Sí, florezca como el narciso,
que se alegre y prorrumpa en cantos de júbilo!
Le ha sido dada la gloria del Líbano,
el esplendor del Carmelo y del Sarón.
Ellos verán la gloria del Señor,
el esplendor de nuestro Dios.

Fortalezcan los brazos débiles,
robustezcan las rodillas vacilantes;
digan a los que están desalentados:
"¡Sean fuertes, no teman:
ahí está su Dios!
Llega la venganza, la represalia de Dios:
él mismo viene a salvarlos".

Entonces se abrirán los ojos de los ciegos
y se destaparán los oídos de los sordos;
entonces el tullido saltará como un ciervo
y la lengua de los mudos gritará de júbilo.
Porque brotarán aguas en el desierto
y torrentes en la estepa;
el páramo se convertirá en un estanque
y la tierra sedienta en manantiales;
la morada donde se recostaban los chacales
será un paraje de caña y papiros.

Allí habrá una senda y un camino
que se llamará "Camino santo".
No lo recorrerá ningún impuro
ni los necios vagarán por él;
no habrá allí ningún león
ni penetrarán en él las fieras salvajes.
Por allí caminarán los redimidos,
volverán los rescatados por el Señor;
y entrarán en Sión con gritos de júbilo,
coronados de una alegría perpetua:
los acompañarán el gozo y la alegría,
la tristeza y los gemidos
se alejarán.

Isaías 35, 1-10


Palabra que Isaías, hijo de Amós, recibió en una visión, acerca de Judá y de Jerusalén:
Sucederá al fin de los tiempos,
que la montaña de la Casa del Señor
será afianzada sobre la cumbre de las montañas
y se elevará por encima de las colinas.
Todas las naciones afluirán hacia ella
y acudirán pueblos numerosos, que dirán:
"¡Vengan, subamos a la montaña del Señor,
a la Casa del Dios de Jacob!
Él nos instruirá en sus caminos
y caminaremos por sus sendas".
Porque de Sión saldrá la Ley
y de Jerusalén, la palabra del Señor.

Él será juez entre las naciones
y árbitro de pueblos numerosos.
Con sus espadas forjarán arados
y podaderas con sus lanzas.
No levantará la espada una nación contra otra
ni se adiestrarán más para la guerra.

¡Ven, casa de Jacob,
y caminemos a la luz del Señor!

Isaías 2, 1-5


Aquél día, el germen del Señor
será la hermosura y la gloria
de los sobrevivientes de Israel,
y el fruto del país será su orgullo y su ornato.

Entonces, el resto de Sión, los sobrevivientes de Jerusalén, serán llamados santos: todos ellos estarán inscritos para la vida, en Jerusalén.

Cuando el Señor lave la suciedad de las hijas de Sión y limpie a Jerusalén de la sangre derramada en ella, con el soplo abrasador del juicio, él creará sobre toda la extensión del monte Sión y en su asamblea, una nube de humo durante el día, y la claridad de un fuego llameante durante la noche. Porque la gloria del Señor, en lo más alto de todo, será un reparo y una choza, para dar sombra contra el calor durante el día, y servir de abrigo y refugio contra la tempestad y la lluvia.


Isaías, 4, 2-6

El Señor de los ejércitos
ofrecerá a todos los pueblos sobre esta montaña
un banquete de manjares suculentos,
un banquete de vinos añejados,
de manjares suculentos, medulosos,
de vinos añejados, decantados.

Él arrancará sobre esta montaña
el velo que cubre a todos los pueblos,
el paño tendido sobre todas las naciones.

Destruirá la Muerte para siempre;
el Señor enjugará las lágrimas
de todos los rostros,
y borrará sobre toda la tierra
el oprobio de su pueblo,
porque lo ha dicho él, el Señor.

Y se dirá en aquel día:
"Ahí está nuestro Dios,
de quien esperábamos la salvación:
es el Señor, en quien nosotros esperábamos;
¡alegrémonos y regocijémonosde su salvación!".

La humillación de Moab

Porque la mano del Señor se posará sobre esta montaña.

Isaías 25, 6-10


Aquel día, se entonará este canto en el país de Judá:
Tenemos una ciudad fuerte,
el Señor le ha puesto como salvaguardia
muros y antemuros.

Abran las puertas,
para que entre una nación justa,
que se mantiene fiel.

Su carácter es firme,
y tú la conservas en paz,
porque ella confía en ti.

Confíen en el Señor para siempre,
porque el Señor es una Roca eterna.

Él doblegó a los que habitaban en la altura,
en la ciudad inaccesible;
la humilló hasta la tierra,
le hizo tocar el polvo.

Ella es pisoteada
por los pies del pobre,
por las pisadas de los débiles.

Isaías 26, 1-6


¿No falta poco, muy poco tiempo,
para que el Líbano se vuelva un vergel
y el vergel parezca un bosque ?

Aquel día, los sordos oirán
las palabras del libro,
y verán los ojos de los ciegos,
libres de tinieblas y oscuridad.

Los humildes se alegrarán más y más en el Señor
y los más indigentes se regocijarán
en el Santo de Israel.

Porque se acabarán los tiranos,
desaparecerá el insolente,
y serán extirpados los que acechan
para hacer el mal,
los que con una palabra
hacen condenar a un hombre,
los que tienden trampas al que actúa en un juicio,
y porque sí no más perjudican al justo.

Por eso, así habla el Señor,
el Dios de la casa de Jacob,
el que rescató a Abraham:
En adelante, Jacob no se avergonzará
ni se pondrá pálido su rostro.

Porque, al ver lo que hagoen medio de él,
proclamarán que mi Nombre es santo,
proclamarán santo al Santo de Jacob
y temerán al Dios de Israel.

Los espíritus extraviados llegarán a entender
y los recalcitrantes aceptarán la enseñanza.

Isaías, 29, 17-24

Así habla el Señor, tu redentor,
el Santo de Israel:
Yo soy el Señor, tu Dios,
el que te instruye para tu provecho,
el que te guía por el camino que debes seguir.

¡Si tú hubieras atendido a mis mandamientos,
tu prosperidad sería como un río
y tu justicia, como las olas del mar!

Como la arena sería tu descendencia,
como los granos de arena, el fruto de tus entrañas;
tu nombre no habría sido extirpado
ni borrado de mi presencia.

Isaías 48, 17-19


El pueblo que andaba a oscuras
vio una luz grande. Los que vivían en tierra de sombras, una luz brilló sobre ellos. Acrecentaste el regocijo, hiciste grande la alegría. Alegría por tu presencia, cual la alegría en la siega, como se regocijan repartiendo botín.
Porque el yugo que les pesaba y la vara de su hombro - la vara de su tirano - has roto, como el día de Madián.
Porque toda bota que taconea con ruido, y el manto rebozado en sangre serán para la quema, pasto del fuego.
Porque una criatura nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. Estará el señorío sobre su hombro, y se llamará su nombre "Maravilla de Consejero", "Dios Fuerte", "Siempre Padre", "Príncipe de Paz".
Grande es su señorío y la paz no tendrá fin sobre el trono de David y sobre su reino, para restaurarlo y consolidarlo por la equidad y la justicia. Desde ahora y hasta siempre, el celo de Yahveh Sebaot hará eso.

Una palabra ha proferido el Señor en Jacob, y ha caído en Israel.
Sabedla, pueblo todo, Efraím y los habitantes de Samaría, los que con arrogancia y engreimiento dicen:
"Los ladrillos han caído, pero de sillar edificaremos; los sicómoros fueron talados, pero por cedros los cambiaremos."

Isaías 9, 1-6



Qué hermosos son sobre las montañas
los pasos del que trae la buena noticia,
del que proclama la paz,
del que anuncia la felicidad,
del que proclama la salvación
y dice a Sión: "¡Tu Dios reina!".

¡Escucha! Tus centinelas levantan la voz,
gritan todos juntos de alegría,
porque ellos ven con sus propios ojos
el regreso del Señor a Sión.

¡Prorrumpan en gritos de alegría,
ruinas de Jerusalén,
porque el Señor consuela a su Pueblo,
él redime a Jerusalén!

El Señor desnuda su santo brazo
a la vista de todas las naciones,
y todos los confines de la tierra
verán la salvación de nuestro Dios.

Isaías 52, 7-10


 

 

Qumrán y los Rollos del Mar Muerto


En el desierto montañoso de Qumram vivían los esenios, una estricta
secta judía en espera de la llegada del Mesías. Uno de los manuscritos
hallados allí fue una copia del Libro de Isaías, nacido en el
siglo VIII antes de Cristo en la Ciudad Santa de Jerusalén.


El Mar Muerto.


Actuales murallas de Jerusalén, la Ciudad Santa donde nació,
vivió y predicó el profeta Isaías.


Jerusalén en el mosaico de Madaba:
es visible el Cardo flanqueado por las columnas.

 

Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, diciembre de 2007