Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, noviembre de
2007
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La familia no cuenta
'¿Has tenido sífilis?', '¿Piensas suicidarte?'. Una encuesta de
los ministerios de Educación y Salud agrede la privacidad de los
niños.
Virgilio Toledo, Pinar del Río
6 de noviembre de 2007
Orientado por los ministerios de Educación y Salud Pública, se
está aplicando en la Isla lo que denominan "Diagnóstico Integral
de Salud. Cuestionario a Estudiantes para niños, niñas y
adolescentes de Cuba", que consta de 117 preguntas. Muchas de
las interrogantes agreden la integridad y la vida privada de los
niños y sus familias, bajo el supuesto objetivo de perfeccionar
el trabajo preventivo y ampliar sus oportunidades y orientación.
Estos últimos son los argumentos que esgrimen los responsables
para "proponer" —sabemos cómo se hace esto en Cuba— el
cuestionario. Antes de aplicarlo se le pregunta a los padres
—esto es algo que hay que reconocer—, pero la consulta se
realiza sin mostrar el contenido del mismo. En caso de que algún
padre o tutor indague sobre las preguntas, solamente le muestran
algunas. Resulta entonces que la mayoría de los padres, unos
confiados en las buenas intenciones de la escuela y otros por el
temor a disentir, que se ha hecho inherente en la mayoría de los
cubanos, dan la autorización para que sus hijos sean
interrogados.
Algunas de las preguntas más conflictivas, por ejemplo, van
desde la 1 hasta la 11, en las que se incluyen gran cantidad de
datos personales de los niños y sus padres, sin preservar el
anonimato de los encuestados. Todo lo contrario. Deben poner
hasta el número de carné de identidad.
Las preguntas 16, 20, 104 indagan sobre cuál es la situación
económica familiar, si existen vicios, violencia física
(empujones, golpes) en el hogar. Las 48, 49, 50 y 93 interrogan
a los niños respecto a si han pensado atentar alguna vez contra
sus vidas, si ellos o algún familiar o amigo lo ha hecho ya, y
qué opinan sobre el suicidio. El bloque de la 55 a la 63
averigua sobre si han tenido relaciones sexuales, a qué edad, si
han cambiado frecuentemente de pareja, si han tenido dos o más
parejas sexuales a la vez, si utilizan condón u otro método
anticonceptivo, si han tenido enfermedades venéreas como
sífilis, blenorragia, herpes genital, condiloma u otras, si han
tenido embarazos y cuántos.
Intromisión lacerante
La adhesión enfermiza a controlar toda la vida y sus
manifestaciones hace que el régimen se entrometa tan
lacerantemente en la dignidad, la libertad y la intimidad de los
niños. Una de las cosas más lamentables de este hecho es que no
pocas familias son incapaces de imaginar que en el espacio donde
sus hijos deben estar formándose, se les agrede de tal forma.
¿Cómo es posible que semejantes iniciativas partan de dos
ministerios relacionados con los servicios públicos que más
deben proteger la integridad de la persona? ¿A qué móvil oculto
obedece este nuevo método de control y conocimiento de la vida
privada de los niños, niñas y sus familias?
Puede que las intenciones sean buenas, pero, como dice el
refrán, "de buenas intenciones está empedrado el camino del
infierno". ¿Cómo es posible que los "especialistas" que
prepararon el cuestionario no se hayan dado cuenta del daño que
podría provocar en sus destinatarios, teniendo en cuenta la
edad, la psicología y el calibre de las preguntas? ¿O lo
hicieron conscientemente?
Hay que denunciar por lo menos tres gravísimos errores en la
aplicación de este mal llamado "estudio integral de salud": 1)
No se informó completamente, ni se involucró voluntaria y
responsablemente a los padres. 2) No se corresponde el calibre
de las preguntas con el proceso psicológico-evolutivo de la edad
de los destinatarios, niñas y niños de 10 y 11 años de la
enseñanza primaria. 3) Se dejó en manos de algunos profesores
sin preparación previa, del sexo opuesto, y con pocos recursos
psicopedagógicos, un trabajo totalmente especializado que sólo
debe ser realizado por profesionales de la especialidad y con
las debidas garantías de privacidad y metodología.
Nadie imagina el martirio sistemático y prolongado al que deben
enfrentarse las familias en Cuba, cuando saben que a su hijo le
enseñan una concepción de la vida y del hombre contraria a sus
principios y creencias. O, cuán grande es el sufrimiento, la
impotencia y la desesperación de las familias cuando no se está
de acuerdo con los métodos y la pedagogía manipuladora y
masificadora que emplean para enseñar a sus hijos. O cuando no
se puede escoger ni decidir la educación que se quiere para los
hijos, ni el tipo de escuela, ni los contenidos éticos y
cívicos, ni la orientación filosófica o religiosa.
Con Freire, con Varela
La huella que deja en nuestra dimensión espiritual, psicológica
y sociológica es muy difícil de borrar, porque en este hábitat
las personas muchas veces tienen que dejar de ser ellas mismas,
para subsistir y protegerse de la agresividad del medio que las
rodea, que por naturaleza es violento y conflictivo.
Las consecuencias de protestar, ser distinto, oponerse a este
tipo de iniciativas u otras parecidas, tienen un costo alto en
la Isla, donde impera un régimen que pretende, aspira e intenta
controlar la persona y sus comportamientos. Uno de esos costos
es ser colocado, ipso facto, al margen de la sociedad como
"gente rara"; se pasa a ser ciudadano de segunda clase, al que
tildan de extremista, radical, puritano, contestatario,
solamente por reclamar derechos elementales e inalienables como
es estar al tanto de la educación y la intimidad de hijos y
familia.
Una educación liberadora y personalizadora, como la postulaban
el gran pedagogo brasileño, Paulo Freire, o el fundador de la
nueva pedagogía cubana, el padre Félix Varela, sólo se logrará
liberando, canalizando, educando todas las potencialidades que
tenemos para poder construir los cimientos de un país donde la
democracia y los derechos de todos, especialmente los de los más
débiles y desposeídos, sean respetados en todos los ambientes.
Los Derechos del Niño y de la Niña y los Derechos de la Familia
deben ser divulgados, conocidos y respetados por las mismas
familias, la escuela y el Estado. Las familias y las escuelas
son un buen lugar para comenzar esta difícil pero hermosa y
fructífera obra.
Está claro que los padres son y deben ser los primeros
protagonistas de la educación de sus hijos, que la escuela debe
ser sólo un servicio subsidiario que contribuya, complemente,
respete y potencie la educación que los progenitores escogieron
para sus hijos. La comunidad no puede ni debe violar los
derechos de los padres en la educación de sus hijos, ni las
etapas de desarrollo psicológico de los niños con métodos,
instrumentos y diagnósticos, como el que abordamos, que queman
etapas y desconocen la privacidad de la familia y la
responsabilidad de los padres.
* El autor integraba el consejo editorial de la revista
'Vitral'.
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