Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, noviembre de 2007

 

El día en que ondearon banderas cubanas
en la Plaza San Pedro

Germán Miret

Familiares del mártir, exiliados actualmente en Madrid. A la izquierda, Wenceslao Cruz, corresponsal de la publicación Misceláneas de Cuba.  A la derecha, con traje, Germán Miret.

Se celebraba la beatificación de 498 mártires de la Guerra Civil española en Roma, un mar de gentes, de 35,000 a 40,000 personas, según los que saben contar “mares de gentes”, cubrían la  Plaza San Pedro.

Banderas españolas por todas partes, varias de Cataluña, una argentina, una mexicana, otra de Venezuela (peregrinos que traen sus banderas para ondearlas los domingos en la Plaza San Pedro durante el rezo del Angelus). Normalmente no se ven banderas cubanas en San Pedro, pero éste es un día especial. El primer cubano va a ser beatificado ese día.

Miguel Ángel Fernández, quien vive en Madrid desde hace unos 10 años y estuvo a cargo de los archivos de la parroquia de Jatibonico, pueblo natal del beato José López Piteira, siendo entrevistado por una reportera de la
 BBC de Londres. Foto: Germán Miret.

 

 

La Iglesia, al llevar a los altares a ciertas personas sigue un proceso muy estricto, muy riguroso de investigación de la vida de la persona y según va avanzando en ese proceso,  les otorga ciertos títulos, el primero es el de Siervo de Dios, después Venerable, más tarde Beato. Es en este punto en el que la Iglesia admite que se le nombre como tal en ciertas oraciones como es la Letanía de los Santos.  Al comprobar que por oraciones hechas al beato ocurre un milagro, entoces la Iglesia lo declarará Santo.

Distintos grupos han estado trabajando por años en los procesos de beatificación del Padre Varela, del Hermano Victorino De La Salle, del Padre Olayo, de otros cubanos y cubanas de vidas ejemplares. Y de pronto se nos aparece un joven desconocido, el Beato Fr. José López Piteira, elevado a los altares primero que todos ellos.

¡Cuánto nos hubiese gustado que el Padre Varela fuese el primero! Hombre lleno de méritos por una vida de virtudes heroicas, que es lo que busca la Iglesia en las personas que nos propone como ejemplos de vida a seguir y que es en realidad el propósito de todo este proceso, el que tengamos un ejemplo de vida a imitar. ¡Cuanto hubiésemos gustado que fuera tal vez el Hno. Victorino De La Salle!, fundador de la Acción Católica Cubana (francés de nacimiento pero cubano por derecho propio, por haber dedicado su vida a la juventud cubana, por su amor a Cuba y cubano porque sus restos descansan en Puerto Rico esperando que Cuba sea libre para ser enterrado en tierra cubana, según su testamento).

Pero el Señor tiene su tiempo y su lugar -que no son los nuestros- y nos sorprende con este cubanito víctima de la Guerra Civil en España, fusilado por  hombres llenos de odio hacia la Iglesia y todo lo que la representara.

Nadie lo esperaba porque nadie lo conocía, pero el Señor sí. Es verdad aquello de que “Dios escribe derecho en renglones torcidos”. El primer beato cubano es un joven fusilado por los comunistas que en el momento de su muerte grita ¡Viva Cristo Rey!

De ahí que una veintena de cubanos ondearamos nuestras banderas desde distintos puntos de la Plaza San Pedro y al final nos reuniéramos en el obelisco situado en medio de la plaza y nos presentaramos unos a otros -porque no nos conocíamos-: familiares del Mártir y otros que venían de Madrid; un joven sacerdote cubano-americano residente en Roma y dos sacerdotes y tres seglares cubanos que veníamos de Miami.

Nuestra presencia, nuestra alegría y nuestras banderas cubanas ondeando en San Pedro se debió única y exclusivamente a que ya Cuba tenía un Beato reconocido por la Iglesia.  Y así se lo dejamos saber a la reportera de la BBC de Londres que nos entrevistó y a los reporteros de un canal de la televisión española interesados en la presencia de los cubanos exiliados en aquel lugar.

Hoy podemos invocar:

Beato José López Piteira, ora por el pueblo cubano, que sufre bajo la misma ideología de aquellos que te llevaron al martirio.

Estoy seguro que, al igual que los cubanos nos reunimos, identificados por nuestras banderas junto al obelisco en San Pedro, en algún lugar del Paraíso José se habrá reunido con otro grupo de cubanos que se identificaron con él porque en el momento de sus muertes también proclamaron ¡Viva Cristo Rey!