Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, noviembre de
2007
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Carta a un Joven Cubano (III)
Germán J. Miret
Querido joven cubano:
En
mi última carta te decía que Martí había defendido a Cristo en
un artículo publicado el 4 de Abril de 1882 en el periódico
La Opinión Nacional de Caracas, Venezuela. Te decía también
que las palabras de Martí muchas veces reflejaban una
inspiración cristiana y aún más, que hay frases suyas que
parecen sacadas de la Biblia. Tal parece ser la influencia de
los criterios cristianos en su vida.
Veamos.
Martí en en sus Versos Sencillos escribe: Arte soy entre
las artes, en los montes monte soy. ¿No refleja esta
frase aquel escrito de San Pablo donde dice “soy judío
entre los judíos y romano entre los romanos”?.
Cuando Cristo nos habla de “poner la otra mejilla”,
¿no equivale eso a: “y para el
cruel que me arranca el corazón con que vivo, cardo ni oruga
cultivo, cultivo una rosa blanca?”
En
el Manifiesto de MonteChristi, se menciona “la guerra
justa y necesaria”, ¿no lo habrá tomando del Canon de la
Misa que dice: “Es justo y necesario
Señor darte gracias en todo tiempo y lugar..”.?
Cristo proclama que: “Sólo la verdad os hará libres”
Martí, en carta a Enrique Trujillo le escribe:
“Fuera de la verdad no hay salvación”.
Cristo afirmaba: “No he venido a ser servido sino a
servir.” Martí: “La
patria...se la sirve
pero
no se toma para servirse de ella.”
El
apostol Santiago nos dice que “El
que pudiendo hacer el bien no lo hace, se le
imputa como pecado”
mientras que Martí nos presenta una frase más corta:
“El que puede hacer algo y no lo hace, peca.”
El
amor al pecador y al enemigo no era practicado en tiempos de
Cristo y sin embargo, el amor era el centro de su predicación.
Predicar el amor al enemigo cuando se está preparando una guerra
en su contra, saber distinguir entre España y su pueblo y las
acciones del gobierno español, no debe haber sido empeño facil
para José Martí.
Sin
embargo, ésa también fue su prédica.
Se
pudiera decir que Martí, a pesar de no ser un hombre religioso,
fue no sólo el defensor de Cristo en aquel artículo de La
Opinion Nacional, fue también un admirador y seguidor de sus
enseñanzas.
Ese
Cristo, admirado por Martí, y ese Martí admirador de Cristo son
desconocidos en Cuba.
El
sistema allí implantado, predica el ateísmo y los comunistas
del patio, desde el principio trataron de eliminar todo vestigio
de religiosidad en el cubano. Al nacionalizar las escuelas se
aseguraron de que las nuevas generaciones no recibirían
educación religiosa. Quedaría solamente la educación en la
familia y la catequésis, a la cual se le pondría la mayor
cantidad de dificultades posibles.Cristo era un enemigo
formidable y había que hacerlo desaparecer.
Sus
enseñanzas contrastaban con aquellas de la revolución, no se les
podía permitir que llegaran al pueblo. Cristo promete la
salvación y la vida eterna a cambio de una vida donde la verdad,
la justicia, el amor y la libertad son los parámetros a seguir.
El comunismo sólo se instala y se mantiene con la mentira, la
injusticia, el odio y la represión.
Querido joven cubano, es por eso que desde el principio de la
revolución, la Iglesia denunció el camino erróneo que ésta
estaba tomando; es por eso que entre los primeros opositores al
régimen se encontraban hombres y mujeres seguidores de Cristo,
fieles de todas las iglesia de Cuba, miembros de la Acción
Católica Cubana, de la Agrupación Católica Universitaria,
alumnos y antiguos alumnos de colegios religiosos. Ellos sabían
que “el comunismo es intrínsecamente
perverso.”
Y el
gobierno comunista los atacó ferozmente. El paredón se convirtió
de pronto en escenario diario de martirios. Jóvenes cubanos
fueron inmolados en aras de ideales aprendidos en sermones,
escuelas y en círculos de estudio.
El
grito de los fusilados: ¡Viva Cuba Libre! !Viva Cristo Rey!, era
señal de la fuerza que daba la convicción en los principios
cristianos. Tal es el ejemplo que dieron aquellos jóvenes, que
aquel grito se convirtió en consigna para todos los que
enfrentaron los cañones de aquellos fusiles asesinos. Era el
himno de la Acción Católica, llevado al paredón de
fusilamientos: ¡Viva Cuba creyente y dichosa! ¡Viva Cristo
monarca ideal!
Fidel Castro dijo en alguna oportunidad que el no pretendía
hacer mártires, sino apóstatas. Apóstatas, si los hubo, fueron
muy pocos. ¡Mártires..., sí que los hubo! Mártires de la
Iglesia. Sí. Hay que proclamarlo, Cuba tiene Santos que
alcanzaron la santidad en el martirio. Ellos no murieron por
terroristas o porque les habían quitado sus fincas o sus
palacios -no los tenian-, murieron porque en sus mentes y en sus
recuerdos todavía tenían presentes las persecusiónes religiosas
en la Europa Comunista, tenían en mente a hombres como los
Cardenales Mindzenty, Wichinsky y Stepinac; conocían las
historias de horror de aquellos juicios y no querían que aquello
se repitiera en nuestra patria.
Joven cubano, por defender a Cristo, su Iglesia y su doctrina
murieron muchos jóvenes como tu. Trata de conocer tu también a
Aquel por quien vale la pena dar la vida. El la dio un dia por
nosotros, en el Calvario. Comenzarás así una nueva aventura, una
nueva etapa en tu vida que te llenará de alegría y de paz.
Que
ese Cristo este siempre contigo, te guíe y te bendiga.
A
continuación te regalo el poema de Martí a quien llama Madre
mía de mi vida y de mi alma, a la Santísima Virgen María.
Madre mía de mi vida y de mi alma,
Dulce flor encendida,
Resplandeciente y amorosa gasa
Que mi espíritu abriga:
Serena el escozor que siento airado,
Que tortura mi vida,
¡Qué tirano!
¡Que sidera el alma mía!
¡Se rebela, maldice,
No quiere que yo viva
Mientras la Patria amada
Encadenada gima!
Un gran dolor la sigue
Como al hombre la sombra fugitiva,
Y los dos me acompañan
Junto con la fatiga.
Mata en mí la zozobra
Y entre las nubes de mi alma brilla...
¡El peregrino
muera!
¡Que la Patria no gima!
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